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viernes, 11 de septiembre de 2026

Una experiencia de siembra de pinsapo en 1991 que la investigación científica posterior ayuda a explicar.

En 1991 publiqué en el Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales un artículo titulado «El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas». En aquel trabajo intentaba explicar, a partir de observaciones de campo y de cálculos de radiación, evapotranspiración y disponibilidad de agua en el suelo, cuáles eran las principales limitaciones ecológicas del pinsapo y por qué las repoblaciones de esta especie presentaban tantas dificultades.

Han pasado 35 años. Desde entonces, la investigación sobre Abies pinsapo ha avanzado extraordinariamente y hoy conocemos mucho mejor su fisiología, su respuesta a la sequía, la importancia del microclima, las condiciones que favorecen la regeneración natural y la influencia de la competencia, las plagas y el cambio climático.

Al revisar ahora aquel artículo, hay un episodio que me ha parecido especialmente interesante. Aparece casi al final, en el apartado dedicado a la repoblación forestal, y parte de una observación realizada por mi padre, José Pino Rivera, agente forestal.

En el margen de la pista forestal de la Solana del Caucón, en el monte de Yunquera (Sierra de las Nieves) se estaban desarrollando satisfactoriamente unas plántulas de pinsapo, en un lugar bastante expuesto y carente de cobertura vegetal. La observación resultaba llamativa porque la experiencia con las repoblaciones indicaba que las plantas jóvenes de pinsapo sufrían considerablemente cuando quedaban sometidas a las condiciones de insolación y sequedad propias del verano mediterráneo.

 

Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
Entre 1976 y 1977 se abrió la pista forestal de la solana del Caucón, cuyo firme se mejoró con una capa de áridos. Transcurridos unos años semillas de pinsapo germinaron y prosperaron en los márgenes de la pista, en condiciones de plena exposición al sol (ver Imagen). La explicación está en que la capa de áridos, que posee un albedo alto, refleja una alta proporción de la energía luminosa incidente (r = 0,26) y además rompe la capilaridad del suelo, aminorando así su desecación y manteniendo suficiente humedad en el suelo para la supervivencia de las plantitas, cuya capacidad de retención de agua había aumentado con el movimiento de tierras de la apertura de la pista forestal. Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz. Fuente: "Regenerado natural de pinsapos en la pista forestal del Caucón (1988). https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll351
 

¿Qué tenía de diferente aquel lugar?

La pista había sido acondicionada con una capa de material mineral. Y pensé que aquella capa podía estar modificando las condiciones de humedad del suelo, con un efecto similar al que produce en los cultivos enarenados.

A partir de esa observación se realizó una experiencia de siembra: cubrir con una fina capa de arena los hoyos donde se sembraran semillas de pinsapo, al objeto de conservar durante más tiempo la humedad necesaria para que las plántulas pudieran superar el primer verano. En el ensayo descrito en el artículo se utilizó una capa de aproximadamente 1–2 cm de arena.

Hoy podemos preguntarnos si aquella interpretación tenía fundamento.

La respuesta es sorprendentemente interesante. 

El problema no era solamente el sol

En mi artículo de 1991 concedía una gran importancia a la radiación solar, la orientación y la evapotranspiración. Los cálculos realizados mostraban diferencias considerables entre las condiciones de solana y umbría y trataban de explicar por qué las últimas ofrecían unas condiciones más favorables para el pinsapo.

La interpretación sigue siendo válida, pero actualmente podemos expresarla de una manera más precisa.

El principal problema no es la radiación en sí misma, sino el equilibrio entre el agua disponible en el suelo y la demanda evaporativa de la atmósfera.

Cuando aumenta la radiación y la temperatura, aumenta también la demanda de agua. Si además el suelo se encuentra en proceso de desecación, una plantita puede entrar rápidamente en estrés hídrico. 

Esto resulta especialmente importante en una plántula.

Un árbol adulto puede explorar un volumen considerable de suelo mediante sus raíces. Una plántula recién germinada, en cambio, dispone inicialmente de un sistema radical muy pequeño. Durante sus primeros meses depende en gran medida de la humedad existente en las capas superficiales.

Si esas capas se secan demasiado pronto, puede morir antes de que sus raíces hayan alcanzado zonas más profundas.

Y precisamente la desecación constituye una de las principales causas de mortalidad observadas en las plántulas de pinsapo. Los estudios realizados posteriormente demostraron que la mayor parte de las plántulas que morían presentaban síntomas de desecación progresiva.

Esto proporciona una primera conexión entre aquella experiencia de 1991 y la investigación posterior. 

Una capa de arena puede cambiar el balance hídrico

La hipótesis que planteé entonces era sencilla.

Una capa de material mineral podía actuar de dos maneras.

La primera estaba relacionada con el albedo.

Una superficie clara refleja una mayor proporción de la radiación solar que recibe y, por tanto, absorbe menos energía. En principio:

mayor albedo → menor energía absorbida → menor calentamiento superficial.

Pero existía otro mecanismo que probablemente era todavía más importante: la interrupción de la continuidad capilar.

El agua almacenada en el suelo puede ascender hacia la superficie mediante fuerzas capilares. Una vez allí queda expuesta a la atmósfera y puede evaporarse.

Una capa superficial de arena o grava modifica este proceso. Dificulta el movimiento del agua hacia la superficie y aumenta la resistencia al transporte de vapor.

El resultado es que el agua permanece más tiempo en el suelo.

La secuencia puede resumirse así:

suelo húmedo → ascenso capilar → superficie → evaporación

frente a:

suelo húmedo → capa mineral → mayor resistencia → menor evaporación.

La investigación realizada posteriormente ha demostrado experimentalmente este efecto. Los acolchados minerales pueden aumentar la resistencia al flujo de vapor y reducir de forma importante la evaporación del agua almacenada en el suelo.

Por tanto, una de las ideas fundamentales de aquella propuesta de 1991 ha quedado bien respaldada por la física del suelo.

 

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral. José Pino Díaz.

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral.

 

La comparación con el cultivo enarenado

En aquel artículo comparaba el efecto de la arena con el conocido sistema de cultivo enarenado, tradicional en el sureste de España.

La comparación no era casual.

En el cultivo enarenado, una capa de arena situada sobre el suelo modifica el movimiento del agua y reduce las pérdidas por evaporación. La investigación posterior ha confirmado que estos efectos se producen realmente y que dependen de características como el tamaño de las partículas y el espesor de la capa.

Esto permite matizar ahora mi explicación original.

El aumento del albedo probablemente contribuye al efecto, pero no deberíamos atribuir exclusivamente a la reflexión de la radiación la conservación del agua.

La interrupción de la continuidad capilar y el aumento de la resistencia al transporte de vapor parecen desempeñar un papel fundamental.

En otras palabras, la arena no actúa solamente como un pequeño espejo que devuelve parte de la radiación solar.

Actúa también como una barrera física frente a la pérdida de agua del suelo. 

Una confirmación en Granada

Una de las evidencias posteriores que más se aproxima a la propuesta que hice en 1991 procede precisamente del sureste de España.

En un experimento realizado en Dehesas de Becerra, en Granada, se estudió el efecto de diferentes acolchados sobre el establecimiento de encinas (Quercus ilex) en condiciones mediterráneas semiáridas.

Se compararon plantas sin acolchado con otras protegidas mediante paja o fragmentos de roca.

Los investigadores midieron la humedad del suelo a distintas profundidades y siguieron el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas.

El resultado fue significativo: el acolchado de fragmentos de roca aumentó la humedad del suelo en los primeros 10–20 cm y tanto el acolchado mineral como el orgánico redujeron el número de días en que las plantas sufrían estrés fisiológico. Los autores señalaron además el interés de estos acolchados para plantas pequeñas con sistemas radicales inicialmente superficiales.

