martes, 8 de septiembre de 2026

Pinsapos y secuoyas en el monte de Aldeire, Sierra Nevada.

En la vertiente norte de Sierra Nevada, en el término municipal de Aldeire (Granada), existe un paisaje forestal que llama la atención por una razón muy particular: junto a los pinares de repoblación aparecen, dispersas por distintos barrancos, especies arbóreas que no forman parte de la vegetación natural característica de esta montaña. Entre ellas se encuentran secuoyas, alerces, cedros, abetos de Douglas y pinsapos.

En Aldeire el pinsapo parece haber encontrado unas condiciones suficientemente favorables como para sobrevivir durante décadas.

El 28 de noviembre de 2024 recorrí uno de estos enclaves, el Barranco de los Tejos, junto la pista principal de El Marquesado (1.650 m,), para documentar su vegetación.

Lo que encontré resulta mucho más interesante de lo que podía sugerir una primera referencia a unos pocos pinsapos aislados: numerosos ejemplares de diferentes tamaños conviven allí con un conjunto de tres grandes secuoyas y con el pinar de repoblación que caracteriza buena parte de este sector de la montaña.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024. 

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Junto a la pista forestal principal de El Marquesado también existe otro enclave de secuoyas, situado en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque.

Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

 Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Estamos, por tanto, ante un paisaje forestal que merece ser contemplado no solo desde el punto de vista botánico, sino también desde la historia de la restauración forestal de Sierra Nevada. 

Un bosque archivo vivo de la historia forestal de Sierra Nevada.

Cuando se recorre por primera vez el entorno forestal de Aldeire, la impresión dominante es la de encontrarse ante un extenso pinar. Buena parte de estos bosques son consecuencia de las grandes actuaciones de repoblación realizadas durante el siglo XX en el Marquesado del Zenete.

Una pista forestal principal recorre las repoblaciones del Marquesado del Zenete de los montes de Aldeire, Lanteira y Jérez del Marquesado. 

La historia de estas repoblaciones fue mucho más compleja que una simple sustitución de terrenos degradados por pinares. En diferentes puntos se introdujeron también otras especies forestales, algunas autóctonas de otras regiones españolas y otras foráneas.

El resultado puede verse hoy en algunos barrancos del monte de Aldeire como una auténtica colección forestal histórica al aire libre.

Hay pinos junto a cedros; alerces junto a abetos; secuoyas junto a álamos, alisos y castaños; y, de manera particularmente llamativa, pinsapos creciendo bajo la cubierta del bosque.

El Barranco de los Tejos: pinsapos y secuoyas

El enclave que más me interesa es el Barranco de los Tejos, situado en el sistema de barrancos del Río Benéjar.

La Junta de Andalucía reconoce oficialmente en este lugar una arboleda singular denominada "Secuoyas del Barranco de Los Tejos", incluida en el catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía.

La denominación oficial se refiere a las secuoyas, pero cuando se observa el conjunto sobre el terreno aparece una realidad más compleja.

Las fotografías que tomé muestran tres grandes secuoyas rodeadas por el pinar y, entre ellas, numerosos pinsapos. El contraste entre las especies resulta sorprendente. Las secuoyas gigantes destacan por sus enormes troncos y su porte monumental, mientras que los pinsapos presentan la característica silueta piramidal de los abetos y un follaje rígido y denso.


Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

En mis visitas al Barranco de los Tejos he podido comprobar que los pinsapos no se reducen a uno o dos árboles aislados. Las fotografías muestran numerosos individuos de diferentes tamaños, formando pequeños grupos dentro del bosque. Hay árboles jóvenes, otros de mayor desarrollo y ejemplares que ya han alcanzado un porte apreciable. Proceden de una plantación de 1.988-89 realizada por el Agente de Medio Ambiente de la zona.

Los pinsapos se encuentran en un ambiente de montaña, a una altitud aproximada de 1.650 metros, dentro de un barranco con marcado carácter umbroso y húmedo, ambiente local que parece ofrecer condiciones favorables para esta especie. 

Las secuoyas de los Prados del Duque

Los pinsapos no son, sin embargo, los árboles que más sorprenden al visitante. Ese papel corresponde a las secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum).

Existe otro enclave perfectamente diferenciado, se encuentra en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque, junto al margen de la pista forestal principal de El Marquesado.

Las fotografías tomadas en este segundo lugar muestran igualmente grandes secuoyas integradas en el bosque de repoblación.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Las fotografías que realicé muestran ejemplares de gran tamaño, con troncos que contrastan espectacularmente con los pinos que los rodean. Una de las imágenes permite apreciar la escala del árbol gracias a la presencia de personas junto a su tronco. Otra con dos personas abrazando el tronco da idea del diámetro del árbol

Nota para las fotografías

Las fotografías del Barranco de los Tejos que ilustran este artículo fueron realizadas por el autor el 28 de noviembre de 2024. Las correspondientes al segundo enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque, fueron realizadas el 2 de julio de 2025.


domingo, 6 de septiembre de 2026

El pinsapar de La Dehesilla: un enclave de origen humano que presenta indicios de regeneración natural y de naturalización progresiva.

Sobre el origen de los pinsapos de La Dehesilla de Monachil

En la década de los setenta sobre terrenos de La Dehesilla una sociedad anónima, formada por dirigentes del régimen franquista, planeó construir una urbanización de lujo. El proyecto no prosperó y la finca, después de pertenecer a varios propietarios particulares, el financiero Van del Valle y el médico granadino Bartolomé Arias, fue adquirida en el 2001 por el Organismo Autónomo Parques Nacionales [1].  

Pues bién, según comentarios del agente de medio ambiente del monte, los pinsapos de La Dehesilla proceden de la repoblación forestal que la sociedad propietaria realizó allá por los setenta,  

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 1. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.
 

En busca de regeneración natural

Cuando publiqué en Áreadoc el post dedicado a los pinsapos de La Dehesilla [2], una de las cuestiones que quedaban abiertas era precisamente la más interesante: ¿existe regeneración natural?

Había que comprobar que los pinsapos, una vez establecidos, estaban comenzado a comportarse como una población capaz de mantenerse por sí misma. Había que buscar algo muy concreto y eso es precisamente lo que hemos encontrado en una reciente visita al monte.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 2. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Las fotografías que acompañan este artículo documentan la regeneración natural de los pinsapos de la Dehesilla. Algunos son apenas plántulas; otros presentan ya un desarrollo nayor.

Los pinsapos tienen un origen humano, pero el enclave muestra ahora indicios claros de naturalización mediante regeneración. De manera similar a lo ocurrido con la naturalización de los bosquetes de pinsapo de la Umbría del Peñón de la Cruz de Víznar y del Collado de la Alfaguara, resultado de las repoblaciones forestales de principios del siglo XX [3]. 

Para hablar de una población naturalizada hay que encontrar individuos jóvenes que no procedan directamente de una plantación. Un grupo de árboles plantados puede sobrevivir durante décadas sin que exista regeneración. En ese caso estaríamos ante una masa artificial que depende de la intervención humana para su renovación. Por el contrario, cuando aparecen plántulas y juveniles nacidos de la semilla de los árboles existentes, comienza a producirse un proceso ecológico autónomo. No significa que el enclave se haya convertido de repente en un pinsapar natural. Pero sí que la población ha empezado a reproducirse por sí misma. Es exactamente lo que parece estar ocurriendo en La Dehesilla.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 6. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Las fotografías: pequeñas pistas de un proceso mayor

Las imágenes tomadas durante la visita resultan especialmente reveladoras porque muestran individuos de tamaños muy diferentes. En algunas aparecen plántulas de pinsapo, de pocos centímetros, creciendo entre la vegetación y la hojarasca. En otras se observan ejemplares juveniles mucho más desarrollados, con numerosas ramificaciones y una arquitectura claramente reconocible. La diversidad de tamaños es importante.

Una única cohorte de plantación suele presentar árboles de edades relativamente próximas. En cambio, la aparición de individuos pequeños junto a otros de mayor tamaño puede ser indicativa de reclutamiento en diferentes momentos.

Naturalmente, las fotografías por sí solas no permiten establecer la edad de cada ejemplar ni reconstruir una estructura demográfica completa. Para ello sería necesario realizar un inventario sistemático, localizar todos los individuos, medir sus dimensiones y, en algunos casos, recurrir incluso a estudios dendrocronológicos. 

Hacia la naturalización del pinsapar

Los pinsapos adultos producen semillas. Si esas semillas son viables y encuentran unas condiciones adecuadas de humedad, temperatura, suelo y protección, pueden germinar y originar nuevos individuos. El proceso parece sencillo, pero en el contexto mediterráneo no lo es.

Abies pinsapo es una especie que procede de ambientes montanos y que, en su área natural, encuentra condiciones que favorecen su regeneración. Fuera de sus principales núcleos naturales, la germinación y supervivencia de las plántulas dependen mucho de las condiciones locales.

