Entre los primeros ensayos de José Almagro en los años treinta y las plantaciones de J. Elorrieta en Tello, el pinsapo formó parte de una de las experiencias forestales más singulares realizadas en Sierra Nevada.
Hay lugares cuya historia forestal no se puede comprender únicamente observando los árboles que hoy crecen en ellos. El monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, en Lanjarón (Granada), es uno de esos lugares.
Durante buena parte del siglo XX fue un auténtico laboratorio forestal en plena montaña mediterránea. Allí se ensayaron decenas de especies arbóreas procedentes de diferentes regiones del mundo con un objetivo que, visto desde la perspectiva actual, resulta extraordinariamente ambicioso: conocer qué especies podían sobrevivir, crecer y contribuir a la restauración forestal de las altas vertientes de Sierra Nevada.
Entre aquellas especies estuvo el pinsapo (Abies pinsapo Boiss.).
La historia de sus plantaciones en este monte presenta, además, una particularidad que merece ser destacada. Las fuentes disponibles documentan dos momentos diferentes de presencia experimental del pinsapo: una primera referencia de José Almagro, publicada en 1932, cuando señala la existencia de ejemplares a 1.250 metros de altitud, y otra, varias décadas posterior, que sitúa explícitamente una plantación de pinsapos en Tello y Hoya del Manzano entre 1958 y 1965, realizada por el ingeniero de montes J. Elorrieta.
El pinsapo fue objeto de experimentación en distintos momentos y en distintos sectores del monte Vertiente Sur.
Un monte concebido como laboratorio forestal
El origen de esta historia se encuentra en la preocupación existente durante las primeras décadas del siglo XX por los graves problemas de erosión y torrencialidad de Sierra Nevada.
José Almagro San Martín, ingeniero de montes del Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE), recibió el encargo de participar en la formulación de un plan de experiencias hidrológico-forestales para la vertiente sur de Sierra Nevada. El proyecto de experiencias de repoblación en la cuenca alta del río Lanjarón fue firmado en enero de 1929 y las experiencias comenzaron en 1930.
La idea era mucho más compleja que una simple repoblación. Sierra Nevada presentaba una enorme variación altitudinal. En el ámbito adquirido para las experiencias se pasaba de cotas próximas a los 600 metros hasta aproximadamente los 3.200 metros. Almagro veía en esta circunstancia una oportunidad excepcional para estudiar el comportamiento de especies forestales bajo condiciones climáticas muy diferentes.
En su artículo de 1932 explica precisamente esta concepción. El Estado había adquirido una superficie continua que ascendía desde las zonas bajas hasta las altas cumbres, permitiendo disponer de una sucesión de condiciones climáticas. La finalidad era tanto abordar la corrección hidrológico-forestal de la cuenca como investigar las especies capaces de adaptarse a cada altitud.
El monte Vertiente Sur de Sierra Nevada acabó convirtiéndose así en uno de los grandes campos experimentales de la selvicultura española.
Décadas después, Cuadros y Francia describirían el lugar como un sitio de ensayo de especies forestales en el que se habían instalado numerosas parcelas experimentales durante más de sesenta años.
La dimensión de aquella experiencia resulta impresionante. El monte tenía 3.210 hectáreas y llegó a albergar más de un centenar de taxones, con representaciones de especies indígenas y exóticas. Las primeras mediciones se realizaron en 1942, 1944 y 1953, aunque fueron incompletas; posteriormente, los trabajos del IFIE proporcionaron inventarios mucho más detallados.
En otras palabras, el pinsapo no constituye un episodio aislado, sino una pieza dentro de un programa experimental de enorme amplitud.
Almagro y el pinsapo: una referencia que se remonta a 1932
La primera referencia documental que hemos localizado es especialmente importante porque procede directamente de José Almagro y fue publicada en 1932, cuando las experiencias todavía se encontraban en sus primeros años.
En su artículo «Vertiente Sur de Sierra Nevada. Primeras impresiones», publicado en el número 24 de Montes e Industrias, Almagro repasa el comportamiento de las numerosas especies que estaba ensayando.
Después de comentar los resultados obtenidos con Abies concolor, escribe:
«Al Abies pinsapo lo podemos observar por ahora en los 1.250 metros de altitud, con sus características de crecimientos muy lentos, pero en buenas condiciones vegetativas.»
La frase es breve, pero tiene una enorme importancia histórica. En primer lugar, porque constituye una mención explícita al Abies pinsapo en el propio contexto de las experiencias forestales de la vertiente sur de Sierra Nevada. En segundo lugar, porque proporciona una cota concreta: 1.250 metros de altitud.
