lunes, 31 de diciembre de 2012

Internet propicia una nueva forma de aprender, que requiere otra forma de enseñar



Tomado de  "De la edad contemporánea a la edad digital", de Juan Carlos Rodríguez Ibarra; publicado en El País el 29 de diciembre de 2012.

... Todos deberíamos ser conscientes de que la Edad Contemporánea acabó cuando Internet hizo su aparición para el gran público, hasta el punto de que se puede afirmar que se ha iniciado la Edad Digital. Esta nueva Era está generando una forma distinta de entender, de comprender, de aprender, de enfrentarse al mundo por parte de nuestros estudiantes, que es necesario que los educadores, a todos los niveles, la descubran y exploten al máximo posible. La manera con la que un alumno se enfrenta al conocimiento, a la forma de aprender, es diferente a como se abordaban esos asuntos en el siglo pasado.

La educación, sin duda, será donde veremos la mayor revolución en los menores plazos. Desde la gran red en que se deben convertir nuestros centros de enseñanza una vez interconectados, se multiplicarán las opciones de lo posible. Crear este mundo educacional nuevo no es tarea fácil, lograrlo requiere de concertación de voluntades, de recursos y del compromiso de la comunidad educativa. Contar con esa infraestructura tecnológica tiene mayores impactos en la calidad de la educación de los que hoy imaginamos. El mayor desafío, sin embargo, está en reinventar la forma en que se imparte la educación. La tecnología es sólo un instrumento para llegar a la persona. No sólo estamos hablando de cuestionar y dar un salto en el papel de la escuela, tradicionalmente entendida como centro de adquisición de información, sino también de ese otro papel de los profesores en el aula, de los contenidos con los que vienen trabajando, de las prácticas docentes y del papel que la escuela juega en la comunidad.

El sistema educativo debe enseñar a tomar iniciativas y no solamente a transmitir información; lo que hay que conseguir en las facultades, en los institutos, en los colegios, es que puedan aflorar todas las capacidades que cada uno de los estudiantes puede desarrollar y no educar para la pasividad. Por muchas leyes de calidad de enseñanza que se dicten, nuestros colegios y universidades no forman para generar iniciativas, no fomentan una cultura de riesgos razonables, no crean futuros actores de la nueva economía y de la sociedad, sino futuros asalariados en un mercado que acapara para los grandes grupos económicos la capacidad de innovar. Resulta imprescindible que el sistema educativo, ahora que se quiere reformar para volver al pasado, encuentre el procedimiento para descubrir la actitud, la motivación, la pasión de todos aquellos alumnos que pasan por sus aulas; y es necesario que a la Universidad lleguen aquellos que estén deseando desarrollar científicamente la actitud, la motivación, la pasión, que descubrieron y potenciaron en la escuela. ...

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