Los estudios realizados en pinsapares naturales muestran precisamente que la regeneración no se distribuye de manera uniforme. La estructura del bosque, la existencia de claros y las condiciones de competencia tienen una influencia considerable.

Esto ayuda a entender lo que ocurre en La Dehesilla. Aquí no estamos ante un bosque cerrado de pinsapos. Los árboles aparecen integrados en una vegetación mediterránea mucho más abierta y heterogénea, con matorrales, pinos, frondosas y numerosos espacios de diferente exposición y cobertura.

Para una semilla que cae al suelo, cada uno de esos pequeños ambientes constituye un microhábitat diferente.

El papel de los matorrales

Una de las características que más llaman la atención en las fotografías es que algunos de los pinsapos jóvenes aparecen protegidos entre arbustos o bajo la cobertura de otras plantas.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 7. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Una plántula de pinsapo recién germinada es mucho más vulnerable que un árbol adulto. El problema no consiste solamente en conseguir que germine: debe sobrevivir a los periodos secos, a las elevadas temperaturas estivales, a la competencia de otras plantas y al consumo por herbívoros.

En esas circunstancias, un arbusto puede funcionar como una auténtica planta nodriza. La cobertura vegetal puede reducir la radiación directa que alcanza el suelo, disminuir las temperaturas extremas y crear un microambiente algo más favorable. Al mismo tiempo, puede ofrecer cierta protección física frente a herbívoros.

Esto resulta especialmente interesante en una especie como el pinsapo, cuya regeneración está estrechamente condicionada por el ambiente.

No debe interpretarse que todos los pinsapos jóvenes necesitan necesariamente un arbusto para sobrevivir. Pero sí que la distribución observada en campo plantea una hipótesis que merece ser estudiada: la vegetación acompañante podría estar desempeñando un papel facilitador en la regeneración de La Dehesilla, sobre todo teniendo en cuenta el aprovechamiento de los pastos del monte por ganado vacuno.

El suelo dolomítico vuelve a aparecer en la historia

Otro aspecto que adquiere mayor interés al observar la regeneración es el sustrato. Como ya se señalaba en el artículo anterior, los pinsapos de La Dehesilla se encuentran sobre materiales de naturaleza dolomítica.

Este dato es relevante porque introduce una característica edáfica que diferencia el enclave de otros lugares clásicos del pinsapo. La dolomía está constituida fundamentalmente por carbonatos de calcio y magnesio y suele generar suelos con características físicas y químicas particulares. Además, en las laderas montañosas, la combinación entre roca, pendiente, fracturación y escaso desarrollo edáfico produce una extraordinaria diversidad de microambientes.

Las fotografías muestran precisamente un terreno pedregoso, con abundante roca superficial y zonas de suelo relativamente escaso.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 10. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Y, sin embargo, los pinsapos están germinando. Esto no significa que debamos concluir que las dolomías sean favorables para el pinsapo. Lo que sí podemos afirmar es que, al menos en las condiciones concretas de La Dehesilla, el sustrato dolomítico no está impidiendo la regeneración de la especie.

Una población pequeña, pero con dinámica propia

Si los árboles plantados alcanzan la madurez, producen semillas, estas germinan y los nuevos individuos sobreviven sin haber sido plantados por el hombre, se inicia un proceso de naturalización.

Ese proceso puede prolongarse durante décadas y dar lugar progresivamente a una estructura cada vez más independiente de la intervención humana.

Por tanto, quizá la manera más adecuada de definir actualmente los pinsapos de La Dehesilla sea: un enclave de origen humano que presenta indicios de regeneración natural y, por tanto, de naturalización progresiva.

El ejemplo del Pinsapar de Huétor

La propia Junta de Andalucía utiliza el Pinsapar de Huétor, en el término municipal de Víznar, como uno de los principales ejemplos de conservación ex situ del pinsapo. Se trata de una masa procedente de repoblaciones realizadas en las primeras décadas del siglo XX y que actualmente presenta árboles maduros y una importante cantidad de regenerado, con elevadas tasas de reclutamiento.

La comparación resulta sugerente. En ambos casos nos encontramos con una cuestión que supera la vieja dicotomía entre "natural" y "repoblado". Una masa puede tener origen humano y comportamiento ecológico naturalizado. De hecho, en otros estudios sobre masas antiguamente plantadas de Abies pinsapo se ha comprobado que la especie puede mantener una buena capacidad de regeneración y que estos enclaves pueden adquirir interés desde el punto de vista de la conservación. 

La Dehesilla parece ofrecer ahora un pequeño ejemplo de este mismo fenómeno en Sierra Nevada.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 13. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.
 

Lo que realmente importa: que los pinsapos están produciendo relevo

Hay una diferencia conceptual que conviene destacar. Si encontramos un pinsapo centenario, estamos observando el resultado de una historia pasada. Si encontramos un pinsapo joven nacido espontáneamente bajo esos árboles, estamos observando el comienzo de una historia futura.

Esta segunda observación tiene un valor especial para la conservación. Los árboles adultos pueden sobrevivir durante muchos años incluso cuando las condiciones ya no permiten una regeneración adecuada. Por ello, la existencia de individuos jóvenes constituye un indicador mucho más interesante de la capacidad de una población para mantenerse.

La regeneración tampoco garantiza por sí misma el futuro del enclave. Una plántula puede germinar y morir pocos meses después. Un grupo de juveniles puede desaparecer tras varios años secos. La presión de los herbívoros, la competencia vegetal, los incendios o el incremento de la aridez pueden modificar radicalmente la trayectoria del proceso. Por eso sería prematuro hablar de una expansión del pinsapar de La Dehesilla. Pero sí podemos hablar de regeneración observada.

El problema de la sequía

La observación de regenerado resulta todavía más interesante si lo situamos en el contexto actual. El pinsapo es una especie mediterránea, pero no una especie adaptada a cualquier ambiente mediterráneo. Su distribución natural está asociada a determinadas condiciones de humedad y temperatura que han permitido su supervivencia en refugios montanos. El cambio climático introduce una incógnita importante.

Los estudios fisiológicos y dendroecológicos realizados sobre Abies pinsapo muestran que la disponibilidad de agua desempeña un papel fundamental en su crecimiento y que los episodios de sequía pueden afectar considerablemente a su funcionamiento [4]. Por ello, encontrar regeneración en La Dehesilla no debe interpretarse únicamente como una buena noticia. Es también una oportunidad para estudiar la capacidad de adaptación de la especie en un enclave situado fuera de sus principales núcleos naturales.

Si las plántulas consiguen sobrevivir durante las próximas décadas, el interés del enclave aumentará considerablemente. Si, por el contrario, la mortalidad de los individuos jóvenes resulta muy elevada, descubriremos que existe regeneración pero que el reclutamiento efectivo —el paso de plántula a juvenil establecido— es mucho más limitado.

De la regeneración a la naturalización

En ecología forestal conviene distinguir varios conceptos.

  • Regeneración significa que aparecen nuevos individuos procedentes de la reproducción de los árboles existentes.
  • Reclutamiento implica que una parte de esos individuos consigue superar las primeras etapas de desarrollo y pasa a formar parte de la población juvenil.
  • Naturalización supone un proceso más amplio: una población inicialmente introducida comienza a mantenerse y reproducirse de forma autónoma en el nuevo territorio.

Por tanto, lo que hemos podido comprobar en La Dehesilla es, en primer término, regeneración natural.

Para demostrar que existe una población plenamente naturalizada sería necesario seguir su evolución durante más tiempo. Y aquí aparece una magnífica oportunidad de investigación.

Los pinsapos de La Dehesilla pueden contemplarse ahora desde una perspectiva diferente. No son solamente unos árboles singulares que quedaron como testimonio de antiguas experiencias forestales. Son también un pequeño experimento ecológico iniciado hace décadas.

Los árboles originales fueron introducidos en un territorio situado fuera del área donde actualmente reconocemos las principales poblaciones naturales de la especie. Han tenido que enfrentarse a unas condiciones ambientales diferentes, competir con la vegetación local y soportar la evolución del clima durante varias décadas.

Y ahora algunos de sus descendientes están apareciendo espontáneamente. Es como si el tiempo hubiera añadido una segunda fase al experimento.

La primera pregunta era: ¿puede vivir el pinsapo aquí? La supervivencia de los árboles adultos parece responder afirmativamente.

La segunda era: ¿puede reproducirse aquí? Las plántulas observadas permiten responder también afirmativamente, al menos de manera preliminar.

Pero queda una tercera pregunta, mucho más difícil: ¿pueden sus descendientes sobrevivir y formar una población estable a largo plazo? Esa respuesta todavía está por escribir.

Lo que habría que hacer ahora

La observación realizada durante esta visita merece convertirse en algo más que una colección de fotografías. Sería muy interesante realizar un inventario específico de la regeneración de pinsapo en La Dehesilla.

Para cada individuo deberían registrarse, como mínimo:

  • coordenadas GPS;

  • altitud;

  • orientación;

  • pendiente;

  • tamaño o altura;

  • diámetro, cuando sea posible;

  • distancia al pinsapo adulto más próximo;

  • cobertura de matorral;

  • especie vegetal acompañante;

  • grado de insolación;

  • características del suelo;

  • presencia de daños por herbivoría;

  • estado sanitario.

Con varias visitas a lo largo de los años podría determinarse además la supervivencia de cada individuo.

Entonces podríamos pasar de una observación cualitativa —hay regeneración— a una verdadera evaluación demográfica: cuántas plántulas nacen, cuántas sobreviven, dónde se establecen y qué condiciones favorecen su crecimiento.

Sería un estudio relativamente sencillo, pero con un enorme interés para conocer el comportamiento del pinsapo fuera de sus núcleos naturales.

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Bibliografía y notas

[1]  Porcel Bueno, Pablo (2004). Sierra Nevada, historia -ceonología. Página 170: "Compra de la Dehesilla de Monachil.- De una extensión de 1.100 hectáreas, es adquirida la Dehesilla de Monachil, en la suma de 1.200.000 euros. Esta Dehesilla formaba parte de una sociedad anónima de dirigentes del régimen franquista, uno de los cuales se rumoreaba que era el marqués de Villaverde asiduo a las pistas de Sierra Nevada, quienes pretendieron construir una urbanización de lujo en la década de los años setenta, en la margen izquierda del río Monachil, proyecto que quedó frustrado al parecer por la finalización del régimen franquista, y sus propietarios vendieron la propiedad al financiero Van del Valle y éste al médico dentista granadino Bartolomé Arias, quien la vendió a su vez al Parque Nacional.

[2] Pino-Díaz, J.(2026). Los pinsapos de La Dehesilla: una pequeña población en Sierra Nevada. En Áreadoc, accesible online en https://areadoc.blogspot.com/2026/08/los-pinsapos-del-monte-dehesas-una.html, consultado 06/09/2026.

[3] Hita, J. A (1997). Comportamiento de Abies pinsapo Boiss., a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada, España). Ars Pharm núm. 38 (4), pp. 375-383. Consultado el 05/10/2025, disponible online en http://hdl.handle.net/10481/68781

[4] Sancho-Knapik, D., Peguero-Pina, J. J., Flexas, J., Herbette, S., Cochard, H., Niinemets, Ü. & Gil-Pelegrín, E. (2014). Coping with low light under high atmospheric dryness: shade acclimation in a Mediterranean conifer (Abies pinsapo Boiss.). Tree Physiology, 34(12), 1321–1333. DOI: 10.1093/treephys/tpu095. 

sábado, 29 de agosto de 2026

Los pinsapos del monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: una historia de experimentación forestal

Entre los primeros ensayos de José Almagro en los años treinta y las plantaciones de José Elorrieta y Florentino Martínez en los cincuenta del siglo pasado, el pinsapo formó parte de una de las experiencias forestales más singulares realizadas en Sierra Nevada.

Imagen de pinsapos de Tello. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 4.

Imagen de pinsapos de Tello. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 4. 


Hay lugares cuya historia forestal no se puede comprender únicamente observando los árboles que hoy crecen en ellos. El monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, en Lanjarón (Granada), es uno de esos lugares.

Durante buena parte del siglo XX fue un auténtico laboratorio forestal en plena montaña mediterránea. Allí se ensayaron decenas de especies arbóreas procedentes de diferentes regiones del mundo con un objetivo que, visto desde la perspectiva actual, resulta extraordinariamente ambicioso: conocer qué especies podían sobrevivir, crecer y contribuir a la restauración forestal de las altas vertientes de Sierra Nevada.

Entre aquellas especies estuvo el pinsapo (Abies pinsapo Boiss.).

La historia de sus plantaciones en este monte presenta, además, una particularidad que merece ser destacada. Las fuentes disponibles documentan tres momentos diferentes de presencia experimental del pinsapo: una primera referencia de José Almagro, publicada en 1932, cuando señala la existencia de ejemplares a 1.250 metros de altitud. Las otras dos referencias sitúan explícitamente una plantación de pinsapos en 1933-34 en La Hoya del Manzano, a 1.600 m de altitud y otra plantación posterior en la misma parcela, realizada en 1958-59. Ambas experiencias, realizadas por José Elorrieta y Florentino Martínez, fueron publicadas en la monografía del IFIE "Resultados de las experiencias sobre introducción de especies forestales en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada)", de 1967.

El pinsapo fue objeto de experimentación en distintos momentos y en distintos sectores del monte Vertiente Sur.

Un monte concebido como laboratorio forestal

El origen de esta historia se encuentra en la preocupación existente durante las primeras décadas del siglo XX por los graves problemas de erosión y torrencialidad de Sierra Nevada.

José Almagro San Martín recibió el encargo de participar en la formulación de un plan de experiencias hidrológico-forestales para la vertiente sur de Sierra Nevada. El proyecto de experiencias de repoblación en la cuenca alta del río Lanjarón fue firmado en enero de 1929 y las experiencias comenzaron en 1930.

La idea era mucho más compleja que una simple repoblación. Sierra Nevada presentaba una enorme variación altitudinal. En el ámbito adquirido para las experiencias se pasaba de cotas próximas a los 600 metros hasta aproximadamente los 3.200 metros. Almagro veía en esta circunstancia una oportunidad excepcional para estudiar el comportamiento de especies forestales bajo condiciones climáticas muy diferentes.

Imagen  de la parcela de experimentación situada a 1.200 m de altitud con plantas de segundo año. Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada). Fuente: Fototeca del CENEAM, código de fotografía 59943.

Imagen  de la parcela de experimentación situada a 1.200 m de altitud con plantas de segundo año. Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada). Fuente: Fototeca del CENEAM, código de fotografía 59943. 

 

En su artículo de 1932 explica precisamente esta concepción. El Estado había adquirido una superficie continua que ascendía desde las zonas bajas hasta las altas cumbres, permitiendo disponer de una sucesión de condiciones climáticas. La finalidad era tanto abordar la corrección hidrológico-forestal de la cuenca como investigar las especies capaces de adaptarse a cada altitud.

El monte Vertiente Sur de Sierra Nevada acabó convirtiéndose así en uno de los grandes campos experimentales de la selvicultura española.

Décadas después, Cuadros y Francia describirían el lugar como un sitio de ensayo de especies forestales en el que se habían instalado numerosas parcelas experimentales durante más de sesenta años.

La dimensión de aquella experiencia resulta impresionante. El monte tenía 3.210 hectáreas y llegó a albergar más de un centenar de taxones, con representaciones de especies indígenas y exóticas. Las primeras mediciones se realizaron en 1942, 1944 y 1953, aunque fueron incompletas; posteriormente, los trabajos del IFIE proporcionaron inventarios mucho más detallados.

En otras palabras, el pinsapo no constituye un episodio aislado, sino una pieza dentro de un programa experimental de enorme amplitud.

Almagro y el pinsapo: una referencia que se remonta a 1932

La primera referencia documental que hemos localizado es especialmente importante porque procede directamente de José Almagro y fue publicada en 1932, cuando las experiencias todavía se encontraban en sus primeros años.

En su artículo «Vertiente Sur de Sierra Nevada. Primeras impresiones», publicado en el número 24 de Montes e Industrias, Almagro repasa el comportamiento de las numerosas especies que estaba ensayando.

Después de comentar los resultados obtenidos con Abies concolor, escribe:

«Al Abies pinsapo lo podemos observar por ahora en los 1.250 metros de altitud, con sus características de crecimientos muy lentos, pero en buenas condiciones vegetativas.»

 La frase es breve, pero tiene una enorme importancia histórica. En primer lugar, porque constituye una mención explícita al Abies pinsapo en el propio contexto de las experiencias forestales de la vertiente sur de Sierra Nevada. En segundo lugar, porque proporciona una cota concreta: 1.250 metros de altitud.

Y, finalmente, porque Almagro no describe al pinsapo como una especie que simplemente hubiera sido introducida de manera anecdótica. Lo incluye dentro del conjunto de especies cuyo comportamiento estaba observando y valorando.

Su valoración resulta además interesante desde el punto de vista ecológico: el crecimiento era «muy lento», pero los ejemplares presentaban «buenas condiciones vegetativas».

Es decir, la experiencia inicial no se interpreta como un fracaso. Al contrario: a pesar de su lento crecimiento, el pinsapo estaba vegetando satisfactoriamente.

