El diario independiente El Imparcial publicó el 19 de junio de 1876 el artículo "El Pinsapo" [1] de José Sainz de Baranda [2].
El texto se integró en la edición del suplemento "Los Lunes de El Imparcial", dirigido por Isidoro Fernández Florez. Su inclusión formaba parte de la estrategia del suplemento de alternar la literatura con crónicas científicas y de divulgación.
El ensayo constituye uno de los testimonios más tempranos y explícitos sobre la situación del pinsapo y sobre la preocupación por su conservación. Combina divulgación forestal, observaciones botánicas y una clara llamada de atención ante el riesgo de desaparición de los pinsapares.
Sainz de Baranda, ingeniero de montes de la promoción de 1865, comienza destacando una paradoja: el pinsapo es una especie espontánea y esencialmente española, pero para cultivarlo en jardines españoles era necesario adquirir ejemplares en viveros extranjeros. Para el autor, esta circunstancia simbolizaba el abandono de los propios montes.
Su diagnóstico sobre las causas del retroceso del pinsapo es contundente. El hacha, el fuego y el ganado habían reducido la especie a las zonas más inaccesibles de las montañas andaluzas. En este contexto, relaciona la desaparición de los bosques con problemas que considera inevitables: disminución de las lluvias, erosión de los suelos, deterioro de los cultivos de los valles, escasez de madera y pérdida de recursos para las poblaciones rurales.
El pinsapo aparece así como una especie especialmente adecuada para las futuras políticas de repoblación forestal. Sainz de Baranda considera que, cuando España acometiera grandes programas de reforestación, debería recurrirse a las especies que la propia naturaleza había situado en cada territorio. El pinsapo tendría, por tanto, un papel destacado en las montañas andaluzas.
Resulta especialmente interesante que el autor no conociera personalmente los pinsapares. Reconoce que nunca había visitado uno y que sus conocimientos procedían de lecturas, de observaciones propias y de la información que había podido reunir. Sin embargo, había realizado experiencias de cultivo con semillas procedentes del pinsapar de Ronda. A partir de ellas describe el proceso de germinación y los primeros años de desarrollo de las plantas, observando el escaso crecimiento inicial de la parte aérea frente al desarrollo de las raíces.
También realiza una descripción morfológica del pinsapo a distintas edades. Destaca su forma compacta cuando es joven, la disposición de las acículas alrededor de las ramillas y el cambio de aspecto que experimenta con la edad. Los ejemplares adultos le parecen más próximos al porte de los abetos, aunque más bajos, robustos y achaparrados. Sainz de Baranda plantea además una hipótesis interesante: en condiciones de espesura, protegidos del viento, la nieve y el ganado, los pinsapos podrían adquirir una mayor esbeltez y alcanzar dimensiones superiores.
Su descripción del pinsapar de Ronda es, sin embargo, mucho más preocupante. Lo considera entonces el único monte extenso de pinsapo que quedaba en España y señala la escasez de regeneración joven. Los árboles viejos aparecían dispersos por varios valles y el futuro del bosque le parecía incierto. Si desaparecían los ejemplares adultos sin que se produjera una regeneración suficiente, advertía que el suelo quedaría expuesto a la erosión y que podría terminar completamente desnudo.
Imagen del Pinsapar de Ronda. Autor José Pino Díaz, 11/10/2025.
La conservación del pinsapo adquiere en el artículo una dimensión que va más allá del valor económico. Sainz de Baranda considera que su desaparición constituiría no sólo una pérdida material, sino también una verdadera deshonra para España, al tratarse de un árbol que la naturaleza había conservado de forma espontánea en las montañas andaluzas.
Su propuesta de conservación resulta sorprendentemente concreta para la época. Plantea que el Estado adquiera el pinsapar de Ronda, lo deslinde y amojone, establezca vigilancia permanente, limite el aprovechamiento forestal y prohíba la entrada del ganado, especialmente del ganado cabrío. A ello añade la necesidad de favorecer la regeneración natural y complementarla mediante siembras y plantaciones.
El artículo termina con una propuesta que revela otra de las preocupaciones del autor: conseguir que el pinsapo deje de ser una especie que España tenga que importar de viveros extranjeros. Propone obtener semillas del pinsapar de Ronda, producir plantas en el Vivero de la Villa y utilizarlas en jardines y paseos de Madrid. Incluso sugiere crear en el Retiro una calle de pinsapos semejante a la existente de Wellingtonias.
