viernes, 11 de septiembre de 2026

Una experiencia de siembra de pinsapo en 1991 que la investigación científica posterior ayuda a explicar.

En 1991 publiqué en el Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales un artículo titulado «El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas». En aquel trabajo intentaba explicar, a partir de observaciones de campo y de cálculos de radiación, evapotranspiración y disponibilidad de agua en el suelo, cuáles eran las principales limitaciones ecológicas del pinsapo y por qué las repoblaciones de esta especie presentaban tantas dificultades.

Han pasado 35 años. Desde entonces, la investigación sobre Abies pinsapo ha avanzado extraordinariamente y hoy conocemos mucho mejor su fisiología, su respuesta a la sequía, la importancia del microclima, las condiciones que favorecen la regeneración natural y la influencia de la competencia, las plagas y el cambio climático.

Al revisar ahora aquel artículo, hay un episodio que me ha parecido especialmente interesante. Aparece casi al final, en el apartado dedicado a la repoblación forestal, y parte de una observación realizada por mi padre, José Pino Rivera, agente forestal.

En el margen de la pista forestal de la Solana del Caucón, en el monte de Yunquera (Sierra de las Nieves) se estaban desarrollando satisfactoriamente unas plántulas de pinsapo, en un lugar bastante expuesto y carente de cobertura vegetal. La observación resultaba llamativa porque la experiencia con las repoblaciones indicaba que las plantas jóvenes de pinsapo sufrían considerablemente cuando quedaban sometidas a las condiciones de insolación y sequedad propias del verano mediterráneo.

 

Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
Entre 1976 y 1977 se abrió la pista forestal de la solana del Caucón, cuyo firme se mejoró con una capa de áridos. Transcurridos unos años semillas de pinsapo germinaron y prosperaron en los márgenes de la pista, en condiciones de plena exposición al sol (ver Imagen). La explicación está en que la capa de áridos, que posee un albedo alto, refleja una alta proporción de la energía luminosa incidente (r = 0,26) y además rompe la capilaridad del suelo, aminorando así su desecación y manteniendo suficiente humedad en el suelo para la supervivencia de las plantitas, cuya capacidad de retención de agua había aumentado con el movimiento de tierras de la apertura de la pista forestal. Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz. Fuente: "Regenerado natural de pinsapos en la pista forestal del Caucón (1988). https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll351
 

¿Qué tenía de diferente aquel lugar?

La pista había sido acondicionada con una capa de material mineral. Y pensé que aquella capa podía estar modificando las condiciones de humedad del suelo, con un efecto similar al que produce en los cultivos enarenados.

A partir de esa observación se realizó una experiencia de siembra: cubrir con una fina capa de arena los hoyos donde se sembraran semillas de pinsapo, al objeto de conservar durante más tiempo la humedad necesaria para que las plántulas pudieran superar el primer verano. En el ensayo descrito en el artículo se utilizó una capa de aproximadamente 1–2 cm de arena.

Hoy podemos preguntarnos si aquella interpretación tenía fundamento.

La respuesta es sorprendentemente interesante. 

El problema no era solamente el sol

En mi artículo de 1991 concedía una gran importancia a la radiación solar, la orientación y la evapotranspiración. Los cálculos realizados mostraban diferencias considerables entre las condiciones de solana y umbría y trataban de explicar por qué las últimas ofrecían unas condiciones más favorables para el pinsapo.

La interpretación sigue siendo válida, pero actualmente podemos expresarla de una manera más precisa.

El principal problema no es la radiación en sí misma, sino el equilibrio entre el agua disponible en el suelo y la demanda evaporativa de la atmósfera.

Cuando aumenta la radiación y la temperatura, aumenta también la demanda de agua. Si además el suelo se encuentra en proceso de desecación, una plantita puede entrar rápidamente en estrés hídrico. 

Esto resulta especialmente importante en una plántula.

Un árbol adulto puede explorar un volumen considerable de suelo mediante sus raíces. Una plántula recién germinada, en cambio, dispone inicialmente de un sistema radical muy pequeño. Durante sus primeros meses depende en gran medida de la humedad existente en las capas superficiales.

Si esas capas se secan demasiado pronto, puede morir antes de que sus raíces hayan alcanzado zonas más profundas.

Y precisamente la desecación constituye una de las principales causas de mortalidad observadas en las plántulas de pinsapo. Los estudios realizados posteriormente demostraron que la mayor parte de las plántulas que morían presentaban síntomas de desecación progresiva.

Esto proporciona una primera conexión entre aquella experiencia de 1991 y la investigación posterior. 

Una capa de arena puede cambiar el balance hídrico

La hipótesis que planteé entonces era sencilla.

Una capa de material mineral podía actuar de dos maneras.

La primera estaba relacionada con el albedo.

Una superficie clara refleja una mayor proporción de la radiación solar que recibe y, por tanto, absorbe menos energía. En principio:

mayor albedo → menor energía absorbida → menor calentamiento superficial.

Pero existía otro mecanismo que probablemente era todavía más importante: la interrupción de la continuidad capilar.

El agua almacenada en el suelo puede ascender hacia la superficie mediante fuerzas capilares. Una vez allí queda expuesta a la atmósfera y puede evaporarse.

Una capa superficial de arena o grava modifica este proceso. Dificulta el movimiento del agua hacia la superficie y aumenta la resistencia al transporte de vapor.

El resultado es que el agua permanece más tiempo en el suelo.

La secuencia puede resumirse así:

suelo húmedo → ascenso capilar → superficie → evaporación

frente a:

suelo húmedo → capa mineral → mayor resistencia → menor evaporación.

La investigación realizada posteriormente ha demostrado experimentalmente este efecto. Los acolchados minerales pueden aumentar la resistencia al flujo de vapor y reducir de forma importante la evaporación del agua almacenada en el suelo.

Por tanto, una de las ideas fundamentales de aquella propuesta de 1991 ha quedado bien respaldada por la física del suelo.

 

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral. José Pino Díaz.

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral.

 

La comparación con el cultivo enarenado

En aquel artículo comparaba el efecto de la arena con el conocido sistema de cultivo enarenado, tradicional en el sureste de España.

La comparación no era casual.

En el cultivo enarenado, una capa de arena situada sobre el suelo modifica el movimiento del agua y reduce las pérdidas por evaporación. La investigación posterior ha confirmado que estos efectos se producen realmente y que dependen de características como el tamaño de las partículas y el espesor de la capa.

Esto permite matizar ahora mi explicación original.

El aumento del albedo probablemente contribuye al efecto, pero no deberíamos atribuir exclusivamente a la reflexión de la radiación la conservación del agua.

La interrupción de la continuidad capilar y el aumento de la resistencia al transporte de vapor parecen desempeñar un papel fundamental.

En otras palabras, la arena no actúa solamente como un pequeño espejo que devuelve parte de la radiación solar.

Actúa también como una barrera física frente a la pérdida de agua del suelo

Una confirmación en Granada

Una de las evidencias posteriores que más se aproxima a la propuesta que hice en 1991 procede precisamente del sureste de España.

En un experimento realizado en Dehesas de Becerra, en Granada, se estudió el efecto de diferentes acolchados sobre el establecimiento de encinas (Quercus ilex) en condiciones mediterráneas semiáridas.

Se compararon plantas sin acolchado con otras protegidas mediante paja o fragmentos de roca.

Los investigadores midieron la humedad del suelo a distintas profundidades y siguieron el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas.

El resultado fue significativo: el acolchado de fragmentos de roca aumentó la humedad del suelo en los primeros 10–20 cm y tanto el acolchado mineral como el orgánico redujeron el número de días en que las plantas sufrían estrés fisiológico. Los autores señalaron además el interés de estos acolchados para plantas pequeñas con sistemas radicales inicialmente superficiales.

La coincidencia con mi propuesta resulta notable.

No se trataba de pinsapos, pero sí de una especie forestal mediterránea, sometida a una fuerte sequía estival y estudiada en una región muy próxima desde el punto de vista climático.

Y el efecto se producía precisamente donde más nos interesa cuando hablamos de una plántula recién germinada: en los primeros centímetros del suelo.

 

Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
 

¿Puede aumentar realmente la supervivencia?

La respuesta también cuenta con evidencias interesantes.

Otro experimento realizado en el sureste de España siguió durante nueve años el establecimiento de encinas sometidas a diferentes tratamientos de acolchado.

