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sábado, 3 de octubre de 2026

La llamada de atención en favor de la conservación del pinsapo que el diario El Imparcial publicó el 19 de junio de 1876.

 El diario independiente El Imparcial publicó el 19 de junio de 1876 el artículo "El Pinsapo" [1] de José Sainz de Baranda [2]. 

El texto se integró en la edición del suplemento "Los Lunes de El Imparcial", dirigido por Isidoro Fernández Florez. Su inclusión formaba parte de la estrategia del suplemento de alternar la literatura con crónicas científicas y de divulgación. 

 

Saínz de Baranda J. (1875). "El Pinsapo" en El Imparcial de 19 de junio de 1876. Consultado el 03/10/2026, accesible online en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=3


El ensayo constituye uno de los testimonios más tempranos y explícitos sobre la situación del pinsapo y sobre la preocupación por su conservación. Combina divulgación forestal, observaciones botánicas y una clara llamada de atención ante el riesgo de desaparición de los pinsapares.

Sainz de Baranda, ingeniero de montes de la promoción de 1865, comienza destacando una paradoja: el pinsapo es una especie espontánea y esencialmente española, pero para cultivarlo en jardines españoles era necesario adquirir ejemplares en viveros extranjeros. Para el autor, esta circunstancia simbolizaba el abandono de los propios montes.

Su diagnóstico sobre las causas del retroceso del pinsapo es contundente. El hacha, el fuego y el ganado habían reducido la especie a las zonas más inaccesibles de las montañas andaluzas. En este contexto, relaciona la desaparición de los bosques con problemas que considera inevitables: disminución de las lluvias, erosión de los suelos, deterioro de los cultivos de los valles, escasez de madera y pérdida de recursos para las poblaciones rurales.

El pinsapo aparece así como una especie especialmente adecuada para las futuras políticas de repoblación forestal. Sainz de Baranda considera que, cuando España acometiera grandes programas de reforestación, debería recurrirse a las especies que la propia naturaleza había situado en cada territorio. El pinsapo tendría, por tanto, un papel destacado en las montañas andaluzas.

Resulta especialmente interesante que el autor no conociera personalmente los pinsapares. Reconoce que nunca había visitado uno y que sus conocimientos procedían de lecturas, de observaciones propias y de la información que había podido reunir. Sin embargo, había realizado experiencias de cultivo con semillas procedentes del pinsapar de Ronda. A partir de ellas describe el proceso de germinación y los primeros años de desarrollo de las plantas, observando el escaso crecimiento inicial de la parte aérea frente al desarrollo de las raíces.

También realiza una descripción morfológica del pinsapo a distintas edades. Destaca su forma compacta cuando es joven, la disposición de las acículas alrededor de las ramillas y el cambio de aspecto que experimenta con la edad. Los ejemplares adultos le parecen más próximos al porte de los abetos, aunque más bajos, robustos y achaparrados. Sainz de Baranda plantea además una hipótesis interesante: en condiciones de espesura, protegidos del viento, la nieve y el ganado, los pinsapos podrían adquirir una mayor esbeltez y alcanzar dimensiones superiores.

Su descripción del pinsapar de Ronda es, sin embargo, mucho más preocupante. Lo considera entonces el único monte extenso de pinsapo que quedaba en España y señala la escasez de regeneración joven. Los árboles viejos aparecían dispersos por varios valles y el futuro del bosque le parecía incierto. Si desaparecían los ejemplares adultos sin que se produjera una regeneración suficiente, advertía que el suelo quedaría expuesto a la erosión y que podría terminar completamente desnudo.

 

Imagen del Pinsapar de Ronda. Autor José Pino Díaz, 11/10/2025.
Imagen del Pinsapar de Ronda. Autor José Pino Díaz, 11/10/2025.

 

La conservación del pinsapo adquiere en el artículo una dimensión que va más allá del valor económico. Sainz de Baranda considera que su desaparición constituiría no sólo una pérdida material, sino también una verdadera deshonra para España, al tratarse de un árbol que la naturaleza había conservado de forma espontánea en las montañas andaluzas.