Más que una simple descripción botánica, el artículo de Sainz de Baranda es, por tanto, un temprano alegato en favor de la conservación del pinsapo. En 1875 identifica ya algunos de los principales factores que amenazaban a la especie —corta, fuego, ganado y falta de regeneración—, reclama protección efectiva para el pinsapar de Ronda y propone simultáneamente favorecer su regeneración natural y desarrollar su cultivo mediante semillas.
El interés histórico del texto reside también en que permite comprobar que la preocupación por la conservación de los pinsapares no nació en el siglo XX. Setenta y cinco años antes de la declaración de los primeros espacios protegidos específicamente vinculados a estos bosques, un ingeniero de montes advertía ya públicamente de que el pinsapo podía desaparecer de sus montañas naturales y reclamaba medidas concretas para evitarlo. Su artículo constituye, así, un valioso testimonio de la percepción que los ingenieros forestales españoles tenían del pinsapo y de sus problemas de conservación durante la segunda mitad del siglo XIX.
Seguidamente se presenta un extracto del artículo de El Imparcial.
El Pinsapo
Hoy, que afortunadamente las cuestiones de arbolados ocupan un lugar preferente en la prensa española, que la atención pública se fija en un asunto de tanto porvenir para nuestro país, y que constantemente se oyen quejas porque se destrozan nuestros montes, creo que no será intempestivo decir algo de un árbol que es esencialmente español, útil y hermoso a la vez; pero que, sin embargo, si queremos conseguirlo, tenemos que acudir a los viveros del extranjero, donde nos lo venden como si fuera una especie rara.
Me refiero al pinsapo, que en Europa sólo se encuentra espontáneo en España: pero como ha sido tal la guerra que el hacha, los ganados y el fuego le han declarado, ha tenido que refugiarse en los sitios menos accesibles de algunas montañas de Andalucía. Allí vive escondido, esperando a que en España acabe el odio a los árboles, para ocupar el lugar preferente que entre los propios para nuestras sierras lo corresponde.
Cuando en nuestro país escaseen más las lluvias, cuando los torrentes arrastren las mejores huertas de los valles y vegas, cuando tengamos aún menos madera para construir barcos y necesitemos comprarlos hechos o las maderas para hacerlos (cosa que ya suele suceder), cuando no nos queden ni siquiera las indispensables para nuestras casas, ni mas sustancias para quemar, fuera de la hulla y del cok que nunca podrán estar al alcance del pobre, que la paja ó el estiércol, entonces caeremos en la cuenta de que necesitamos plantar arboles.
Ahora nos contentamos con recomendar las plantaciones, con quejarnos porque nos vamos quedando sin árboles y seguimos dejando pasar el tiempo sin plantarlos: pero cuando se emprendan las repoblaciones a grande escala, por ser de imprescindible necesidad, el pinsapo será una de las especies a que habrá que acudir para cubrir con monte los sitios en que la sabia naturaleza lo colocó y nuestra imprevisión supo hacer que desapareciera.
...
No he tenido la, fortuna de ver ningún pinsapar, ni más pinsapos grandes que los que se han traído de Francia para los jardines y paseos de Madrid, donde muchos los contemplan, sin saber que es una especie esencialmente española y suponiendo quizás que es de América ó de Australia, y donde por su forma tan elegante como bonita ocupa siempre un lugar preferente; así es que tengo que referirme en estas noticias a lo que he leido sobre el pinsapo y a los datos que aunque escasos, he podido recoger da mis propias observaciones.
Hace algunos años hice una siembra con piñones que pude conseguir del pinsapar de Ronda, y de las que se han obtenido algún ciento de plantitas que ahora tendrán unos cinco años. El piñón es, aunque de color más claro, muy parecido por su forma y disposición del ala, al del abeto blanco o pinabete (Abies pectinata D.C.); sembrado en primavera, nacieron las plantitas a los dos meses próximamente, y como los pinos, es decir, con los cotiledones unidos por sus extremos sosteniendo las cubiertas exteriores del piñón: pero como luego se desprenden éstas y se caen, los cotiledones se sueltan y aparece como una estrella al extremo superior del tallito, en cuyo centro se halla una yemecita que encierra el brotecillo o guía para el año próximo. El primero y segundo año crece muy poco el tronco; pero proporcionalmente se desarrolla mucho la raíz; después echa varias ramillas laterales. presentando a los cuatro o cinco años un verticilo ya bien distinto. Crece lentamente en climas ásperos y terrenos malos; pero es posible que en los templados, y donde el suelo sea profundo, fresco y sustancioso, las raíces se desarrollen mas y la planta tenga mayores medros en altura y grueso. Cuando es joven, tiene abundantes ramas y bastante unidas, lo cual da lugar a su bonita forma. Las hojitas o acículas rodean a la ramilla en todos sentidos como en el abeto rojo (Abies excelsa D. C.); pero como son mas fuertes y cortas que en éste, dan a la planta un aspecto de aspereza que luego va perdiendo a medida que envejecen las ramas, porque se caen muchas hojillas y quedan casi desnudas, exceptuando los extremos donde duran mas tiempo. Los árboles mayores se parecen ya mas en su porte a los abetos que cuando son jóvenes; pero no alcanzan tanta altura ni son tan esbeltos; al contrario: son mas achaparrados y los troncos mas cortos y gruesos proporcionalmente a su longitud. Es posible que cuando se crie en espesura y esté bien cuidado, y libre de la acción de los vientos fuertes, de las nieves y del diente del ganado, que tanto le dañan en los montes de la Serranía de Ronda, sea más esbelto y alcance mayores dimensiones.