La supervivencia fue aproximadamente del 85 % con acolchado orgánico, 78 % con piedras y 50 % en el control. Los árboles protegidos mediante acolchado presentaron además un mayor desarrollo foliar.

Esto demuestra algo más importante que la simple conservación temporal de humedad.

Demuestra que una modificación de la superficie del suelo puede traducirse en una diferencia apreciable en la supervivencia de árboles mediterráneos.

Naturalmente, no podemos trasladar directamente esos porcentajes al pinsapo. Quercus ilex y Abies pinsapo son especies muy diferentes.

Pero el resultado sí confirma el principio general sobre el que se apoyaba mi propuesta:

conservar el agua del suelo durante la fase inicial de establecimiento puede mejorar las posibilidades de supervivencia de una planta leñosa mediterránea. 

¿Y las coníferas?

Los experimentos con coníferas mediterráneas ofrecen resultados más complejos.

En Pinus halepensis, el pino carrasco, se han realizado experiencias de protección y acolchado en ambientes áridos del sureste español. Los resultados muestran que determinados acolchados pueden modificar la humedad de las capas superficiales del suelo, aunque los efectos sobre la supervivencia a largo plazo dependen del material utilizado y de las condiciones del lugar.

Esto es importante porque demuestra que conservar agua no garantiza por sí solo la supervivencia.

También influyen:

  • la profundidad del suelo;
  • la capacidad de almacenamiento de agua;
  • el desarrollo de las raíces;
  • la competencia de la vegetación;
  • la intensidad de la sequía;
  • y las características del propio acolchado.

Por tanto, hoy no propondría simplemente "poner arena" como una receta universal.

Hablaría de un acolchado mineral adecuadamente diseñado, teniendo en cuenta la granulometría, el espesor, el color y las características del suelo. 

El primer verano es la prueba decisiva

Esta cuestión nos lleva directamente al pinsapo.

Una semilla que germina en primavera necesita tiempo para desarrollar su sistema radical. Si la humedad superficial desaparece rápidamente, la plántula puede entrar en estrés antes de haber conseguido explorar las capas profundas.

Pero si conseguimos retrasar la desecación, aunque sólo sea durante un periodo limitado, la situación puede cambiar.

Podemos imaginar la siguiente secuencia:

germinación

humedad superficial durante más tiempo

crecimiento de la raíz

exploración de capas más profundas

mayor capacidad de extracción de agua

mayores posibilidades de superar el verano.

Ésta es probablemente la forma más interesante de interpretar hoy aquella propuesta.

La arena no tendría que mantener húmedo el suelo durante todo el verano.

Bastaría con retrasar la desecación lo suficiente para que la joven planta pudiera avanzar en el desarrollo de sus raíces. 

El pinsapo no necesita simplemente sombra

La investigación sobre la regeneración natural del pinsapo introduce aquí una cuestión aparentemente paradójica.

Si la sombra es favorable para reducir la evaporación, podríamos pensar que las plántulas deberían sobrevivir mejor siempre bajo una cubierta forestal cerrada.

Sin embargo, los estudios de regeneración demostraron que la supervivencia puede ser mayor en determinados claros que en el interior del bosque.

Esto nos obliga a abandonar una interpretación demasiado sencilla del pinsapo como especie que simplemente "necesita sombra".

Lo que necesita es un microclima adecuado.

Un pequeño claro puede proporcionar suficiente luz para que la planta crezca, manteniendo todavía unas condiciones hídricas aceptables.

El problema aparece cuando la exposición aumenta tanto que la demanda evaporativa supera la capacidad de la planta para obtener agua.

Y aquí el acolchado mineral ofrece una posibilidad diferente.

En lugar de reducir necesariamente la radiación que recibe la planta, podemos intentar conservar el agua que recibe su raíz

La experiencia de Hoyo de Millán

En mi artículo de 1991 describía un ensayo realizado a partir de esta idea. Se sembraron semillas de pinsapo en hoyos y se cubrieron posteriormente con una capa de arena de aproximadamente 1–2 cm. El objetivo era conservar la humedad del suelo y reducir la rapidez con la que se producía la desecación durante el periodo estival.

La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
 

Visto desde la perspectiva actual, aquel ensayo presenta una limitación evidente.

No fue diseñado como un experimento científico moderno. No disponíamos de parcelas control equivalentes ni de sensores que permitieran seguir continuamente la humedad y temperatura del suelo. Tampoco se realizó un análisis estadístico de la supervivencia.

Por ello, no podemos afirmar que aquel ensayo demostrara científicamente la eficacia de la técnica.

Pero tampoco debemos descartarlo.

Fue una experiencia de campo que partió de una observación real y que estaba sustentada por una hipótesis física concreta.

Y la investigación posterior ha demostrado que los mecanismos que proponíamos eran reales. 

Una observación, una hipótesis y una explicación

La historia tiene, en realidad, una estructura bastante sencilla.

Primero apareció la observación de José Pino Rivera:

unas plantas de pinsapo crecían satisfactoriamente junto a una pista forestal, a pesar de encontrarse en un lugar expuesto.

Después apareció la pregunta:

¿qué tenía aquel lugar de diferente?

La respuesta podía estar en la capa de material mineral.

A partir de ahí surgió la hipótesis:

la capa de arena estaba reduciendo la pérdida de agua del suelo.

Y finalmente se propuso reproducir artificialmente ese efecto mediante una fina cubierta mineral sobre los hoyos de siembra.

Treinta y cinco años después disponemos de una información que entonces no existía.

Sabemos que:

  • las plántulas de pinsapo son especialmente vulnerables a la desecación;
  • la disponibilidad de agua en el suelo es un factor fundamental para la especie;
  • los acolchados minerales reducen la evaporación;
  • la arena y la grava pueden interrumpir o dificultar el transporte capilar;
  • las superficies minerales modifican el balance energético;
  • y los acolchados pueden mejorar el establecimiento de especies forestales mediterráneas.
La cadena de evidencias es, por tanto, bastante coherente. 

Lo que todavía no sabemos

Conviene, sin embargo, mantener la prudencia.

No he encontrado un ensayo experimental publicado que haya demostrado específicamente que una capa de 1–2 cm de arena aumenta la supervivencia de plántulas de Abies pinsapo sembradas directamente en el monte.

Por tanto, sería incorrecto decir que la ciencia ha validado directamente la técnica que propuse en 1991.

Lo que sí podemos decir es algo más preciso:

La investigación posterior ha confirmado los principales mecanismos físicos y ecológicos en los que se basaba aquella propuesta y ha demostrado que los acolchados minerales pueden mejorar la conservación de agua y el establecimiento de árboles mediterráneos.

La propuesta concreta para el pinsapo sigue siendo una hipótesis que merece ser ensayada

¿Cómo podría comprobarse hoy?

Actualmente sería relativamente sencillo diseñar un experimento específico.

Podrían compararse, por ejemplo:

  • semillas o plántulas sin acolchado;
  • semillas o plántulas con una capa de arena;
  • plantas protegidas mediante sombreo;
  • y plantas con combinación de arena y sombreo.

Durante el experimento podrían medirse:

  • humedad del suelo;
  • temperatura;
  • radiación;
  • potencial hídrico;
  • crecimiento
  • desarrollo radical;
  • y supervivencia.

Sería especialmente interesante comparar diferentes granulometrías y espesores de la capa mineral.

Pero hay una variable que considero aún más importante que la propia humedad:

el tiempo durante el cual el suelo permanece por encima del umbral hídrico crítico para la planta.

Una pequeña reducción de la evaporación puede no representar una gran cantidad adicional de agua en términos absolutos. Sin embargo, puede proporcionar varios días o semanas más de humedad disponible.

Y esos días pueden ser decisivos para que una joven raíz alcance una mayor profundidad. 

Una técnica sencilla en un momento de cambio climático

La cuestión adquiere una nueva dimensión en el contexto actual.

Cuando escribí aquel artículo, la dificultad consistía en conseguir que las plantas superaran las condiciones naturales del verano mediterráneo.

Hoy las condiciones son todavía más exigentes.

El aumento de las temperaturas incrementa la demanda evaporativa de la atmósfera y las sequías pueden ser más intensas y prolongadas.

En estas circunstancias, cualquier técnica capaz de conservar una parte del agua disponible en el suelo puede adquirir interés para la restauración forestal.

No significa que una capa de arena vaya a resolver los problemas derivados del cambio climático.