Y, finalmente, porque Almagro no describe al pinsapo como una especie que simplemente hubiera sido introducida de manera anecdótica. Lo incluye dentro del conjunto de especies cuyo comportamiento estaba observando y valorando.
Su valoración resulta además interesante desde el punto de vista ecológico: el crecimiento era «muy lento», pero los ejemplares presentaban «buenas condiciones vegetativas».
Es decir, la experiencia inicial no se interpreta como un fracaso. Al contrario: a pesar de su lento crecimiento, el pinsapo estaba vegetando satisfactoriamente.
Un experimento que continuó durante décadas
La experiencia iniciada por Almagro no terminó con sus primeras observaciones. El proyecto de 1929 fue el punto de partida de una actividad experimental que se prolongaría durante muchas décadas. El objetivo inicial de encontrar especies adecuadas para la restauración forestal fue dando paso a una auténtica colección de ensayos sobre adaptación, crecimiento y comportamiento de numerosas especies.
La importancia del lugar aumentó con el tiempo. El estudio histórico «Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: 75 años de investigación forestal» señala que las experiencias comenzaron en 1930 y que posteriormente fueron continuadas por diferentes generaciones de investigadores del IFIE y, después, del INIA.
El propio patrimonio experimental acumulado permite comprender por qué debemos hablar de una historia de experimentación, y no de una única campaña de plantación.
Los datos disponibles muestran además que las primeras parcelas sufrieron pérdidas y que algunas experiencias fueron repetidas o ampliadas. Los inventarios de 1942, 1944 y 1953 constituyen una fuente fundamental para conocer aquella primera etapa, mientras que la monografía del IFIE de 1967 recopiló resultados de experiencias con otras 35 especies.
Este carácter acumulativo de la investigación es esencial para comprender la segunda referencia histórica del pinsapo.
Elorrieta y los pinsapos de Tello
La segunda referencia localizada aparece en un trabajo muy posterior: «Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España», de D. Soto, J. I. García-Viñas y E. Pérez-Bujarrabal.
El artículo analiza diferentes experiencias de introducción y naturalización del pinsapo realizadas fuera de sus áreas naturales de distribución. Los autores escriben:
«Tello y Hoya del Manzano, Lanjarón (Granada). Entre 1958 y 1965, J. Elorrieta, director de este centro experimental del IFIE, introdujo unas 120 especies [...] entre estas últimas A. pinsapo...»
La referencia continúa indicando que de aquellos pinsapos quedaban entonces una veintena de ejemplares, de buen desarrollo y con muestras iniciales de germinación.
Esta información es extraordinariamente valiosa por varias razones. En primer lugar, porque sitúa expresamente al pinsapo en Tello y Hoya del Manzano. En segundo lugar, porque proporciona un periodo temporal: 1958-1965. Y, en tercer lugar, porque identifica al responsable: J. Elorrieta, director del centro experimental del IFIE.
Dos momentos, dos referencias
La documentación disponible permite construir provisionalmente una pequeña cronología:
| Fecha | Referencia | Localización | Información sobre el pinsapo |
|---|---|---|---|
| 1930 | Inicio de las experiencias de Almagro | Monte Vertiente Sur | Comienza el gran programa experimental |
| 1932 | José Almagro, Montes e Industrias | 1.250 m de altitud | Abies pinsapo observado, crecimiento muy lento y buen estado vegetativo |
| 1942, 1944, 1953 | Primeras mediciones de las parcelas | Monte experimental | Inventarios iniciales, incompletos |
| 1958-1965 | J. Elorrieta | Tello y Hoya del Manzano | Introducción de Abies pinsapo dentro de nuevas experiencias |
| 1967 | IFIE | Monte Vertiente Sur | Publicación de resultados de experiencias de introducción de especies |
| 1985 | Manuel Ferrer | Tello | Fotografías y referencias al arbolado experimental |
| 2005 | Incendio forestal | Tello | Destrucción de prácticamente todo el recinto arbolado |
El valor de la altitud
La diferencia entre los 1.250 metros mencionados por Almagro y los aproximadamente 1.543 metros de Tello merece una consideración especial.
El proyecto experimental de Sierra Nevada estaba concebido precisamente para estudiar la adaptación de las especies a lo largo de un fuerte gradiente altitudinal.
Almagro pretendía elevar las experiencias hasta las mayores cotas posibles. En su artículo explica que la selección de especies debía hacerse en función de la altitud y que era necesario investigar especies procedentes de otros lugares de elevada montaña para conocer sus posibilidades de aclimatación.