La coincidencia con mi propuesta resulta notable.

No se trataba de pinsapos, pero sí de una especie forestal mediterránea, sometida a una fuerte sequía estival y estudiada en una región muy próxima desde el punto de vista climático.

Y el efecto se producía precisamente donde más nos interesa cuando hablamos de una plántula recién germinada: en los primeros centímetros del suelo.

 

Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
 

¿Puede aumentar realmente la supervivencia?

La respuesta también cuenta con evidencias interesantes.

Otro experimento realizado en el sureste de España siguió durante nueve años el establecimiento de encinas sometidas a diferentes tratamientos de acolchado.

La supervivencia fue aproximadamente del 85 % con acolchado orgánico, 78 % con piedras y 50 % en el control. Los árboles protegidos mediante acolchado presentaron además un mayor desarrollo foliar.

Esto demuestra algo más importante que la simple conservación temporal de humedad.

Demuestra que una modificación de la superficie del suelo puede traducirse en una diferencia apreciable en la supervivencia de árboles mediterráneos.

Naturalmente, no podemos trasladar directamente esos porcentajes al pinsapo. Quercus ilex y Abies pinsapo son especies muy diferentes.

Pero el resultado sí confirma el principio general sobre el que se apoyaba mi propuesta:

conservar el agua del suelo durante la fase inicial de establecimiento puede mejorar las posibilidades de supervivencia de una planta leñosa mediterránea. 

¿Y las coníferas?

Los experimentos con coníferas mediterráneas ofrecen resultados más complejos.

En Pinus halepensis, el pino carrasco, se han realizado experiencias de protección y acolchado en ambientes áridos del sureste español. Los resultados muestran que determinados acolchados pueden modificar la humedad de las capas superficiales del suelo, aunque los efectos sobre la supervivencia a largo plazo dependen del material utilizado y de las condiciones del lugar.

Esto es importante porque demuestra que conservar agua no garantiza por sí solo la supervivencia.

También influyen:

  • la profundidad del suelo;
  • la capacidad de almacenamiento de agua;
  • el desarrollo de las raíces;
  • la competencia de la vegetación;
  • la intensidad de la sequía;
  • y las características del propio acolchado.

Por tanto, hoy no propondría simplemente "poner arena" como una receta universal.

Hablaría de un acolchado mineral adecuadamente diseñado, teniendo en cuenta la granulometría, el espesor, el color y las características del suelo. 

El primer verano es la prueba decisiva

Esta cuestión nos lleva directamente al pinsapo.

Una semilla que germina en primavera necesita tiempo para desarrollar su sistema radical. Si la humedad superficial desaparece rápidamente, la plántula puede entrar en estrés antes de haber conseguido explorar las capas profundas.

Pero si conseguimos retrasar la desecación, aunque sólo sea durante un periodo limitado, la situación puede cambiar.

Podemos imaginar la siguiente secuencia:

germinación

↓

humedad superficial durante más tiempo

↓

crecimiento de la raíz

↓

exploración de capas más profundas

↓

mayor capacidad de extracción de agua

↓

mayores posibilidades de superar el verano.

Ésta es probablemente la forma más interesante de interpretar hoy aquella propuesta.

La arena no tendría que mantener húmedo el suelo durante todo el verano.

Bastaría con retrasar la desecación lo suficiente para que la joven planta pudiera avanzar en el desarrollo de sus raíces. 

El pinsapo no necesita simplemente sombra

La investigación sobre la regeneración natural del pinsapo introduce aquí una cuestión aparentemente paradójica.

Si la sombra es favorable para reducir la evaporación, podríamos pensar que las plántulas deberían sobrevivir mejor siempre bajo una cubierta forestal cerrada.

Sin embargo, los estudios de regeneración demostraron que la supervivencia puede ser mayor en determinados claros que en el interior del bosque.

Esto nos obliga a abandonar una interpretación demasiado sencilla del pinsapo como especie que simplemente "necesita sombra".

Lo que necesita es un microclima adecuado.

Un pequeño claro puede proporcionar suficiente luz para que la planta crezca, manteniendo todavía unas condiciones hídricas aceptables.

El problema aparece cuando la exposición aumenta tanto que la demanda evaporativa supera la capacidad de la planta para obtener agua.

Y aquí el acolchado mineral ofrece una posibilidad diferente.

En lugar de reducir necesariamente la radiación que recibe la planta, podemos intentar conservar el agua que recibe su raíz. 

La experiencia de Hoyo de Millán

En mi artículo de 1991 describía un ensayo realizado a partir de esta idea. Se sembraron semillas de pinsapo en hoyos y se cubrieron posteriormente con una capa de arena de aproximadamente 1–2 cm. El objetivo era conservar la humedad del suelo y reducir la rapidez con la que se producía la desecación durante el periodo estival.

La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
 

Visto desde la perspectiva actual, aquel ensayo presenta una limitación evidente.

No fue diseñado como un experimento científico moderno. No disponíamos de parcelas control equivalentes ni de sensores que permitieran seguir continuamente la humedad y temperatura del suelo. Tampoco se realizó un análisis estadístico de la supervivencia.

Por ello, no podemos afirmar que aquel ensayo demostrara científicamente la eficacia de la técnica.

Pero tampoco debemos descartarlo.

Fue una experiencia de campo que partió de una observación real y que estaba sustentada por una hipótesis física concreta.

Y la investigación posterior ha demostrado que los mecanismos que proponíamos eran reales. 

Una observación, una hipótesis y una explicación

La historia tiene, en realidad, una estructura bastante sencilla.

Primero apareció la observación de José Pino Rivera:

unas plantas de pinsapo crecían satisfactoriamente junto a una pista forestal, a pesar de encontrarse en un lugar expuesto.

Después apareció la pregunta:

¿qué tenía aquel lugar de diferente?

La respuesta podía estar en la capa de material mineral.

A partir de ahí surgió la hipótesis:

la capa de arena estaba reduciendo la pérdida de agua del suelo.

Y finalmente se propuso reproducir artificialmente ese efecto mediante una fina cubierta mineral sobre los hoyos de siembra.

Treinta y cinco años después disponemos de una información que entonces no existía.

Sabemos que:

  • las plántulas de pinsapo son especialmente vulnerables a la desecación;
  • la disponibilidad de agua en el suelo es un factor fundamental para la especie;
  • los acolchados minerales reducen la evaporación;
  • la arena y la grava pueden interrumpir o dificultar el transporte capilar;
  • las superficies minerales modifican el balance energético;
  • y los acolchados pueden mejorar el establecimiento de especies forestales mediterráneas.
La cadena de evidencias es, por tanto, bastante coherente. 

Lo que todavía no sabemos

Conviene, sin embargo, mantener la prudencia.

No he encontrado un ensayo experimental publicado que haya demostrado específicamente que una capa de 1–2 cm de arena aumenta la supervivencia de plántulas de Abies pinsapo sembradas directamente en el monte.

Por tanto, sería incorrecto decir que la ciencia ha validado directamente la técnica que propuse en 1991.

Lo que sí podemos decir es algo más preciso:

La investigación posterior ha confirmado los principales mecanismos físicos y ecológicos en los que se basaba aquella propuesta y ha demostrado que los acolchados minerales pueden mejorar la conservación de agua y el establecimiento de árboles mediterráneos.

La propuesta concreta para el pinsapo sigue siendo una hipótesis que merece ser ensayada. 

¿Cómo podría comprobarse hoy?

Actualmente sería relativamente sencillo diseñar un experimento específico.

Podrían compararse, por ejemplo:

  • semillas o plántulas sin acolchado;
  • semillas o plántulas con una capa de arena;
  • plantas protegidas mediante sombreo;
  • y plantas con combinación de arena y sombreo.