Pero sí puede contribuir a mejorar las probabilidades de supervivencia durante la fase más vulnerable de la vida de un árbol.

Y además tiene una característica interesante: actúa sobre el suelo, no directamente sobre la planta. 

Volver sobre una idea de hace 35 años

Al releer ahora aquel artículo de 1991, me parece interesante comprobar cómo una observación aparentemente pequeña puede adquirir un significado diferente con el paso del tiempo.

En aquel momento disponíamos de mucha menos información sobre la fisiología del pinsapo y sobre la física de los acolchados.

Sin embargo, habíamos observado algo que llamaba la atención:

unas plantas jóvenes podían desarrollarse en una situación aparentemente desfavorable cuando el suelo estaba cubierto por material mineral.

La explicación propuesta fue que aquel material podía reducir la pérdida de agua.

Hoy la investigación científica permite comprender mucho mejor ese proceso.

La capa mineral puede:

  • reflejar parte de la radiación;
  • reducir el calentamiento superficial;
  • interrumpir la continuidad capilar;
  • aumentar la resistencia al transporte de vapor;
  • reducir la evaporación;
  • y mantener durante más tiempo la humedad disponible en los primeros centímetros del suelo.

No sabemos todavía si una capa de 1–2 cm de arena produce por sí sola una mejora significativa de la supervivencia del pinsapo.

Pero sabemos que la hipótesis sobre la que se apoyaba aquella propuesta es científicamente razonable

Quizá la clave esté en el micrositio

La experiencia también nos recuerda algo fundamental sobre la ecología del pinsapo.

Cuando hablamos de dónde puede vivir una especie, solemos pensar en grandes variables:

  • temperatura;
  • precipitación;
  • altitud;
  • orientación.

Pero para una semilla o una plántula puede ser mucho más importante lo que ocurre en unos pocos centímetros de suelo.

Un pequeño cambio en:

  • profundidad;
  • textura;
  • cobertura;
  • exposición;
  • humedad;
  • competencia;
puede convertir un lugar aparentemente inhóspito en un micrositio favorable.

La pista forestal había creado accidentalmente uno de esos micrositios.

La pregunta actual es si podemos reproducir deliberadamente esas condiciones favorables sin necesidad de modificar el conjunto del ecosistema.

Si la respuesta fuese afirmativa, estaríamos ante una herramienta sencilla para determinadas actuaciones de restauración. 

Una vieja propuesta que merece una nueva oportunidad

Después de revisar la literatura científica publicada desde 1991, mi valoración es, por tanto, prudente pero positiva.

La técnica concreta no ha sido validada experimentalmente para el pinsapo. Pero los principales mecanismos en los que se basaba han sido confirmados: 

  • Los acolchados minerales pueden conservar humedad.
  • La interrupción de la capilaridad puede reducir la evaporación.
  • El albedo puede modificar el balance energético de la superficie.
  • La humedad superficial es importante para las plántulas.
  • Y el déficit hídrico constituye uno de los principales factores que condicionan la supervivencia del pinsapo.

Todo ello hace que aquella pequeña experiencia de 1991 tenga hoy un interés renovado.

Quizá la enseñanza más sencilla sea también la más importante:

En la restauración de una especie mediterránea tan sensible al déficit hídrico como el pinsapo, no siempre se trata de quitarle el sol a la planta. A veces puede ser más eficaz impedir que el suelo pierda el agua que ya tiene.

Y quizá aquella capa de arena que hace 35 años parecía una solución demasiado sencilla merezca ahora ser estudiada de nuevo con las herramientas científicas actuales.

Una observación de campo se convirtió entonces en una hipótesis. La ciencia posterior ha demostrado que la hipótesis tenía fundamento. Falta todavía dar el último paso: comprobar si funciona realmente con el pinsapo. 

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Referencias bibliográficas

Arista, M. (1994). Supervivencia de las plántulas de Abies pinsapo Boiss. en su hábitat natural. Anales del Jardín Botánico de Madrid, 51(2), 193–198.

Jiménez, M. N., Fernández-Ondoño, E., Ripoll, M. Á., Castro-Rodríguez, J., Huntsinger, L. & Navarro, F. B. (2016). Stones and organic mulches improve the Quercus ilex L. afforestation success under Mediterranean climatic conditions. Land Degradation & Development, 27, 357–365.

Jiménez, M. N., Pinto, J. R., Ripoll, M. Á., Sánchez-Miranda, A. & Navarro, F. B. (2017). Impact of straw and rock-fragment mulches on soil moisture and early growth of holm oaks in a semiarid area. Catena, 152, 198–206.

Yuan, C., Lei, T., Mao, L., Liu, H. & Wu, Y. (2009). Soil surface evaporation processes under mulches of different sized gravel. Catena, 78, 117–121.

Effects of gravel mulch on water vapor transfer above and below the soil surface (2004). Agricultural Water Management, 67, 145–155.

Mesh-shelters provide more effective long-term protection than tube-shelters or mulching for restoration of Pinus halepensis in a Mediterranean arid ecosystem (2022). Frontiers in Forests and Global Change.

Pino Díaz, J. (1991). El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas. Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, nº 9, diciembre de 1991, pp. 20–25.

martes, 8 de septiembre de 2026

Pinsapos y secuoyas en el monte de Aldeire, Sierra Nevada.

En la vertiente norte de Sierra Nevada, en el término municipal de Aldeire (Granada), existe un paisaje forestal que llama la atención por una razón muy particular: junto a los pinares de repoblación aparecen, dispersas por distintos barrancos, especies arbóreas que no forman parte de la vegetación natural característica de esta montaña. Entre ellas se encuentran secuoyas, alerces, cedros, abetos de Douglas y pinsapos.

En Aldeire el pinsapo parece haber encontrado unas condiciones suficientemente favorables como para sobrevivir durante décadas.

El 28 de noviembre de 2024 recorrí uno de estos enclaves, el Barranco de los Tejos, junto la pista principal de El Marquesado (1.650 m,), para documentar su vegetación.

Lo que encontré resulta mucho más interesante de lo que podía sugerir una primera referencia a unos pocos pinsapos aislados: numerosos ejemplares de diferentes tamaños conviven allí con un conjunto de tres grandes secuoyas y con el pinar de repoblación que caracteriza buena parte de este sector de la montaña.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024. 

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Junto a la pista forestal principal de El Marquesado también existe otro enclave de secuoyas, situado en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque.

Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

 Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Estamos, por tanto, ante un paisaje forestal que merece ser contemplado no solo desde el punto de vista botánico, sino también desde la historia de la restauración forestal de Sierra Nevada. 

Un bosque archivo vivo de la historia forestal de Sierra Nevada.

Cuando se recorre por primera vez el entorno forestal de Aldeire, la impresión dominante es la de encontrarse ante un extenso pinar. Buena parte de estos bosques son consecuencia de las grandes actuaciones de repoblación realizadas durante el siglo XX en el Marquesado del Zenete.

Una pista forestal principal recorre las repoblaciones del Marquesado del Zenete de los montes de Aldeire, Lanteira y Jérez del Marquesado. 

La historia de estas repoblaciones fue mucho más compleja que una simple sustitución de terrenos degradados por pinares. En diferentes puntos se introdujeron también otras especies forestales, algunas autóctonas de otras regiones españolas y otras foráneas.

El resultado puede verse hoy en algunos barrancos del monte de Aldeire como una auténtica colección forestal histórica al aire libre.

Hay pinos junto a cedros; alerces junto a abetos; secuoyas junto a álamos, alisos y castaños; y, de manera particularmente llamativa, pinsapos creciendo bajo la cubierta del bosque.

El Barranco de los Tejos: pinsapos y secuoyas

El enclave que más me interesa es el Barranco de los Tejos, situado en el sistema de barrancos del Río Benéjar.

La Junta de Andalucía reconoce oficialmente en este lugar una arboleda singular denominada "Secuoyas del Barranco de Los Tejos", incluida en el catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía.

La denominación oficial se refiere a las secuoyas, pero cuando se observa el conjunto sobre el terreno aparece una realidad más compleja.

Las fotografías que tomé muestran tres grandes secuoyas rodeadas por el pinar y, entre ellas, numerosos pinsapos. El contraste entre las especies resulta sorprendente. Las secuoyas gigantes destacan por sus enormes troncos y su porte monumental, mientras que los pinsapos presentan la característica silueta piramidal de los abetos y un follaje rígido y denso.


Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

En mis visitas al Barranco de los Tejos he podido comprobar que los pinsapos no se reducen a uno o dos árboles aislados. Las fotografías muestran numerosos individuos de diferentes tamaños, formando pequeños grupos dentro del bosque. Hay árboles jóvenes, otros de mayor desarrollo y ejemplares que ya han alcanzado un porte apreciable. Proceden de una plantación de 1.988-89 realizada por el Agente de Medio Ambiente de la zona.

Los pinsapos se encuentran en un ambiente de montaña, a una altitud aproximada de 1.650 metros, dentro de un barranco con marcado carácter umbroso y húmedo, ambiente local que parece ofrecer condiciones favorables para esta especie. 

Las secuoyas de los Prados del Duque

Los pinsapos no son, sin embargo, los árboles que más sorprenden al visitante. Ese papel corresponde a las secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum).

Existe otro enclave perfectamente diferenciado, se encuentra en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque, junto al margen de la pista forestal principal de El Marquesado.

Las fotografías tomadas en este segundo lugar muestran igualmente grandes secuoyas integradas en el bosque de repoblación.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Las fotografías que realicé muestran ejemplares de gran tamaño, con troncos que contrastan espectacularmente con los pinos que los rodean. Una de las imágenes permite apreciar la escala del árbol gracias a la presencia de personas junto a su tronco. Otra con dos personas abrazando el tronco da idea del diámetro del árbol. 

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Nota para las fotografías

Las fotografías del Barranco de los Tejos que ilustran este artículo fueron realizadas por el autor el 28 de noviembre de 2024. Las correspondientes al segundo enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque, fueron realizadas el 2 de julio de 2025.


domingo, 6 de septiembre de 2026

El pinsapar de La Dehesilla: un enclave de origen humano que presenta indicios de regeneración natural y de naturalización progresiva.

Sobre el origen de los pinsapos de La Dehesilla de Monachil

En la década de los setenta sobre terrenos de La Dehesilla una sociedad anónima, formada por dirigentes del régimen franquista, planeó construir una urbanización de lujo. El proyecto no prosperó y la finca, después de pertenecer a varios propietarios particulares, el financiero Van del Valle y el médico granadino Bartolomé Arias, fue adquirida en el 2001 por el Organismo Autónomo Parques Nacionales [1].  

Pues bién, según comentarios del agente de medio ambiente del monte, los pinsapos de La Dehesilla proceden de la repoblación forestal que la sociedad propietaria realizó allá por los setenta,  

Imagen 1 

La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 1. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.
 

En busca de regeneración natural

Cuando publiqué en Áreadoc el post dedicado a los pinsapos de La Dehesilla [2], una de las cuestiones que quedaban abiertas era precisamente la más interesante: ¿existe regeneración natural?

Había que comprobar que los pinsapos, una vez establecidos, estaban comenzado a comportarse como una población capaz de mantenerse por sí misma. Había que buscar algo muy concreto y eso es precisamente lo que hemos encontrado en una reciente visita al monte.

Imagen 2

La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 2. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Las fotografías que acompañan este artículo documentan la regeneración natural de los pinsapos de la Dehesilla. Algunos son apenas plántulas; otros presentan ya un desarrollo nayor.

Los pinsapos tienen un origen humano, pero el enclave muestra ahora indicios claros de naturalización mediante regeneración. De manera similar a lo ocurrido con la naturalización de los bosquetes de pinsapo de la Umbría del Peñón de la Cruz de Víznar y del Collado de la Alfaguara, resultado de las repoblaciones forestales de principios del siglo XX [3]. 

Para hablar de una población naturalizada hay que encontrar individuos jóvenes que no procedan directamente de una plantación. Un grupo de árboles plantados puede sobrevivir durante décadas sin que exista regeneración. En ese caso estaríamos ante una masa artificial que depende de la intervención humana para su renovación. Por el contrario, cuando aparecen plántulas y juveniles nacidos de la semilla de los árboles existentes, comienza a producirse un proceso ecológico autónomo. No significa que el enclave se haya convertido de repente en un pinsapar natural. Pero sí que la población ha empezado a reproducirse por sí misma. Es exactamente lo que parece estar ocurriendo en La Dehesilla.

Imagen 3 

 
Imagen 4 

 
Imagen 5 

 
Imagen 6 

La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 6. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Las fotografías: pequeñas pistas de un proceso mayor

Las imágenes tomadas durante la visita resultan especialmente reveladoras porque muestran individuos de tamaños muy diferentes. En algunas aparecen plántulas de pinsapo, de pocos centímetros, creciendo entre la vegetación y la hojarasca. En otras se observan ejemplares juveniles mucho más desarrollados, con numerosas ramificaciones y una arquitectura claramente reconocible. La diversidad de tamaños es importante.

Una única cohorte de plantación suele presentar árboles de edades relativamente próximas. En cambio, la aparición de individuos pequeños junto a otros de mayor tamaño puede ser indicativa de reclutamiento en diferentes momentos.

Naturalmente, las fotografías por sí solas no permiten establecer la edad de cada ejemplar ni reconstruir una estructura demográfica completa. Para ello sería necesario realizar un inventario sistemático, localizar todos los individuos, medir sus dimensiones y, en algunos casos, recurrir incluso a estudios dendrocronológicos. 

Hacia la naturalización del pinsapar

Los pinsapos adultos producen semillas. Si esas semillas son viables y encuentran unas condiciones adecuadas de humedad, temperatura, suelo y protección, pueden germinar y originar nuevos individuos. El proceso parece sencillo, pero en el contexto mediterráneo no lo es.

Abies pinsapo es una especie que procede de ambientes montanos y que, en su área natural, encuentra condiciones que favorecen su regeneración. Fuera de sus principales núcleos naturales, la germinación y supervivencia de las plántulas dependen mucho de las condiciones locales.

Los estudios realizados en pinsapares naturales muestran precisamente que la regeneración no se distribuye de manera uniforme. La estructura del bosque, la existencia de claros y las condiciones de competencia tienen una influencia considerable.

Esto ayuda a entender lo que ocurre en La Dehesilla. Aquí no estamos ante un bosque cerrado de pinsapos. Los árboles aparecen integrados en una vegetación mediterránea mucho más abierta y heterogénea, con matorrales, pinos, frondosas y numerosos espacios de diferente exposición y cobertura.

Para una semilla que cae al suelo, cada uno de esos pequeños ambientes constituye un microhábitat diferente.

El papel de los matorrales

Una de las características que más llaman la atención en las fotografías es que algunos de los pinsapos jóvenes aparecen protegidos entre arbustos o bajo la cobertura de otras plantas.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 7. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Una plántula de pinsapo recién germinada es mucho más vulnerable que un árbol adulto. El problema no consiste solamente en conseguir que germine: debe sobrevivir a los periodos secos, a las elevadas temperaturas estivales, a la competencia de otras plantas y al consumo por herbívoros.

En esas circunstancias, un arbusto puede funcionar como una auténtica planta nodriza. La cobertura vegetal puede reducir la radiación directa que alcanza el suelo, disminuir las temperaturas extremas y crear un microambiente algo más favorable. Al mismo tiempo, puede ofrecer cierta protección física frente a herbívoros.

Esto resulta especialmente interesante en una especie como el pinsapo, cuya regeneración está estrechamente condicionada por el ambiente.

No debe interpretarse que todos los pinsapos jóvenes necesitan necesariamente un arbusto para sobrevivir. Pero sí que la distribución observada en campo plantea una hipótesis que merece ser estudiada: la vegetación acompañante podría estar desempeñando un papel facilitador en la regeneración de La Dehesilla, sobre todo teniendo en cuenta el aprovechamiento de los pastos del monte por ganado vacuno.

El suelo dolomítico vuelve a aparecer en la historia

Otro aspecto que adquiere mayor interés al observar la regeneración es el sustrato. Como ya se señalaba en el artículo anterior, los pinsapos de La Dehesilla se encuentran sobre materiales de naturaleza dolomítica.

Este dato es relevante porque introduce una característica edáfica que diferencia el enclave de otros lugares clásicos del pinsapo. La dolomía está constituida fundamentalmente por carbonatos de calcio y magnesio y suele generar suelos con características físicas y químicas particulares. Además, en las laderas montañosas, la combinación entre roca, pendiente, fracturación y escaso desarrollo edáfico produce una extraordinaria diversidad de microambientes.

