sábado, 3 de octubre de 2026

La llamada de atención en favor de la conservación del pinsapo que el diario El Imparcial publicó el 19 de junio de 1876.

 El diario independiente El Imparcial publicó el 19 de junio de 1876 el artículo "El Pinsapo" [1] de José Sainz de Baranda [2]. 

El texto se integró en la edición del suplemento "Los Lunes de El Imparcial", dirigido por Isidoro Fernández Florez. Su inclusión formaba parte de la estrategia del suplemento de alternar la literatura con crónicas científicas y de divulgación. 

 

Saínz de Baranda J. (1875). "El Pinsapo" en El Imparcial de 19 de junio de 1876. Consultado el 03/10/2026, accesible online en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=3


El ensayo constituye uno de los testimonios más tempranos y explícitos sobre la situación del pinsapo y sobre la preocupación por su conservación. Combina divulgación forestal, observaciones botánicas y una clara llamada de atención ante el riesgo de desaparición de los pinsapares.

Sainz de Baranda, ingeniero de montes de la promoción de 1865, comienza destacando una paradoja: el pinsapo es una especie espontánea y esencialmente española, pero para cultivarlo en jardines españoles era necesario adquirir ejemplares en viveros extranjeros. Para el autor, esta circunstancia simbolizaba el abandono de los propios montes.

Su diagnóstico sobre las causas del retroceso del pinsapo es contundente. El hacha, el fuego y el ganado habían reducido la especie a las zonas más inaccesibles de las montañas andaluzas. En este contexto, relaciona la desaparición de los bosques con problemas que considera inevitables: disminución de las lluvias, erosión de los suelos, deterioro de los cultivos de los valles, escasez de madera y pérdida de recursos para las poblaciones rurales.

El pinsapo aparece así como una especie especialmente adecuada para las futuras políticas de repoblación forestal. Sainz de Baranda considera que, cuando España acometiera grandes programas de reforestación, debería recurrirse a las especies que la propia naturaleza había situado en cada territorio. El pinsapo tendría, por tanto, un papel destacado en las montañas andaluzas.

Resulta especialmente interesante que el autor no conociera personalmente los pinsapares. Reconoce que nunca había visitado uno y que sus conocimientos procedían de lecturas, de observaciones propias y de la información que había podido reunir. Sin embargo, había realizado experiencias de cultivo con semillas procedentes del pinsapar de Ronda. A partir de ellas describe el proceso de germinación y los primeros años de desarrollo de las plantas, observando el escaso crecimiento inicial de la parte aérea frente al desarrollo de las raíces.

También realiza una descripción morfológica del pinsapo a distintas edades. Destaca su forma compacta cuando es joven, la disposición de las acículas alrededor de las ramillas y el cambio de aspecto que experimenta con la edad. Los ejemplares adultos le parecen más próximos al porte de los abetos, aunque más bajos, robustos y achaparrados. Sainz de Baranda plantea además una hipótesis interesante: en condiciones de espesura, protegidos del viento, la nieve y el ganado, los pinsapos podrían adquirir una mayor esbeltez y alcanzar dimensiones superiores.

Su descripción del pinsapar de Ronda es, sin embargo, mucho más preocupante. Lo considera entonces el único monte extenso de pinsapo que quedaba en España y señala la escasez de regeneración joven. Los árboles viejos aparecían dispersos por varios valles y el futuro del bosque le parecía incierto. Si desaparecían los ejemplares adultos sin que se produjera una regeneración suficiente, advertía que el suelo quedaría expuesto a la erosión y que podría terminar completamente desnudo.

 

Imagen del Pinsapar de Ronda. Autor José Pino Díaz, 11/10/2025.
Imagen del Pinsapar de Ronda. Autor José Pino Díaz, 11/10/2025.

 

La conservación del pinsapo adquiere en el artículo una dimensión que va más allá del valor económico. Sainz de Baranda considera que su desaparición constituiría no sólo una pérdida material, sino también una verdadera deshonra para España, al tratarse de un árbol que la naturaleza había conservado de forma espontánea en las montañas andaluzas.

Su propuesta de conservación resulta sorprendentemente concreta para la época. Plantea que el Estado adquiera el pinsapar de Ronda, lo deslinde y amojone, establezca vigilancia permanente, limite el aprovechamiento forestal y prohíba la entrada del ganado, especialmente del ganado cabrío. A ello añade la necesidad de favorecer la regeneración natural y complementarla mediante siembras y plantaciones.

El artículo termina con una propuesta que revela otra de las preocupaciones del autor: conseguir que el pinsapo deje de ser una especie que España tenga que importar de viveros extranjeros. Propone obtener semillas del pinsapar de Ronda, producir plantas en el Vivero de la Villa y utilizarlas en jardines y paseos de Madrid. Incluso sugiere crear en el Retiro una calle de pinsapos semejante a la existente de Wellingtonias.

Más que una simple descripción botánica, el artículo de Sainz de Baranda es, por tanto, un temprano alegato en favor de la conservación del pinsapo. En 1875 identifica ya algunos de los principales factores que amenazaban a la especie —corta, fuego, ganado y falta de regeneración—, reclama protección efectiva para el pinsapar de Ronda y propone simultáneamente favorecer su regeneración natural y desarrollar su cultivo mediante semillas.

El interés histórico del texto reside también en que permite comprobar que la preocupación por la conservación de los pinsapares no nació en el siglo XX. Setenta y cinco años antes de la declaración de los primeros espacios protegidos específicamente vinculados a estos bosques, un ingeniero de montes advertía ya públicamente de que el pinsapo podía desaparecer de sus montañas naturales y reclamaba medidas concretas para evitarlo. Su artículo constituye, así, un valioso testimonio de la percepción que los ingenieros forestales españoles tenían del pinsapo y de sus problemas de conservación durante la segunda mitad del siglo XIX.

Seguidamente se presenta un extracto del artículo de El Imparcial.

 

El Pinsapo

Hoy, que afortunadamente las cuestiones de arbolados ocupan un lugar preferente en la prensa española, que la atención pública se fija en un asunto de tanto porvenir para nuestro país, y que constantemente se oyen quejas porque se destrozan nuestros montes, creo que no será intempestivo decir algo de un árbol que es esencialmente español, útil y hermoso a la vez; pero que, sin embargo, si queremos conseguirlo, tenemos que acudir a los viveros del extranjero, donde nos lo venden como si fuera una especie rara.

Me refiero al pinsapo, que en Europa sólo se encuentra espontáneo en España: pero como ha sido tal la guerra que el hacha, los ganados y el fuego le han declarado, ha tenido que refugiarse en los sitios menos accesibles de algunas montañas de Andalucía. Allí vive escondido, esperando a que en España acabe el odio a los árboles, para ocupar el lugar preferente que entre los propios para nuestras sierras lo corresponde.

Cuando en nuestro país escaseen más las lluvias, cuando los torrentes arrastren las mejores huertas de los valles y vegas, cuando tengamos aún menos madera para construir barcos y necesitemos comprarlos hechos o las maderas para hacerlos (cosa que ya suele suceder), cuando no nos queden ni siquiera las indispensables para nuestras casas, ni mas sustancias para quemar, fuera de la hulla y del cok que nunca podrán estar al alcance del pobre, que la paja ó el estiércol, entonces caeremos en la cuenta de que necesitamos plantar arboles.

Ahora nos contentamos con recomendar las plantaciones, con quejarnos porque nos vamos quedando sin árboles y seguimos dejando pasar el tiempo sin plantarlos: pero cuando se emprendan las repoblaciones a grande escala, por ser de imprescindible necesidad, el pinsapo será una de las especies a que habrá que acudir para cubrir con monte los sitios en que la sabia naturaleza lo colocó y nuestra imprevisión supo hacer que desapareciera.

...

No he tenido la, fortuna de ver ningún pinsapar, ni más pinsapos grandes que los que se han traído de Francia para los jardines y paseos de Madrid, donde muchos los contemplan, sin saber que es una especie esencialmente española y suponiendo quizás que es de América ó de Australia, y donde por su forma tan elegante como bonita ocupa siempre un lugar preferente; así es que tengo que referirme en estas noticias a lo que he leido sobre el pinsapo y a los datos que aunque escasos, he podido recoger da mis propias observaciones.