El pinsapo encajaba perfectamente en esta lógica experimental. Se trataba de una especie mediterránea de montaña, con una distribución natural muy restringida en el sur de la península Ibérica. Llevarla a la vertiente sur de Sierra Nevada suponía comprobar hasta qué punto podía prosperar fuera de sus localidades naturales, pero dentro de un ambiente montañoso mediterráneo.
El resultado inicial descrito por Almagro era alentador: crecimiento lento, pero buen estado vegetativo.
Décadas después, el hecho de que los ejemplares de Tello fueran descritos como de «buen desarrollo» y presentasen incluso indicios de germinación demuestra que la experiencia volvió a ofrecer resultados positivos.
Tello: una de las piezas fundamentales del experimento
La importancia de Tello dentro del monte Vertiente Sur no se limitaba al pinsapo. Los trabajos históricos señalan que este sector albergaba una parte sustancial de las parcelas experimentales. Cuadros y Francia identifican Tello como uno de los cinco núcleos principales de ensayo, a unos 1.543 metros de altitud.
Con el paso de las décadas, allí se desarrolló un arbolado experimental de gran interés.
Manuel Ferrer, en su obra Sierra Nevada y La Alpujarra, publicada en 1985, fotografió y documentó parte de aquel patrimonio forestal. La propia síntesis histórica del monte utiliza una fotografía de Ferrer para ilustrar una parcela de Pinus jeffreyi en Tello, cuyos árboles habían alcanzado dimensiones sobresalientes.
Las fotografías que acompañarán este artículo adquieren así un valor especial.
No son simplemente imágenes de árboles antiguos.
Son testimonios visuales de un experimento forestal iniciado medio siglo antes, cuando Ferrer recorrió la zona y encontró todavía en pie parte de aquel extraordinario patrimonio experimental.
Y entre las especies ensayadas se encontraba también el pinsapo.
Un experimento que terminó bajo el fuego
La historia del monte Vertiente Sur tiene un desenlace particularmente dramático. El incendio del 28 de julio de 1973 destruyó 543 hectáreas del monte, próximas a dicha localidad. Sin embargo, una fracción considerable sobrevivió y permitió que el monte continuara desempeñando su función investigadora durante décadas.
El golpe definitivo llegó el 22 de septiembre de 2005. Un incendio iniciado en las inmediaciones de Lanjarón afectó a 3.475 hectáreas de los términos municipales de Lanjarón, Lecrín y Nigüelas. La práctica totalidad de los recintos arbolados de Tello, en la margen derecha, y Prado Abarca, en la margen izquierda, quedaron calcinados. Precisamente allí se encontraba buena parte de las especies y parcelas iniciadas unos 75 años antes.
El incendio de 2005 no fue solamente la pérdida de una superficie arbolada. Supuso la desaparición de buena parte de un archivo vivo de la historia de la investigación forestal española.
Los autores del estudio histórico destacan que, tras el incendio, algunos ejemplares aislados que lograron sobrevivir fueron respetados como testigos de aquella época. En cierto sentido, estos árboles supervivientes tienen un valor que trasciende el puramente forestal. Son los últimos testigos de un experimento que había comenzado en los años treinta.
El pinsapo como protagonista inesperado
La historia del Abies pinsapo en el monte Vertiente Sur resulta especialmente sugerente porque anticipa algunas cuestiones que hoy ocupan un lugar central en la conservación forestal.
El pinsapo es una especie relicta, de distribución natural muy reducida. Sin embargo, durante el siglo XX fue introducido experimentalmente en numerosos lugares fuera de sus áreas naturales, y algunas de aquellas experiencias demostraron que podía desarrollarse satisfactoriamente en ambientes diferentes de los que ocupa naturalmente.
El propio trabajo de Soto, García-Viñas y Pérez-Bujarrabal se planteó precisamente estudiar experiencias de expansión y naturalización del pinsapo en España. Los autores señalan que existen ensayos de adaptación de la especie de mucha antigüedad y consideran que algunos de estos resultados demuestran una capacidad de adaptación superior a la que tradicionalmente se le atribuía.
El monte Vertiente Sur constituye uno de esos casos históricos. Y tiene una particularidad adicional: la experiencia no comenzó en una época reciente relacionada con la conservación del pinsapo, sino dentro de un programa de investigación forestal iniciado en los años veinte y treinta, cuando las prioridades eran la restauración hidrológico-forestal y la búsqueda de especies adecuadas para las montañas españolas.
De la restauración hidrológica a la conservación de la biodiversidad
Existe aquí una evolución conceptual muy interesante. Para Almagro, la preocupación fundamental era la torrencialidad de Sierra Nevada.
Los torrentes que descendían de las altas cumbres producían graves daños en las vegas y poblaciones situadas aguas abajo. La solución pasaba por recuperar la cubierta vegetal, controlar la erosión y estudiar qué especies podían utilizarse en las diferentes condiciones de la montaña.
El pinsapo no fue introducido, por tanto, con el objetivo de crear una reserva de conservación de la especie tal como hoy entenderíamos una actuación de ese tipo. Formaba parte de un experimento de selvicultura y restauración de montaña.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el significado de aquellos ensayos cambió. Un pinsapo plantado para estudiar su adaptación podía convertirse décadas después en un árbol adulto, productor de semillas, capaz incluso de iniciar regeneración. Y un conjunto de ejemplares plantados experimentalmente podía acabar constituyendo un pequeño núcleo forestal de interés propio.
Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con los ejemplares de Tello descritos por Soto et al., que mostraban buen desarrollo y signos iniciales de germinación.
La investigación forestal había creado, sin pretenderlo necesariamente, un pequeño laboratorio de naturalización del pinsapo.
Epílogo: los árboles que cuentan una historia
Cuando se contempla hoy el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, puede resultar difícil imaginar lo que representó durante décadas.
Allí se ensayaron especies procedentes de lugares muy alejados, se estudiaron sus crecimientos, se compararon supervivencias, se analizaron sus posibilidades de adaptación y se construyó, parcela a parcela, uno de los patrimonios experimentales forestales más singulares de España.
El pinsapo estuvo presente en esa historia desde una fecha extraordinariamente temprana.
La referencia de Almagro de 1932 nos proporciona la primera ventana documental. La de Elorrieta nos lleva después hasta Tello, donde décadas más tarde seguían existiendo ejemplares de buen desarrollo. Ferrer fotografió parte de aquel paisaje experimental en los años ochenta. Y el incendio de 2005 destruyó buena parte del arbolado que había sobrevivido a más de siete décadas de investigación.
Pero el incendio no consiguió borrar completamente la historia. Quedaron documentos, fotografías, publicaciones y algunos árboles supervivientes.
Las fotografías que conservaron la memoria de aquellos árboles
Aquí aparece una segunda historia, casi fotográfica. Décadas después de aquellas plantaciones, Manuel Ferrer recorrió Sierra Nevada y dejó testimonio gráfico de numerosos lugares del macizo.
En 1985 la Editorial Andalucía publicó el libro "Sierra Nevada y la Alpujarra", en cuatro tomos, de M. Ferrer S.J., conocido como el Padre Ferrer. El autor dedica un capítulo al Arboreto de Tello y la investigación forestal.
Las fotografías que acompañan esta entrada, cuyo autor es M. Ferrer S.J., proceden del libro "Sierra Nevada; lo que nuestros ojos vieron" editado por CETURSA Sierra Nevada S.A. en 2003. En la página 273 aparece una fotografía de gran interés para la historia que aquí contamos.En el pie de foto se lee:
Casa Tello
No comprendo cómo esta zona no esté conside-
rada como una auténtica Escuela de la
Naturaleza, donde se hallan multitud de especies
de pináceas, cedros, pinsapos, ,...
Pero la imagen es mucho más que una fotografía paisajística. En ella aparece un gran abeto dominando el primer plano, rodeado de una densa vegetación arbórea y arbustiva. Al fondo se reconoce el paisaje desnudo y abrupto de las altas montañas de Sierra Nevada.
Las fotografías de Ferrer adquieren así un valor documental extraordinario. Nos permiten ver cómo era aquel paisaje forestal cuando las experiencias iniciadas décadas antes todavía formaban parte del monte.
Fuentes principales
- Navarro Gómez-Menor, F. J.; Francia Martínez, J. R. y Cuadros Tavira, S. *Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: 75 años de investigación forestal*. El trabajo documenta la creación del monte experimental, la evolución de las experiencias y el incendio de 2005.
- Soto, D.; García-Viñas, J. I. y Pérez-Bujarrabal, E. Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España. El artículo recoge específicamente la experiencia de Tello y Hoya del Manzano, indicando la introducción del pinsapo por J. Elorrieta, los ejemplares que permanecían y los indicios iniciales de germinación.
- Ferrer, M. Sierra Nevada y La Alpujarra. Editorial Andalucía, 1985.
- Ferrer, M. y Fdz. Durán, E. Sierra Nevada. Lo que nuestros ojos vieron. CETURSA Sierra Nevada S.A., 2003.