Su propuesta de conservación resulta sorprendentemente concreta para la época. Plantea que el Estado adquiera el pinsapar de Ronda, lo deslinde y amojone, establezca vigilancia permanente, limite el aprovechamiento forestal y prohíba la entrada del ganado, especialmente del ganado cabrío. A ello añade la necesidad de favorecer la regeneración natural y complementarla mediante siembras y plantaciones.

El artículo termina con una propuesta que revela otra de las preocupaciones del autor: conseguir que el pinsapo deje de ser una especie que España tenga que importar de viveros extranjeros. Propone obtener semillas del pinsapar de Ronda, producir plantas en el Vivero de la Villa y utilizarlas en jardines y paseos de Madrid. Incluso sugiere crear en el Retiro una calle de pinsapos semejante a la existente de Wellingtonias.

Más que una simple descripción botánica, el artículo de Sainz de Baranda es, por tanto, un temprano alegato en favor de la conservación del pinsapo. En 1875 identifica ya algunos de los principales factores que amenazaban a la especie —corta, fuego, ganado y falta de regeneración—, reclama protección efectiva para el pinsapar de Ronda y propone simultáneamente favorecer su regeneración natural y desarrollar su cultivo mediante semillas.

El interés histórico del texto reside también en que permite comprobar que la preocupación por la conservación de los pinsapares no nació en el siglo XX. Setenta y cinco años antes de la declaración de los primeros espacios protegidos específicamente vinculados a estos bosques, un ingeniero de montes advertía ya públicamente de que el pinsapo podía desaparecer de sus montañas naturales y reclamaba medidas concretas para evitarlo. Su artículo constituye, así, un valioso testimonio de la percepción que los ingenieros forestales españoles tenían del pinsapo y de sus problemas de conservación durante la segunda mitad del siglo XIX.

Seguidamente se presenta un extracto del artículo de El Imparcial.

 

El Pinsapo

Hoy, que afortunadamente las cuestiones de arbolados ocupan un lugar preferente en la prensa española, que la atención pública se fija en un asunto de tanto porvenir para nuestro país, y que constantemente se oyen quejas porque se destrozan nuestros montes, creo que no será intempestivo decir algo de un árbol que es esencialmente español, útil y hermoso a la vez; pero que, sin embargo, si queremos conseguirlo, tenemos que acudir a los viveros del extranjero, donde nos lo venden como si fuera una especie rara.

Me refiero al pinsapo, que en Europa sólo se encuentra espontáneo en España: pero como ha sido tal la guerra que el hacha, los ganados y el fuego le han declarado, ha tenido que refugiarse en los sitios menos accesibles de algunas montañas de Andalucía. Allí vive escondido, esperando a que en España acabe el odio a los árboles, para ocupar el lugar preferente que entre los propios para nuestras sierras lo corresponde.

Cuando en nuestro país escaseen más las lluvias, cuando los torrentes arrastren las mejores huertas de los valles y vegas, cuando tengamos aún menos madera para construir barcos y necesitemos comprarlos hechos o las maderas para hacerlos (cosa que ya suele suceder), cuando no nos queden ni siquiera las indispensables para nuestras casas, ni mas sustancias para quemar, fuera de la hulla y del cok que nunca podrán estar al alcance del pobre, que la paja ó el estiércol, entonces caeremos en la cuenta de que necesitamos plantar arboles.

Ahora nos contentamos con recomendar las plantaciones, con quejarnos porque nos vamos quedando sin árboles y seguimos dejando pasar el tiempo sin plantarlos: pero cuando se emprendan las repoblaciones a grande escala, por ser de imprescindible necesidad, el pinsapo será una de las especies a que habrá que acudir para cubrir con monte los sitios en que la sabia naturaleza lo colocó y nuestra imprevisión supo hacer que desapareciera.

...

No he tenido la, fortuna de ver ningún pinsapar, ni más pinsapos grandes que los que se han traído de Francia para los jardines y paseos de Madrid, donde muchos los contemplan, sin saber que es una especie esencialmente española y suponiendo quizás que es de América ó de Australia, y donde por su forma tan elegante como bonita ocupa siempre un lugar preferente; así es que tengo que referirme en estas noticias a lo que he leido sobre el pinsapo y a los datos que aunque escasos, he podido recoger da mis propias observaciones.