Hace algunos años hice una siembra con piñones que pude conseguir del pinsapar de Ronda, y de las que se han obtenido algún ciento de plantitas que ahora tendrán unos cinco años. El piñón es, aunque de color más claro, muy parecido por su forma y disposición del ala, al del abeto blanco o pinabete (Abies pectinata D.C.); sembrado en primavera, nacieron las plantitas a los dos meses próximamente, y como los pinos, es decir, con los cotiledones unidos por sus extremos sosteniendo las cubiertas exteriores del piñón: pero como luego se desprenden éstas y se caen, los cotiledones se sueltan y aparece como una estrella al extremo superior del tallito, en cuyo centro se halla una yemecita que encierra el brotecillo o guía para el año próximo. El primero y segundo año crece muy poco el tronco; pero proporcionalmente se desarrolla mucho la raíz; después echa varias ramillas laterales. presentando a los cuatro o cinco años un verticilo ya bien distinto. Crece lentamente en climas ásperos y terrenos malos; pero es posible que en los templados, y donde el suelo sea profundo, fresco y sustancioso, las raíces se desarrollen mas y la planta tenga mayores medros en altura y grueso. Cuando es joven, tiene abundantes ramas y bastante unidas, lo cual da lugar a su bonita forma. Las hojitas o acículas rodean a la ramilla en todos sentidos como en el abeto rojo (Abies excelsa D. C.); pero como son mas fuertes y cortas que en éste, dan a la planta un aspecto de aspereza que luego va perdiendo a medida que envejecen las ramas, porque se caen muchas hojillas y quedan casi desnudas, exceptuando los extremos donde duran mas tiempo. Los árboles mayores se parecen ya mas en su porte a los abetos que cuando son jóvenes; pero no alcanzan tanta altura ni son tan esbeltos; al contrario: son mas achaparrados y los troncos mas cortos y gruesos proporcionalmente a su longitud. Es posible que cuando se crie en espesura y esté bien cuidado, y libre de la acción de los vientos fuertes, de las nieves y del diente del ganado, que tanto le dañan en los montes de la Serranía de Ronda, sea más esbelto y alcance mayores dimensiones. 

El pinsapar de Ronda, que es el único monte extenso que aún queda en España de esta especie, que, según Boissier, debió ocupar gran parte de las montañas andaluzas, lo forman tres valles, en los cuales se encuentran salpicados algunos grupos de árboles viejos, con un repoblado joven tan escaso, que el porvenir del monte es bien triste: cuando los árboles viejos desaparezcan por su edad excesiva, si es que hasta entonces se los deja vivir y no se los corta, quedará un erial en un terreno que apenas tiene tierra vegetal, y en el cual no será posible conseguir ni aun mezquinos pastos, porque la tierra que ahora sujetan las raíces de los árboles será arrastrada por las aguas y quedará la roca pelada. En un clima tan seco y con un sol tan abrasador como el de Andalucía, fácilmente se comprende que no será posible conseguir después vegetación alguna. 

Muy probable, mas aún, casi segura es ya la desaparición del pinsapar, y esto, no sólo será una pérdida material, sino hasta una deshonra para nuestro país. El mundo civilizado podrá decir, y con razón sobrada, que ni siquiera el pinsapo ha podido librarse de la barbarie y de la persecución que en España se ha declarado a los árboles, la cual no respeta ni atiende a que la naturaleza eligió a nuestro país como para manifestarle su predilección, dotándole de uno de los árboles mas útiles y mas hermosos de Europa y del mundo.

Las circunstancias en que nos encontramos no permiten hacer grandes gastos, es cierto; pero no debemos abandonar los que son reproductivos; por eso y por nuestra honra, debemos procurar que no se extinga el pinsapo. Para evitarlo, hay un medio que ya se ha propuesto por alguno: el de que el Estado adquiera el pinsapar de Ronda, y después de deslindarlo y amojonarlo, se establezca allí una casa con un par de guardas, para impedir que se corten y quemen los pocos árboles que le quedan, vedar la entrada del ganado, sobre todo del cabrío, para no destruir el repoblado joven que haya, y procurar que nazca otro bueno y abundante por medio de las labores apropiadas y que el caso requiere, y para ayudar a la repoblación natural con siembras ó con plantaciones.

...

Si he conseguido llamar la atención sobre este árbol, y alcanzo que quien puede hacerlo disponga lo conveniente para que no desparezca el pinsapar de los propios de Ronda, como ha sucedido con otros muchos montes, y para que el cultivo de esta especie se extienda mas en nuestro país, aun cuando sea trayéndolo, de fuera, no estaré pesaroso de haber escrito estas líneas.

En el Retiro hay una calle de Wellingtonias que llama la atención; pues ¿por qué no se prueba a formar alguna otra con pinsapos? Conseguir semillas del pinsapar de Ronda para sembrarlas en el Vivero de la Villa y extender una planta tan hermosa en los jardines y paseos de Madrid sin necesidad de recurrir al extranjero, no me parece difícil, y en cambio digno de que el Ayuntamiento y el director de arbolados de Madrid no lo echen en olvido. 

José SAINZ DE BARANDA.
19 de noviembre de I875.

 

Bibliografía y notas

[1] Saínz de Baranda J. (1875). "El Pinsapo" en El Imparcial de 19 de junio de 1876. Consultado el 03/10/2026, accesible online en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=3 y https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=4

[2] José Sainz de Baranda y Calatrava, ingeniero de montes de la promoción de 1865. Fue nombrado por Real Decreto de 26 de noviembre de 1881 ingeniero jefe de la Comisión Especial de venta y composición de terrenos realengos en Filipinas. Fue inspector general de Montes desde 1884 hasta 1887 en que es nombrado jefe de Comisiones Especiales de la Inspección General de Montes del Archipiélago, cargo en que cesa en 11 de enero de 1889, por supresión de la plaza. Expediente personal en PARES, portal de Archivos Españoles. Accesible en https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/2333791


viernes, 2 de octubre de 2026

El pinsapo visto desde Francia

Ficha francesa de materiales forestales de reproducción dedicada al pinsapo

La ficha francesa de Matériels Forestiers de Reproduction (MFR) dedicada al pinsapo ofrece una síntesis particularmente interesante de su ecología, comportamiento frente a la sequía, posibilidades de utilización forestal y, sobre todo, de los riesgos y oportunidades asociados a la introducción de abetos mediterráneos en Francia.

El documento que sirve de base a este artículo en Áreadoc corresponde a la versión de 30 de septiembre de 2021. La propia ficha advierte de que sus recomendaciones tienen en cuenta el cambio climático y los resultados de la investigación disponibles en ese momento, y que deben consultarse las versiones posteriores publicadas por el Ministerio francés de Agricultura. También señala expresamente que sus recomendaciones se refieren a repoblaciones y no a regeneración natural.

Ofrece una perspectiva muy interesante sobre Abies pinsapo. Por su adaptación a condiciones mediterráneas, su capacidad para soportar periodos de sequía y su posible comportamiento ante un clima más cálido, la caracteriza como una especie forestal de interés potencial.

Además introduce una segunda dimensión que resulta especialmente relevante: una especie forestal no puede ser evaluada únicamente por su capacidad para sobrevivir en una estación determinada.

Cuando se introduce fuera de su área natural entran en juego también la procedencia genética del material utilizado, la disponibilidad de diversidad genética, la posibilidad de hibridación y la conservación de las poblaciones autóctonas.

En este sentido, resulta significativo que el documento dedicado a los materiales forestales de reproducción del pinsapo dedique una parte tan extensa a los posibles efectos de su interacción genética con otros abetos.

La experiencia francesa recuerda así que el valor de una especie frente al cambio climático no depende solamente de que tolere mejor la sequía o el calor. También depende de dónde se planta, qué material genético se utiliza, qué especies autóctonas existen en las proximidades y qué consecuencias puede tener la introducción sobre la diversidad genética existente.