Un experimento que continuó durante décadas

La experiencia iniciada por Almagro no terminó con sus primeras observaciones. El proyecto de 1929 fue el punto de partida de una actividad experimental que se prolongaría durante muchas décadas. El objetivo inicial de encontrar especies adecuadas para la restauración forestal fue dando paso a una auténtica colección de ensayos sobre adaptación, crecimiento y comportamiento de numerosas especies.

La importancia del lugar aumentó con el tiempo. El estudio histórico «Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: 75 años de investigación forestal» señala que las experiencias comenzaron en 1930 y que posteriormente fueron continuadas por diferentes generaciones de investigadores del IFIE y, después, del INIA.

El propio patrimonio experimental acumulado permite comprender por qué debemos hablar de una historia de experimentación, y no de una única campaña de plantación.

Los datos disponibles muestran además que las primeras parcelas sufrieron pérdidas y que algunas experiencias fueron repetidas o ampliadas. Los inventarios de 1942, 1944 y 1953 constituyen una fuente fundamental para conocer aquella primera etapa, mientras que la monografía del IFIE de 1967 recopiló resultados de experiencias con otras 35 especies.

Este carácter acumulativo de la investigación es esencial para comprender la segunda referencia histórica del pinsapo. 

Referencias al pinsapo en la monografía del IFIE de 1.967. 

La información recogida en la monografía Resultados de las experiencias sobre introducción de especies forestales en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada), procede de José Elorrieta Artaza y Florentino Martínez Mata, responsables de las mismas durante su trabajo en el IFIE. 

Respecto al Abies pinsapo se indica lo siguiente: 

Se realizó la plantación en 1933 y 34 en la Hoya del Manzano, a 1.600 m, sobre una zona zona muy soleada con suelo profundo; en 1950 se repusieron marras; en 1963 quedaban sólo 27 pies de la 1ª plantación y los mejores medían 10 m de altura y 24 cm de diámetro, 7 m y 14,5 cm, 6,5 m 14 cm, De la 2ª plantación quedan 36 ejemplares.  

En 1.958-59 se colocaron en esta parcela 34 parcelas de 3 años, criadoa en maceta, híbridos de Abies pectinta x A. pinsapo, cuyos crecimientos parecen más prometedores que los del pinsapo.

Elorrieta y los pinsapos de Tello 

La tercera referencia localizada aparece en un trabajo muy posterior: "Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España", de D. Soto, J. I. García-Viñas y E. Pérez-Bujarrabal (2001).

El artículo analiza diferentes experiencias de introducción y naturalización del pinsapo realizadas fuera de sus áreas naturales de distribución. Los autores escriben:

«Tello y Hoya del Manzano, Lanjarón (Granada). Entre 1958 y 1965, J. Elorrieta, director de este centro experimental del IFIE, introdujo unas 120 especies [...] entre estas últimas A. pinsapo...»

La referencia continúa indicando que de aquellos pinsapos quedaban entonces una veintena de ejemplares, de buen desarrollo y con muestras iniciales de germinación. 

Esta información es extraordinariamente valiosa por varias razones. En primer lugar, porque sitúa expresamente al pinsapo en Tello y Hoya del Manzano. En segundo lugar, porque proporciona un periodo temporal: 1958-1965. Y, en tercer lugar, porque identifica al responsable: J. Elorrieta, director del centro experimental del IFIE.

Tres momentos, tres referencias

La documentación disponible permite construir provisionalmente una pequeña cronología:

FechaReferenciaLocalizaciónInformación sobre el pinsapo
1929-30Inicio de las experiencias de AlmagroMonte Vertiente SurComienza el gran programa experimental
1932José Almagro, Montes e Industrias (1932)1.250 m de altitudAbies pinsapo observado, crecimiento muy lento y buen estado vegetativo
1933-1934Cita en monografía del IFIE (1967).Hoya del Manzano, 1.600 m de altitud.Se realizó la plantación en la Hoya del Manzano. En 1.950 se repusieron marras; en 1963 quedaban 27 pies de la 1ª plantación, de la 2ª plantación quedan 36 ejemplares. En 1.958-59 en esta parcela se plantaron 34 plantas de 3 años de Abies pectinata x A. pinsapo.  
1942, 1944, 1953Primeras mediciones de las parcelasMonte experimentalInventarios iniciales, incompletos
1958-1965Soto y otros. Expansión naturalizada de Abies pinsapo... (2001).Tello y Hoya del ManzanoPlantación de Abies pinsapo dentro de nuevas experiencias
1967IFIE. Resultados de las exp... (1967).Monte Vertiente SurPublicación de resultados de experiencias de introducción de especies.
1985Manuel FerrerTelloFotografías y referencias al arbolado experimental
2005Incendio forestalTelloDestrucción de prácticamente todo el recinto arbolado

El valor de la altitud

La diferencia entre los 1.250 metros mencionados por Almagro y los aproximadamente 1.543 metros de Tello merece una consideración especial.

El proyecto experimental de Sierra Nevada estaba concebido precisamente para estudiar la adaptación de las especies a lo largo de un fuerte gradiente altitudinal.

Almagro pretendía elevar las experiencias hasta las mayores cotas posibles. En su artículo explica que la selección de especies debía hacerse en función de la altitud y que era necesario investigar especies procedentes de otros lugares de elevada montaña para conocer sus posibilidades de aclimatación.

El pinsapo encajaba perfectamente en esta lógica experimental. Se trataba de una especie mediterránea de montaña, con una distribución natural muy restringida en el sur de la península Ibérica. Llevarla a la vertiente sur de Sierra Nevada suponía comprobar hasta qué punto podía prosperar fuera de sus localidades naturales, pero dentro de un ambiente montañoso mediterráneo.

El resultado inicial descrito por Almagro era alentador: crecimiento lento, pero buen estado vegetativo.

Décadas después, el hecho de que los ejemplares de Tello fueran descritos como de «buen desarrollo» y presentasen incluso indicios de germinación demuestra que la experiencia volvió a ofrecer resultados positivos.

Tello: una de las piezas fundamentales del experimento

La importancia de Tello dentro del monte Vertiente Sur no se limitaba al pinsapo. Los trabajos históricos señalan que este sector albergaba una parte sustancial de las parcelas experimentales. Cuadros y Francia identifican Tello como uno de los cinco núcleos principales de ensayo, a unos 1.543 metros de altitud.

Con el paso de las décadas, allí se desarrolló un arbolado experimental de gran interés.

Manuel Ferrer, en su obra Sierra Nevada y La Alpujarra, publicada en 1985, fotografió y documentó parte de aquel patrimonio forestal. La propia síntesis histórica del monte utiliza una fotografía de Ferrer para ilustrar una parcela de Pinus jeffreyi en Tello, cuyos árboles habían alcanzado dimensiones sobresalientes.

Las fotografías que acompañarán este artículo adquieren así un valor especial.

No son simplemente imágenes de árboles antiguos.

Son testimonios visuales de un experimento forestal iniciado medio siglo antes, cuando Ferrer recorrió la zona y encontró todavía en pie parte de aquel extraordinario patrimonio experimental.

Y entre las especies ensayadas se encontraba también el pinsapo.

Un experimento que terminó bajo el fuego

La historia del monte Vertiente Sur tiene un desenlace particularmente dramático. El incendio del 28 de julio de 1973 destruyó 543 hectáreas del monte, próximas a dicha localidad. Sin embargo, una fracción considerable sobrevivió y permitió que el monte continuara desempeñando su función investigadora durante décadas.

El golpe definitivo llegó el 22 de septiembre de 2005. Un incendio iniciado en las inmediaciones de Lanjarón afectó a 3.475 hectáreas de los términos municipales de Lanjarón, Lecrín y Nigüelas. La práctica totalidad de los recintos arbolados de Tello, en la margen derecha, y Prado Abarca, en la margen izquierda, quedaron calcinados. Precisamente allí se encontraba buena parte de las especies y parcelas iniciadas unos 75 años antes. 

El incendio de 2005 no fue solamente la pérdida de una superficie arbolada. Supuso la desaparición de buena parte de un archivo vivo de la historia de la investigación forestal española.

Los autores del estudio histórico destacan que, tras el incendio, algunos ejemplares aislados que lograron sobrevivir fueron respetados como testigos de aquella época. En cierto sentido, estos árboles supervivientes tienen un valor que trasciende el puramente forestal. Son los últimos testigos de un experimento que había comenzado en los años treinta.

Imagen de la zona de Tello después del incendio de 2005. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 8.
Imagen de la zona de Tello después del incendio de 2005. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 8. 
 

El pinsapo como protagonista inesperado

La historia del Abies pinsapo en el monte Vertiente Sur resulta especialmente sugerente porque anticipa algunas cuestiones que hoy ocupan un lugar central en la conservación forestal.

El pinsapo es una especie relicta, de distribución natural muy reducida. Sin embargo, durante el siglo XX fue introducido experimentalmente en numerosos lugares fuera de sus áreas naturales, y algunas de aquellas experiencias demostraron que podía desarrollarse satisfactoriamente en ambientes diferentes de los que ocupa naturalmente.

El propio trabajo de Soto, García-Viñas y Pérez-Bujarrabal se planteó precisamente estudiar experiencias de expansión y naturalización del pinsapo en España. Los autores señalan que existen ensayos de adaptación de la especie de mucha antigüedad y consideran que algunos de estos resultados demuestran una capacidad de adaptación superior a la que tradicionalmente se le atribuía.

El monte Vertiente Sur constituye uno de esos casos históricos. Y tiene una particularidad adicional: la experiencia no comenzó en una época reciente relacionada con la conservación del pinsapo, sino dentro de un programa de investigación forestal iniciado en los años veinte y treinta, cuando las prioridades eran la restauración hidrológico-forestal y la búsqueda de especies adecuadas para las montañas españolas.

De la restauración hidrológica a la conservación de la biodiversidad

Existe aquí una evolución conceptual muy interesante. Para Almagro, la preocupación fundamental era la torrencialidad de Sierra Nevada.

Los torrentes que descendían de las altas cumbres producían graves daños en las vegas y poblaciones situadas aguas abajo. La solución pasaba por recuperar la cubierta vegetal, controlar la erosión y estudiar qué especies podían utilizarse en las diferentes condiciones de la montaña.

El pinsapo no fue introducido, por tanto, con el objetivo de crear una reserva de conservación de la especie tal como hoy entenderíamos una actuación de ese tipo. Formaba parte de un experimento de selvicultura y restauración de montaña.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el significado de aquellos ensayos cambió. Un pinsapo plantado para estudiar su adaptación podía convertirse décadas después en un árbol adulto, productor de semillas, capaz incluso de iniciar regeneración. Y un conjunto de ejemplares plantados experimentalmente podía acabar constituyendo un pequeño núcleo forestal de interés propio.

Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con los ejemplares de Tello descritos por Soto et al., que mostraban buen desarrollo y signos iniciales de germinación. 

La investigación forestal había creado, sin pretenderlo necesariamente, un pequeño laboratorio de naturalización del pinsapo.

Epílogo: los árboles que cuentan una historia

Cuando se contempla hoy el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, puede resultar difícil imaginar lo que representó durante décadas.

Allí se ensayaron especies procedentes de lugares muy alejados, se estudiaron sus crecimientos, se compararon supervivencias, se analizaron sus posibilidades de adaptación y se construyó, parcela a parcela, uno de los patrimonios experimentales forestales más singulares de España.

El pinsapo estuvo presente en esa historia desde una fecha extraordinariamente temprana.

La referencia de Almagro de 1932 nos proporciona la primera ventana documental. La de Elorrieta nos lleva después hasta Tello, donde décadas más tarde seguían existiendo ejemplares de buen desarrollo. Ferrer fotografió parte de aquel paisaje experimental en los años ochenta. Y el incendio de 2005 destruyó buena parte del arbolado que había sobrevivido a más de siete décadas de investigación.

Pero el incendio no consiguió borrar completamente la historia. Quedaron documentos, fotografías, publicaciones y algunos árboles supervivientes.

Las fotografías que conservaron la memoria de aquellos árboles

Aquí aparece una segunda historia, casi fotográfica. Décadas después de aquellas plantaciones, Manuel Ferrer recorrió Sierra Nevada y dejó testimonio gráfico de numerosos lugares del macizo.

En 1985 la Editorial Andalucía publicó el libro "Sierra Nevada y la Alpujarra", en cuatro tomos, de M. Ferrer S.J., conocido como el Padre Ferrer. El autor dedica un capítulo al Arboreto de Tello y la investigación forestal

Las fotografías que siguen, cuyo autor es M. Ferrer S.J., proceden del libro "Sierra Nevada; lo que nuestros ojos vieron" editado por CETURSA Sierra Nevada S.A. en 2003. En la página 273 aparece una fotografía de gran interés para la historia que aquí contamos.En el pie de foto se lee sobre Casa Tello: 

No comprendo cómo esta zona no esté conside-
rada como una auténtica Escuela de la
Naturaleza, donde se hallan multitud de especies
de pináceas, cedros, pinsapos, ,...
 

Pero la imagen es mucho más que una fotografía paisajística. En ella aparece un gran abeto dominando el primer plano, rodeado de una densa vegetación arbórea y arbustiva. Al fondo se reconoce el paisaje desnudo y abrupto de las altas montañas de Sierra Nevada.

Las fotografías de Ferrer adquieren así un valor documental extraordinario. Nos permiten ver cómo era aquel paisaje forestal cuando las experiencias iniciadas décadas antes todavía formaban parte del monte.

 

 

 

Imágenes de M. Ferrer S.J., procedentes del libro "Sierra Nevada; lo que nuestros ojos vieron" editado por CETURSA Sierra Nevada S.A. en 2003. 
 

Referencias bibliográficas y notas

  1. Almagro, J. (1932). «Vertiente Sur de Sierra Nevada. Primeras impresiones». Montes e Industrias, n.º 24, diciembre de 1932, pp. 632-638.
    Fuente primaria fundamental para el artículo. Describe las características de la cuenca alta del río Lanjarón, el planteamiento de las experiencias forestales y los resultados iniciales de las plantaciones. En la p. 637 menciona expresamente Abies pinsapo a 1.250 m de altitud, indicando que presentaba un crecimiento muy lento, pero buenas condiciones vegetativas.
  2. Almagro, J. (1929). Proyecto de experiencias de repoblación en la Cuenca Alta del río Lanjarón. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE).
    Proyecto que constituye el antecedente de las experiencias desarrolladas posteriormente en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada. Su existencia y fecha han sido recogidas en los estudios históricos sobre el sitio experimental.
  3. Navarro Gómez-Menos, J.; Francia Martínez, J. R.; Cuadros Tavira, S. (2005). «Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: 75 años de investigación forestal». Cuadernos de la Sociedad Española de Ciencias Forestales.
    Trabajo fundamental para reconstruir la historia del monte como centro de experimentación forestal, desde las experiencias iniciadas en 1930 hasta las décadas posteriores, incluyendo la organización de las parcelas, los inventarios y la incidencia de los incendios.
  4. Cuadros Tavira, S.; Francia Martínez, J. R. «Caracterización del sitio de ensayo de especies forestales de Lanjarón (Vertiente Sur de Sierra Nevada). Aspectos climatológicos y fitoclimáticos».
    Estudio utilizado para contextualizar las condiciones ambientales de las zonas experimentales de Lanjarón, particularmente la información climática y fitoclimática de Tello y otros sectores del monte.
  5. Soto, D.; García-Viñas, J. I.; Pérez-Bujarrabal, E. «Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España».
    Fuente fundamental para la segunda etapa de la historia del pinsapo. Los autores documentan la introducción de A. pinsapo en Tello y Hoya del Manzano entre 1958 y 1965, bajo la dirección de J. Elorrieta, y señalan la supervivencia de aproximadamente una veintena de ejemplares de buen desarrollo, con indicios iniciales de germinación.
  6. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE) (1967). Resultados de las experiencias sobre introducción de especies forestales en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada (Lanjarón). Madrid: IFIE, 164 pp.
    Fuente histórica de especial interés para el seguimiento de las experiencias iniciadas en el monte. Se trata de una referencia clave para profundizar en la identificación de especies, parcelas, fechas de plantación y resultados obtenidos durante las primeras décadas de experimentación.
  7. García Álvarez, A. (2010). Historia del Cuerpo de Ingenieros de Montes (1853-2010). Madrid: Colegio y Asociación de Ingenieros de Montes.
    Utilizada como referencia general para contextualizar la evolución del Cuerpo de Ingenieros de Montes y el marco institucional y científico en el que se desarrollaron las experiencias forestales de Sierra Nevada. 
  8. Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) (1974). Los incendios forestales en España durante 1973. Ed. Ministerio de Agricultura.
  9. Vázquez de la Cueva A. (2016). Incendios forestales en la España peninsular (1974-2010). Análisis temporal y espacial desde una perspectiva ecológica. Monografía INIA, Serie Forestal nº 29. 
    Copia digital : realizada por la Biblioteca de Andalucía. 
  10. Ferrer Muñoz M. (1960-2003). Legado fotográfico del Padre Ferrer : Álbumes (selección). Consultado el 30/08/2026, accesible online en https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.do?id=1045714
    La Biblioteca de Andalucía dispone de la totalidad del legado fotográfico del Padre Ferrer, alrededor de 8500 clichés fotográfios originales organizados en álbumes númerados. En este registro, la BVA ofrece solamente una selección de 237 imagenes positivadas con motivo de la exposición celebrada en la Biblioteca de Andalucía en septiembre del 2021
    No se dispone de ninguna imagen positivadas del álbum 1. Según la secuencia del autor, faltarian en el legado los álbumes 5, 7, 9, 10 y 15
  11. Ferrer Muñoz, M. (1985). Sierra Nevada y la Alpujarra. Ed. Andalucía.
    Obra de referencia para las fotografías y texto de Ferrer sobre las experiencias forestales en Tello.
  12. Ferrer Muñoz M. (2003). Sierra Nevada, lo que nuestros ojos vieron. Ed. CETURSA Sierra Nevada. Con fotografías de Ferrer de los pinsapos de Tello.  
  13. Fototeca del CENEAM. Consultado el 30/08/2026, accesible online en https://www.miteco.gob.es/es/ceneam/centro-de-documentacion-ceneam/fototeca/fototeca-ceneam.html

¿Cómo sobrevive el regenerado de pinsapo a la sombra y en ambiente seco? Un estudio sobre la extraordinaria capacidad de Abies pinsapo para equilibrar la captación de luz y el uso del agua

En un bosque, la vida bajo el dosel tiene una ventaja evidente: la radiación solar llega atenuada y las condiciones ambientales suelen ser más suaves que en los espacios abiertos. Pero esa aparente ventaja no siempre es completa. En determinados bosques mediterráneos, la cubierta arbórea puede reducir drásticamente la cantidad de luz que alcanza el sotobosque sin conseguir disminuir de forma significativa la demanda evaporativa de la atmósfera.

Para una especie como el pinsapo (Abies pinsapo Boiss.), capaz de vivir y regenerarse bajo cubierta, esta situación plantea un interesante problema fisiológico: ¿cómo puede crecer un árbol que recibe muy poca luz y que, al mismo tiempo, debe seguir haciendo frente a una atmósfera potencialmente muy seca?

Esta es la cuestión que aborda el trabajo de Domingo Sancho-Knapik y colaboradores, publicado en 2014 en la revista Tree Physiology con el título Coping with low light under high atmospheric dryness: shade acclimation in a Mediterranean conifer (Abies pinsapo Boiss.). Los investigadores estudiaron cómo responde el pinsapo a las condiciones de sombra y comprobaron que su adaptación no consiste únicamente en modificar sus hojas para captar mejor la escasa luz disponible. También modifica profundamente su arquitectura hidráulica y su aparato estomático para limitar las pérdidas de agua.

El resultado es un extraordinario ejemplo de plasticidad fenotípica: un mismo árbol puede construir sus brotes de manera diferente dependiendo de las condiciones ambientales en las que crece. En el caso del pinsapo, la sombra desencadena una remodelación simultánea de la forma de captar luz y de la forma de administrar el agua.

Estudio realizado en el pinsapar de Orcajo (Zaragoza) 

El estudio se realizó en una población de Abies pinsapo plantada en 1913 en Orcajo, en el Sistema Ibérico meridional, en la provincia de Zaragoza. El rodal se encuentra a unos 1.150 metros de altitud, sobre una ladera orientada al noreste, y está formado por una masa mixta en la que participan Abies pinsapo, Pinus pinaster y Pinus sylvestris.

El lugar presenta una característica especialmente interesante para el estudio: aunque se trata de un bosque con un sotobosque relativamente sombreado, durante el verano existe una elevada demanda evaporativa de la atmósfera, propia de los climas mediterráneos. Los autores compararon pinsapos que habían crecido bajo la cubierta forestal con otros ejemplares de la misma población que se encontraban en espacios abiertos.

Los pies del sotobosque tenían aproximadamente 22 años y unos 4 metros de altura, mientras que los del espacio abierto tenían unos 17 años y alcanzaban alrededor de 2,5 metros.

Durante tres temporadas de crecimiento, entre abril y septiembre de 2010, 2011 y 2012, se registraron las condiciones microclimáticas del sotobosque y del espacio abierto, además de estudiar detalladamente la estructura de los brotes y las acículas, la anatomía del xilema, la conductividad hidráulica, la vulnerabilidad a la cavitación [1], el potencial hídrico y diferentes parámetros relacionados con la fotosíntesis y el intercambio gaseoso.

Mucha menos luz, pero no mucho menos estrés atmosférico

El primer resultado del estudio es fundamental para comprender todo lo que sucede después.

Los pinsapos del sotobosque recibían aproximadamente 4,7 veces menos radiación que los que crecían en el espacio abierto. La diferencia era, por tanto, enorme.

La cubierta forestal presentaba alrededor de un 20 % de apertura, y los investigadores estimaron una media de unos 25 pulsos de luz o sunflecks diarios en los puntos estudiados. La mayor parte eran muy breves: el 80 % duraba menos de diez minutos y la mitad menos de dos minutos. Solamente un 5 % superaba los treinta minutos.

El pinsapo que vive bajo cubierta, por tanto, no dispone de una iluminación continua suficiente, sino de una cantidad media de luz muy reducida salpicada por breves episodios de radiación más intensa.

Lo sorprendente es que el sotobosque no ofrecía una reducción equivalente de la demanda atmosférica de agua.

La humedad relativa media era solamente un 1,9 % superior a la del espacio abierto, mientras que la temperatura media era 0,67 °C inferior. El déficit de presión de vapor —VPD, una medida de la capacidad de la atmósfera para extraer agua de las hojas— era prácticamente idéntico: la diferencia media era de apenas 0,01 kPa [2].

Durante el verano, además, el VPD podía alcanzar valores próximos a 5 kPa en el espacio abierto. Los autores consideran que la estructura del dosel y la posición topográfica del rodal permiten una mezcla de aire suficiente entre el exterior y el sotobosque como para que la atmósfera bajo cubierta no quede significativamente protegida de la sequedad exterior.

Y aquí aparece la dificultad que da sentido al estudio:

El pinsapo en el sotobosque tiene que conseguir carbono con muy poca luz sin disponer, al mismo tiempo, de una atmósfera mucho más favorable para reducir la pérdida de agua.

 La estrategia comienza por las acículas

Ante una disponibilidad lumínica tan reducida, los pinsapos que crecen bajo cubierta modifican notablemente la estructura de sus brotes.

A primera vista, una de las diferencias más llamativas es que las acículas son más largas y más delgadas.

Las acículas de los ejemplares de espacio abierto tenían una longitud media de 9,1 mm, frente a 13,1 mm en los del sotobosque. Su espesor, en cambio, se reducía aproximadamente a la mitad: de 1,0 a 0,5 mm. También eran algo más estrechas, pasando de 1,9 a 1,5 mm.

Pero no se trata simplemente de fabricar acículas más grandes. Toda la arquitectura del brote cambia.

Los pinsapos de sombra producían menos acículas —unas 63 por brote frente a 118 en los ejemplares de espacio abierto— y su superficie foliar total era también menor, aproximadamente 27,4 frente a 62,3 cm².

Sin embargo, destinaban proporcionalmente mucha más biomasa a la superficie foliar. El índice de área foliar respecto a la masa del brote, denominado LAR, pasaba de 22,7 a 42,35 cm² por gramo, prácticamente el doble.

Es decir, el árbol no aumenta necesariamente la cantidad absoluta de hojas: 

reduce la inversión en estructura leñosa y aumenta la proporción de recursos destinada a construir superficie fotosintética.

En un ambiente en el que la luz es el principal recurso limitante, esta estrategia tiene sentido.

Acículas más eficientes para aprovechar la poca luz

La arquitectura de las acículas también permite aprovechar mejor la radiación. 

El cociente entre la superficie proyectada del brote y la superficie foliar total era aproximadamente el doble en los ejemplares del sotobosque. Esto indica que las acículas quedan dispuestas de manera que una mayor proporción de su superficie puede recibir luz, reduciendo el autosombreo entre ellas.

Además, el valor de LMA (leaf mass per area), que relaciona la masa seca de las acículas con su superficie, disminuía de 0,010 a 0,007 g/cm².

Dicho de una manera sencilla: las acículas de sombra proporcionan una determinada superficie captadora con una menor inversión de biomasa por unidad de superficie.

La estrategia recuerda a la que presentan muchas plantas adaptadas a ambientes de baja iluminación: hojas relativamente finas, una elevada superficie captadora y una arquitectura que intenta evitar que unas hojas se oculten a otras.

En el caso del pinsapo, esta transformación resulta especialmente llamativa porque se produce en una conífera cuyas acículas, bajo sombra, adquieren una configuración considerablemente más plana y extendida. Las fotografías y secciones de las acículas incluidas en la figura 2 del artículo muestran claramente esta diferencia entre los brotes de espacio abierto y los del sotobosque. 

Imágenes representativas de la silueta de los brotes y secciones transversales de las agujas de A. pinsapo en sotobosque (a, c) y en campo abierto (b, d). Las flechas indican los estomas. Artículo: Coping with low light ...  dryness: shade acclimation in a Mediterranean conifer (Abies pinsapo Boiss.) Domingo Sancho-Knapik y otros.

Figura 2 del artículo. Imágenes representativas de la silueta de los brotes y secciones transversales de las agujas de A. pinsapo en sotobosque (a, c) y en campo abierto (b, d). Las flechas indican los estomas.

Pero captar luz tiene un precio

La estrategia funciona desde el punto de vista de la captación de luz, pero no es gratuita. Si el pinsapo destina proporcionalmente más recursos a las hojas y menos a la estructura leñosa, sus brotes son más pequeños.

El diámetro del brote, sin corteza, pasa de 1,1 a 0,6 mm. Y el diámetro de los traqueidas —las células que forman parte del sistema conductor del xilema— disminuye de 16,78 a 13,73 micras.

La consecuencia es una reducción de la capacidad de transportar agua desde el sistema radicular hasta las hojas.

La conductividad hidráulica del brote (Kh) [3] resulta aproximadamente tres veces menor en los pies del sotobosque. Pero el dato más significativo es la llamada conductividad hidráulica específica de hoja (LSC) [4], que relaciona la capacidad de transporte del brote con la superficie foliar que debe abastecer.

En los brotes de un año, la LSC era aproximadamente cuatro veces menor en los ejemplares de sombra. En los brotes de dos y tres años, la reducción alcanzaba aproximadamente cinco veces.

Por tanto, la aclimatación a la sombra tiene una consecuencia aparentemente paradójica:

El pinsapo fabrica una estructura más eficaz para captar la escasa luz, pero al mismo tiempo reduce drásticamente su capacidad para suministrar agua a esa superficie foliar.

Menos tuberías, menos grifos abiertos

Aquí se encuentra uno de los resultados más interesantes del estudio. Si el sistema hidráulico transporta mucha menos agua, el árbol no puede mantener una capacidad elevada de pérdida de agua a través de las hojas, especialmente cuando la atmósfera presenta un VPD elevado.

El pinsapo que crece a la sombra resuelve el problema modificando su aparato estomático.

Los estomas son pequeñas estructuras de la epidermis de las hojas que regulan el intercambio de gases: permiten la entrada de CO₂ necesario para la fotosíntesis, pero también constituyen una vía fundamental para la salida de vapor de agua.

Y en las acículas de los pinsapos del sotobosque ocurre algo extraordinario.

En los ejemplares de espacio abierto había una densidad media de 58,5 estomas por mm² en la cara superior de la acícula, mientras que en los ejemplares de sombra esa cifra se reducía a solamente 1,1 estomas por mm².

En otras palabras, los estomas prácticamente desaparecen de la cara superior de las acículas de los pinsapos que crecen bajo cubierta.

En la cara inferior también disminuyen, aunque de manera menos extrema: de 78,3 a 51,5 estomas por mm².

Las imágenes de microscopía electrónica de la figura 3 permiten apreciar de forma especialmente clara este fenómeno. Mientras que las acículas de los individuos de espacio abierto presentan abundantes estomas en ambas superficies, la cara superior de las acículas de sombra aparece prácticamente desprovista de ellos. 

Imágenes de microscopía electrónica de barrido de las acículas de A. pinsapo. Artículo: Coping with low light under high ... (Abies pinsapo Boiss.) Domingo Sancho-Knapik y otros

Figura 3 del artículo. Imágenes de microscopía electrónica de barrido de las acículas de A. pinsapo en campo abierto (a, cara adaxial; b, cara abaxial) y en el sotobosque (c, cara adaxial; d, cara abaxial). Obsérvese la ausencia casi total de estomas en la cara adaxial de la acícula del sotobosque. 

 

El número total de estomas por brote pasa así de aproximadamente 238.000 a 55.000. Una reducción de más de cuatro veces.

La hidráulica y los estomas parecen ajustarse mutuamente

Esta coincidencia resulta difícil de considerar casual. La conductividad específica de hoja disminuye aproximadamente entre cuatro y cinco veces y el número total de estomas por brote lo hace aproximadamente cuatro veces.

Los investigadores interpretan esta correspondencia como un ajuste a largo plazo entre la capacidad de transportar agua y la capacidad máxima de perderla.

Podemos imaginar el sistema como una red de tuberías: si el diámetro y la capacidad de las tuberías disminuyen, no tendría sentido mantener completamente abiertos los grifos situados al final de ellas.

En términos fisiológicos, el pinsapo reduce su conductancia estomática [5]. En pleno verano, la conductancia estomática media era de aproximadamente 79 mmol H₂O m⁻² s⁻¹ en los individuos de espacio abierto, pero solamente 30 mmol H₂O m⁻² s⁻¹ en los del sotobosque.

De esta manera, la reducción de la capacidad hidráulica queda compensada por una reducción de la demanda de agua de las hojas.

No se trata, por tanto, de que el pinsapo de sombra desarrolle un xilema extraordinariamente resistente y pueda transportar agua bajo tensiones mucho mayores. La estrategia es diferente: limita la cantidad de agua que necesita transportar.

No se hace más resistente a la cavitación: evita llegar al límite

El estudio analizó también la vulnerabilidad del xilema a la cavitación, es decir, la aparición de embolias que interrumpen el transporte de agua.

Aquí los resultados son importantes porque descartan una explicación aparentemente lógica.

Podríamos pensar que un árbol que vive bajo condiciones difíciles debería desarrollar un sistema hidráulico más resistente a la sequía.

Sin embargo, el valor de P50, el potencial hídrico al que se pierde el 50 % de la conductividad hidráulica, fue prácticamente idéntico en ambos grupos: alrededor de −3,75 MPa.

El pinsapo en el sotobosque, por tanto, no muestra una mayor resistencia del xilema a la cavitación.

Incluso el valor de P12, asociado al inicio de la pérdida de conductividad, era menos negativo en los ejemplares de sombra: −2,25 MPa, frente a −2,85 MPa en los de espacio abierto.

La estrategia del pinsapo bajo cubierta parece ser, por tanto, más preventiva que defensiva.

Los potenciales hídricos mínimos registrados durante el verano fueron de −1,73 MPa en los individuos del sotobosque y −2,14 MPa en los del espacio abierto. En ambos casos se mantuvieron alejados de los valores asociados a pérdidas importantes de conductividad.

El árbol de sombra no parece preparado para soportar tensiones hídricas mucho mayores. Procura que esas tensiones no se alcancen.

El precio se paga también en fotosíntesis

Toda adaptación implica compromisos, y el pinsapo de sombra no constituye una excepción.

La tasa de asimilación neta de CO₂ fue muy inferior en los ejemplares del sotobosque: 11,0 frente a 1,3 µmol CO₂ m⁻² s⁻¹. Es una diferencia enorme.

También disminuyeron la conductancia estomática y la transpiración, pero la reducción de la fotosíntesis fue mucho mayor.

Esto indica que la baja disponibilidad de luz constituye una limitación fundamental para la actividad fotosintética de estos árboles.

Es importante entender aquí que las modificaciones de las acículas no consiguen que un pinsapo de sombra fotosintetice tanto como uno situado al sol. Su función es otra:  

hacer posible que el árbol mantenga actividad fotosintética y pueda crecer allí donde la cantidad de luz es muy reducida.

Los autores consideran que las modificaciones de la arquitectura foliar permiten mantener un balance positivo de carbono, aunque el estudio no mide directamente el balance de carbono de todo el árbol.

¿Y qué ocurre cuando aparece un claro?

La existencia de sunflecks plantea una cuestión muy interesante. Si la cubierta forestal deja pasar de vez en cuando un rayo de luz intensa, ¿puede el pinsapo de sombra aprovecharlo rápidamente?

Los investigadores realizaron un pequeño experimento para comprobarlo. Primero midieron la actividad fotosintética de los brotes del sotobosque con una radiación de apenas 77 µmol m⁻² s⁻¹ y posteriormente elevaron bruscamente la iluminación hasta aproximadamente 1.400 µmol m⁻² s⁻¹, simulando un pulso de luz intenso.

La fotosíntesis aumentó de 1,3 a 3,3 µmol CO₂ m⁻² s⁻¹, pero el incremento no fue estadísticamente significativo. La conductancia estomática pasó de 30 a 36 mmol H₂O m⁻² s⁻¹ y la transpiración de 0,74 a 0,93 mmol H₂O m⁻² s⁻¹, también sin incrementos estadísticamente significativos.

Esto sugiere que los pinsapos aclimatados a la sombra no son capaces de responder instantáneamente a un aumento brusco de la radiación.

Una posible explicación, apuntada por los autores, es la lenta inducción de la fotosíntesis después de periodos prolongados de oscuridad o baja iluminación.

Una eficiencia en el uso del agua que tampoco aumenta

Otro resultado que puede resultar sorprendente es que los pinsapos del sotobosque no presentan una mayor eficiencia instantánea en el uso del agua.

La relación entre carbono fijado y conductancia estomática —la eficiencia intrínseca en el uso del agua— descendió de 142 a 46 µmol CO₂ por mol de H₂O.

Los valores de δ¹³C, utilizados como indicador integrado de la eficiencia en el uso del agua durante el periodo vegetativo, también fueron significativamente diferentes: −26,99 ‰ en los individuos de espacio abierto y −28,51 ‰ en los del sotobosque.

Los autores interpretan este último resultado como indicativo de una menor eficiencia intrínseca en el uso del agua de los ejemplares de sombra.

De nuevo, la explicación está en el reparto de limitaciones. En el sotobosque, la principal dificultad para la fotosíntesis es la escasez de luz, más que la incapacidad de controlar la pérdida de agua mediante los estomas.

La gran paradoja del pinsapo

Los resultados del estudio permiten comprender la situación como un delicado equilibrio entre dos recursos esenciales: carbono y agua.

Cuando el pinsapo crece en el espacio abierto dispone de mucha luz y puede mantener una mayor superficie foliar y una estructura hidráulica más potente.

Bajo cubierta ocurre algo diferente. La escasez de luz favorece una redistribución de recursos hacia las hojas:

más inversión relativa en superficie foliar → acículas más largas y delgadas → menor autosombreo → mayor capacidad de aprovechar la luz disponible.

Pero esa redistribución reduce la inversión relativa en estructura conductora:

brotes más delgados → traqueidas más estrechos → menor conductividad hidráulica → menor capacidad para transportar agua.

Para que este segundo efecto no resulte peligroso, el árbol reduce su capacidad de perder agua:

menos estomas → menor conductancia estomática → menor transpiración.

El resultado final es un equilibrio extraordinariamente preciso.

Podríamos resumir la estrategia del pinsapo bajo cubierta de la siguiente manera:

captar más luz por unidad de biomasa, pero perder menos agua por unidad de superficie foliar.

Una lección para comprender la regeneración del pinsapo

Aunque el estudio se realizó en una plantación situada fuera del área natural actual del pinsapo, sus resultados tienen interés para comprender la ecología de la especie.

El pinsapo es capaz de desarrollar una considerable plasticidad cuando crece bajo cubierta. Esta capacidad resulta particularmente importante para una especie cuya regeneración natural depende, en buena medida, de que las plántulas y juveniles puedan sobrevivir durante etapas de su vida en ambientes de iluminación reducida.

Pero el trabajo introduce también una advertencia importante. Sombra no significa necesariamente ausencia de estrés hídrico.

En determinadas condiciones de estructura del bosque, topografía y estado de humedad del suelo, el dosel puede reducir enormemente la radiación sin conseguir amortiguar suficientemente el déficit de presión de vapor.

Esto significa que un pinsapo situado bajo cubierta puede encontrarse simultáneamente ante dos limitaciones:

muy poca energía para realizar la fotosíntesis y una atmósfera que continúa demandando agua.

La solución evolutiva o, más exactamente en el contexto de este estudio, la respuesta de aclimatación que muestran los individuos analizados es reducir la inversión hidráulica y ajustar la pérdida de agua a esa menor capacidad de transporte.

¿Qué puede ocurrir si se abre repentinamente el dosel?

Los resultados tienen también una posible implicación selvícola. Un pinsapo que ha pasado años creciendo bajo sombra no es simplemente un pinsapo pequeño. Es un árbol estructural y fisiológicamente diferente.

Sus acículas son diferentes, sus brotes son diferentes, sus traqueidas son diferentes y su aparato estomático es radicalmente diferente.

Si de repente se abre un claro en el dosel, ese árbol recibe mucha más luz, pero también puede quedar expuesto a unas condiciones atmosféricas más exigentes.

Y aquí aparece un posible problema: el aumento de luz puede producirse mucho más deprisa de lo que el árbol es capaz de modificar su arquitectura foliar e hidráulica.

Los autores destacan precisamente que las coníferas pueden presentar una capacidad limitada para responder a cambios rápidos en la disponibilidad de luz y señalan que sería necesario investigar con mayor profundidad la capacidad del pinsapo para aclimatarse a una combinación de incrementos rápidos de luz y elevada demanda atmosférica.

Esto no significa que la apertura del dosel sea necesariamente perjudicial para la regeneración del pinsapo. El estudio no permite establecer una regla selvícola de ese tipo. Pero sí demuestra que la respuesta de un regenerado que ha vivido durante años bajo cubierta no puede entenderse simplemente suponiendo que más luz siempre equivale a mejores condiciones.

El árbol necesita tiempo para reajustar su maquinaria fisiológica.

Una conífera capaz de cambiar profundamente su forma de vivir

El trabajo de Sancho-Knapik y colaboradores muestra, en definitiva, una de las facetas más interesantes de la biología del pinsapo: su capacidad para modificar profundamente su funcionamiento en respuesta al ambiente.

Los pinsapos del sotobosque no consiguen eliminar las limitaciones que impone la sombra. La fotosíntesis es mucho menor y el crecimiento se desarrolla con una disponibilidad energética muy reducida. Tampoco consiguen convertir su xilema en un sistema más resistente a la cavitación.

Su estrategia es más sofisticada: 

  • Cambian la arquitectura de las hojas para aprovechar al máximo la poca luz.
  • Cambian la arquitectura de los brotes, aceptando una menor capacidad hidráulica.
  • Cambian el aparato estomático para que la pérdida de agua sea compatible con esa menor capacidad de transporte.

Y lo hacen sin necesidad de incrementar su resistencia intrínseca del xilema a la cavitación.

Es una estrategia basada, sobre todo, en mantener el equilibrio.

Un delicado equilibrio entre luz y agua

Quizá la mejor manera de entender este estudio sea imaginar al pinsapo como un árbol que vive permanentemente entre dos límites.

Por un lado, necesita captar suficiente luz para fabricar los compuestos orgánicos que le permiten crecer y mantenerse vivo.

Por otro, necesita evitar perder más agua de la que su sistema hidráulico es capaz de transportar.

La solución consiste en modificar simultáneamente ambos extremos del problema. Las hojas se hacen más eficientes para captar luz, mientras que el sistema hidráulico y los estomas reducen la capacidad de mover y perder agua.

El resultado es una estrategia que permite a Abies pinsapo desenvolverse en un ambiente aparentemente contradictorio: muy poca luz y una atmósfera que puede seguir siendo extraordinariamente seca.

Y quizá ahí reside una de las claves de la persistencia del pinsapo en ambientes mediterráneos: no se trata únicamente de que sea capaz de soportar condiciones adversas, sino de que posee una notable capacidad para reorganizar su estructura y su fisiología cuando cambian las condiciones ambientales.

El pinsapo es un árbol que ha aprendido —en términos fisiológicos— a vivir con menos luz y, al mismo tiempo, a gastar menos agua.


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Referencia bibliográfica

Sancho-Knapik, D., Peguero-Pina, J. J., Flexas, J., Herbette, S., Cochard, H., Niinemets, Ü. & Gil-Pelegrín, E. (2014). Coping with low light under high atmospheric dryness: shade acclimation in a Mediterranean conifer (Abies pinsapo Boiss.). Tree Physiology, 34(12), 1321–1333. DOI: 10.1093/treephys/tpu095.

Notas

[1] Las plantas transportan agua desde las raíces hasta las hojas usando una presión negativa (tensión) generada por la transpiración. Cuando hay una sequía extrema o falta de agua en el suelo, la tensión dentro del xilema sube demasiado; la columna de agua se rompe y entra aire. Este fenómeno es conocido como cavitación. Se produce un embolismo que detiene el flujo de agua en ese vaso conductor. La planta sufre pérdida de capacidad hidráulica. Aparecen síntomas como marchitamiento, caída de hojas y daño severo o muerte de la planta.

[2] El kPa (kilopascal) es una unidad de medida de presión que forma parte del Sistema Internacional de Unidades.

[3] La conductividad hidráulica del brote (Kh) es un parámetro de la fisiología vegetal que mide la capacidad del tallo o rama para transportar agua a lo largo de una distancia determinada bajo un gradiente de presión específico. Es una métrica fundamental en la arquitectura hidráulica de las plantas, ya que define el límite físico del agua que puede llegar a las hojas para mantener la fotosíntesis y la transpiración.

[4] La conductividad hidráulica específica de hoja (LSC - Leaf Specific Conductivity) es una medida de la eficiencia del sistema vascular de una planta (el xilema) para suministrar agua a una cantidad determinada de superficie foliar.

[5] La conductancia estomática mide la velocidad con la que el vapor de agua y el dióxido de carbono (CO₂) entran y salen de las hojas a través de los estomas (pequeños poros de la planta).Este parámetro fisiológico es clave para entender cómo respira y transpira un vegetal.