Hace algunos años hice una siembra con piñones que pude conseguir del pinsapar de Ronda, y de las que se han obtenido algún ciento de plantitas que ahora tendrán unos cinco años. El piñón es, aunque de color más claro, muy parecido por su forma y disposición del ala, al del abeto blanco o pinabete (Abies pectinata D.C.); sembrado en primavera, nacieron las plantitas a los dos meses próximamente, y como los pinos, es decir, con los cotiledones unidos por sus extremos sosteniendo las cubiertas exteriores del piñón: pero como luego se desprenden éstas y se caen, los cotiledones se sueltan y aparece como una estrella al extremo superior del tallito, en cuyo centro se halla una yemecita que encierra el brotecillo o guía para el año próximo. El primero y segundo año crece muy poco el tronco; pero proporcionalmente se desarrolla mucho la raíz; después echa varias ramillas laterales. presentando a los cuatro o cinco años un verticilo ya bien distinto. Crece lentamente en climas ásperos y terrenos malos; pero es posible que en los templados, y donde el suelo sea profundo, fresco y sustancioso, las raíces se desarrollen mas y la planta tenga mayores medros en altura y grueso. Cuando es joven, tiene abundantes ramas y bastante unidas, lo cual da lugar a su bonita forma. Las hojitas o acículas rodean a la ramilla en todos sentidos como en el abeto rojo (Abies excelsa D. C.); pero como son mas fuertes y cortas que en éste, dan a la planta un aspecto de aspereza que luego va perdiendo a medida que envejecen las ramas, porque se caen muchas hojillas y quedan casi desnudas, exceptuando los extremos donde duran mas tiempo. Los árboles mayores se parecen ya mas en su porte a los abetos que cuando son jóvenes; pero no alcanzan tanta altura ni son tan esbeltos; al contrario: son mas achaparrados y los troncos mas cortos y gruesos proporcionalmente a su longitud. Es posible que cuando se crie en espesura y esté bien cuidado, y libre de la acción de los vientos fuertes, de las nieves y del diente del ganado, que tanto le dañan en los montes de la Serranía de Ronda, sea más esbelto y alcance mayores dimensiones. 

El pinsapar de Ronda, que es el único monte extenso que aún queda en España de esta especie, que, según Boissier, debió ocupar gran parte de las montañas andaluzas, lo forman tres valles, en los cuales se encuentran salpicados algunos grupos de árboles viejos, con un repoblado joven tan escaso, que el porvenir del monte es bien triste: cuando los árboles viejos desaparezcan por su edad excesiva, si es que hasta entonces se los deja vivir y no se los corta, quedará un erial en un terreno que apenas tiene tierra vegetal, y en el cual no será posible conseguir ni aun mezquinos pastos, porque la tierra que ahora sujetan las raíces de los árboles será arrastrada por las aguas y quedará la roca pelada. En un clima tan seco y con un sol tan abrasador como el de Andalucía, fácilmente se comprende que no será posible conseguir después vegetación alguna. 

Muy probable, mas aún, casi segura es ya la desaparición del pinsapar, y esto, no sólo será una pérdida material, sino hasta una deshonra para nuestro país. El mundo civilizado podrá decir, y con razón sobrada, que ni siquiera el pinsapo ha podido librarse de la barbarie y de la persecución que en España se ha declarado a los árboles, la cual no respeta ni atiende a que la naturaleza eligió a nuestro país como para manifestarle su predilección, dotándole de uno de los árboles mas útiles y mas hermosos de Europa y del mundo.

Las circunstancias en que nos encontramos no permiten hacer grandes gastos, es cierto; pero no debemos abandonar los que son reproductivos; por eso y por nuestra honra, debemos procurar que no se extinga el pinsapo. Para evitarlo, hay un medio que ya se ha propuesto por alguno: el de que el Estado adquiera el pinsapar de Ronda, y después de deslindarlo y amojonarlo, se establezca allí una casa con un par de guardas, para impedir que se corten y quemen los pocos árboles que le quedan, vedar la entrada del ganado, sobre todo del cabrío, para no destruir el repoblado joven que haya, y procurar que nazca otro bueno y abundante por medio de las labores apropiadas y que el caso requiere, y para ayudar a la repoblación natural con siembras ó con plantaciones.

...

Si he conseguido llamar la atención sobre este árbol, y alcanzo que quien puede hacerlo disponga lo conveniente para que no desparezca el pinsapar de los propios de Ronda, como ha sucedido con otros muchos montes, y para que el cultivo de esta especie se extienda mas en nuestro país, aun cuando sea trayéndolo, de fuera, no estaré pesaroso de haber escrito estas líneas.

En el Retiro hay una calle de Wellingtonias que llama la atención; pues ¿por qué no se prueba a formar alguna otra con pinsapos? Conseguir semillas del pinsapar de Ronda para sembrarlas en el Vivero de la Villa y extender una planta tan hermosa en los jardines y paseos de Madrid sin necesidad de recurrir al extranjero, no me parece difícil, y en cambio digno de que el Ayuntamiento y el director de arbolados de Madrid no lo echen en olvido. 

José SAINZ DE BARANDA.
19 de noviembre de I875.

 

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Bibliografía y notas

[1] Saínz de Baranda J. (1875). "El Pinsapo" en El Imparcial de 19 de junio de 1876. Consultado el 03/10/2026, accesible online en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=3 y https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=ca751384-66e4-4352-bc3a-d2d545ba23fe&page=4

[2] José Sainz de Baranda y Calatrava, ingeniero de montes de la promoción de 1865. Fue nombrado por Real Decreto de 26 de noviembre de 1881 ingeniero jefe de la Comisión Especial de venta y composición de terrenos realengos en Filipinas. Fue inspector general de Montes desde 1884 hasta 1887 en que es nombrado jefe de Comisiones Especiales de la Inspección General de Montes del Archipiélago, cargo en que cesa en 11 de enero de 1889, por supresión de la plaza. Expediente personal en PARES, portal de Archivos Españoles. Accesible en https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/2333791


sábado, 23 de noviembre de 2024

Guardería de montes y repoblación forestal en la provincia de Málaga (F. de Asís Pacheco, 1879).

 
El diario liberal El Imparcial publicó en 1879 quince reportajes de Francisco de Asís Pacheco, licenciado en derecho de veintisiete años de edad, sobre la situación económica de la provincia de Málaga. Según García Montoro [1]:

La decisión de publicar un grupo de reportajes sobre la provincia de Málaga se explica dentro de una política de la dirección del periódico de tratar en sus páginas los problemas de la España profunda, para llamar la atención de los gobernantes y clases dirigentes del canovismo sobre esa España inmóvil, atrasada, controlada por los caciques y necesitada de todo tipo de mejoras.
 
El reportaje nº XI dedicado a la "Guardería de montes - Repoblación" (ver Imagen 1), firmado y fechado por Pacheco en Ronda el 7 de enero do 1879, se publicó el viernes 28 de febrero [2].

Según Pacheco las necesidades de la provincia de Málaga en materia de montes se resumían en conservar la riqueza forestal existente y aumentarla mediante repoblación.

En cuanto a la guardería de montes, era preciso organizar un cuerpo dedicado en exclusividad a la vigilancia y custodia de los montes y liberar de estas tareas a la guardia civil, encargada de ellas desde 1816. Además, para que la vigilancia y custodia de las 146.990 hectáreas de monte fuese efectiva, era necesario incrementar la dotación de guardería, de diez guardas (ocho dedicados a tareas de guardería y dos a la oficina) a veintisiete (un capataz y dos guardas por cada una de las nueve comarcas forestales del distrito de Málaga), con residencia en sus respectivas comarcas, para lo que era preciso construir en cada una de ellas una pequeña casa como las de los peones camineros.

En lo referente a la repoblación, Pacheco propone las siguientes medidas:

  • que el 10 por 100 de los aprovechamientos forestales que realizan los pueblos se pague con puntualidad y se invierta completamente en los trabajos de la repoblación;
  • que se doten a los Distritos Forestales de personal y de medios suficientes para llevarla a cabo; 
  • que el caciquismo no tenga la influencia que ha adquirido en menoscabo de los intereses de los pueblos, y para garantizar la impunidad de los dañadores de montes y los abusos de los municipios en materia de aprovechamientos; 
  • que se cumplan las leyes con celo, perseverancia y firmeza frente a la apatía y al abandono de la Administración. 

Explica Pacheco que ya por entonces el Distrito Forestal de Málaga había realizado el bosquejo forestal a escala de 1:200.000, un proyecto de casa forestal con dos sequeros para producir semilla para la repoblación y un proyecto de vivero de cinco hectáreas para producción de planta. Para el futuro inmediato, con la recaudación del 10 por 100 de todos los aprovechamientos, se podría construir una casa forestal en Yunquera [3], con su estación meteorológica [4], en un lugar próximo al pinsapar de la Torrecilla, considerado, y no sin razón, como el punto mas importante de la provincia bajo este aspecto.


 Imagen 1
 
Reportaje XI "Guardería de Montes — Repoblación", del IMPARCIAL,  Diario Liberal, del viernes 28 de Febrero de 1879. Fuente: Biblioteca Nacional de España.
Imagen 1: Reportaje nº XI de Francisco de Asís Pacheco en El Imparcial, dedicado a la "Guardería de montes - Repoblación". Fuente: Biblioteca Nacional de España.

 

Transcripción del reportaje XI "Guardería de Montes — Repoblación" de Francisco de Asís Pacheco, publicado en EL IMPARCIAL - Diario Liberal, el viernes 28 de Febrero de 1879.

Las necesidades que siente nuestra riqueza forestal, por lo que a la provincia de Málaga se refiere, pueden reducirse a dos: a la de conservar la que tenemos y a la de ir estudiando y planteando seriamente los medios de aumentarla. De aquí las reformas indispensables que reclama la guardería de montes y la urgencia con que es preciso proceder a la repoblación de los mismos. Este distrito ha menester ante todo, para que ambos fines estén bien atendidos, para que sea posible realizarlos, de una organización distinta de la que que ahora tiene, de un personal mas numeroso. Ignoramos lo que en otros distritos sucede; pero sin duda alguna su situación será análoga a la del que forma la provincia de Málaga. Una mal entendida economía escatima aquí constantemente recursos para toda atención de primer orden, mientras que no hay temor en llegar hasta la prodigalidad y el despilfarro en materias que no merecen el mas pequeño sacrificio.

El distrito forestal de Málaga está constituido por un ingeniero jefe, dos ingenieros de montes, un ayudante y diez capataces. De la guardería está encargada desde 1816 la guardia civil. Antes hacían este servicio ocho guardas y cinco sobreguardas. Se han suprimido sus plazas que importaban 11.000 pesetas. Compárese con esta cifra la del término medio de los daños causados anualmente, en el quinquenio último, que asciende a 80.000 pesetas, y se deducirán tristes consecuencias de su comparación. De los diez capataces que hoy tiene este distrito, ocho están dedicados a las tareas de la guardería y dos a la oficina, porque en ésta no hay escribientes, delineantes, ni auxiliares de ningún genero.

El distrito se divide en nueve comarcas forestales, y cada comarca, si la vigilancia ha de ser efectiva, debe tener un capataz y dos guardas. Distribuida aquí en grandes grupos, separados unos de otros por distancias considerables, la riqueza forestal, su custodia es dificilísima. Con el personal que proponemos podría hacerse á costa de grandes esfuerzos; pero de otra manera será siempre totalmente imposible. El capataz y los guardas debieran residir además en sus respectivas comarcas, para lo que sería indispensable construir en el centro de cada una de ellas una pequeña casa como las de los peones camineros. 

En Alemania hay un gran número de estas casas. No se crea que exageramos. Los países que tienen riqueza forestal, que comprenden su inestimable valor, no regatean los medios de conservarla y mejorarla. En ninguna parte se obtiene esto con el escasísimo personal que aquí reputamos suficiente. el ilustrado ingeniero D. Francisco de P. Arrillaga, en su notabilísimo libro sobre La producción en la Producción en la exposición de Viena, habla de los montes del archiduque Alberto, situados en la antigua provincia de Teschen (Austria) y del número de empleados que se consagran a su conservación y mejora. Esos montes abarcan una extensión de 60.000 hectáreas, divididas en 19 distritos, y de las que 50.000 forman una sola masa con el personal siguiente: 1 inspector jefe, 6 inspectores de distrito, 22 ingenieros, 16 ayudantes, 10 sobre-guardas y 175 guardas. Nosotros no pedimos tanto para la provincia de Málaga, aunque hay que custodiar en ella 146.990 hectáreas de monte. Con el personal que hemos indicado se reducirían los daños que ahora se lamentan a una tercera parte. 

La guardia civil, que ha contribuido mucho a reducirlos, podría seguir como auxiliar y vigilante. Aunque nada puede decirse de su celo en el cumplimiento de aquel servicio, las condiciones en que se halla ese instituto le imposibilitan de prestarlo como todo en el mundo estima conveniente. La obligación que tiene la guardia civil de vigilar constantemente los caminos y las inmediaciones de las ciudades, la retraen de penetrar en lo interior de los montes con toda la asiduidad y la frecuencia que sus jefes desearían. Por esto se ha notado que la mayor parte de las denuncias que hacen las parejas de aquel cuerpo, se refieren a los caminos, llanuras y parte baja. La guardia civil tiene, además, gran número de servicios a qué atender para consagrarse a este de una manera preferente. Las necesidades de orden público obligarán a sus fuerzas a menudo a concentrarse, y entonces queda encomendada sólo a los alcaldes la custodia de los montes. Por último: el jefe del servicio forestal es el ingeniero jefe del distrito y los de la guardia civil los de su respectivo tercio, esta dualidad de dirección puede ser perjudicialísima para la vigilancia. De aquí lo necesario que es organizar un cuerpo exclusivamente consagrado a aquella tarea y dar a los trabajos de la guardia civil el carácter de auxiliares.

En cuanto a la repoblación, no hemos de insistir sobre la urgencia de llevarla a cabo. Sabido es para que nos ocupemos en repetirlo, que la abundancia de arbolado condensa las nubes y facilita las lluvias, mejora y regulariza la distribución de las aguas, disminuye las temperaturas extremas, dulcifica la impetuosidad de los vientos, impide el arrastre de las tierras y las inundaciones. De todo esto necesita, como pocas, la provincia de Málaga. Llevada aquí la repoblación al límite racional que señalan las condiciones de nuestro suelo y de nuestro clima, los productos forestales (maderas, corchos, etc.) aumentarían en la proporción de uno a diez, y las condiciones generales de la producción mejorarían extraordinariamente. 

Hace algún tiempo se dispuso que para llevar a cabo la repoblación ordenada en leyes recientes, estudiaran los distritos forestales las condiciones de cada localidad y propusieran los medios adecuados para repoblarla. Se dispuso también que el 10 por l00 de los aprovechamientos que realicen los pueblos en sus montes se destine a las operaciones de la repoblación y mejora. Algunas provincias han hecho ya ese estudio, que desearíamos hubiera mandado publicar la Dirección del ramo, porque estos trabajos interesan a todo el mundo. Los que se refieren al distrito de Málaga están muy adelantados, gracias al celo e inteligencia de los ingenieros de montes de esta provincia y a la fecunda iniciativa de su jefe el Sr. D. Mariano Sanías. A pesar de la escasez de medios de que disponen y de la insuficiencia de los recursos con que pueden contar, dentro de breve tiempo habrán terminado. Los ilustran un bosquejo forestal del distrito de Málaga en escala de 1.200.000, un proyecto de casa forestal con dos sequerías para trabajar con el calor artificial y el calor solar a fin de procurarse en todo tiempo semilla para la repoblación, y un proyecto de vivero de cinco hectáreas para la cría de las especies con destino a plantaciones. Los presupuestos de estas obras son extraordinariamente económicos. Con la cantidad que produzca la recaudación del 10 por 100 de todos los aprovechamientos que realicen los pueblos, bastaría para construir en un plazo breve la casa forestal que debe establecerse al S de Yunquera, en un lugar próximo al pinsapar de la Torrecilla, considerado, y no sin razón, como el punto mas importante de la provincia bajo este aspecto. Establecida la casa forestal, podría situarse en ella, como en todas las que, siguiendo este plan, se construyeran en España, una estación meteorológico-forestal servida por los individuos del cuerpo, y cuyo coste ascenderla a 1.800 rs., que es lo que importan los aparatos necesarios para montarla. Todos los pueblos donde la riqueza forestal se considera como elemento importante de su producción, tienen estaciones de eso género. En Prusia hay 13. En Austria existen también muchas. Para que sean completas y de todo punto eficaces las observaciones hechas en ellas, las estaciones meteorológico-forestales de un país están entre sí y con las del extranjero en constante comunicación.

A cuantas personas muestran interés por el mejoramiento de estos pueblos, hemos oído encomiar la urgencia de la repoblación. Su deseo no entraña un imposible; para realizarlo,no es preciso siquiera que el país haga sacrificios extraordinarios ó que apele a arbitrios da éxito dudoso y complicado mecanismo. Uno de los escritores malagueños que con más afán, si no siempre con éxito, se ocupan en estas cuestiones, el Sr. Casado, publicó hace poco tiempo en un folleto de pocas páginas dos proyectos, de ley el uno y de asociación el otro, para intentar la pronta repoblación de los montes de España. No estamos de acuerdo con las soluciones que el Sr. Casado ofrece, ni las tomamos en cuenta para otra cosa que para demostrar el anhelo que inspira a los habitantes de esta provincia aquel asunto. No hay necesidad de promover imposiciones de ahorros para recabar fondos con destino a la repoblación, ni en las condiciones económicas en que nos hallamos sería un negocio para nadie consagrar sus capitales a este objeto. Lo que es preciso hacer, y el Sr. Casado, que representa a la provincia de Málaga en las Cortes, podría reclamarlo con mas fortuna que otros; lo que es preciso hacer, es que el 10 por 100 de los aprovechamientos forestales que realizan los pueblos se pague con puntualidad y se invierta completamente en los trabajos de la repoblación; lo que hay que hacer es que se doten a los distritos de personal y de medios suficientes para llevarla a cabo; lo que hay que hacer es que el caciquismo no tenga la influencia que ha adquirido en menoscabo de los intereses de los pueblos, y para garantizar la impunidad de los dañadores de montes y los abusos de los municipios en materia de aprovechamientos; lo que hay que hacer, en una palabra, es que se cumplan las leyes con celo, con perseverancia, con firmeza. Esto seria preferible a cualquier género de quiméricos arbitrios, y preferible sobre todo a la apatía, al abandono con que la Administración mira estas cuestiones, como todas las que interesan más a los pueblos.  

FRANCISCO DE ASÍS PACHECO
Ronda 7 de enero do 1879

 

Bibliografía y notas

[1] Cristóbal García Montoro, 2005. Los montes de Málaga en 1879 (Dos reportajes de Francisco de Asís Pacheco). Revista de Estudios Regionales, nº 72, pp. 247-261.

[2] Francisco de Asís Pacheco, 1879. El Imparcial en Provincias. Málaga. XI. Guardería de montes y repoblación, en el Imparcial. Madrid.

[3] Casi un siglo más tarde, el verano de 1973, se inició la explanación de la parcela de la casa forestal de Yunquera. El Agente Forestal del ICONA, José Pino Rivera, envió el 12 de febrero de 1973 un oficio al Ingeniero Jefe Provincial del ICONA en Málaga, proponiendo la necesidad de construir en las inmediaciones de la localidad de Yunquera (Málaga) una casa forestal con las siguientes dependencias: vivienda de guardería, almacén para herramientas, cuadras y pajar para caballería y sequero de piñas de pinsapo. Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll130

[4]  El 24 de marzo de 1981 el Agente Forestal del ICONA en Yunquera, José Pino Rivera, dirigió un oficio al Ingeniero Jefe Provincial del ICONA en Málaga poniendo en conocimiento la instalación de una estación termopluviométrica en la casa forestal de Yunquera (Málaga), con termómetros de máximas y de mínimas, evaporímetro y pluviómetro, de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Sur. Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll069