Mostrando entradas con la etiqueta Sierra de Espuña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sierra de Espuña. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de octubre de 2026

El pinsapo en los "Apuntes de la repoblación forestal de la Sierra de Espuña" de Ricardo Codorniu (1900)

Fotografía "Entre pinsapos". Archivo fotográfico forestal, FOT_POS,104 / Álbum fotográfico de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura. Código referencia: FOT_POS,104/073. Fecha inicial: c. 1900.

Imagen 1: Fotografía "Entre pinsapos". Archivo fotográfico forestal, FOT_POS,104 / Álbum fotográfico de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura. Código referencia: FOT_POS,104/073. Fecha inicial: c. 1900.

 

Un ensayo de introducción del pinsapo lejos de sus montañas de origen

En 1900, el ingeniero de montes Ricardo Codorniú y Stárico dio a conocer sus Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña, una obra que constituye un testimonio de gran interés para conocer los comienzos de la restauración forestal moderna en España. Publicada en Murcia y presentada al Congreso Agrícola celebrado en la ciudad, la memoria recoge la experiencia acumulada durante los primeros años de unos trabajos que pretendían recuperar una montaña muy degradada por las cortas, el carboneo, el pastoreo y los incendios.

Portada de Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña (Ricardo Codorniu, 1900).
Imagen 2: Portada de Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña (Ricardo Codorniu, 1900).
 

Entre las numerosas especies ensayadas en Sierra Espuña, Codorniú dedicó unas líneas al pinsapo (Abies pinsapo Boiss.), una conífera emblemática de las montañas de Andalucía occidental. Su presencia en los trabajos de repoblación murcianos resulta especialmente interesante: a finales del siglo XIX se intentaba comprobar si este abeto podía prosperar fuera de su área natural, aprovechando ciertas semejanzas entre las condiciones ecológicas de Sierra Espuña y las de la Serranía de Ronda.

El texto permite conocer tanto las expectativas de los ingenieros forestales de la época como las dificultades que encontraron al trasladar una especie de montaña a un territorio con un régimen climático diferente.

 

Sierra Espuña: un laboratorio de experimentación forestal

Ricardo Codorniú estuvo vinculado a los trabajos de repoblación de la cuenca del Segura desde 1888. En 1889 recorrió Sierra Espuña y, al año siguiente, participó en el estudio de la cuenca alta del río Espuña. La situación que encontró era preocupante: en amplias zonas, la cubierta arbórea había desaparecido o quedaba reducida a ejemplares muy degradados por la explotación y el pastoreo.

La recuperación del monte exigía seleccionar especies capaces de sobrevivir en suelos pobres, soportar la sequía estival y desarrollarse en exposiciones y altitudes muy diferentes. Para ello, la Comisión de Repoblación ensayó siembras, plantaciones y cultivos en vivero y arboreto. Los resultados se anotaban y comparaban, de modo que la experiencia adquirida permitiera corregir las decisiones iniciales.

Codorniú no se limitó a enumerar los árboles utilizados. Prestó atención a su crecimiento, a la supervivencia de las plantas jóvenes, a la producción de semillas y a las diferencias de comportamiento según las condiciones del terreno. Esta aproximación experimental resulta fundamental para interpretar su referencia al pinsapo: no se trataba simplemente de introducir una especie atractiva, sino de comprobar si podía incorporarse a la recuperación forestal de la sierra.

 

Ensayos de escala reducida con pinsapo para valorar la posibilidad de extenderlo posteriormente a otras zonas de Sierra Espuña

En el apartado dedicado a las especies empleadas en la repoblación, Codorniú explica que se habían formado dos pequeños rodales de pinsapo. Eran ensayos de escala reducida, cuyo objetivo era valorar la posibilidad de extender su cultivo posteriormente a otras zonas de Sierra Espuña.

Fotografía Abetos de la especie Abies pinsapo Boiss sembrados en otoño de 1892 en Huerta Espuña. Archivo fotográfico forestal, FOT_POS,104, / Álbum fotográfico de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura. Código referencia: FOT_POS,104/050. Fecha inicial: 10-1903.
Imagen 3: Fotografía Abetos de la especie Abies pinsapo Boiss sembrados en otoño de 1892 en Huerta Espuña. Archivo fotográfico forestal, FOT_POS,104, / Álbum fotográfico de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura. Código referencia: FOT_POS,104/050. Fecha inicial: 10-1903.
 

El ingeniero justificaba el interés por esta especie con una valoración que merece ser recordada:

«por ser el árbol forestal eminentemente español y cuya belleza, unida á la bondad de sus productos le hacen digno de figurar en primera línea».