Durante el experimento podrían medirse:

  • humedad del suelo;
  • temperatura;
  • radiación;
  • potencial hídrico;
  • crecimiento
  • desarrollo radical;
  • y supervivencia.

Sería especialmente interesante comparar diferentes granulometrías y espesores de la capa mineral.

Pero hay una variable que considero aún más importante que la propia humedad:

el tiempo durante el cual el suelo permanece por encima del umbral hídrico crítico para la planta.

Una pequeña reducción de la evaporación puede no representar una gran cantidad adicional de agua en términos absolutos. Sin embargo, puede proporcionar varios días o semanas más de humedad disponible.

Y esos días pueden ser decisivos para que una joven raíz alcance una mayor profundidad. 

Una técnica sencilla en un momento de cambio climático

La cuestión adquiere una nueva dimensión en el contexto actual.

Cuando escribí aquel artículo, la dificultad consistía en conseguir que las plantas superaran las condiciones naturales del verano mediterráneo.

Hoy las condiciones son todavía más exigentes.

El aumento de las temperaturas incrementa la demanda evaporativa de la atmósfera y las sequías pueden ser más intensas y prolongadas.

En estas circunstancias, cualquier técnica capaz de conservar una parte del agua disponible en el suelo puede adquirir interés para la restauración forestal.

No significa que una capa de arena vaya a resolver los problemas derivados del cambio climático.

Pero sí puede contribuir a mejorar las probabilidades de supervivencia durante la fase más vulnerable de la vida de un árbol.

Y además tiene una característica interesante: actúa sobre el suelo, no directamente sobre la planta. 

Volver sobre una idea de hace 35 años

Al releer ahora aquel artículo de 1991, me parece interesante comprobar cómo una observación aparentemente pequeña puede adquirir un significado diferente con el paso del tiempo.

En aquel momento disponíamos de mucha menos información sobre la fisiología del pinsapo y sobre la física de los acolchados.

Sin embargo, habíamos observado algo que llamaba la atención:

unas plantas jóvenes podían desarrollarse en una situación aparentemente desfavorable cuando el suelo estaba cubierto por material mineral.

La explicación propuesta fue que aquel material podía reducir la pérdida de agua.

Hoy la investigación científica permite comprender mucho mejor ese proceso.

La capa mineral puede:

  • reflejar parte de la radiación;
  • reducir el calentamiento superficial;
  • interrumpir la continuidad capilar;
  • aumentar la resistencia al transporte de vapor;
  • reducir la evaporación;
  • y mantener durante más tiempo la humedad disponible en los primeros centímetros del suelo.

No sabemos todavía si una capa de 1–2 cm de arena produce por sí sola una mejora significativa de la supervivencia del pinsapo.

Pero sabemos que la hipótesis sobre la que se apoyaba aquella propuesta es científicamente razonable. 

Quizá la clave esté en el micrositio

La experiencia también nos recuerda algo fundamental sobre la ecología del pinsapo.

Cuando hablamos de dónde puede vivir una especie, solemos pensar en grandes variables:

  • temperatura;
  • precipitación;
  • altitud;
  • orientación.

Pero para una semilla o una plántula puede ser mucho más importante lo que ocurre en unos pocos centímetros de suelo.

Un pequeño cambio en:

  • profundidad;
  • textura;
  • cobertura;
  • exposición;
  • humedad;
  • competencia;
puede convertir un lugar aparentemente inhóspito en un micrositio favorable.

La pista forestal había creado accidentalmente uno de esos micrositios.

La pregunta actual es si podemos reproducir deliberadamente esas condiciones favorables sin necesidad de modificar el conjunto del ecosistema.

Si la respuesta fuese afirmativa, estaríamos ante una herramienta sencilla para determinadas actuaciones de restauración. 

Una vieja propuesta que merece una nueva oportunidad

Después de revisar la literatura científica publicada desde 1991, mi valoración es, por tanto, prudente pero positiva.

La técnica concreta no ha sido validada experimentalmente para el pinsapo. Pero los principales mecanismos en los que se basaba han sido confirmados: 

  • Los acolchados minerales pueden conservar humedad.
  • La interrupción de la capilaridad puede reducir la evaporación.
  • El albedo puede modificar el balance energético de la superficie.
  • La humedad superficial es importante para las plántulas.
  • Y el déficit hídrico constituye uno de los principales factores que condicionan la supervivencia del pinsapo.

Todo ello hace que aquella pequeña experiencia de 1991 tenga hoy un interés renovado.

Quizá la enseñanza más sencilla sea también la más importante:

En la restauración de una especie mediterránea tan sensible al déficit hídrico como el pinsapo, no siempre se trata de quitarle el sol a la planta. A veces puede ser más eficaz impedir que el suelo pierda el agua que ya tiene.

Y quizá aquella capa de arena que hace 35 años parecía una solución demasiado sencilla merezca ahora ser estudiada de nuevo con las herramientas científicas actuales.

Una observación de campo se convirtió entonces en una hipótesis. La ciencia posterior ha demostrado que la hipótesis tenía fundamento. Falta todavía dar el último paso: comprobar si funciona realmente con el pinsapo. 

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Referencias bibliográficas

Arista, M. (1994). Supervivencia de las plántulas de Abies pinsapo Boiss. en su hábitat natural. Anales del Jardín Botánico de Madrid, 51(2), 193–198.

Jiménez, M. N., Fernández-Ondoño, E., Ripoll, M. Á., Castro-Rodríguez, J., Huntsinger, L. & Navarro, F. B. (2016). Stones and organic mulches improve the Quercus ilex L. afforestation success under Mediterranean climatic conditions. Land Degradation & Development, 27, 357–365.

Jiménez, M. N., Pinto, J. R., Ripoll, M. Á., Sánchez-Miranda, A. & Navarro, F. B. (2017). Impact of straw and rock-fragment mulches on soil moisture and early growth of holm oaks in a semiarid area. Catena, 152, 198–206.

Yuan, C., Lei, T., Mao, L., Liu, H. & Wu, Y. (2009). Soil surface evaporation processes under mulches of different sized gravel. Catena, 78, 117–121.

Effects of gravel mulch on water vapor transfer above and below the soil surface (2004). Agricultural Water Management, 67, 145–155.

Mesh-shelters provide more effective long-term protection than tube-shelters or mulching for restoration of Pinus halepensis in a Mediterranean arid ecosystem (2022). Frontiers in Forests and Global Change.

Pino Díaz, J. (1991). El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas. Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, nº 9, diciembre de 1991, pp. 20–25.

martes, 8 de septiembre de 2026

Pinsapos y secuoyas en el monte de Aldeire, Sierra Nevada.

En la vertiente norte de Sierra Nevada, en el término municipal de Aldeire (Granada), existe un paisaje forestal que llama la atención por una razón muy particular: junto a los pinares de repoblación aparecen, dispersas por distintos barrancos, especies arbóreas que no forman parte de la vegetación natural característica de esta montaña. Entre ellas se encuentran secuoyas, alerces, cedros, abetos de Douglas y pinsapos.

En Aldeire el pinsapo parece haber encontrado unas condiciones suficientemente favorables como para sobrevivir durante décadas.

El 28 de noviembre de 2024 recorrí uno de estos enclaves, el Barranco de los Tejos, junto la pista principal de El Marquesado (1.650 m,), para documentar su vegetación.

Lo que encontré resulta mucho más interesante de lo que podía sugerir una primera referencia a unos pocos pinsapos aislados: numerosos ejemplares de diferentes tamaños conviven allí con un conjunto de tres grandes secuoyas y con el pinar de repoblación que caracteriza buena parte de este sector de la montaña.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024. 

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Junto a la pista forestal principal de El Marquesado también existe otro enclave de secuoyas, situado en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque.

Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

 Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Estamos, por tanto, ante un paisaje forestal que merece ser contemplado no solo desde el punto de vista botánico, sino también desde la historia de la restauración forestal de Sierra Nevada. 

Un bosque archivo vivo de la historia forestal de Sierra Nevada.

Cuando se recorre por primera vez el entorno forestal de Aldeire, la impresión dominante es la de encontrarse ante un extenso pinar. Buena parte de estos bosques son consecuencia de las grandes actuaciones de repoblación realizadas durante el siglo XX en el Marquesado del Zenete.

Una pista forestal principal recorre las repoblaciones del Marquesado del Zenete de los montes de Aldeire, Lanteira y Jérez del Marquesado. 

La historia de estas repoblaciones fue mucho más compleja que una simple sustitución de terrenos degradados por pinares. En diferentes puntos se introdujeron también otras especies forestales, algunas autóctonas de otras regiones españolas y otras foráneas.

El resultado puede verse hoy en algunos barrancos del monte de Aldeire como una auténtica colección forestal histórica al aire libre.

Hay pinos junto a cedros; alerces junto a abetos; secuoyas junto a álamos, alisos y castaños; y, de manera particularmente llamativa, pinsapos creciendo bajo la cubierta del bosque.

El Barranco de los Tejos: pinsapos y secuoyas

El enclave que más me interesa es el Barranco de los Tejos, situado en el sistema de barrancos del Río Benéjar.

La Junta de Andalucía reconoce oficialmente en este lugar una arboleda singular denominada "Secuoyas del Barranco de Los Tejos", incluida en el catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía.

La denominación oficial se refiere a las secuoyas, pero cuando se observa el conjunto sobre el terreno aparece una realidad más compleja.

Las fotografías que tomé muestran tres grandes secuoyas rodeadas por el pinar y, entre ellas, numerosos pinsapos. El contraste entre las especies resulta sorprendente. Las secuoyas gigantes destacan por sus enormes troncos y su porte monumental, mientras que los pinsapos presentan la característica silueta piramidal de los abetos y un follaje rígido y denso.


Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

En mis visitas al Barranco de los Tejos he podido comprobar que los pinsapos no se reducen a uno o dos árboles aislados. Las fotografías muestran numerosos individuos de diferentes tamaños, formando pequeños grupos dentro del bosque. Hay árboles jóvenes, otros de mayor desarrollo y ejemplares que ya han alcanzado un porte apreciable. Proceden de una plantación de 1.988-89 realizada por el Agente de Medio Ambiente de la zona.

Los pinsapos se encuentran en un ambiente de montaña, a una altitud aproximada de 1.650 metros, dentro de un barranco con marcado carácter umbroso y húmedo, ambiente local que parece ofrecer condiciones favorables para esta especie. 

Las secuoyas de los Prados del Duque

Los pinsapos no son, sin embargo, los árboles que más sorprenden al visitante. Ese papel corresponde a las secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum).

Existe otro enclave perfectamente diferenciado, se encuentra en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque, junto al margen de la pista forestal principal de El Marquesado.

Las fotografías tomadas en este segundo lugar muestran igualmente grandes secuoyas integradas en el bosque de repoblación.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Las fotografías que realicé muestran ejemplares de gran tamaño, con troncos que contrastan espectacularmente con los pinos que los rodean. Una de las imágenes permite apreciar la escala del árbol gracias a la presencia de personas junto a su tronco. Otra con dos personas abrazando el tronco da idea del diámetro del árbol. 

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Nota para las fotografías

Las fotografías del Barranco de los Tejos que ilustran este artículo fueron realizadas por el autor el 28 de noviembre de 2024. Las correspondientes al segundo enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque, fueron realizadas el 2 de julio de 2025.


domingo, 5 de octubre de 2025

Los bosquetes de pinsapo de la Umbría del Peñón de la Cruz de Víznar y Collado de la Alfaguara

En España a finales del siglo XIX y principios del siglo XX la opinión pública estaba muy preocupada por las terribles consecuencias de las inundaciones provocadas por el desbordamiento de ríos y torrentes. En respuesta, el Gobierno aprobó el Real Decreto de  7 de febrero de 1888 sobre repoblación de las cabeceras de las cuencas hidrográficas de España [1]. En la exposición de motivos se indicaba: 

Es hoy un axioma que el problema hidronómico se contiene por entero en el dasonómico: la vida de los valles está sometida á la de las montañas; los ríos, por ser primero riachuelos, y antes arroyos, y manantiales, tienen que ser por fuerza lo que éstos hayan sido. Las cordilleras, las montañas, son la patria de los árboles, la patria de los grandes vegetales; mas, por desdicha nuestra, causas históricas, de todos conocidas, han hecho casi desaparecer nuestra arboleda, amenazando con la desaparición también del suelo vegetal, porque en esas mismas montañas, cuando no hay vegetación, cuando no quedan árboles que detengan el movimiento del suelo, las corrientes de sus laderas, engrosadas por las lluvias, se precipitan por las vertientes, dejándolas descarnadas y estériles, haciendo cada vez más profundos los pliegues del terreno y más difícil el aprovechamiento de las aguas, aun en los llanos. Y cuando esto sucede, los torrentes bajan impetuosos, y ya no hay muros que basten á detener su fuerza.

 

Entrado el nuevo siglo, el Real Decreto de 7 de junio de 1901 organizó y amplió el Servicio Hidrológico Forestal [2], dando continuidad a lo realizado hasta esa fecha en esta materia, y estableciendo que:

Art. 2.° Será objeto de este servicio la repoblación, extinción de torrentes y restauración de montañas en todas las principales cuencas hidrológicas de España que reclamen el acrecentamiento y buen régimen de las aguas de sus principales corrientes, así como la repoblación de las dunas, de las fronteras de la Nación para la defensa de la misma y la ictícola. 

 

El Servicio, dependiente de la Inspección de Repoblaciones forestales e ictícolas, se organizó en diez Divisiones hidrológico-forestales. Estas a su vez se dividían en Secciones.  

La 7ª División del Guadalquivir, ubicada en Sevilla, comprendía la cuenca del río Guadalquivir y las de todos los que vierten sus aguas desde el cabo de Tarifa hasta la frontera de Portugal. En 1902 contaba con la Sección de Dunas de la provincia de Huelva y las secciones de la Cuenca del Genil y del Guadiana Menor, con sede en Granada. En 1904 fue suprimida y al año siguiente fue creada de nuevo, pasando a denominarse 5ª División. Contaba con las siguientes secciones: 1ª sección, Dunas de la provincia de Huelva; 2ª sección, Dunas de la provincia de Cádiz; 3ª sección, Cuenca del Genil; y, 4ª sección, Cuenca del Guadalfeo. En 1907 se le incorporó la 5ª sección, Montes de Málaga. 

 

Los trabajos de repoblación hidrológico-forestal de los montes "Dehesa de la Alfaguara" de Alfacar (GR-30011-AY) y "Sierras" de Víznar (GR-30018-AY) de 1907.

El diario El Defensor de Granada en su edición del 27 de diciembre de 1907 (ver Imagen 1) publicó una noticia sobre los trabajos de la 5ª División hidrológico-forestal del Guadalquivir, Sección Cuenca del Genil, en los montes de Alfacar y Víznar (Granada) [3]. El informe completo está accesible en La Revista Montes [4]. 

  

 Imagen 1

 

Imagen1: Detalle de la portada de El Defensor de Granada: diario político independiente, año XXIX, núm. 14386, de 27/12/1907. Fuente: Biblioteca Digital de Andalucía.