Y quizá esa sea una de las principales enseñanzas que puede extraerse de esta ficha francesa de Abies pinsapo: la adaptación climática y la conservación genética deben contemplarse conjuntamente cuando se decide introducir una especie forestal fuera de su área natural.


Autoecología de la especie

Se describe al pinsapo como una conífera perennifolia propia de un clima de montaña con influencia mediterránea. Entre sus condiciones climáticas características se señalan:

  • precipitaciones anuales superiores a 700-800 mm;
  • veranos cálidos;
  • inviernos suaves y húmedos;
  • preferencia por exposiciones septentrionales cuando se planta en el sur de Francia.

La especie puede vivir sobre una amplia variedad de sustratos.Se destaca especialmente su presencia sobre dolomías y serpentinas, pero indica que puede desarrollarse tanto sobre materiales carbonatados como no carbonatados y con diferentes niveles de riqueza química. Incluso puede instalarse sobre suelos pedregosos y poco profundos.

Esta amplitud edáfica resulta especialmente interesante desde el punto de vista ecológico. El pinsapo no aparece caracterizado en la ficha como una especie estrictamente ligada a un determinado tipo de suelo, sino como una especie capaz de desenvolverse en condiciones edáficas relativamente variadas.

Existe, sin embargo, una limitación importante frente a las temperaturas extremas. El pinsapo es sensible a los grandes fríos y, por debajo de aproximadamente −15 °C, pueden aparecer grietas de heladura en el tronco. También es relativamente sensible a las heladas primaverales.

En cuanto a la disponibilidad de agua, la ficha introduce un matiz especialmente importante: el pinsapo puede soportar periodos secos prolongados cuando existe un suministro local de agua suficiente. Fuera de esas condiciones favorables, los periodos de sequía deberían ser de corta duración. Su resistencia a la sequía se considera similar a la de Abies cephalonica y superior a la de Abies alba.

El diagrama sitúa al pinsapo en un amplio intervalo de condiciones de humedad, desde ambientes secos hasta frescos y relativamente húmedos, y sobre sustratos que van desde muy ácidos hasta calcáreos. 



Efectos supuestos del cambio climático sobre las masas forestales

La elección de una especie para una repoblación debe hacerse considerando no solamente las condiciones existentes en el momento de la plantación, sino también las condiciones climáticas que previsiblemente aparecerán durante la vida de la masa.

La ficha señala dos factores especialmente importantes: el aumento de las temperaturas y, sobre todo, una posible mayor frecuencia y duración de las sequías.

En este contexto, el pinsapo aparece, junto con el pinsapo de Cefalonia (Abies cephalonica), como una especie considerada prometedora frente al cambio climático. 

Se plantea que, si se produjera un aumento de temperatura sin un incremento paralelo de las precipitaciones, estos abetos mediterráneos podrían verse menos afectados que otras especies de abeto. El pinsapo podría soportar sequías de duración moderada, e incluso más prolongadas cuando las condiciones de la estación fueran óptimas.

La propia documentación, no obstante, subraya que estas recomendaciones se elaboraron en un contexto de incertidumbre sobre la evolución futura del clima y de las áreas de distribución de las especies. 


Descripción de los materiales de base

Los Materiales Forestales de Reproducción (MFR) proceden de materiales de base. Para el pinsapo, estos materiales de base corresponden a fuentes de semillas de categoría identificada.

En Francia, la disponibilidad de pinsapo es muy reducida. Se encuentra principalmente en pequeñas cantidades en arboretos y parques, donde comparte espacio con otros abetos mediterráneos con los que puede hibridarse.

Como consecuencia de esta escasez, su utilización actual en las repoblaciones del sureste francés es muy reducida o incluso nula. Por ello se estableció una única región de procedencia para la especie, denominada API901 – Región Mediterránea.

El mapa representa precisamente esta región de procedencia, que comprende el ámbito mediterráneo francés.


 


Consejos de utilización de los MFR

Se establecen unas recomendaciones de utilización en función de las características pedoclimáticas de cada territorio y de las previsiones relacionadas con el cambio climático.

La clasificación francesa se realiza mediante las sylvoécorégions (SER), regiones silvoecológicas que permiten relacionar las características ecológicas de los territorios con las especies forestales y sus materiales de reproducción.

Debido a su ecología, el pinsapo puede ser utilizado en repoblaciones situadas:

  • en las regiones meridionales sometidas a sequía estival, siempre que exista suficiente capacidad de almacenamiento de agua en el suelo;
  • en los Pirineos, bajo esa misma condición de disponibilidad hídrica;
  • en regiones de influencia continental, como el Macizo Central y el este de Francia.

Por el contrario, para las regiones de influencia oceánica la ficha indica que no existen elementos suficientes para recomendar su utilización. 


Riesgos de hibridación cuando se introducen abetos mediterráneos cerca de poblaciones autóctonas de abeto blanco

Este es probablemente uno de los apartados más interesantes de toda la ficha.

El documento recuerda que el pinsapo, el abeto de Cefalonia (Abies cephalonica), el abeto de Bornmüller (Abies bornmuelleriana, también conocido como abeto turco) y otros abetos mediterráneos pueden hibridarse entre sí y también con el abeto blanco (Abies alba) cuando sus poblaciones entran en contacto.

Por ello, una plantación forestal situada dentro del área de dispersión del polen o de las semillas puede interferir en mayor o menor medida en la diversidad genética de las poblaciones locales y, por tanto, en sus procesos evolutivos.

La cuestión fundamental no es simplemente determinar si existe hibridación, sino saber si esa interferencia será significativa o despreciable y si sus consecuencias serán positivas o negativas.


Estado actual de la hibridación efectiva en el abeto

Aunque existe un cierto desfase fenológico entre los diferentes abetos euromediterráneos, este desfase es solamente parcial y no constituye una barrera completa para la reproducción.

El polen de los abetos es relativamente grande y pesado, por lo que su dispersión por el viento resulta menos eficiente que la de otros tipos de polen.

Los modelos de dispersión citados en la ficha indican que la mayor parte del polen se deposita dentro de un radio de unos 50 metros, disminuyendo hasta alcanzar proporciones insignificantes más allá de los 100 metros. Sin embargo, las observaciones de campo muestran que pueden producirse episodios de dispersión a distancias superiores a 500 metros, aunque sean poco frecuentes.

La topografía y la estructura de la vegetación pueden modificar este comportamiento.

Finalmente, la proporción de semillas híbridas dependerá de la denominada «masa reproductora» relativa de las plantaciones introducidas y de las poblaciones locales.


Efectos de la hibridación sobre la diversidad genética local

POSITIVO

Los abetos mediterráneos están genéticamente diferenciados del abeto blanco. Aunque comparten algunos alelos, presentan también un número importante de diferencias genéticas.

Si el abeto blanco local y el abeto mediterráneo introducido presentan niveles comparables de diversidad genética, la hibridación podría producir un incremento de la diversidad genética de la población resultante.

La ficha contempla esta posibilidad especialmente para plantaciones procedentes de huertos semilleros de abeto de Cefalonia o abeto de Bornmüller.

NEGATIVO

El efecto podría ser diferente si la especie introducida presenta una diversidad genética reducida.

La ficha considera que este riesgo podría ser especialmente relevante en el caso del pinsapo, debido a la ausencia de huertos semilleros en Francia y a la fragmentación de las poblaciones españolas, factores que podrían haber contribuido a un empobrecimiento genético.

También existe un riesgo particular cuando la introducción se produce cerca de un espacio protegido. En ese caso, la hibridación podría provocar una pérdida de las características genéticas propias de las poblaciones locales.

Por ello, la ficha plantea la posibilidad de establecer distancias de separación destinadas a reducir la probabilidad de hibridación.


Efectos de la hibridación sobre la evolución de la población

POSITIVO

La introducción de nuevos alelos podría tener efectos favorables si estos contribuyeran a mejorar la adaptación de los árboles a las condiciones ambientales.

El documento plantea como ejemplo que, si determinados alelos incrementasen la resistencia a la sequía, los árboles que los portasen podrían adquirir una ventaja en términos de supervivencia, crecimiento y reproducción.

A lo largo de varias generaciones, esos nuevos alelos podrían extenderse y ser incorporados a la población local.

NEGATIVO

La situación podría ser inversa si los genes introducidos estuvieran mal adaptados a las condiciones locales.

La ficha cita como ejemplos una mayor sensibilidad a enfermedades o a determinadas condiciones climáticas. En particular, señala que algunas procedencias de Abies cephalonica son más sensibles a los grandes fríos y que su introducción podría producir daños morfológicos o incluso mortalidad en determinadas poblaciones.

De ahí la importancia que la ficha concede a la trazabilidad del material vegetal, mediante la conservación de la documentación del proveedor y el seguimiento posterior de las plantaciones.

Para ampliar esta cuestión, el documento remite a la publicación de la Commission des ressources génétiques forestières (CRGF).


Recomendaciones para el material de reproducción API901, correspondiente a la región de procedencia mediterránea.

La siguiente tabla resume las recomendaciones para el material de reproducción API901.


GRECO

Regiones / SER

Recomendación para A. pinsapo

Gran Oeste cristalino y oceánico

Todas las SER

No recomendado

Centro-Norte semi-oceánico

Pays-Fort y Puisaye: ninguno; otras regiones: API901

Uso condicionado

Gran Este semi-continental

Todas las SER

API901

Vosgos

Todas las SER

API901, considerando la presencia de A. alba

Jura

Todas las SER

API901, considerando la conservación de A. alba

Suroeste oceánico

Todas las SER

No recomendado

Macizo Central

Todas las SER

API901

Alpes

Todas las SER

API901

Pirineos

Por debajo de 600 m: ninguno; por encima de 600 m: API901

API901 condicionado por altitud

Mediterráneo

Todas las SER

Por debajo de 600 m: ninguno; por encima de 600 m: API901

Córcega

Todas las SER

Consideraciones especiales de conservación

La tabla original introduce además observaciones específicas relacionadas con la presencia y conservación del abeto blanco autóctono. En los Vosgos y el Jura, por ejemplo, las poblaciones autóctonas son abundantes; en determinadas cotas las condiciones continúan siendo favorables para la especie. En los Pirineos existen poblaciones autóctonas de interés genético desde aproximadamente 200-300 metros de altitud, mientras que en Córcega aparecen desde los 800-1.000 metros y presentan un importante interés conservacionista.

 

Entradas de Áreadoc relacionadas


Documento de referencia

Abies pinsapo Boiss. — Sapin d’Espagne, Sapin d’Andalousie, Spanish fir. Ficha de Matériels Forestiers de Reproduction (MFR), versión de 30/09/2021. Ministerio francés de Agricultura / INRAE y colaboradores. El documento identifica como principales contribuyentes a Bruno Fady y Caroline Scotti (INRAE), con coordinación de Nathan Fornes, Nicolas Ricodeau y Pauline Del Ben.

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

El Abies pinsapo en Francia según el Inventario Forestal Nacional (2006–2024). Una distribución muy dispersa.

El Abies pinsapo Boiss., nuestro pinsapo, tiene en Francia una historia mucho más antigua de lo que podría sugerir su actual distribución. Introducido como árbol ornamental y forestal desde el siglo XIX, fue plantado en parques, arboretos, propiedades privadas y montes públicos. Algunas de estas plantaciones dieron lugar posteriormente a regeneración natural.

Hasta ahora, sin embargo, resultaba difícil obtener una imagen actual de su distribución a escala francesa. Los datos del Inventaire Forestier National (IFN) permiten aproximarnos a ella de una manera sistemática.

He utilizado las bases de datos brutas del IFN correspondientes a las campañas 2005–2024, seleccionando la especie 70SE, Abies pinsapo, “Sapin d’Andalousie”. El propio IGN confirma esta correspondencia taxonómica. (Inventario Forestal)

El resultado son 25 parcelas de inventario con presencia de pinsapo, correspondientes a 24 municipios de 18 departamentos franceses.

 

¿Qué significa una presencia en el IFN?

Antes de interpretar el mapa conviene aclarar qué estamos viendo. El IFN trabaja mediante una red sistemática de puntos de muestreo. En las parcelas forestales, la presencia y cobertura de las especies arbóreas se registran sobre una parcela circular de 25 m de radio, equivalente a 20 áreas. El TCA (taux de couvert de l'espèce) expresa el porcentaje de cobertura absoluta de la especie en esa parcela. (Inventario Forestal)

Por tanto, un TCA de 0 no significa que no haya pinsapos. En nuestro conjunto, TCA = 0 significa que la especie está registrada pero su cobertura calculada es inferior al 5 %.

Esta distinción es fundamental: el IFN está detectando la presencia de A. pinsapo, no necesariamente masas dominadas por esta especie.

 

Las 25 parcelas

CampañaMunicipioDepartamentoTCA
2006RosisHérault (34)0 %
2007Saint-VauryCreuse (23)0 %
2008Laroque-d'OlmesAriège (09)0 %
2008TresquesGard (30)0 %
2009FabrèguesHérault (34)0 %
2011GimontGers (32)10 %
2012Bonlieu-sur-RoubionDrôme (26)0 %
2014LaurouxHérault (34)0 %
2014PernayIndre-et-Loire (37)0 %
2014DieulefitDrôme (26)10 %
2016Le ChalonDrôme (26)0 %
2018BlauvacVaucluse (84)0 %
2018CieuracLot (46)0 %
2019Montboucher-sur-JabronDrôme (26)0 %
2019PoussignacLot-et-Garonne (47)0 %
2019Lys-Haut-LayonMaine-et-Loire (49)0 %
2020NantAveyron (12)0 %
2020AnjouIsère (38)0 %
2020Antonne-et-TrigonantDordogne (24)0 %
2021Nuits-Saint-GeorgesCôte-d'Or (21)9 %
2022La Tour-d'AiguesVaucluse (84)0 %
2022MontamiséVienne (86)0 %
2023NantAveyron (12)8 %
2023Le BrusquetAlpes-de-Haute-Provence (04)2 %
2024ArcensArdèche (07)0 %

En total, 20 de las 25 parcelas (80 %) presentan un TCA inferior al 5 %; una presenta un 2 %, una un 8 %, una un 9 % y dos alcanzan el 10 %. Los cuatro puntos con TCA ≥8 % son Gimont, Dieulefit, Nuits-Saint-Georges y Nant.

 

Mapa de distribución de las parcelas del IFN (2006-2024) donde Abies pinsapo (70SE) está presente. La leyenda expresa la TCA (taux de couvert de l'espèce), el porcentaje de cobertura absoluta de la especie en esa parcela. Elaborado: ChatGPT. Autor: José Pino Díaz (2025).

Mapa de distribución de las parcelas del IFN (2006-2024) donde Abies pinsapo (70SE) está presente. La leyenda expresa la TCA (taux de couvert de l'espèce), el porcentaje de cobertura absoluta de la especie en la parcela. Elaborado: ChatGPT. Autor: José Pino Díaz (2025).. 

 

Una distribución muy dispersa

La distribución llama inmediatamente la atención por su dispersión. No encontramos un área francesa continua de Abies pinsapo. Los puntos aparecen desde Maine-et-Loire, Indre-et-Loire y Vienne, al norte, hasta Alpes-de-Haute-Provence, Ardèche y Vaucluse, al sur, y desde Ariège hasta Côte-d'Or.

La mayor concentración relativa se encuentra en el sureste y centro-sur, especialmente en Drôme, Hérault, Vaucluse, Gard y Aveyron, pero existen también localidades aisladas muy alejadas entre sí.

Esto es coherente con la historia conocida de la especie en Francia: no estamos ante una población natural francesa continua, sino ante el resultado de numerosas introducciones históricas, algunas forestales y otras ornamentales o experimentales.

 

¿Cuánta superficie ocupa el pinsapo en Francia?

Aquí debemos ser especialmente prudentes. Los 25 puntos del IFN no permiten calcular directamente la superficie ocupada por A. pinsapo. El propio IGN advierte que las coordenadas públicas corresponden al centro de la celda de 1 km más próxima al punto real de inventario —la parcela puede encontrarse hasta unos 700 m de ese centro— y, sobre todo, que las bases de datos brutas no incluyen los pesos estadísticos necesarios para producir estimaciones oficiales de superficie o volumen. (Forêt Méditerranéenne)

Por ello, no debemos transformar las 25 parcelas en una superficie francesa de pinsapo.

Tampoco debe confundirse esta cifra con un dato histórico de volumen que aparece en la bibliografía.

En 1998, Nabila Hamza publicó los resultados del IFN para 15 departamentos mediterráneos franceses. En aquel momento se estimaban 22.000 m³ de Abies pinsapo en pie, frente a 16,66 millones de m³ correspondientes al conjunto de las especies de abetos consideradas. La estimación se basaba en inventarios cuya fecha media de levantamiento era aproximadamente 1990. (Forêt Méditerranéenne)

Es, por tanto, un dato histórico, no una estimación actual del volumen de pinsapo en Francia.

 

Una especie introducida, pero con una larga historia francesa

La presencia del pinsapo en Francia está documentada desde hace mucho tiempo. Jean Prioton publicó en 1964 su célebre Plaidoyer pour le sapin d'Espagne, en el que recogía quince localidades francesas con A. pinsapo, desde Les Barres y L'Aigoual hasta Périgueux, Lodève, Aniane, Loupian y Montpellier. Prioton consideraba que el pinsapo merecía ser estudiado como especie forestal para determinadas zonas de Provenza y Languedoc. (Áreadoc)

Un año después, M. Dorly amplió la información para el Var. En Esclapon, por ejemplo, describió pinsapos de origen artificial, algunos de aproximadamente un siglo de edad, que producían abundante regeneración natural. También observó regeneración en unas dos hectáreas del bosque estatal contiguo. En Borrigaille la especie ocupaba unas 80 hectáreas de manera dispersa y también se regeneraba. (Áreadoc)

Más interesante todavía es la cadena de propagación que documentó Dorly: las plantas utilizadas en una nueva plantación en el bosque estatal de Saint-Paul procedían del vivero de Esclapon, y las semillas del vivero habían sido recogidas en los pinsapos de Esclapon. (Áreadoc)

Tenemos, por tanto: plantación → fructificación → semillas → vivero → nueva plantación → nueva población.

 

Tres parcelas IFN con una historia especialmente significativa

Lauroux: plantación confirmada

La parcela de Lauroux (2014) es particularmente interesante porque los propios datos IFN indican que se trata de una plantación y que A. pinsapo figura como especie plantada.

Es una evidencia primaria del propio inventario y no una inferencia basada únicamente en el paisaje.

Nuits-Saint-Georges: un experimento de 1911

En Nuits-Saint-Georges encontramos una historia extraordinaria. La ONF documenta en la parcela 64 de la forêt communale una plantación experimental de coníferas realizada en 1911, en pequeños bancales. Entre las especies introducidas figuraban Abies cephalonica, Cedrus atlantica, A. nordmanniana, A. pinsapo, A. cilicica y Pseudotsuga menziesii. La documentación indica que ejemplares de esas especies todavía estaban presentes. (ONF)

El punto IFN de 2021 está dentro del municipio de Nuits-Saint-Georges y presenta un TCA del 9 %.

Debemos, no obstante, evitar afirmar que el punto IFN corresponde exactamente a aquella parcela experimental: las coordenadas públicas del IFN son las de la malla kilométrica y no la posición exacta de la parcela. (Inventario Forestal)

La coincidencia municipal es, sin embargo, suficientemente interesante para justificar una investigación específica.

Le Brusquet: pinsapos plantados en el siglo XIX

En Le Brusquet, el boletín municipal de 2016 identifica expresamente los grandes pinsapos del Parc forestier como “sapins d'Andalousie (Abies pinsapo) plantés par le forestier Lucien Auzet au XIXe siècle”. (Lebrusquet)

La parcela IFN de 2023 presenta TCA = 2 %.

Aquí disponemos de una secuencia histórica muy clara: plantación decimonónica → supervivencia secular → presencia contemporánea.

Pero tampoco debemos identificar automáticamente la parcela IFN con el Parc forestier du Brusquet sin una comprobación espacial más precisa.

 

¿Y la regeneración natural?

Este es quizá el aspecto más interesante de la historia francesa del pinsapo. La literatura forestal francesa documenta numerosos casos de regeneración natural de abetos mediterráneos introducidos. En el caso de A. pinsapo, Dorly observó regeneración abundante en Esclapon, suficiente en Borrigaille y numerosas plántulas alejadas de los árboles madre en Château-Bouge. (Áreadoc)

El fenómeno tampoco se limita al Var. La literatura de Forêt Méditerranéenne documenta casos de regeneración de A. pinsapo y otros abetos mediterráneos en plantaciones, arboretos y propiedades del sur de Francia. Un caso particularmente notable es Parrouvier, en Bouches-du-Rhône, donde distintas especies de abetos, incluido el pinsapo, originaron miles de plántulas. (Forêt Méditerranéenne)

Un ejemplo más reciente es el arboretum familiar de Beaumont-de-Pertuis, plantado en 1926 con 51 abetos mediterráneos, entre ellos dos A. pinsapo. Un siglo después se ha desarrollado allí una masa densa con regeneración abundante. (Revista Forestal Francesa)

Estos ejemplos demuestran que la capacidad del pinsapo para reproducirse en Francia está bien documentada.

Pero conviene distinguir dos conceptos: regeneración natural no equivale necesariamente a naturalización.

Para hablar de naturalización sería necesario demostrar que una población introducida se reproduce y mantiene de manera autónoma durante generaciones, con establecimiento independiente de los árboles plantados y, preferentemente, expansión espacial.

Con los datos IFN analizados todavía no podemos afirmar que ninguna de las 25 localidades constituya una población naturalizada.

 

Una red histórica de introducciones

Los datos actuales adquieren así un significado diferente. El mapa no representa el área natural del pinsapo en Francia. Representa, según lel IFN, los vestigios actuales de una historia de introducciones iniciada hace más de un siglo.

Algunas fueron ornamentales, otras realizadas en arboretos y jardines, y otras tuvieron un carácter explícitamente forestal o experimental.

La existencia de centros de experimentación, viveros y arboretos permitió además la circulación del material vegetal dentro de Francia. El caso de Esclapon es un ejemplo documentado de cómo las semillas de una plantación pudieron alimentar un vivero y éste nuevas plantaciones. (Áreadoc)

Incluso un siglo después, estas introducciones pueden seguir apareciendo en los inventarios forestales.

 

Qué nos dice realmente el IFN

El principal resultado de este análisis no es, por tanto, una cifra de hectáreas. Es haber podido establecer una red geográfica verificable de 25 parcelas IFN con presencia de Abies pinsapo: 25 parcelas → 24 municipios → 18 departamentos.

La distribución muestra una presencia muy dispersa y fragmentada, con algunos núcleos que merecen una investigación histórica particular. Entre ellos destacan Nant, con dos detecciones IFN en 2020 y 2023, y los municipios donde ya conocemos antecedentes históricos claros, como Lauroux, Nuits-Saint-Georges y Le Brusquet.

El siguiente paso será reconstruir, para cada localidad, la historia concreta del árbol o del grupo de árboles: ¿quién lo plantó?, ¿cuándo?, ¿de dónde procedía el material?, ¿qué vivero lo suministró?, ¿fructificó?, ¿regeneró?, ¿se expandió?

Sólo entonces podremos pasar del mapa de presencia a una verdadera historia biogeográfica del pinsapo introducido en Francia.

 

Entradas de Áreadoc relacionadas

 

Bibliografía y notas

IGN – Inventaire Forestier National. DataIFN: données brutes des campagnes annuelles 2005 et suivantes. IGN, actualizado 2025. La documentación identifica Abies pinsapo con el código 70SE. (Inventario Forestal)

IGN – Inventaire Forestier National. Documentation des données sur le couvert « recensable » – Point forêt, depuis la campagne 2006. Define TCA como tasa de cobertura de la especie y describe su cálculo sobre una parcela circular de 25 m de radio. (Inventario Forestal)

HAMZA, N. (1998). “Sapins en milieu méditerranéen. État de la ressource et récolte passée en région méditerranéenne. Estimation des disponibilités en Languedoc-Roussillon”. Forêt Méditerranéenne, XIX(2): 189–191. (Forêt Méditerranéenne)

PRIOTON, J. (1964). “Plaidoyer pour le sapin d'Espagne”. Revue Forestière Française, 2: 99–114. (Áreadoc)

DORLY, M. (1965). “L'Abies pinsapo dans le Var”. Revue Forestière Française, 12: 847–848. (Áreadoc)

BENOIT DE COIGNAC, C. & RIPERT, C. (1998). “Les sapins de Parrouvier”. Forêt Méditerranéenne, XIX(2): 195–201. (Forêt Méditerranéenne)

Office National des Forêts. Document d'aménagement de la forêt communale de Nuits-Saint-Georges. Referencia a la plantación experimental de 1911. (ONF)

Mairie du Brusquet. L'Écho de Lauzière, n.º 119, verano de 2016. Referencia a los pinsapos plantados por Lucien Auzet en el siglo XIX. (Lebrusquet)

Nota metodológica. Las 25 parcelas son el resultado del filtrado de las bases brutas IFN 2005–2024 por la especie 70SE. Los municipios se obtuvieron posteriormente mediante point-in-polygon de las coordenadas públicas IFN con los límites comunales oficiales de 2024. Las coordenadas publicadas por IGN corresponden al centro de la malla kilométrica y no a la localización exacta de la parcela; por ello, la identificación municipal es útil para el análisis territorial, pero no permite atribuir automáticamente una parcela a un rodal, plantación, château o arboreto concreto. (Inventario Forestal) 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Una experiencia de siembra de pinsapo en 1991 que la investigación científica posterior ayuda a explicar.

En 1991 publiqué en el Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales un artículo titulado «El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas». En aquel trabajo intentaba explicar, a partir de observaciones de campo y de cálculos de radiación, evapotranspiración y disponibilidad de agua en el suelo, cuáles eran las principales limitaciones ecológicas del pinsapo y por qué las repoblaciones de esta especie presentaban tantas dificultades.

Han pasado 35 años. Desde entonces, la investigación sobre Abies pinsapo ha avanzado extraordinariamente y hoy conocemos mucho mejor su fisiología, su respuesta a la sequía, la importancia del microclima, las condiciones que favorecen la regeneración natural y la influencia de la competencia, las plagas y el cambio climático.

Al revisar ahora aquel artículo, hay un episodio que me ha parecido especialmente interesante. Aparece casi al final, en el apartado dedicado a la repoblación forestal, y parte de una observación realizada por mi padre, José Pino Rivera, agente forestal.

En el margen de la pista forestal de la Solana del Caucón, en el monte de Yunquera (Sierra de las Nieves) se estaban desarrollando satisfactoriamente unas plántulas de pinsapo, en un lugar bastante expuesto y carente de cobertura vegetal. La observación resultaba llamativa porque la experiencia con las repoblaciones indicaba que las plantas jóvenes de pinsapo sufrían considerablemente cuando quedaban sometidas a las condiciones de insolación y sequedad propias del verano mediterráneo.

 

Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
Entre 1976 y 1977 se abrió la pista forestal de la solana del Caucón, cuyo firme se mejoró con una capa de áridos. Transcurridos unos años semillas de pinsapo germinaron y prosperaron en los márgenes de la pista, en condiciones de plena exposición al sol (ver Imagen). La explicación está en que la capa de áridos, que posee un albedo alto, refleja una alta proporción de la energía luminosa incidente (r = 0,26) y además rompe la capilaridad del suelo, aminorando así su desecación y manteniendo suficiente humedad en el suelo para la supervivencia de las plantitas, cuya capacidad de retención de agua había aumentado con el movimiento de tierras de la apertura de la pista forestal. Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz. Fuente: "Regenerado natural de pinsapos en la pista forestal del Caucón (1988). https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll351
 

¿Qué tenía de diferente aquel lugar?

La pista había sido acondicionada con una capa de material mineral. Y pensé que aquella capa podía estar modificando las condiciones de humedad del suelo, con un efecto similar al que produce en los cultivos enarenados.

A partir de esa observación se realizó una experiencia de siembra: cubrir con una fina capa de arena los hoyos donde se sembraran semillas de pinsapo, al objeto de conservar durante más tiempo la humedad necesaria para que las plántulas pudieran superar el primer verano. En el ensayo descrito en el artículo se utilizó una capa de aproximadamente 1–2 cm de arena.

Hoy podemos preguntarnos si aquella interpretación tenía fundamento.

La respuesta es sorprendentemente interesante. 

El problema no era solamente el sol

En mi artículo de 1991 concedía una gran importancia a la radiación solar, la orientación y la evapotranspiración. Los cálculos realizados mostraban diferencias considerables entre las condiciones de solana y umbría y trataban de explicar por qué las últimas ofrecían unas condiciones más favorables para el pinsapo.

La interpretación sigue siendo válida, pero actualmente podemos expresarla de una manera más precisa.

El principal problema no es la radiación en sí misma, sino el equilibrio entre el agua disponible en el suelo y la demanda evaporativa de la atmósfera.

Cuando aumenta la radiación y la temperatura, aumenta también la demanda de agua. Si además el suelo se encuentra en proceso de desecación, una plantita puede entrar rápidamente en estrés hídrico. 

Esto resulta especialmente importante en una plántula.

Un árbol adulto puede explorar un volumen considerable de suelo mediante sus raíces. Una plántula recién germinada, en cambio, dispone inicialmente de un sistema radical muy pequeño. Durante sus primeros meses depende en gran medida de la humedad existente en las capas superficiales.

Si esas capas se secan demasiado pronto, puede morir antes de que sus raíces hayan alcanzado zonas más profundas.

Y precisamente la desecación constituye una de las principales causas de mortalidad observadas en las plántulas de pinsapo. Los estudios realizados posteriormente demostraron que la mayor parte de las plántulas que morían presentaban síntomas de desecación progresiva.

Esto proporciona una primera conexión entre aquella experiencia de 1991 y la investigación posterior. 

Una capa de arena puede cambiar el balance hídrico

La hipótesis que planteé entonces era sencilla.

Una capa de material mineral podía actuar de dos maneras.

La primera estaba relacionada con el albedo.

Una superficie clara refleja una mayor proporción de la radiación solar que recibe y, por tanto, absorbe menos energía. En principio:

mayor albedo → menor energía absorbida → menor calentamiento superficial.

Pero existía otro mecanismo que probablemente era todavía más importante: la interrupción de la continuidad capilar.

El agua almacenada en el suelo puede ascender hacia la superficie mediante fuerzas capilares. Una vez allí queda expuesta a la atmósfera y puede evaporarse.

Una capa superficial de arena o grava modifica este proceso. Dificulta el movimiento del agua hacia la superficie y aumenta la resistencia al transporte de vapor.

El resultado es que el agua permanece más tiempo en el suelo.

La secuencia puede resumirse así:

suelo húmedo → ascenso capilar → superficie → evaporación

frente a:

suelo húmedo → capa mineral → mayor resistencia → menor evaporación.

La investigación realizada posteriormente ha demostrado experimentalmente este efecto. Los acolchados minerales pueden aumentar la resistencia al flujo de vapor y reducir de forma importante la evaporación del agua almacenada en el suelo.

Por tanto, una de las ideas fundamentales de aquella propuesta de 1991 ha quedado bien respaldada por la física del suelo.

 

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral. José Pino Díaz.

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral.

 

La comparación con el cultivo enarenado

En aquel artículo comparaba el efecto de la arena con el conocido sistema de cultivo enarenado, tradicional en el sureste de España.

La comparación no era casual.

En el cultivo enarenado, una capa de arena situada sobre el suelo modifica el movimiento del agua y reduce las pérdidas por evaporación. La investigación posterior ha confirmado que estos efectos se producen realmente y que dependen de características como el tamaño de las partículas y el espesor de la capa.

Esto permite matizar ahora mi explicación original.

El aumento del albedo probablemente contribuye al efecto, pero no deberíamos atribuir exclusivamente a la reflexión de la radiación la conservación del agua.

La interrupción de la continuidad capilar y el aumento de la resistencia al transporte de vapor parecen desempeñar un papel fundamental.

En otras palabras, la arena no actúa solamente como un pequeño espejo que devuelve parte de la radiación solar.

Actúa también como una barrera física frente a la pérdida de agua del suelo. 

Una confirmación en Granada

Una de las evidencias posteriores que más se aproxima a la propuesta que hice en 1991 procede precisamente del sureste de España.

En un experimento realizado en Dehesas de Becerra, en Granada, se estudió el efecto de diferentes acolchados sobre el establecimiento de encinas (Quercus ilex) en condiciones mediterráneas semiáridas.

Se compararon plantas sin acolchado con otras protegidas mediante paja o fragmentos de roca.

Los investigadores midieron la humedad del suelo a distintas profundidades y siguieron el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas.

El resultado fue significativo: el acolchado de fragmentos de roca aumentó la humedad del suelo en los primeros 10–20 cm y tanto el acolchado mineral como el orgánico redujeron el número de días en que las plantas sufrían estrés fisiológico. Los autores señalaron además el interés de estos acolchados para plantas pequeñas con sistemas radicales inicialmente superficiales.

La coincidencia con mi propuesta resulta notable.

No se trataba de pinsapos, pero sí de una especie forestal mediterránea, sometida a una fuerte sequía estival y estudiada en una región muy próxima desde el punto de vista climático.

Y el efecto se producía precisamente donde más nos interesa cuando hablamos de una plántula recién germinada: en los primeros centímetros del suelo.

 

Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
 

¿Puede aumentar realmente la supervivencia?

La respuesta también cuenta con evidencias interesantes.

Otro experimento realizado en el sureste de España siguió durante nueve años el establecimiento de encinas sometidas a diferentes tratamientos de acolchado.

La supervivencia fue aproximadamente del 85 % con acolchado orgánico, 78 % con piedras y 50 % en el control. Los árboles protegidos mediante acolchado presentaron además un mayor desarrollo foliar.

Esto demuestra algo más importante que la simple conservación temporal de humedad.

Demuestra que una modificación de la superficie del suelo puede traducirse en una diferencia apreciable en la supervivencia de árboles mediterráneos.

Naturalmente, no podemos trasladar directamente esos porcentajes al pinsapo. Quercus ilex y Abies pinsapo son especies muy diferentes.

Pero el resultado sí confirma el principio general sobre el que se apoyaba mi propuesta:

conservar el agua del suelo durante la fase inicial de establecimiento puede mejorar las posibilidades de supervivencia de una planta leñosa mediterránea. 

¿Y las coníferas?

Los experimentos con coníferas mediterráneas ofrecen resultados más complejos.

En Pinus halepensis, el pino carrasco, se han realizado experiencias de protección y acolchado en ambientes áridos del sureste español. Los resultados muestran que determinados acolchados pueden modificar la humedad de las capas superficiales del suelo, aunque los efectos sobre la supervivencia a largo plazo dependen del material utilizado y de las condiciones del lugar.

Esto es importante porque demuestra que conservar agua no garantiza por sí solo la supervivencia.

También influyen:

  • la profundidad del suelo;
  • la capacidad de almacenamiento de agua;
  • el desarrollo de las raíces;
  • la competencia de la vegetación;
  • la intensidad de la sequía;
  • y las características del propio acolchado.

Por tanto, hoy no propondría simplemente "poner arena" como una receta universal.

Hablaría de un acolchado mineral adecuadamente diseñado, teniendo en cuenta la granulometría, el espesor, el color y las características del suelo. 

El primer verano es la prueba decisiva

Esta cuestión nos lleva directamente al pinsapo.

Una semilla que germina en primavera necesita tiempo para desarrollar su sistema radical. Si la humedad superficial desaparece rápidamente, la plántula puede entrar en estrés antes de haber conseguido explorar las capas profundas.

Pero si conseguimos retrasar la desecación, aunque sólo sea durante un periodo limitado, la situación puede cambiar.

Podemos imaginar la siguiente secuencia:

germinación

↓

humedad superficial durante más tiempo

↓

crecimiento de la raíz

↓

exploración de capas más profundas

↓

mayor capacidad de extracción de agua

↓

mayores posibilidades de superar el verano.

Ésta es probablemente la forma más interesante de interpretar hoy aquella propuesta.

La arena no tendría que mantener húmedo el suelo durante todo el verano.

Bastaría con retrasar la desecación lo suficiente para que la joven planta pudiera avanzar en el desarrollo de sus raíces. 

El pinsapo no necesita simplemente sombra

La investigación sobre la regeneración natural del pinsapo introduce aquí una cuestión aparentemente paradójica.

Si la sombra es favorable para reducir la evaporación, podríamos pensar que las plántulas deberían sobrevivir mejor siempre bajo una cubierta forestal cerrada.

Sin embargo, los estudios de regeneración demostraron que la supervivencia puede ser mayor en determinados claros que en el interior del bosque.

Esto nos obliga a abandonar una interpretación demasiado sencilla del pinsapo como especie que simplemente "necesita sombra".

Lo que necesita es un microclima adecuado.

Un pequeño claro puede proporcionar suficiente luz para que la planta crezca, manteniendo todavía unas condiciones hídricas aceptables.

El problema aparece cuando la exposición aumenta tanto que la demanda evaporativa supera la capacidad de la planta para obtener agua.

Y aquí el acolchado mineral ofrece una posibilidad diferente.

En lugar de reducir necesariamente la radiación que recibe la planta, podemos intentar conservar el agua que recibe su raíz. 

La experiencia de Hoyo de Millán

En mi artículo de 1991 describía un ensayo realizado a partir de esta idea. Se sembraron semillas de pinsapo en hoyos y se cubrieron posteriormente con una capa de arena de aproximadamente 1–2 cm. El objetivo era conservar la humedad del suelo y reducir la rapidez con la que se producía la desecación durante el periodo estival.

La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
 

Visto desde la perspectiva actual, aquel ensayo presenta una limitación evidente.

No fue diseñado como un experimento científico moderno. No disponíamos de parcelas control equivalentes ni de sensores que permitieran seguir continuamente la humedad y temperatura del suelo. Tampoco se realizó un análisis estadístico de la supervivencia.

Por ello, no podemos afirmar que aquel ensayo demostrara científicamente la eficacia de la técnica.

Pero tampoco debemos descartarlo.

Fue una experiencia de campo que partió de una observación real y que estaba sustentada por una hipótesis física concreta.

Y la investigación posterior ha demostrado que los mecanismos que proponíamos eran reales. 

Una observación, una hipótesis y una explicación

La historia tiene, en realidad, una estructura bastante sencilla.

Primero apareció la observación de José Pino Rivera:

unas plantas de pinsapo crecían satisfactoriamente junto a una pista forestal, a pesar de encontrarse en un lugar expuesto.

Después apareció la pregunta:

¿qué tenía aquel lugar de diferente?

La respuesta podía estar en la capa de material mineral.

A partir de ahí surgió la hipótesis:

la capa de arena estaba reduciendo la pérdida de agua del suelo.

Y finalmente se propuso reproducir artificialmente ese efecto mediante una fina cubierta mineral sobre los hoyos de siembra.

Treinta y cinco años después disponemos de una información que entonces no existía.

Sabemos que:

  • las plántulas de pinsapo son especialmente vulnerables a la desecación;
  • la disponibilidad de agua en el suelo es un factor fundamental para la especie;
  • los acolchados minerales reducen la evaporación;
  • la arena y la grava pueden interrumpir o dificultar el transporte capilar;
  • las superficies minerales modifican el balance energético;
  • y los acolchados pueden mejorar el establecimiento de especies forestales mediterráneas.
La cadena de evidencias es, por tanto, bastante coherente. 

Lo que todavía no sabemos

Conviene, sin embargo, mantener la prudencia.

No he encontrado un ensayo experimental publicado que haya demostrado específicamente que una capa de 1–2 cm de arena aumenta la supervivencia de plántulas de Abies pinsapo sembradas directamente en el monte.

Por tanto, sería incorrecto decir que la ciencia ha validado directamente la técnica que propuse en 1991.

Lo que sí podemos decir es algo más preciso:

La investigación posterior ha confirmado los principales mecanismos físicos y ecológicos en los que se basaba aquella propuesta y ha demostrado que los acolchados minerales pueden mejorar la conservación de agua y el establecimiento de árboles mediterráneos.

La propuesta concreta para el pinsapo sigue siendo una hipótesis que merece ser ensayada. 

¿Cómo podría comprobarse hoy?

Actualmente sería relativamente sencillo diseñar un experimento específico.

Podrían compararse, por ejemplo:

  • semillas o plántulas sin acolchado;
  • semillas o plántulas con una capa de arena;
  • plantas protegidas mediante sombreo;
  • y plantas con combinación de arena y sombreo.

Durante el experimento podrían medirse:

  • humedad del suelo;
  • temperatura;
  • radiación;
  • potencial hídrico;
  • crecimiento
  • desarrollo radical;
  • y supervivencia.

Sería especialmente interesante comparar diferentes granulometrías y espesores de la capa mineral.

Pero hay una variable que considero aún más importante que la propia humedad:

el tiempo durante el cual el suelo permanece por encima del umbral hídrico crítico para la planta.

Una pequeña reducción de la evaporación puede no representar una gran cantidad adicional de agua en términos absolutos. Sin embargo, puede proporcionar varios días o semanas más de humedad disponible.

Y esos días pueden ser decisivos para que una joven raíz alcance una mayor profundidad. 

Una técnica sencilla en un momento de cambio climático

La cuestión adquiere una nueva dimensión en el contexto actual.

Cuando escribí aquel artículo, la dificultad consistía en conseguir que las plantas superaran las condiciones naturales del verano mediterráneo.

Hoy las condiciones son todavía más exigentes.

El aumento de las temperaturas incrementa la demanda evaporativa de la atmósfera y las sequías pueden ser más intensas y prolongadas.

En estas circunstancias, cualquier técnica capaz de conservar una parte del agua disponible en el suelo puede adquirir interés para la restauración forestal.

No significa que una capa de arena vaya a resolver los problemas derivados del cambio climático.

Pero sí puede contribuir a mejorar las probabilidades de supervivencia durante la fase más vulnerable de la vida de un árbol.

Y además tiene una característica interesante: actúa sobre el suelo, no directamente sobre la planta. 

Volver sobre una idea de hace 35 años

Al releer ahora aquel artículo de 1991, me parece interesante comprobar cómo una observación aparentemente pequeña puede adquirir un significado diferente con el paso del tiempo.

En aquel momento disponíamos de mucha menos información sobre la fisiología del pinsapo y sobre la física de los acolchados.

Sin embargo, habíamos observado algo que llamaba la atención:

unas plantas jóvenes podían desarrollarse en una situación aparentemente desfavorable cuando el suelo estaba cubierto por material mineral.

La explicación propuesta fue que aquel material podía reducir la pérdida de agua.

Hoy la investigación científica permite comprender mucho mejor ese proceso.

La capa mineral puede:

  • reflejar parte de la radiación;
  • reducir el calentamiento superficial;
  • interrumpir la continuidad capilar;
  • aumentar la resistencia al transporte de vapor;
  • reducir la evaporación;
  • y mantener durante más tiempo la humedad disponible en los primeros centímetros del suelo.

No sabemos todavía si una capa de 1–2 cm de arena produce por sí sola una mejora significativa de la supervivencia del pinsapo.

Pero sabemos que la hipótesis sobre la que se apoyaba aquella propuesta es científicamente razonable. 

Quizá la clave esté en el micrositio

La experiencia también nos recuerda algo fundamental sobre la ecología del pinsapo.

Cuando hablamos de dónde puede vivir una especie, solemos pensar en grandes variables:

  • temperatura;
  • precipitación;
  • altitud;
  • orientación.

Pero para una semilla o una plántula puede ser mucho más importante lo que ocurre en unos pocos centímetros de suelo.

Un pequeño cambio en:

  • profundidad;
  • textura;
  • cobertura;
  • exposición;
  • humedad;
  • competencia;
puede convertir un lugar aparentemente inhóspito en un micrositio favorable.

La pista forestal había creado accidentalmente uno de esos micrositios.

La pregunta actual es si podemos reproducir deliberadamente esas condiciones favorables sin necesidad de modificar el conjunto del ecosistema.

Si la respuesta fuese afirmativa, estaríamos ante una herramienta sencilla para determinadas actuaciones de restauración. 

Una vieja propuesta que merece una nueva oportunidad

Después de revisar la literatura científica publicada desde 1991, mi valoración es, por tanto, prudente pero positiva.

La técnica concreta no ha sido validada experimentalmente para el pinsapo. Pero los principales mecanismos en los que se basaba han sido confirmados: 

  • Los acolchados minerales pueden conservar humedad.
  • La interrupción de la capilaridad puede reducir la evaporación.
  • El albedo puede modificar el balance energético de la superficie.
  • La humedad superficial es importante para las plántulas.
  • Y el déficit hídrico constituye uno de los principales factores que condicionan la supervivencia del pinsapo.

Todo ello hace que aquella pequeña experiencia de 1991 tenga hoy un interés renovado.

Quizá la enseñanza más sencilla sea también la más importante:

En la restauración de una especie mediterránea tan sensible al déficit hídrico como el pinsapo, no siempre se trata de quitarle el sol a la planta. A veces puede ser más eficaz impedir que el suelo pierda el agua que ya tiene.

Y quizá aquella capa de arena que hace 35 años parecía una solución demasiado sencilla merezca ahora ser estudiada de nuevo con las herramientas científicas actuales.

Una observación de campo se convirtió entonces en una hipótesis. La ciencia posterior ha demostrado que la hipótesis tenía fundamento. Falta todavía dar el último paso: comprobar si funciona realmente con el pinsapo. 

Entradas de Áreadoc relacionadas

Referencias bibliográficas

Arista, M. (1994). Supervivencia de las plántulas de Abies pinsapo Boiss. en su hábitat natural. Anales del Jardín Botánico de Madrid, 51(2), 193–198.

Jiménez, M. N., Fernández-Ondoño, E., Ripoll, M. Á., Castro-Rodríguez, J., Huntsinger, L. & Navarro, F. B. (2016). Stones and organic mulches improve the Quercus ilex L. afforestation success under Mediterranean climatic conditions. Land Degradation & Development, 27, 357–365.

Jiménez, M. N., Pinto, J. R., Ripoll, M. Á., Sánchez-Miranda, A. & Navarro, F. B. (2017). Impact of straw and rock-fragment mulches on soil moisture and early growth of holm oaks in a semiarid area. Catena, 152, 198–206.

Yuan, C., Lei, T., Mao, L., Liu, H. & Wu, Y. (2009). Soil surface evaporation processes under mulches of different sized gravel. Catena, 78, 117–121.

Effects of gravel mulch on water vapor transfer above and below the soil surface (2004). Agricultural Water Management, 67, 145–155.

Mesh-shelters provide more effective long-term protection than tube-shelters or mulching for restoration of Pinus halepensis in a Mediterranean arid ecosystem (2022). Frontiers in Forests and Global Change.

Pino Díaz, J. (1991). El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas. Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, nº 9, diciembre de 1991, pp. 20–25.