Las fotografías muestran precisamente un terreno pedregoso, con abundante roca superficial y zonas de suelo relativamente escaso.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 10. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Y, sin embargo, los pinsapos están germinando. Esto no significa que debamos concluir que las dolomías sean favorables para el pinsapo. Lo que sí podemos afirmar es que, al menos en las condiciones concretas de La Dehesilla, el sustrato dolomítico no está impidiendo la regeneración de la especie.

Una población pequeña, pero con dinámica propia

Si los árboles plantados alcanzan la madurez, producen semillas, estas germinan y los nuevos individuos sobreviven sin haber sido plantados por el hombre, se inicia un proceso de naturalización.

Ese proceso puede prolongarse durante décadas y dar lugar progresivamente a una estructura cada vez más independiente de la intervención humana.

Por tanto, quizá la manera más adecuada de definir actualmente los pinsapos de La Dehesilla sea: un enclave de origen humano que presenta indicios de regeneración natural y, por tanto, de naturalización progresiva.

El ejemplo del Pinsapar de Huétor

La propia Junta de Andalucía utiliza el Pinsapar de Huétor, en el término municipal de Víznar, como uno de los principales ejemplos de conservación ex situ del pinsapo. Se trata de una masa procedente de repoblaciones realizadas en las primeras décadas del siglo XX y que actualmente presenta árboles maduros y una importante cantidad de regenerado, con elevadas tasas de reclutamiento.

La comparación resulta sugerente. En ambos casos nos encontramos con una cuestión que supera la vieja dicotomía entre "natural" y "repoblado". Una masa puede tener origen humano y comportamiento ecológico naturalizado. De hecho, en otros estudios sobre masas antiguamente plantadas de Abies pinsapo se ha comprobado que la especie puede mantener una buena capacidad de regeneración y que estos enclaves pueden adquirir interés desde el punto de vista de la conservación. 

La Dehesilla parece ofrecer ahora un pequeño ejemplo de este mismo fenómeno en Sierra Nevada.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 13. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.
 

Lo que realmente importa: que los pinsapos están produciendo relevo

Hay una diferencia conceptual que conviene destacar. Si encontramos un pinsapo centenario, estamos observando el resultado de una historia pasada. Si encontramos un pinsapo joven nacido espontáneamente bajo esos árboles, estamos observando el comienzo de una historia futura.

Esta segunda observación tiene un valor especial para la conservación. Los árboles adultos pueden sobrevivir durante muchos años incluso cuando las condiciones ya no permiten una regeneración adecuada. Por ello, la existencia de individuos jóvenes constituye un indicador mucho más interesante de la capacidad de una población para mantenerse.

La regeneración tampoco garantiza por sí misma el futuro del enclave. Una plántula puede germinar y morir pocos meses después. Un grupo de juveniles puede desaparecer tras varios años secos. La presión de los herbívoros, la competencia vegetal, los incendios o el incremento de la aridez pueden modificar radicalmente la trayectoria del proceso. Por eso sería prematuro hablar de una expansión del pinsapar de La Dehesilla. Pero sí podemos hablar de regeneración observada.

El problema de la sequía

La observación de regenerado resulta todavía más interesante si lo situamos en el contexto actual. El pinsapo es una especie mediterránea, pero no una especie adaptada a cualquier ambiente mediterráneo. Su distribución natural está asociada a determinadas condiciones de humedad y temperatura que han permitido su supervivencia en refugios montanos. El cambio climático introduce una incógnita importante.

Los estudios fisiológicos y dendroecológicos realizados sobre Abies pinsapo muestran que la disponibilidad de agua desempeña un papel fundamental en su crecimiento y que los episodios de sequía pueden afectar considerablemente a su funcionamiento [4]. Por ello, encontrar regeneración en La Dehesilla no debe interpretarse únicamente como una buena noticia. Es también una oportunidad para estudiar la capacidad de adaptación de la especie en un enclave situado fuera de sus principales núcleos naturales.

Si las plántulas consiguen sobrevivir durante las próximas décadas, el interés del enclave aumentará considerablemente. Si, por el contrario, la mortalidad de los individuos jóvenes resulta muy elevada, descubriremos que existe regeneración pero que el reclutamiento efectivo —el paso de plántula a juvenil establecido— es mucho más limitado.

De la regeneración a la naturalización

En ecología forestal conviene distinguir varios conceptos.

  • Regeneración significa que aparecen nuevos individuos procedentes de la reproducción de los árboles existentes.
  • Reclutamiento implica que una parte de esos individuos consigue superar las primeras etapas de desarrollo y pasa a formar parte de la población juvenil.
  • Naturalización supone un proceso más amplio: una población inicialmente introducida comienza a mantenerse y reproducirse de forma autónoma en el nuevo territorio.

Por tanto, lo que hemos podido comprobar en La Dehesilla es, en primer término, regeneración natural.

Para demostrar que existe una población plenamente naturalizada sería necesario seguir su evolución durante más tiempo. Y aquí aparece una magnífica oportunidad de investigación.

Los pinsapos de La Dehesilla pueden contemplarse ahora desde una perspectiva diferente. No son solamente unos árboles singulares que quedaron como testimonio de antiguas experiencias forestales. Son también un pequeño experimento ecológico iniciado hace décadas.

Los árboles originales fueron introducidos en un territorio situado fuera del área donde actualmente reconocemos las principales poblaciones naturales de la especie. Han tenido que enfrentarse a unas condiciones ambientales diferentes, competir con la vegetación local y soportar la evolución del clima durante varias décadas.

Y ahora algunos de sus descendientes están apareciendo espontáneamente. Es como si el tiempo hubiera añadido una segunda fase al experimento.

La primera pregunta era: ¿puede vivir el pinsapo aquí? La supervivencia de los árboles adultos parece responder afirmativamente.

La segunda era: ¿puede reproducirse aquí? Las plántulas observadas permiten responder también afirmativamente, al menos de manera preliminar.

Pero queda una tercera pregunta, mucho más difícil: ¿pueden sus descendientes sobrevivir y formar una población estable a largo plazo? Esa respuesta todavía está por escribir.

Lo que habría que hacer ahora

La observación realizada durante esta visita merece convertirse en algo más que una colección de fotografías. Sería muy interesante realizar un inventario específico de la regeneración de pinsapo en La Dehesilla.

Para cada individuo deberían registrarse, como mínimo:

  • coordenadas GPS;

  • altitud;

  • orientación;

  • pendiente;

  • tamaño o altura;

  • diámetro, cuando sea posible;

  • distancia al pinsapo adulto más próximo;

  • cobertura de matorral;

  • especie vegetal acompañante;

  • grado de insolación;

  • características del suelo;

  • presencia de daños por herbivoría;

  • estado sanitario.

Con varias visitas a lo largo de los años podría determinarse además la supervivencia de cada individuo.

Entonces podríamos pasar de una observación cualitativa —hay regeneración— a una verdadera evaluación demográfica: cuántas plántulas nacen, cuántas sobreviven, dónde se establecen y qué condiciones favorecen su crecimiento.

Sería un estudio relativamente sencillo, pero con un enorme interés para conocer el comportamiento del pinsapo fuera de sus núcleos naturales.

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Bibliografía y notas

[1]  Porcel Bueno, Pablo (2004). Sierra Nevada, historia -ceonología. Página 170: "Compra de la Dehesilla de Monachil.- De una extensión de 1.100 hectáreas, es adquirida la Dehesilla de Monachil, en la suma de 1.200.000 euros. Esta Dehesilla formaba parte de una sociedad anónima de dirigentes del régimen franquista, uno de los cuales se rumoreaba que era el marqués de Villaverde asiduo a las pistas de Sierra Nevada, quienes pretendieron construir una urbanización de lujo en la década de los años setenta, en la margen izquierda del río Monachil, proyecto que quedó frustrado al parecer por la finalización del régimen franquista, y sus propietarios vendieron la propiedad al financiero Van del Valle y éste al médico dentista granadino Bartolomé Arias, quien la vendió a su vez al Parque Nacional.

[2] Pino-Díaz, J.(2026). Los pinsapos de La Dehesilla: una pequeña población en Sierra Nevada. En Áreadoc, accesible online en https://areadoc.blogspot.com/2026/08/los-pinsapos-del-monte-dehesas-una.html, consultado 06/09/2026.

[3] Hita, J. A (1997). Comportamiento de Abies pinsapo Boiss., a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada, España). Ars Pharm núm. 38 (4), pp. 375-383. Consultado el 05/10/2025, disponible online en http://hdl.handle.net/10481/68781

[4] Sancho-Knapik, D., Peguero-Pina, J. J., Flexas, J., Herbette, S., Cochard, H., Niinemets, Ü. & Gil-Pelegrín, E. (2014). Coping with low light under high atmospheric dryness: shade acclimation in a Mediterranean conifer (Abies pinsapo Boiss.). Tree Physiology, 34(12), 1321–1333. DOI: 10.1093/treephys/tpu095. 

sábado, 29 de agosto de 2026

Los pinsapos del monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: una historia de experimentación forestal

Entre los primeros ensayos de José Almagro en los años treinta y las plantaciones de José Elorrieta y Florentino Martínez en los cincuenta del siglo pasado, el pinsapo formó parte de una de las experiencias forestales más singulares realizadas en Sierra Nevada.

Imagen de pinsapos de Tello. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 4.

Imagen de pinsapos de Tello. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 4. 


Hay lugares cuya historia forestal no se puede comprender únicamente observando los árboles que hoy crecen en ellos. El monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, en Lanjarón (Granada), es uno de esos lugares.

Durante buena parte del siglo XX fue un auténtico laboratorio forestal en plena montaña mediterránea. Allí se ensayaron decenas de especies arbóreas procedentes de diferentes regiones del mundo con un objetivo que, visto desde la perspectiva actual, resulta extraordinariamente ambicioso: conocer qué especies podían sobrevivir, crecer y contribuir a la restauración forestal de las altas vertientes de Sierra Nevada.

Entre aquellas especies estuvo el pinsapo (Abies pinsapo Boiss.).

La historia de sus plantaciones en este monte presenta, además, una particularidad que merece ser destacada. Las fuentes disponibles documentan tres momentos diferentes de presencia experimental del pinsapo: una primera referencia de José Almagro, publicada en 1932, cuando señala la existencia de ejemplares a 1.250 metros de altitud. Las otras dos referencias sitúan explícitamente una plantación de pinsapos en 1933-34 en La Hoya del Manzano, a 1.600 m de altitud y otra plantación posterior en la misma parcela, realizada en 1958-59. Ambas experiencias, realizadas por José Elorrieta y Florentino Martínez, fueron publicadas en la monografía del IFIE "Resultados de las experiencias sobre introducción de especies forestales en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada)", de 1967.

El pinsapo fue objeto de experimentación en distintos momentos y en distintos sectores del monte Vertiente Sur.

Un monte concebido como laboratorio forestal

El origen de esta historia se encuentra en la preocupación existente durante las primeras décadas del siglo XX por los graves problemas de erosión y torrencialidad de Sierra Nevada.

José Almagro San Martín recibió el encargo de participar en la formulación de un plan de experiencias hidrológico-forestales para la vertiente sur de Sierra Nevada. El proyecto de experiencias de repoblación en la cuenca alta del río Lanjarón fue firmado en enero de 1929 y las experiencias comenzaron en 1930.

La idea era mucho más compleja que una simple repoblación. Sierra Nevada presentaba una enorme variación altitudinal. En el ámbito adquirido para las experiencias se pasaba de cotas próximas a los 600 metros hasta aproximadamente los 3.200 metros. Almagro veía en esta circunstancia una oportunidad excepcional para estudiar el comportamiento de especies forestales bajo condiciones climáticas muy diferentes.

Imagen  de la parcela de experimentación situada a 1.200 m de altitud con plantas de segundo año. Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada). Fuente: Fototeca del CENEAM, código de fotografía 59943.

Imagen  de la parcela de experimentación situada a 1.200 m de altitud con plantas de segundo año. Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada). Fuente: Fototeca del CENEAM, código de fotografía 59943. 

 

En su artículo de 1932 explica precisamente esta concepción. El Estado había adquirido una superficie continua que ascendía desde las zonas bajas hasta las altas cumbres, permitiendo disponer de una sucesión de condiciones climáticas. La finalidad era tanto abordar la corrección hidrológico-forestal de la cuenca como investigar las especies capaces de adaptarse a cada altitud.

El monte Vertiente Sur de Sierra Nevada acabó convirtiéndose así en uno de los grandes campos experimentales de la selvicultura española.

Décadas después, Cuadros y Francia describirían el lugar como un sitio de ensayo de especies forestales en el que se habían instalado numerosas parcelas experimentales durante más de sesenta años.

La dimensión de aquella experiencia resulta impresionante. El monte tenía 3.210 hectáreas y llegó a albergar más de un centenar de taxones, con representaciones de especies indígenas y exóticas. Las primeras mediciones se realizaron en 1942, 1944 y 1953, aunque fueron incompletas; posteriormente, los trabajos del IFIE proporcionaron inventarios mucho más detallados.

En otras palabras, el pinsapo no constituye un episodio aislado, sino una pieza dentro de un programa experimental de enorme amplitud.

Almagro y el pinsapo: una referencia que se remonta a 1932

La primera referencia documental que hemos localizado es especialmente importante porque procede directamente de José Almagro y fue publicada en 1932, cuando las experiencias todavía se encontraban en sus primeros años.

En su artículo «Vertiente Sur de Sierra Nevada. Primeras impresiones», publicado en el número 24 de Montes e Industrias, Almagro repasa el comportamiento de las numerosas especies que estaba ensayando.

Después de comentar los resultados obtenidos con Abies concolor, escribe:

Al Abies pinsapo lo podemos observar por ahora en los 1.250 metros de altitud, con sus características de crecimientos muy lentos, pero en buenas condiciones vegetativas.

La frase es breve, pero tiene una enorme importancia histórica. En primer lugar, porque constituye una mención explícita al Abies pinsapo en el propio contexto de las experiencias forestales de la vertiente sur de Sierra Nevada. En segundo lugar, porque proporciona una cota concreta: 1.250 metros de altitud.

Y, finalmente, porque Almagro no describe al pinsapo como una especie que simplemente hubiera sido introducida de manera anecdótica. Lo incluye dentro del conjunto de especies cuyo comportamiento estaba observando y valorando.

Su valoración resulta además interesante desde el punto de vista ecológico: el crecimiento era «muy lento», pero los ejemplares presentaban buenas condiciones vegetativas.

Es decir, la experiencia inicial no se interpreta como un fracaso. Al contrario, a pesar de su lento crecimiento, el pinsapo estaba vegetando satisfactoriamente.

Un experimento que continuó durante décadas

La experiencia iniciada por Almagro no terminó con sus primeras observaciones. El proyecto de 1.929 fue el punto de partida de una actividad experimental que se prolongaría durante muchas décadas. El objetivo inicial de encontrar especies adecuadas para la restauración forestal fue dando paso a una auténtica colección de ensayos sobre adaptación, crecimiento y comportamiento de numerosas especies.

La importancia del lugar aumentó con el tiempo. El estudio histórico Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: 75 años de investigación forestal señala que las experiencias comenzaron en 1930 y que posteriormente fueron continuadas por diferentes generaciones de investigadores del IFIE y, después, del INIA.

El propio patrimonio experimental acumulado permite comprender por qué debemos hablar de una historia de experimentación, y no de una única campaña de plantación.

Los datos disponibles muestran además que las primeras parcelas sufrieron pérdidas y que algunas experiencias fueron repetidas o ampliadas. Los inventarios de 1.942, 1.944 y 1.953 constituyen una fuente fundamental para conocer aquella primera etapa, mientras que la monografía del IFIE de 1.967 recopiló resultados de experiencias con otras 35 especies.

Este carácter acumulativo de la investigación es esencial para comprender la segunda referencia histórica del pinsapo. 

Referencias al pinsapo en la monografía del IFIE de 1.967. 

La información recogida en la monografía Resultados de las experiencias sobre introducción de especies forestales en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, Lanjarón (Granada), procede de José Elorrieta Artaza y Florentino Martínez Mata, responsables de las mismas durante su trabajo en el IFIE. 

Respecto al Abies pinsapo se indica lo siguiente: 

Se realizó la plantación en 1.933 y 34 en la Hoya del Manzano, a 1.600 m, sobre una zona muy soleada con suelo profundo; en 1950 se repusieron marras; en 1963 quedaban sólo 27 pies de la 1ª plantación y los mejores medían 10 m de altura y 24 cm de diámetro, 7 m y 14,5 cm, 6,5 m y 14 cm, de la 2ª plantación quedan 36 ejemplares.  

En 1.958-59 se colocaron en esta parcela 34 plantas de 3 años, criados en maceta, híbridos de Abies pectinta x A. pinsapo, cuyos crecimientos parecen más prometedores que los del pinsapo.

Elorrieta y los pinsapos de Tello 

La tercera referencia localizada aparece en un trabajo muy posterior: "Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España", de D. Soto, J. I. García-Viñas y E. Pérez-Bujarrabal (2.001).

El artículo analiza diferentes experiencias de introducción y naturalización del pinsapo realizadas fuera de sus áreas naturales de distribución. Los autores escriben:

Tello y Hoya del Manzano, Lanjarón (Granada). Entre 1958 y 1965, J. Elorrieta, director de este centro experimental del IFIE, introdujo unas 120 especies [...] entre estas últimas A. pinsapo...

La referencia continúa indicando que de aquellos pinsapos quedaban entonces una veintena de ejemplares, de buen desarrollo y con muestras iniciales de germinación. 

Esta información es extraordinariamente valiosa por varias razones. En primer lugar, porque sitúa expresamente al pinsapo en Tello y Hoya del Manzano. En segundo lugar, porque proporciona un periodo temporal: 1958-1965. Y, en tercer lugar, porque identifica al responsable: J. Elorrieta, director del centro experimental del IFIE.

Tres momentos, tres referencias

La documentación disponible permite construir provisionalmente una pequeña cronología:

FechaReferenciaLocalizaciónInformación sobre el pinsapo
1929-30Inicio de las experiencias de AlmagroMonte Vertiente SurComienza el gran programa experimental
1932José Almagro, Montes e Industrias (1932)1.250 m de altitudAbies pinsapo observado, crecimiento muy lento y buen estado vegetativo
1933-1934Cita en monografía del IFIE (1967).Hoya del Manzano, 1.600 m de altitud.Se realizó la plantación en la Hoya del Manzano. En 1.950 se repusieron marras; en 1963 quedaban 27 pies de la 1ª plantación, de la 2ª plantación quedan 36 ejemplares. En 1.958-59 en esta parcela se plantaron 34 plantas de 3 años de Abies pectinata x A. pinsapo.  
1942, 1944, 1953Primeras mediciones de las parcelasMonte experimentalInventarios iniciales, incompletos
1958-1965Soto y otros. Expansión naturalizada de Abies pinsapo... (2001).Tello y Hoya del ManzanoPlantación de Abies pinsapo dentro de nuevas experiencias
1967IFIE. Resultados de las exp... (1967).Monte Vertiente SurPublicación de resultados de experiencias de introducción de especies.
1985Manuel FerrerTelloFotografías y referencias al arbolado experimental
2005Incendio forestalTelloDestrucción de prácticamente todo el recinto arbolado

El valor de la altitud

La diferencia entre los 1.250 metros mencionados por Almagro y los aproximadamente 1.543 metros de Tello merece una consideración especial.

El proyecto experimental de Sierra Nevada estaba concebido precisamente para estudiar la adaptación de las especies a lo largo de un fuerte gradiente altitudinal.

Almagro pretendía elevar las experiencias hasta las mayores cotas posibles. En su artículo explica que la selección de especies debía hacerse en función de la altitud y que era necesario investigar especies procedentes de otros lugares de elevada montaña para conocer sus posibilidades de aclimatación.

El pinsapo encajaba perfectamente en esta lógica experimental. Se trataba de una especie mediterránea de montaña, con una distribución natural muy restringida en el sur de la península Ibérica. Llevarla a la vertiente sur de Sierra Nevada suponía comprobar hasta qué punto podía prosperar fuera de sus localidades naturales, pero dentro de un ambiente montañoso mediterráneo.

El resultado inicial descrito por Almagro era alentador: crecimiento lento, pero buen estado vegetativo.

Décadas después, el hecho de que los ejemplares de Tello fueran descritos como de buen desarrollo y presentasen incluso indicios de germinación demuestra que la experiencia volvió a ofrecer resultados positivos.

Tello: una de las piezas fundamentales del experimento

La importancia de Tello dentro del monte Vertiente Sur no se limitaba al pinsapo. Los trabajos históricos señalan que este sector albergaba una parte sustancial de las parcelas experimentales. Cuadros y Francia identifican Tello como uno de los cinco núcleos principales de ensayo, a unos 1.543 metros de altitud.

Con el paso de las décadas, allí se desarrolló un arbolado experimental de gran interés.

Manuel Ferrer, en su obra Sierra Nevada y La Alpujarra, publicada en 1985, fotografió y documentó parte de aquel patrimonio forestal. La propia síntesis histórica del monte utiliza una fotografía de Ferrer para ilustrar una parcela de Pinus jeffreyi en Tello, cuyos árboles habían alcanzado dimensiones sobresalientes.

Las fotografías que acompañarán este artículo adquieren así un valor especial.

No son simplemente imágenes de árboles antiguos.

Son testimonios visuales de un experimento forestal iniciado medio siglo antes, cuando Ferrer recorrió la zona y encontró todavía en pie parte de aquel extraordinario patrimonio experimental.

Y entre las especies ensayadas se encontraba también el pinsapo.

Un experimento que terminó bajo el fuego

La historia del monte Vertiente Sur tiene un desenlace particularmente dramático. El incendio del 28 de julio de 1.973 destruyó 543 hectáreas del monte, próximas a dicha localidad. Sin embargo, una fracción considerable sobrevivió y permitió que el monte continuara desempeñando su función investigadora durante décadas.

El golpe definitivo llegó el 22 de septiembre de 2.005. Un incendio iniciado en las inmediaciones de Lanjarón afectó a 3.475 hectáreas de los términos municipales de Lanjarón, Lecrín y Nigüelas. La práctica totalidad de los recintos arbolados de Tello, en la margen derecha, y Prado Abarca, en la margen izquierda, quedaron calcinados. Precisamente allí se encontraba buena parte de las especies y parcelas iniciadas unos 75 años antes. 

El incendio de 2005 no fue solamente la pérdida de una superficie arbolada. Supuso la desaparición de buena parte de un archivo vivo de la historia de la investigación forestal española.

Los autores del estudio histórico destacan que, tras el incendio, algunos ejemplares aislados que lograron sobrevivir fueron respetados como testigos de aquella época. En cierto sentido, estos árboles supervivientes tienen un valor que trasciende el puramente forestal. Son los últimos testigos de un experimento que había comenzado en los años treinta.

Imagen de la zona de Tello después del incendio de 2005. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1960-2003). Álbum 16, fotografía 8.
Imagen de la zona de Tello después del incendio de 2005. Autor M. Ferrer. Legado fotográfico del Padre Ferrer (1.960-2.003). Álbum 16, fotografía 8. 
 

El pinsapo como protagonista inesperado

La historia del Abies pinsapo en el monte Vertiente Sur resulta especialmente sugerente porque anticipa algunas cuestiones que hoy ocupan un lugar central en la conservación forestal.

El pinsapo es una especie relicta, de distribución natural muy reducida. Sin embargo, durante el siglo XX fue introducido experimentalmente en numerosos lugares fuera de sus áreas naturales, y algunas de aquellas experiencias demostraron que podía desarrollarse satisfactoriamente en ambientes diferentes de los que ocupa naturalmente.

El propio trabajo de Soto, García-Viñas y Pérez-Bujarrabal se planteó precisamente estudiar experiencias de expansión y naturalización del pinsapo en España. Los autores señalan que existen ensayos de adaptación de la especie de mucha antigüedad y consideran que algunos de estos resultados demuestran una capacidad de adaptación superior a la que tradicionalmente se le atribuía.

El monte Vertiente Sur constituye uno de esos casos históricos. Y tiene una particularidad adicional: la experiencia no comenzó en una época reciente relacionada con la conservación del pinsapo, sino dentro de un programa de investigación forestal iniciado en los años veinte y treinta, cuando las prioridades eran la restauración hidrológico-forestal y la búsqueda de especies adecuadas para las montañas españolas.

De la restauración hidrológica a la conservación de la biodiversidad

Existe aquí una evolución conceptual muy interesante. Para Almagro, la preocupación fundamental era la torrencialidad de Sierra Nevada.

Los torrentes que descendían de las altas cumbres producían graves daños en las vegas y poblaciones situadas aguas abajo. La solución pasaba por recuperar la cubierta vegetal, controlar la erosión y estudiar qué especies podían utilizarse en las diferentes condiciones de la montaña.

El pinsapo no fue introducido, por tanto, con el objetivo de crear una reserva de conservación de la especie tal como hoy entenderíamos una actuación de ese tipo. Formaba parte de un experimento de selvicultura y restauración de montaña.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el significado de aquellos ensayos cambió. Un pinsapo plantado para estudiar su adaptación podía convertirse décadas después en un árbol adulto, productor de semillas, capaz incluso de iniciar regeneración. Y un conjunto de ejemplares plantados experimentalmente podía acabar constituyendo un pequeño núcleo forestal de interés propio.

Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con los ejemplares de Tello descritos por Soto et al., que mostraban buen desarrollo y signos iniciales de germinación. 

La investigación forestal había creado, sin pretenderlo necesariamente, un pequeño laboratorio de naturalización del pinsapo.

Epílogo: los árboles que cuentan una historia

Cuando se contempla hoy el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada, puede resultar difícil imaginar lo que representó durante décadas.

Allí se ensayaron especies procedentes de lugares muy alejados, se estudiaron sus crecimientos, se compararon supervivencias, se analizaron sus posibilidades de adaptación y se construyó, parcela a parcela, uno de los patrimonios experimentales forestales más singulares de España.

El pinsapo estuvo presente en esa historia desde una fecha extraordinariamente temprana.

La referencia de Almagro de 1.932 nos proporciona la primera ventana documental. La de Elorrieta nos lleva después hasta Tello, donde décadas más tarde seguían existiendo ejemplares de buen desarrollo. Ferrer fotografió parte de aquel paisaje experimental en los años ochenta. Y el incendio de 2.005 destruyó buena parte del arbolado que había sobrevivido a más de siete décadas de investigación.

Pero el incendio no consiguió borrar completamente la historia. Quedaron documentos, fotografías, publicaciones y algunos árboles supervivientes.

Las fotografías que conservaron la memoria de aquellos árboles

Aquí aparece una segunda historia, casi fotográfica. Décadas después de aquellas plantaciones, Manuel Ferrer recorrió Sierra Nevada y dejó testimonio gráfico de numerosos lugares del macizo.

En 1.985 la Editorial Andalucía publicó el libro "Sierra Nevada y la Alpujarra", en cuatro tomos, de M. Ferrer S.J., conocido como el Padre Ferrer. El autor dedica un capítulo al Arboreto de Tello y la investigación forestal

Las fotografías que siguen, cuyo autor es M. Ferrer S.J., proceden del libro "Sierra Nevada; lo que nuestros ojos vieron" editado por CETURSA Sierra Nevada S.A. en 2003. En la página 273 aparece una fotografía de gran interés para la historia que aquí contamos.En el pie de foto se lee sobre Casa Tello: 

No comprendo cómo esta zona no esté conside-
rada como una auténtica Escuela de la
Naturaleza, donde se hallan multitud de especies
de pináceas, cedros, pinsapos, ...
 

Pero la imagen es mucho más que una fotografía paisajística. En ella aparece un gran abeto dominando el primer plano, rodeado de una densa vegetación arbórea y arbustiva. Al fondo se reconoce el paisaje desnudo y abrupto de las altas montañas de Sierra Nevada.

Las fotografías de Ferrer adquieren así un valor documental extraordinario. Nos permiten ver cómo era aquel paisaje forestal cuando las experiencias iniciadas décadas antes todavía formaban parte del monte.

 

 

 

Imágenes de M. Ferrer S.J., procedentes del libro "Sierra Nevada; lo que nuestros ojos vieron" editado por CETURSA Sierra Nevada S.A. en 2.003. 
 

Referencias bibliográficas y notas

  1. Almagro, J. (1932). «Vertiente Sur de Sierra Nevada. Primeras impresiones». Montes e Industrias, n.º 24, diciembre de 1932, pp. 632-638.
    Fuente primaria fundamental para el artículo. Describe las características de la cuenca alta del río Lanjarón, el planteamiento de las experiencias forestales y los resultados iniciales de las plantaciones. En la p. 637 menciona expresamente Abies pinsapo a 1.250 m de altitud, indicando que presentaba un crecimiento muy lento, pero buenas condiciones vegetativas.
  2. Almagro, J. (1929). Proyecto de experiencias de repoblación en la Cuenca Alta del río Lanjarón. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE).
    Proyecto que constituye el antecedente de las experiencias desarrolladas posteriormente en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada. Su existencia y fecha han sido recogidas en los estudios históricos sobre el sitio experimental.
  3. Navarro Gómez-Menos, J.; Francia Martínez, J. R.; Cuadros Tavira, S. (2005). «Monte Vertiente Sur de Sierra Nevada: 75 años de investigación forestal». Cuadernos de la Sociedad Española de Ciencias Forestales.
    Trabajo fundamental para reconstruir la historia del monte como centro de experimentación forestal, desde las experiencias iniciadas en 1930 hasta las décadas posteriores, incluyendo la organización de las parcelas, los inventarios y la incidencia de los incendios.
  4. Cuadros Tavira, S.; Francia Martínez, J. R. «Caracterización del sitio de ensayo de especies forestales de Lanjarón (Vertiente Sur de Sierra Nevada). Aspectos climatológicos y fitoclimáticos».
    Estudio utilizado para contextualizar las condiciones ambientales de las zonas experimentales de Lanjarón, particularmente la información climática y fitoclimática de Tello y otros sectores del monte.
  5. Soto, D.; García-Viñas, J. I.; Pérez-Bujarrabal, E. «Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España».
    Fuente fundamental para la segunda etapa de la historia del pinsapo. Los autores documentan la introducción de A. pinsapo en Tello y Hoya del Manzano entre 1958 y 1965, bajo la dirección de J. Elorrieta, y señalan la supervivencia de aproximadamente una veintena de ejemplares de buen desarrollo, con indicios iniciales de germinación.
  6. Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias (IFIE) (1967). Resultados de las experiencias sobre introducción de especies forestales en el monte Vertiente Sur de Sierra Nevada (Lanjarón). Madrid: IFIE, 164 pp.
    Fuente histórica de especial interés para el seguimiento de las experiencias iniciadas en el monte. Se trata de una referencia clave para profundizar en la identificación de especies, parcelas, fechas de plantación y resultados obtenidos durante las primeras décadas de experimentación.
  7. García Álvarez, A. (2010). Historia del Cuerpo de Ingenieros de Montes (1853-2010). Madrid: Colegio y Asociación de Ingenieros de Montes.
    Utilizada como referencia general para contextualizar la evolución del Cuerpo de Ingenieros de Montes y el marco institucional y científico en el que se desarrollaron las experiencias forestales de Sierra Nevada. 
  8. Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) (1974). Los incendios forestales en España durante 1973. Ed. Ministerio de Agricultura.
  9. Vázquez de la Cueva A. (2016). Incendios forestales en la España peninsular (1974-2010). Análisis temporal y espacial desde una perspectiva ecológica. Monografía INIA, Serie Forestal nº 29. 
    Copia digital : realizada por la Biblioteca de Andalucía. 
  10. Ferrer Muñoz M. (1960-2003). Legado fotográfico del Padre Ferrer : Álbumes (selección). Consultado el 30/08/2026, accesible online en https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.do?id=1045714
    La Biblioteca de Andalucía dispone de la totalidad del legado fotográfico del Padre Ferrer, alrededor de 8500 clichés fotográfios originales organizados en álbumes númerados. En este registro, la BVA ofrece solamente una selección de 237 imagenes positivadas con motivo de la exposición celebrada en la Biblioteca de Andalucía en septiembre del 2021
    No se dispone de ninguna imagen positivadas del álbum 1. Según la secuencia del autor, faltarian en el legado los álbumes 5, 7, 9, 10 y 15
  11. Ferrer Muñoz, M. (1985). Sierra Nevada y la Alpujarra. Ed. Andalucía.
    Obra de referencia para las fotografías y texto de Ferrer sobre las experiencias forestales en Tello.
  12. Ferrer Muñoz M. (2003). Sierra Nevada, lo que nuestros ojos vieron. Ed. CETURSA Sierra Nevada. Con fotografías de Ferrer de los pinsapos de Tello.  
  13. Fototeca del CENEAM. Consultado el 30/08/2026, accesible online en https://www.miteco.gob.es/es/ceneam/centro-de-documentacion-ceneam/fototeca/fototeca-ceneam.html