La cita refleja la consideración que tenía el pinsapo en la cultura forestal de aquel momento. Su valor no se limitaba a la singularidad botánica o a la belleza de su porte. También se apreciaban sus cualidades forestales y la utilidad de sus productos, dentro de una concepción de la repoblación que combinaba la restauración de la cubierta vegetal con la obtención futura de recursos.

Para respaldar el ensayo, Codorniú señalaba que la latitud de Sierra Espuña era aproximadamente la misma que la de la Serranía de Ronda, donde el pinsapo prosperaba sobre terrenos poco profundos y calizas dolomíticas, acompañado por la especie que entonces denominaba Erinacea pungens, presente también en Sierra Espuña.

La comparación era razonable como punto de partida. La coincidencia de latitud, la presencia de sustratos semejantes y la existencia de una planta característica de ambientes montanos constituían indicios que justificaban experimentar. Sin embargo, el propio Codorniú comprobó que esas similitudes no bastaban para garantizar el éxito.

 

La sequedad estival, el principal obstáculo

La observación más significativa de la memoria aparece cuando el ingeniero describe el comportamiento de los pinsapos plantados. A pesar de las condiciones que parecían favorables y de que los ejemplares se desarrollaban bastante bien, la especie encontraba dificultades para resistir la sequedad de los vientos de poniente durante el verano.

Codorniú añadió una observación práctica: los ejemplares situados al abrigo de esos vientos, protegidos por algún pequeño resalte del terreno o por una mata elevada, resistían mejor.

Este detalle tiene especial interés. La experiencia no se limitaba a constatar que el pinsapo podía vivir en Sierra Espuña, sino que comenzaba a identificar las condiciones microambientales que favorecían su supervivencia. La exposición al viento y la protección del relieve o de la vegetación circundante podían marcar diferencias importantes entre plantas situadas a poca distancia.

La observación también pone de manifiesto una cuestión ecológica esencial: la semejanza geológica o latitudinal entre dos montañas no implica que sus condiciones ambientales sean equivalentes. El régimen de precipitaciones, la duración de la sequía, la humedad atmosférica y la exposición a los vientos pueden condicionar decisivamente el establecimiento de una especie forestal.

En este sentido, los ensayos de Codorniú representan una primera aproximación experimental a los límites ecológicos del pinsapo fuera de su área de distribución natural.

 

El crecimiento del pinsapo: los datos de 1900

La memoria de Codorniú incluye una tabla comparativa del crecimiento de distintas especies cultivadas en vivero y arboreto. Los datos permiten precisar las observaciones sobre el pinsapo y compararlo con los pinos empleados en la repoblación.

Según los valores publicados, el crecimiento medio en altura del pinsapo era el siguiente:

EdadAltura media
1 año6 cm
2 años9 cm
3 años12 cm
4 años16 cm
5 años22 cm
6 años45 cm

Fuente: Codorniú, Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña (1900), apartado Crecimientos y estado del repoblado, p. 80.

 

La tabla muestra un crecimiento inicial lento, especialmente durante los primeros cuatro años. Codorniú lo señala expresamente: el pinsapo seguía una evolución muy pausada y no superaba los 30 centímetros de altura a los cuatro años en las condiciones de cultivo consideradas.

El cuadro de crecimientos máximos ofrece otra perspectiva. Algunos ejemplares alcanzaron 30 centímetros a los cinco años y 61 centímetros a los seis. Estas cifras reflejan que había diferencias importantes entre plantas, incluso dentro de las condiciones experimentales de la misma sierra.

Los datos son valiosos porque documentan el comportamiento juvenil de la especie en un ensayo de introducción fuera de su área natural. No obstante, conviene distinguir entre el crecimiento en vivero o arboreto y el establecimiento definitivo en el monte: las cifras de la tabla no demuestran por sí solas que los pinsapos plantados sobrevivieran a largo plazo ni que llegaran a formar masas forestales estables.

 

Una lección temprana sobre los límites ecológicos de las repoblaciones

La experiencia de Sierra Espuña permite extraer una conclusión que conserva su vigencia: la elección de especies para restaurar un monte no puede basarse únicamente en semejanzas aparentes entre localidades.

Codorniú había encontrado argumentos favorables para ensayar el pinsapo: una latitud comparable a la de la Serranía de Ronda, terrenos calizos dolomíticos y la presencia de Erinacea pungens. Sin embargo, las dificultades provocadas por los vientos secos de poniente pusieron de manifiesto la importancia de las condiciones climáticas locales y de la protección que proporciona el relieve.

El ingeniero tampoco presentó el ensayo como un éxito definitivo. La formación de dos pequeños rodales constituía un primer paso, y la posibilidad de extender la especie a otras zonas quedaba condicionada por los resultados obtenidos.

Esta prudencia resulta especialmente interesante cuando se lee la obra desde la perspectiva actual. La repoblación forestal no consiste solamente en conseguir que un árbol sobreviva durante sus primeros años, sino en comprobar que puede desarrollarse, reproducirse y mantenerse en las condiciones ambientales del lugar. En el caso del pinsapo, habría que valorar además si las plantaciones llegaron a naturalizarse y si existe regeneración espontánea, cuestiones que requieren documentación posterior y observaciones de campo.

 

El interés histórico de los pinsapos de Sierra Espuña

La referencia de Codorniú sitúa a Sierra Espuña entre los escenarios históricos en los que se ensayó la introducción del pinsapo fuera de sus montañas de origen. Su testimonio es anterior a muchas de las experiencias de introducción y plantación que posteriormente se han documentado en otras localidades españolas.

Para reconstruir la historia de estos ensayos es importante separar tres cuestiones: la intención inicial de plantar pinsapos, los resultados de supervivencia y crecimiento observados por los ingenieros, y la persistencia posterior de los ejemplares o de sus descendientes. 

El texto de 1900 acredita las dos primeras cuestiones de forma parcial, pero no alcanza a establecer el destino posterior de aquellos rodales.

Observaciones posteriores permiten determinar que los pinsapos de Codorniú sobrevivieron y llegaron a reproducirse espontáneamente. 

En la actualidad los dos rodales de pinsapo de Codorniú constituyen un ejemplo de la capacidad de Abies pinsapo para establecerse fuera de su área natural y son exponente de las condiciones que favorecen o limitan su naturalización.

 

Una memoria sobre la repoblación forestal española a finales del siglo XIX

Más de un siglo después de su publicación, los Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña conservan su interés por la combinación de observación directa, experimentación y reflexión sobre las limitaciones de la restauración forestal.

En sus páginas, Ricardo Codorniú dejó constancia de un ensayo que merece atención: la introducción del pinsapo en una montaña murciana cuyas condiciones parecían, en principio, favorables. El crecimiento relativamente lento de los ejemplares jóvenes y las dificultades para soportar la sequedad estival revelaron que la adaptación de una especie forestal depende de algo más que la coincidencia de latitud o sustrato geológico.

Su experiencia es un testimonio temprano y preciso de los interrogantes que acompañaban a la repoblación forestal española a finales del siglo XIX.

La memoria de Codorniú constituye, por tanto, una fuente histórica de primer orden para estudiar los ensayos de introducción de Abies pinsapo y una invitación a continuar la investigación sobre el destino de aquellos primeros rodales.

 

Los rodales de pinsapo de Sierra Espuña en la actualidad 

Las siguientes fotografías de Antonio Pulido Pastor, tomadas en febrero de 2024, evidencian el éxito de la experiencia de introducción de Abies pinsapo en dos pequeños rodales de Sierra Espuña. 

Fotografías de Antonio Pulido Pastor, tomadas en febrero de 2024, que evidencian el éxito de la experiencia de introducción de Abies pinsapo en dos pequeños rodales de Sierra Espuña.

Fotografías de Antonio Pulido Pastor, tomadas en febrero de 2024, que evidencian el éxito de la experiencia de introducción de Abies pinsapo en dos pequeños rodales de Sierra Espuña.

Fotografías de Antonio Pulido Pastor, tomadas en febrero de 2024, que evidencian el éxito de la experiencia de introducción de Abies pinsapo en dos pequeños rodales de Sierra Espuña.

Fotografías de Antonio Pulido Pastor, tomadas en febrero de 2024, que evidencian el éxito de la experiencia de introducción de Abies pinsapo en dos pequeños rodales de Sierra Espuña.

  

Entradas de Áreadoc relacionadas

 

Bibliografía

Codorniú y Stárico, Ricardo (1900). Apuntes relativos a la repoblación forestal de la Sierra de Espuña. Murcia: Tipografía de Las Provincias de Levante. Texto presentado al Congreso Agrícola de Murcia. Consultado el 10/10/2026, accesible online en ApuntesrelativosalarepoblacinforestaldelaSierradeEspuaTextoimpresopresentadosalCongresoAgrcoladeMurcia.pdf