El pinsapar de Ronda, que es el único monte extenso que aún queda en España de esta especie, que, según Boissier, debió ocupar gran parte de las montañas andaluzas, lo forman tres valles, en los cuales se encuentran salpicados algunos grupos de árboles viejos, con un repoblado joven tan escaso, que el porvenir del monte es bien triste: cuando los árboles viejos desaparezcan por su edad excesiva, si es que hasta entonces se los deja vivir y no se los corta, quedará un erial en un terreno que apenas tiene tierra vegetal, y en el cual no será posible conseguir ni aun mezquinos pastos, porque la tierra que ahora sujetan las raíces de los árboles será arrastrada por las aguas y quedará la roca pelada. En un clima tan seco y con un sol tan abrasador como el de Andalucía, fácilmente se comprende que no será posible conseguir después vegetación alguna.
Muy probable, mas aún, casi segura es ya la desaparición del pinsapar, y esto, no sólo será una pérdida material, sino hasta una deshonra para nuestro país. El mundo civilizado podrá decir, y con razón sobrada, que ni siquiera el pinsapo ha podido librarse de la barbarie y de la persecución que en España se ha declarado a los árboles, la cual no respeta ni atiende a que la naturaleza eligió a nuestro país como para manifestarle su predilección, dotándole de uno de los árboles mas útiles y mas hermosos de Europa y del mundo.
Las circunstancias en que nos encontramos no permiten hacer grandes gastos, es cierto; pero no debemos abandonar los que son reproductivos; por eso y por nuestra honra, debemos procurar que no se extinga el pinsapo. Para evitarlo, hay un medio que ya se ha propuesto por alguno: el de que el Estado adquiera el pinsapar de Ronda, y después de deslindarlo y amojonarlo, se establezca allí una casa con un par de guardas, para impedir que se corten y quemen los pocos árboles que le quedan, vedar la entrada del ganado, sobre todo del cabrío, para no destruir el repoblado joven que haya, y procurar que nazca otro bueno y abundante por medio de las labores apropiadas y que el caso requiere, y para ayudar a la repoblación natural con siembras ó con plantaciones.
...
Si he conseguido llamar la atención sobre este árbol, y alcanzo que quien puede hacerlo disponga lo conveniente para que no desparezca el pinsapar de los propios de Ronda, como ha sucedido con otros muchos montes, y para que el cultivo de esta especie se extienda mas en nuestro país, aun cuando sea trayéndolo, de fuera, no estaré pesaroso de haber escrito estas líneas.
En el Retiro hay una calle de Wellingtonias que llama la atención; pues ¿por qué no se prueba a formar alguna otra con pinsapos? Conseguir semillas del pinsapar de Ronda para sembrarlas en el Vivero de la Villa y extender una planta tan hermosa en los jardines y paseos de Madrid sin necesidad de recurrir al extranjero, no me parece difícil, y en cambio digno de que el Ayuntamiento y el director de arbolados de Madrid no lo echen en olvido.
José SAINZ DE BARANDA.
19 de noviembre de I875.
Bibliografía y notas
[1] Saínz de Baranda J. (1875). "El Pinsapo" en El Imparcial de 19 de junio de 1876. Consultado el 03/10/2026, accesible online en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=3 y https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=4
[2] José Sainz de Baranda y Calatrava, ingeniero de montes de la promoción de 1865. Fue nombrado por Real Decreto de 26 de noviembre de 1881 ingeniero jefe de la Comisión Especial de venta y composición de terrenos realengos en Filipinas. Fue inspector general de Montes desde 1884 hasta 1887 en que es nombrado jefe de Comisiones Especiales de la Inspección General de Montes del Archipiélago, cargo en que cesa en 11 de enero de 1889, por supresión de la plaza. Expediente personal en PARES, portal de Archivos Españoles. Accesible en https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/2333791