 

Por su interés se reproduce parcialmente la noticia:   

Siendo los trabajos verificados durante el año de 1907 una continuación de los realizados en años anteriores que no han sido dados a conocer más que en los documentos oficiales que determinan las instrucciones del servicio, parece natural hacer mención de ellos, siquiera sea brevemente para no dar demasiada extensión a estos apuntes.

En la meseta o valle de los Prados del monte Alfaguara se construyeron cuatro viveros que en su totalidad miden una superficie de 12 y media áreas, sembrados de pinos laricio, pinaster, halepensis y silvestres, de pinsapos, algunos robles y olmos, de los que han sacado para trasplantes las plantas necesarias, restando en la actualidad aquellos que han podido resistir las bajas temperaturas, algunas de -18º, y los ataques de insectos, roedores y pájaros. 

Un nacimiento denominado Fuente de la Casilla próximo a los viveros, surtía a estos  de las aguas necesarias para el riego, que eran conducidos a una charca repartidora primero y después por medio de tajeas y tuberías de barro a dos estanques construidos de barro a dos estanques construidos al efecto en sitios adecuados del vivero.

Se practicó una siembra de asiento en el monte "Sierras" de Víznar y su resultado no ha sido muy satisfactorio debido sin duda en gran parte a la extrema sequía que hizo morir muchos ejemplares en el estío de 1907.

Se han practicado plantaciones con las especies criadas en el vivero de pino laricio y pinaster y con el roble Q. pedunculata. El número total de hoyos abiertos y plantados fue de 67.000, 17.000 en el monte "Dehesa de Alfaguara" y 50.000 en el denominado "Sierras" de Alfacar y Víznar respectivamente, y ocupando una extensión total de 28 hectáreas.

No tanto como la siembra de que se ha hecho mención, han sufrido sin embargo bastante las plantas trasplantadas, por las extremas sequías de los años anteriores.

Finalmente se construyeron dos caminos, uno de mayor anchura y provisto de cunetas y obras de saneamiento que parte de los viveros en dirección a Alfacar, midiendo 905 metros, y otro verdadera senda  sin cunetas que tiene su origen en los indicados viveros, y cruzando en parte el monte Alfaguara y Sierras de Víznar con una longitud de 3.646 metros, sale fuera de la Sección, facilitando la entrada a la misma y particularmente al monte de Víznar.

En el año que termina se han practicado entre otros trabajos la reforma y ampliación de los viveros con uno nuevo que mide 17,5 áreas, suficiente extensión para las necesidades de gran parte de la Sección.

La fuente de "La Casilla" se ha limpiado y saneado cubriéndola con una caseta para que sus aguas, deliciosamente potables, puedan ser utilizadas a más del riego para las necesidades del personal y ganados.

A fin de aumentar el caudal de agua por ser mayor la cabida de los viveros se alumbró una fuente con el nombre de los "Pajareros", y siendo aún de mayor calidad su agua que la anteriormente citada, se la cubrió, por lo que resulta igualmente aprovechable como potable.
La primera fuente en máximo estiaje da 4.075 m3 y la segunda 2.722, total 6.797 en las 24 horas, cantidad que ha aumentado bastante desde que se iniciaron las primeras lluvias y que es suficiente para las necesidades del vivero.

Para aprovechar el agua todo lo posible se recoge por medio de tuberías en tres estanques, uno antiguo y dos recientemente construidos, de mampostería hidráulica y enterrados que comunican entre sí.
…
…
Los viveros han sido cercados con alambre espino y profunda zanja mientras se cría el espino natural que constituye una sólida, eficaz y económica defensa de los mismos. Totalmente sembrados los 267 tablares, 165 de nuevo cultivo con pinsapo, pinos pinaster, silvestres, laricios, halepensis, cipreses, arces, robles, castaños, acacias, abetos, eucaliptos y otras especies como ensayo en menor cantidad, esperan un poco de clemencia en la extrema temperatura a que se les somete para cumplir la misión a que se les destina y auxilia con el trabajo del hombre.   
...
Con las especies de pino laricio, pinaster y halepensis y con el ciprés, se han sembrado por el sistema de cuadros, distanciados dos metros entre sí, 33 hectáreas en vez de las 25 propuestas, en los montes "Alfaguara" y "Viznar", empleándose más simiente que la que ordinariamente suele emplearse por las circunstancias  especiales en que, y a causa del tiempo que hizo retrasar las operaciones, se ha verificado la siembra.
...

 

Los viveros del monte de La Alfaguara, que la 5ª División hidrológico-forestal construyó a principios del siglo XX, proporcionaron la planta (pinsapo, pinos pinaster, silvestres, laricios, halepensis, cipreses, arces, robles, castaños, acacias, abetos, eucaliptos y otras especies) que fue empleada durante las décadas siguientes en la repoblación de los montes de la comarca. Estas repoblaciones forestales generaron nuevos ambientes naturales en las montañas. En 1989 presentaban un estado de conservación significativo, lo cual propició la selección y posterior inclusión del Parque Natural de la Sierra de Huétor en el Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía. Los montes públicos de los términos municipales de Alfacar, Beas de Granada, Cogollos Vega, Nívar, Huétor Santillán y Víznar suponen el 93% de la superficie del parque natural. 

 

Naturalización del Abies pinsapo Boiss, a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada)

La naturalización de dos bosquetes del pinsapo procedentes de las repoblaciones de principios del siglo XX, el de la Umbría del Peñón de la Cruz de Víznar, sobre una superficie de 18 ha, y el del Collado de la Alfaguara, de 0,2 ha, han sido objeto de estudio por J.A. Hita (1997) [5]. Los dos bosquetes están separados entre sí un km en línea recta y entre ellos se localizan algunos ejemplares dispersos. 

 

 Imagen 2

 

Imagen 2: Comunidad vegetal de la Umbría del Peñón de Víznar. Fuente: Hita, J. A (1997). Comportamiento de Abies pinsapo Boiss., a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada, España). 

 

Hita realizó un estudio ecológico y fitosociológico de la vegetación de la zona (ver imagen 2), analizó la estructura poblacional de los dos bosquetes (ver Imagen 3) y evaluó su grado de adaptación. Como conclusión determinó que el grado de naturalización del pinsapo era tal que la especie se comporta como climácica dominante. Respecto a los pinsapos existentes en otras zonas del parque (Bolones, Puerto Blanco, etc.), aprecia también su buena adaptación y apunta a que podrían en el futuro dar lugar a poblaciones naturalizadas.

 

 Imagen 3

Imagen 3: Tablas con datos de los bosquetes de pinsapo de la Umbría del Peñón de la Cruz de Víznar y Collado de la Alfaguara. Año 1997. Fuente: Hita, J. A (1997). Comportamiento de Abies pinsapo Boiss., a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada, España). 

 

Otros trabajos han citado los pinsapos de los montes de Alfacar y Víznar (Granada). De 2001 es el trabajo Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España publicado en las Actas del III Congreso Forestal Español [6]. Los autores presentan un listado de diez localidades españolas con experiencias de expansión y naturalización del pinsapo en hábitat forestal (entre paréntesis el año de repoblación): Masjoan, Espinelves (Girona) (1860-1911); Monte La Jurisdiscción, S. Lorenzo de El Escorial (Madrid) (1905); Sierra de la Alfaguara, Víznar (Granada) (1905); Monte Fuentes del Villar, Orcajo, (Zaragoza) (1920); La Bacha, Roncal (Navarra) (1915); Ternero, enclave de Burgos en la Rioja (Sajazarra) (1940); Tello y Hoya del Manzano, Lanjarón (Granada) (1958-1965); Monte Refalgarí, La Cenia (Tarragona) (1965); El Monte, Leza (La Rioja) (1975); y, Sierra de la Almijara, Canillas de Albaida (Málaga) (1977). 

Recientemente, en el 9º congreso Forestal Español (Gijón, junio de 2025), se ha presentado un trabajo sobre las Primeras intervenciones de corrección hidrológico-forestal en la provincia de Granada, de M.A. Mesa y M. Simón (2025) [7].

También, en la Revista Montes en su último número (tercer trimestre de 2025), se ha publicado un artículo sobre el Pinsapar de Víznar de A. Pulido Pastor [8]. El  autor, siguiendo el sendero Cueva del Agua del Parque Natural de la Sierra de Huetor (ver Imagen 4), asciende por el Barranco de la Umbría y describe y muestra con fotografías la situación actual del bosquete de pinsapo. Concluye proponiendo su uso como núcleo de producción de semilla para extender la especie hacia levante (resto de Cordillera Bética, Sistema Ibérico).

 

  Imagen 4

Imagen 4 : Detalle del mapa del sendero señalizado Cueva del Agua. Fuente: Ventana del visitante, Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Junta de Andalucía [9]. 

 

Bibliografía y notas

[1] España. Real Decreto sobre repoblación de las cabeceras de las cuencas hidrográficas de España. Gaceta de Madrid, de 07/02/1888, núm. 38, pp. 325 a 326.  Consultado el 05/10/2025, accesible online en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1888/038/A00325-00326.pdf

[2] España. Real Decreto organizando el servicio hidrológico forestal. Gaceta de Madrid, núm. 160, de 09/06/1901, pp. 957 a 959. Consultado el 05/10/2025, disponible online en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1901/160/A00957-00959.pdf

[3] Hidrología Forestal. Cuenca del Genil. El Defensor de Granada: diario político independiente, año XXIX, núm. 14386, de 27/12/1907. Consultado el 05/10/2025, disponible online en https://www.bibliotecadigitaldeandalucia.es/catalogo/es/publicaciones/numeros_por_mes.do?idPublicacion=1033873&anyo=1907

[4] Quinta División hidrológico-forestal del Guadalquivir. Revista Montes, núms. 751, 754, vol. XXXII, año 1908, pp. 347-51, 452-458. Consultado el 05/10/2025, disponible online en  https://www.revistamontes.net/Buscador.aspx?id=10516

[5] Hita, J. A (1997). Comportamiento de Abies pinsapo Boiss., a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada, España). Ars Pharm núm. 38 (4), pp. 375-383. Consultado el 05/10/2025, disponible online en http://hdl.handle.net/10481/68781

[6] Soto, D.,  García Viñas, J.I. y Pérez Bujarrabal, E. (2001). Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España. Actas del 3 Congreso Forestal Español. Consultado el 05/10/2025, disponible online en https://secforestales.org/publicaciones/index.php/congresos_forestales/article/view/15908/15751

[7] Mesa Garrido, M. A. y Simón López. M. (2025). Primeras intervenciones de corrección hidrológico-forestal y restauración del paisaje en la provincia de Granada 1901-1939. Actas del 9 Congreso Forestal Español. Consultado el 05/10/2025, disponible online en https://9cfe.congresoforestal.es/wp-content/uploads/2025/9cfe-1195.pdf

[8] Pulido Pastor, A. (2025). Pinsapar de Víznar, una joya forestal a las puertas de Granada. Revista Montes, núm 162, pp. 19-24.  Consultado el 05/10/2025, disponible online en https://www.researchgate.net/publication/395268570

 [9] Sendero señalizado Cueva del Agua. Ventana del visitante, Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Junta de Andalucía. Consultado el 05/10/2025, disponible online en https://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal/documents/20151/a5b6d034-092b-1cba-d905-c64f61693aee

 

domingo, 27 de julio de 2025

Experiencia de un selvicultor francés de la Alta Provenza (Francia): el pinsapo, años de adaptación y futuro prometedor.

Se presenta a continuación una breve reseña del artículo Le sapin d’Espagne, Abies pinsapo, une expérience en Haute-Provence, de André Morel Amic, publicado en Forêt Méditerranéenne en 1983 (las imágenes son del artículo) [1].

En el artículo, Morel Amic, socio gerente de la Agrupación Forestal de los Bosques de Esclapon-Bas, comparte sus observaciones sobre los pinsapos que, a partir de un bosquete plantado hace más de 150 años, se han ido extendiendo por su bosque de montaña, a 1000 m de altitud, demostrando así una sorprendente capacidad de adaptación y regeneración en los montes secos y pedregosos del Haut-Var (Provenza - Francia). 

 

A. Morel Amic. Le sapin d’Espagne Abies pinsapo, une expérience en Haute-Provence. Forêt Méditerranéenne, 1983, V (1), pp.45-48. hal-03554294. Accesible online en https://hal.science/hal-03554294, consultado el 26/07/2025.

Hace más de un siglo [2], el pinsapo (Abies pinsapo), un abeto originario del sur de España, fue introducido en un bosque de montaña del Haut-Var, Pre-Alpes de Grasse, en la región de Provenza (Francia). A pesar de las duras condiciones del terreno —en pendiente, con poco suelo, seco y rocoso—, esta especie ha mostrado una sorprendente capacidad de adaptación y una regeneración excepcional. 

En una finca forestal privada de 275 hectáreas se han desarrollado notablemente una veintena de pinsapos plantados inicialmente junto con abeto blanco, pino negro y cedro en aproximadamente 2 hectáreas. Ya sea agrupado o no, ha alcanzado una altura importante (25 m), aunque aislado su desarrollo es mejor (1 metro de diámetro). Uno recién talado ha dado 4 m.c. de madera y varios estéreos de ramas. En un radio de 500 m. se puede estimar su población en un millar de árboles dispersos.

 

D'une superficie de 275 ha, elle est de structure familiale ancienne; actuellement en G.F. privé. Le Pinsapo y a été introduit il y a tout juste un siècle, en mélange avec du Sapin Pectiné indigène, du Pin Noir, et du Cèdre sur 2 hectares environ. Une vingtaine de Sapos ont acqui un développement remarquable, surtout à l'état isolé où à distance suffisante.

Groupé ou non, il atteint une belle hauteur (25 m) mais un peu isolé, il se développe davantage, diamètre 1 mètre. Nous venons d'en abattre un qui a donné 4 m3 de bois et plusieurs stères de branches. Dans un rayon de 500 m autour de son point de départ, on peut estimer sa population à un bon millier éparpillés. 

 

El pinsapo también destaca por su resistencia al pastoreo, gracias a sus agujas gruesas y puntiagudas, su madera pesada y perfumada, aunque algo menos recta que la del cedro, y su capacidad de regenerarse con facilidad, incluso en condiciones difíciles. Produce una gran cantidad de piñas cada pocos años, no así las otras coníferas como el cedro o el pino negro.

 

A. Morel Amic. Le sapin d’Espagne Abies pinsapo, une expérience en Haute-Provence. Forêt Méditerranéenne, 1983, V (1), pp.45-48. hal-03554294. Accesible online en https://hal.science/hal-03554294, consultado el 26/07/2025.
 

No todo son virtudes, su crecimiento es más lento que el del cedro y sus ramas bajas pueden favorecer el fuego si no se podan. Además, su elegante porte juvenil lo convierte en objetivo frecuente durante las fiestas navideñas, lo que puede poner en peligro su supervivencia en zonas accesibles.

Aun así, tras un siglo de observación, los resultados son prometedores: el pinsapo demuestra ser una alternativa valiosa para la repoblación forestal, especialmente en mezcla con otras especies como el cedro o el roble.

 

A. Morel Amic. Le sapin d’Espagne Abies pinsapo, une expérience en Haute-Provence. Forêt Méditerranéenne, 1983, V (1), pp.45-48. hal-03554294. Accesible online en https://hal.science/hal-03554294, consultado el 26/07/2025.

Esta experiencia local subraya la riqueza forestal de la región mediterránea francesa y abre la puerta a nuevos usos del pinsapo en selvicultura sostenible. Iniciativas como las de la Asociación Forêt Méditerranéenne y las investigaciones sobre este abeto ibérico permiten seguir descubriendo su potencial más allá de su hábitat natural [3].

 

Bibliografía y notas

[1]  Morel Amic, A. (1983). Le sapin d'Espagne Abies pinsapo, une expérience en Haute-Provence. en Forêt Méditerranéenne, V (1), pp.45-48. hal-03554294. Accesible online en https://hal.science/hal-03554294, consultado el 26/07/2025.

[2] Recordar que el artículo se publicó en 1983. 

[3] El autor recomienda consultar los estudios de H. MAYER, Le Sapin pinsapo Boiss. dans la Cordillère Bétique du Sud de l'Espagne, Revue Forestière Française (enero de 1963), y de Jean PRIOTON, Plaidoyer pour le Sapin d'Espagne, Revue Forestière Française (enero de 1964), con una importante bibliografía. 

 



sábado, 23 de noviembre de 2024

Guardería de montes y repoblación forestal en la provincia de Málaga (F. de Asís Pacheco, 1879).

 
El diario liberal El Imparcial publicó en 1879 quince reportajes de Francisco de Asís Pacheco, licenciado en derecho de veintisiete años de edad, sobre la situación económica de la provincia de Málaga. Según García Montoro [1]:

La decisión de publicar un grupo de reportajes sobre la provincia de Málaga se explica dentro de una política de la dirección del periódico de tratar en sus páginas los problemas de la España profunda, para llamar la atención de los gobernantes y clases dirigentes del canovismo sobre esa España inmóvil, atrasada, controlada por los caciques y necesitada de todo tipo de mejoras.
 
El reportaje nº XI dedicado a la "Guardería de montes - Repoblación" (ver Imagen 1), firmado y fechado por Pacheco en Ronda el 7 de enero do 1879, se publicó el viernes 28 de febrero [2].

Según Pacheco las necesidades de la provincia de Málaga en materia de montes se resumían en conservar la riqueza forestal existente y aumentarla mediante repoblación.

En cuanto a la guardería de montes, era preciso organizar un cuerpo dedicado en exclusividad a la vigilancia y custodia de los montes y liberar de estas tareas a la guardia civil, encargada de ellas desde 1816. Además, para que la vigilancia y custodia de las 146.990 hectáreas de monte fuese efectiva, era necesario incrementar la dotación de guardería, de diez guardas (ocho dedicados a tareas de guardería y dos a la oficina) a veintisiete (un capataz y dos guardas por cada una de las nueve comarcas forestales del distrito de Málaga), con residencia en sus respectivas comarcas, para lo que era preciso construir en cada una de ellas una pequeña casa como las de los peones camineros.

En lo referente a la repoblación, Pacheco propone las siguientes medidas:

  • que el 10 por 100 de los aprovechamientos forestales que realizan los pueblos se pague con puntualidad y se invierta completamente en los trabajos de la repoblación;
  • que se doten a los Distritos Forestales de personal y de medios suficientes para llevarla a cabo; 
  • que el caciquismo no tenga la influencia que ha adquirido en menoscabo de los intereses de los pueblos, y para garantizar la impunidad de los dañadores de montes y los abusos de los municipios en materia de aprovechamientos; 
  • que se cumplan las leyes con celo, perseverancia y firmeza frente a la apatía y al abandono de la Administración. 

Explica Pacheco que ya por entonces el Distrito Forestal de Málaga había realizado el bosquejo forestal a escala de 1:200.000, un proyecto de casa forestal con dos sequeros para producir semilla para la repoblación y un proyecto de vivero de cinco hectáreas para producción de planta. Para el futuro inmediato, con la recaudación del 10 por 100 de todos los aprovechamientos, se podría construir una casa forestal en Yunquera [3], con su estación meteorológica [4], en un lugar próximo al pinsapar de la Torrecilla, considerado, y no sin razón, como el punto mas importante de la provincia bajo este aspecto.


 Imagen 1
 
Reportaje XI "Guardería de Montes — Repoblación", del IMPARCIAL,  Diario Liberal, del viernes 28 de Febrero de 1879. Fuente: Biblioteca Nacional de España.
Imagen 1: Reportaje nº XI de Francisco de Asís Pacheco en El Imparcial, dedicado a la "Guardería de montes - Repoblación". Fuente: Biblioteca Nacional de España.

 

Transcripción del reportaje XI "Guardería de Montes — Repoblación" de Francisco de Asís Pacheco, publicado en EL IMPARCIAL - Diario Liberal, el viernes 28 de Febrero de 1879.

Las necesidades que siente nuestra riqueza forestal, por lo que a la provincia de Málaga se refiere, pueden reducirse a dos: a la de conservar la que tenemos y a la de ir estudiando y planteando seriamente los medios de aumentarla. De aquí las reformas indispensables que reclama la guardería de montes y la urgencia con que es preciso proceder a la repoblación de los mismos. Este distrito ha menester ante todo, para que ambos fines estén bien atendidos, para que sea posible realizarlos, de una organización distinta de la que que ahora tiene, de un personal mas numeroso. Ignoramos lo que en otros distritos sucede; pero sin duda alguna su situación será análoga a la del que forma la provincia de Málaga. Una mal entendida economía escatima aquí constantemente recursos para toda atención de primer orden, mientras que no hay temor en llegar hasta la prodigalidad y el despilfarro en materias que no merecen el mas pequeño sacrificio.

El distrito forestal de Málaga está constituido por un ingeniero jefe, dos ingenieros de montes, un ayudante y diez capataces. De la guardería está encargada desde 1816 la guardia civil. Antes hacían este servicio ocho guardas y cinco sobreguardas. Se han suprimido sus plazas que importaban 11.000 pesetas. Compárese con esta cifra la del término medio de los daños causados anualmente, en el quinquenio último, que asciende a 80.000 pesetas, y se deducirán tristes consecuencias de su comparación. De los diez capataces que hoy tiene este distrito, ocho están dedicados a las tareas de la guardería y dos a la oficina, porque en ésta no hay escribientes, delineantes, ni auxiliares de ningún genero.

El distrito se divide en nueve comarcas forestales, y cada comarca, si la vigilancia ha de ser efectiva, debe tener un capataz y dos guardas. Distribuida aquí en grandes grupos, separados unos de otros por distancias considerables, la riqueza forestal, su custodia es dificilísima. Con el personal que proponemos podría hacerse á costa de grandes esfuerzos; pero de otra manera será siempre totalmente imposible. El capataz y los guardas debieran residir además en sus respectivas comarcas, para lo que sería indispensable construir en el centro de cada una de ellas una pequeña casa como las de los peones camineros. 

En Alemania hay un gran número de estas casas. No se crea que exageramos. Los países que tienen riqueza forestal, que comprenden su inestimable valor, no regatean los medios de conservarla y mejorarla. En ninguna parte se obtiene esto con el escasísimo personal que aquí reputamos suficiente. el ilustrado ingeniero D. Francisco de P. Arrillaga, en su notabilísimo libro sobre La producción en la Producción en la exposición de Viena, habla de los montes del archiduque Alberto, situados en la antigua provincia de Teschen (Austria) y del número de empleados que se consagran a su conservación y mejora. Esos montes abarcan una extensión de 60.000 hectáreas, divididas en 19 distritos, y de las que 50.000 forman una sola masa con el personal siguiente: 1 inspector jefe, 6 inspectores de distrito, 22 ingenieros, 16 ayudantes, 10 sobre-guardas y 175 guardas. Nosotros no pedimos tanto para la provincia de Málaga, aunque hay que custodiar en ella 146.990 hectáreas de monte. Con el personal que hemos indicado se reducirían los daños que ahora se lamentan a una tercera parte. 

La guardia civil, que ha contribuido mucho a reducirlos, podría seguir como auxiliar y vigilante. Aunque nada puede decirse de su celo en el cumplimiento de aquel servicio, las condiciones en que se halla ese instituto le imposibilitan de prestarlo como todo en el mundo estima conveniente. La obligación que tiene la guardia civil de vigilar constantemente los caminos y las inmediaciones de las ciudades, la retraen de penetrar en lo interior de los montes con toda la asiduidad y la frecuencia que sus jefes desearían. Por esto se ha notado que la mayor parte de las denuncias que hacen las parejas de aquel cuerpo, se refieren a los caminos, llanuras y parte baja. La guardia civil tiene, además, gran número de servicios a qué atender para consagrarse a este de una manera preferente. Las necesidades de orden público obligarán a sus fuerzas a menudo a concentrarse, y entonces queda encomendada sólo a los alcaldes la custodia de los montes. Por último: el jefe del servicio forestal es el ingeniero jefe del distrito y los de la guardia civil los de su respectivo tercio, esta dualidad de dirección puede ser perjudicialísima para la vigilancia. De aquí lo necesario que es organizar un cuerpo exclusivamente consagrado a aquella tarea y dar a los trabajos de la guardia civil el carácter de auxiliares.

En cuanto a la repoblación, no hemos de insistir sobre la urgencia de llevarla a cabo. Sabido es para que nos ocupemos en repetirlo, que la abundancia de arbolado condensa las nubes y facilita las lluvias, mejora y regulariza la distribución de las aguas, disminuye las temperaturas extremas, dulcifica la impetuosidad de los vientos, impide el arrastre de las tierras y las inundaciones. De todo esto necesita, como pocas, la provincia de Málaga. Llevada aquí la repoblación al límite racional que señalan las condiciones de nuestro suelo y de nuestro clima, los productos forestales (maderas, corchos, etc.) aumentarían en la proporción de uno a diez, y las condiciones generales de la producción mejorarían extraordinariamente. 

Hace algún tiempo se dispuso que para llevar a cabo la repoblación ordenada en leyes recientes, estudiaran los distritos forestales las condiciones de cada localidad y propusieran los medios adecuados para repoblarla. Se dispuso también que el 10 por l00 de los aprovechamientos que realicen los pueblos en sus montes se destine a las operaciones de la repoblación y mejora. Algunas provincias han hecho ya ese estudio, que desearíamos hubiera mandado publicar la Dirección del ramo, porque estos trabajos interesan a todo el mundo. Los que se refieren al distrito de Málaga están muy adelantados, gracias al celo e inteligencia de los ingenieros de montes de esta provincia y a la fecunda iniciativa de su jefe el Sr. D. Mariano Sanías. A pesar de la escasez de medios de que disponen y de la insuficiencia de los recursos con que pueden contar, dentro de breve tiempo habrán terminado. Los ilustran un bosquejo forestal del distrito de Málaga en escala de 1.200.000, un proyecto de casa forestal con dos sequerías para trabajar con el calor artificial y el calor solar a fin de procurarse en todo tiempo semilla para la repoblación, y un proyecto de vivero de cinco hectáreas para la cría de las especies con destino a plantaciones. Los presupuestos de estas obras son extraordinariamente económicos. Con la cantidad que produzca la recaudación del 10 por 100 de todos los aprovechamientos que realicen los pueblos, bastaría para construir en un plazo breve la casa forestal que debe establecerse al S de Yunquera, en un lugar próximo al pinsapar de la Torrecilla, considerado, y no sin razón, como el punto mas importante de la provincia bajo este aspecto. Establecida la casa forestal, podría situarse en ella, como en todas las que, siguiendo este plan, se construyeran en España, una estación meteorológico-forestal servida por los individuos del cuerpo, y cuyo coste ascenderla a 1.800 rs., que es lo que importan los aparatos necesarios para montarla. Todos los pueblos donde la riqueza forestal se considera como elemento importante de su producción, tienen estaciones de eso género. En Prusia hay 13. En Austria existen también muchas. Para que sean completas y de todo punto eficaces las observaciones hechas en ellas, las estaciones meteorológico-forestales de un país están entre sí y con las del extranjero en constante comunicación.

A cuantas personas muestran interés por el mejoramiento de estos pueblos, hemos oído encomiar la urgencia de la repoblación. Su deseo no entraña un imposible; para realizarlo,no es preciso siquiera que el país haga sacrificios extraordinarios ó que apele a arbitrios da éxito dudoso y complicado mecanismo. Uno de los escritores malagueños que con más afán, si no siempre con éxito, se ocupan en estas cuestiones, el Sr. Casado, publicó hace poco tiempo en un folleto de pocas páginas dos proyectos, de ley el uno y de asociación el otro, para intentar la pronta repoblación de los montes de España. No estamos de acuerdo con las soluciones que el Sr. Casado ofrece, ni las tomamos en cuenta para otra cosa que para demostrar el anhelo que inspira a los habitantes de esta provincia aquel asunto. No hay necesidad de promover imposiciones de ahorros para recabar fondos con destino a la repoblación, ni en las condiciones económicas en que nos hallamos sería un negocio para nadie consagrar sus capitales a este objeto. Lo que es preciso hacer, y el Sr. Casado, que representa a la provincia de Málaga en las Cortes, podría reclamarlo con mas fortuna que otros; lo que es preciso hacer, es que el 10 por 100 de los aprovechamientos forestales que realizan los pueblos se pague con puntualidad y se invierta completamente en los trabajos de la repoblación; lo que hay que hacer es que se doten a los distritos de personal y de medios suficientes para llevarla a cabo; lo que hay que hacer es que el caciquismo no tenga la influencia que ha adquirido en menoscabo de los intereses de los pueblos, y para garantizar la impunidad de los dañadores de montes y los abusos de los municipios en materia de aprovechamientos; lo que hay que hacer, en una palabra, es que se cumplan las leyes con celo, con perseverancia, con firmeza. Esto seria preferible a cualquier género de quiméricos arbitrios, y preferible sobre todo a la apatía, al abandono con que la Administración mira estas cuestiones, como todas las que interesan más a los pueblos.  

FRANCISCO DE ASÍS PACHECO
Ronda 7 de enero do 1879

 

Bibliografía y notas

[1] Cristóbal García Montoro, 2005. Los montes de Málaga en 1879 (Dos reportajes de Francisco de Asís Pacheco). Revista de Estudios Regionales, nº 72, pp. 247-261.

[2] Francisco de Asís Pacheco, 1879. El Imparcial en Provincias. Málaga. XI. Guardería de montes y repoblación, en el Imparcial. Madrid.

[3] Casi un siglo más tarde, el verano de 1973, se inició la explanación de la parcela de la casa forestal de Yunquera. El Agente Forestal del ICONA, José Pino Rivera, envió el 12 de febrero de 1973 un oficio al Ingeniero Jefe Provincial del ICONA en Málaga, proponiendo la necesidad de construir en las inmediaciones de la localidad de Yunquera (Málaga) una casa forestal con las siguientes dependencias: vivienda de guardería, almacén para herramientas, cuadras y pajar para caballería y sequero de piñas de pinsapo. Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll130

[4]  El 24 de marzo de 1981 el Agente Forestal del ICONA en Yunquera, José Pino Rivera, dirigió un oficio al Ingeniero Jefe Provincial del ICONA en Málaga poniendo en conocimiento la instalación de una estación termopluviométrica en la casa forestal de Yunquera (Málaga), con termómetros de máximas y de mínimas, evaporímetro y pluviómetro, de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Sur. Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll069