viernes, 11 de septiembre de 2026

Una experiencia de siembra de pinsapo en 1991 que la investigación científica posterior ayuda a explicar.

En 1991 publiqué en el Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales un artículo titulado «El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas». En aquel trabajo intentaba explicar, a partir de observaciones de campo y de cálculos de radiación, evapotranspiración y disponibilidad de agua en el suelo, cuáles eran las principales limitaciones ecológicas del pinsapo y por qué las repoblaciones de esta especie presentaban tantas dificultades.

Han pasado 35 años. Desde entonces, la investigación sobre Abies pinsapo ha avanzado extraordinariamente y hoy conocemos mucho mejor su fisiología, su respuesta a la sequía, la importancia del microclima, las condiciones que favorecen la regeneración natural y la influencia de la competencia, las plagas y el cambio climático.

Al revisar ahora aquel artículo, hay un episodio que me ha parecido especialmente interesante. Aparece casi al final, en el apartado dedicado a la repoblación forestal, y parte de una observación realizada por mi padre, José Pino Rivera, agente forestal.

En el margen de la pista forestal de la Solana del Caucón, en el monte de Yunquera (Sierra de las Nieves) se estaban desarrollando satisfactoriamente unas plántulas de pinsapo, en un lugar bastante expuesto y carente de cobertura vegetal. La observación resultaba llamativa porque la experiencia con las repoblaciones indicaba que las plantas jóvenes de pinsapo sufrían considerablemente cuando quedaban sometidas a las condiciones de insolación y sequedad propias del verano mediterráneo.

 

Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
Entre 1976 y 1977 se abrió la pista forestal de la solana del Caucón, cuyo firme se mejoró con una capa de áridos. Transcurridos unos años semillas de pinsapo germinaron y prosperaron en los márgenes de la pista, en condiciones de plena exposición al sol (ver Imagen). La explicación está en que la capa de áridos, que posee un albedo alto, refleja una alta proporción de la energía luminosa incidente (r = 0,26) y además rompe la capilaridad del suelo, aminorando así su desecación y manteniendo suficiente humedad en el suelo para la supervivencia de las plantitas, cuya capacidad de retención de agua había aumentado con el movimiento de tierras de la apertura de la pista forestal. Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz. Fuente: "Regenerado natural de pinsapos en la pista forestal del Caucón (1988). https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll351
 

¿Qué tenía de diferente aquel lugar?

La pista había sido acondicionada con una capa de material mineral. Y pensé que aquella capa podía estar modificando las condiciones de humedad del suelo, con un efecto similar al que produce en los cultivos enarenados.

A partir de esa observación se realizó una experiencia de siembra: cubrir con una fina capa de arena los hoyos donde se sembraran semillas de pinsapo, al objeto de conservar durante más tiempo la humedad necesaria para que las plántulas pudieran superar el primer verano. En el ensayo descrito en el artículo se utilizó una capa de aproximadamente 1–2 cm de arena.

Hoy podemos preguntarnos si aquella interpretación tenía fundamento.

La respuesta es sorprendentemente interesante. 

El problema no era solamente el sol

En mi artículo de 1991 concedía una gran importancia a la radiación solar, la orientación y la evapotranspiración. Los cálculos realizados mostraban diferencias considerables entre las condiciones de solana y umbría y trataban de explicar por qué las últimas ofrecían unas condiciones más favorables para el pinsapo.

La interpretación sigue siendo válida, pero actualmente podemos expresarla de una manera más precisa.

El principal problema no es la radiación en sí misma, sino el equilibrio entre el agua disponible en el suelo y la demanda evaporativa de la atmósfera.

Cuando aumenta la radiación y la temperatura, aumenta también la demanda de agua. Si además el suelo se encuentra en proceso de desecación, una plantita puede entrar rápidamente en estrés hídrico. 

Esto resulta especialmente importante en una plántula.

Un árbol adulto puede explorar un volumen considerable de suelo mediante sus raíces. Una plántula recién germinada, en cambio, dispone inicialmente de un sistema radical muy pequeño. Durante sus primeros meses depende en gran medida de la humedad existente en las capas superficiales.

Si esas capas se secan demasiado pronto, puede morir antes de que sus raíces hayan alcanzado zonas más profundas.

Y precisamente la desecación constituye una de las principales causas de mortalidad observadas en las plántulas de pinsapo. Los estudios realizados posteriormente demostraron que la mayor parte de las plántulas que morían presentaban síntomas de desecación progresiva.

Esto proporciona una primera conexión entre aquella experiencia de 1991 y la investigación posterior. 

Una capa de arena puede cambiar el balance hídrico

La hipótesis que planteé entonces era sencilla.

Una capa de material mineral podía actuar de dos maneras.

La primera estaba relacionada con el albedo.

Una superficie clara refleja una mayor proporción de la radiación solar que recibe y, por tanto, absorbe menos energía. En principio:

mayor albedo → menor energía absorbida → menor calentamiento superficial.

Pero existía otro mecanismo que probablemente era todavía más importante: la interrupción de la continuidad capilar.

El agua almacenada en el suelo puede ascender hacia la superficie mediante fuerzas capilares. Una vez allí queda expuesta a la atmósfera y puede evaporarse.

Una capa superficial de arena o grava modifica este proceso. Dificulta el movimiento del agua hacia la superficie y aumenta la resistencia al transporte de vapor.

El resultado es que el agua permanece más tiempo en el suelo.

La secuencia puede resumirse así:

suelo húmedo → ascenso capilar → superficie → evaporación

frente a:

suelo húmedo → capa mineral → mayor resistencia → menor evaporación.

La investigación realizada posteriormente ha demostrado experimentalmente este efecto. Los acolchados minerales pueden aumentar la resistencia al flujo de vapor y reducir de forma importante la evaporación del agua almacenada en el suelo.

Por tanto, una de las ideas fundamentales de aquella propuesta de 1991 ha quedado bien respaldada por la física del suelo.

 

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral. José Pino Díaz.

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral.

 

La comparación con el cultivo enarenado

En aquel artículo comparaba el efecto de la arena con el conocido sistema de cultivo enarenado, tradicional en el sureste de España.

La comparación no era casual.

En el cultivo enarenado, una capa de arena situada sobre el suelo modifica el movimiento del agua y reduce las pérdidas por evaporación. La investigación posterior ha confirmado que estos efectos se producen realmente y que dependen de características como el tamaño de las partículas y el espesor de la capa.

Esto permite matizar ahora mi explicación original.

El aumento del albedo probablemente contribuye al efecto, pero no deberíamos atribuir exclusivamente a la reflexión de la radiación la conservación del agua.

La interrupción de la continuidad capilar y el aumento de la resistencia al transporte de vapor parecen desempeñar un papel fundamental.

En otras palabras, la arena no actúa solamente como un pequeño espejo que devuelve parte de la radiación solar.

Actúa también como una barrera física frente a la pérdida de agua del suelo

Una confirmación en Granada

Una de las evidencias posteriores que más se aproxima a la propuesta que hice en 1991 procede precisamente del sureste de España.

En un experimento realizado en Dehesas de Becerra, en Granada, se estudió el efecto de diferentes acolchados sobre el establecimiento de encinas (Quercus ilex) en condiciones mediterráneas semiáridas.

Se compararon plantas sin acolchado con otras protegidas mediante paja o fragmentos de roca.

Los investigadores midieron la humedad del suelo a distintas profundidades y siguieron el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas.

El resultado fue significativo: el acolchado de fragmentos de roca aumentó la humedad del suelo en los primeros 10–20 cm y tanto el acolchado mineral como el orgánico redujeron el número de días en que las plantas sufrían estrés fisiológico. Los autores señalaron además el interés de estos acolchados para plantas pequeñas con sistemas radicales inicialmente superficiales.

La coincidencia con mi propuesta resulta notable.

No se trataba de pinsapos, pero sí de una especie forestal mediterránea, sometida a una fuerte sequía estival y estudiada en una región muy próxima desde el punto de vista climático.

Y el efecto se producía precisamente donde más nos interesa cuando hablamos de una plántula recién germinada: en los primeros centímetros del suelo.

 

Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
 

¿Puede aumentar realmente la supervivencia?

La respuesta también cuenta con evidencias interesantes.

Otro experimento realizado en el sureste de España siguió durante nueve años el establecimiento de encinas sometidas a diferentes tratamientos de acolchado.

La supervivencia fue aproximadamente del 85 % con acolchado orgánico, 78 % con piedras y 50 % en el control. Los árboles protegidos mediante acolchado presentaron además un mayor desarrollo foliar.

Esto demuestra algo más importante que la simple conservación temporal de humedad.

Demuestra que una modificación de la superficie del suelo puede traducirse en una diferencia apreciable en la supervivencia de árboles mediterráneos.

Naturalmente, no podemos trasladar directamente esos porcentajes al pinsapo. Quercus ilex y Abies pinsapo son especies muy diferentes.

Pero el resultado sí confirma el principio general sobre el que se apoyaba mi propuesta:

conservar el agua del suelo durante la fase inicial de establecimiento puede mejorar las posibilidades de supervivencia de una planta leñosa mediterránea. 

¿Y las coníferas?

Los experimentos con coníferas mediterráneas ofrecen resultados más complejos.

En Pinus halepensis, el pino carrasco, se han realizado experiencias de protección y acolchado en ambientes áridos del sureste español. Los resultados muestran que determinados acolchados pueden modificar la humedad de las capas superficiales del suelo, aunque los efectos sobre la supervivencia a largo plazo dependen del material utilizado y de las condiciones del lugar.

Esto es importante porque demuestra que conservar agua no garantiza por sí solo la supervivencia.

También influyen:

  • la profundidad del suelo;
  • la capacidad de almacenamiento de agua;
  • el desarrollo de las raíces;
  • la competencia de la vegetación;
  • la intensidad de la sequía;
  • y las características del propio acolchado.

Por tanto, hoy no propondría simplemente "poner arena" como una receta universal.

Hablaría de un acolchado mineral adecuadamente diseñado, teniendo en cuenta la granulometría, el espesor, el color y las características del suelo. 

El primer verano es la prueba decisiva

Esta cuestión nos lleva directamente al pinsapo.

Una semilla que germina en primavera necesita tiempo para desarrollar su sistema radical. Si la humedad superficial desaparece rápidamente, la plántula puede entrar en estrés antes de haber conseguido explorar las capas profundas.

Pero si conseguimos retrasar la desecación, aunque sólo sea durante un periodo limitado, la situación puede cambiar.

Podemos imaginar la siguiente secuencia:

germinación

humedad superficial durante más tiempo

crecimiento de la raíz

exploración de capas más profundas

mayor capacidad de extracción de agua

mayores posibilidades de superar el verano.

Ésta es probablemente la forma más interesante de interpretar hoy aquella propuesta.

La arena no tendría que mantener húmedo el suelo durante todo el verano.

Bastaría con retrasar la desecación lo suficiente para que la joven planta pudiera avanzar en el desarrollo de sus raíces. 

El pinsapo no necesita simplemente sombra

La investigación sobre la regeneración natural del pinsapo introduce aquí una cuestión aparentemente paradójica.

Si la sombra es favorable para reducir la evaporación, podríamos pensar que las plántulas deberían sobrevivir mejor siempre bajo una cubierta forestal cerrada.

Sin embargo, los estudios de regeneración demostraron que la supervivencia puede ser mayor en determinados claros que en el interior del bosque.

Esto nos obliga a abandonar una interpretación demasiado sencilla del pinsapo como especie que simplemente "necesita sombra".

Lo que necesita es un microclima adecuado.

Un pequeño claro puede proporcionar suficiente luz para que la planta crezca, manteniendo todavía unas condiciones hídricas aceptables.

El problema aparece cuando la exposición aumenta tanto que la demanda evaporativa supera la capacidad de la planta para obtener agua.

Y aquí el acolchado mineral ofrece una posibilidad diferente.

En lugar de reducir necesariamente la radiación que recibe la planta, podemos intentar conservar el agua que recibe su raíz

La experiencia de Hoyo de Millán

En mi artículo de 1991 describía un ensayo realizado a partir de esta idea. Se sembraron semillas de pinsapo en hoyos y se cubrieron posteriormente con una capa de arena de aproximadamente 1–2 cm. El objetivo era conservar la humedad del suelo y reducir la rapidez con la que se producía la desecación durante el periodo estival.

La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
 

Visto desde la perspectiva actual, aquel ensayo presenta una limitación evidente.

No fue diseñado como un experimento científico moderno. No disponíamos de parcelas control equivalentes ni de sensores que permitieran seguir continuamente la humedad y temperatura del suelo. Tampoco se realizó un análisis estadístico de la supervivencia.

Por ello, no podemos afirmar que aquel ensayo demostrara científicamente la eficacia de la técnica.

Pero tampoco debemos descartarlo.

Fue una experiencia de campo que partió de una observación real y que estaba sustentada por una hipótesis física concreta.

Y la investigación posterior ha demostrado que los mecanismos que proponíamos eran reales. 

Una observación, una hipótesis y una explicación

La historia tiene, en realidad, una estructura bastante sencilla.

Primero apareció la observación de José Pino Rivera:

unas plantas de pinsapo crecían satisfactoriamente junto a una pista forestal, a pesar de encontrarse en un lugar expuesto.

Después apareció la pregunta:

¿qué tenía aquel lugar de diferente?

La respuesta podía estar en la capa de material mineral.

A partir de ahí surgió la hipótesis:

la capa de arena estaba reduciendo la pérdida de agua del suelo.

Y finalmente se propuso reproducir artificialmente ese efecto mediante una fina cubierta mineral sobre los hoyos de siembra.

Treinta y cinco años después disponemos de una información que entonces no existía.

Sabemos que:

  • las plántulas de pinsapo son especialmente vulnerables a la desecación;
  • la disponibilidad de agua en el suelo es un factor fundamental para la especie;
  • los acolchados minerales reducen la evaporación;
  • la arena y la grava pueden interrumpir o dificultar el transporte capilar;
  • las superficies minerales modifican el balance energético;
  • y los acolchados pueden mejorar el establecimiento de especies forestales mediterráneas.
La cadena de evidencias es, por tanto, bastante coherente. 

Lo que todavía no sabemos

Conviene, sin embargo, mantener la prudencia.

No he encontrado un ensayo experimental publicado que haya demostrado específicamente que una capa de 1–2 cm de arena aumenta la supervivencia de plántulas de Abies pinsapo sembradas directamente en el monte.

Por tanto, sería incorrecto decir que la ciencia ha validado directamente la técnica que propuse en 1991.

Lo que sí podemos decir es algo más preciso:

La investigación posterior ha confirmado los principales mecanismos físicos y ecológicos en los que se basaba aquella propuesta y ha demostrado que los acolchados minerales pueden mejorar la conservación de agua y el establecimiento de árboles mediterráneos.

La propuesta concreta para el pinsapo sigue siendo una hipótesis que merece ser ensayada

¿Cómo podría comprobarse hoy?

Actualmente sería relativamente sencillo diseñar un experimento específico.

Podrían compararse, por ejemplo:

  • semillas o plántulas sin acolchado;
  • semillas o plántulas con una capa de arena;
  • plantas protegidas mediante sombreo;
  • y plantas con combinación de arena y sombreo.

Durante el experimento podrían medirse:

  • humedad del suelo;
  • temperatura;
  • radiación;
  • potencial hídrico;
  • crecimiento
  • desarrollo radical;
  • y supervivencia.

Sería especialmente interesante comparar diferentes granulometrías y espesores de la capa mineral.

Pero hay una variable que considero aún más importante que la propia humedad:

el tiempo durante el cual el suelo permanece por encima del umbral hídrico crítico para la planta.

Una pequeña reducción de la evaporación puede no representar una gran cantidad adicional de agua en términos absolutos. Sin embargo, puede proporcionar varios días o semanas más de humedad disponible.

Y esos días pueden ser decisivos para que una joven raíz alcance una mayor profundidad. 

Una técnica sencilla en un momento de cambio climático

La cuestión adquiere una nueva dimensión en el contexto actual.

Cuando escribí aquel artículo, la dificultad consistía en conseguir que las plantas superaran las condiciones naturales del verano mediterráneo.

Hoy las condiciones son todavía más exigentes.

El aumento de las temperaturas incrementa la demanda evaporativa de la atmósfera y las sequías pueden ser más intensas y prolongadas.

En estas circunstancias, cualquier técnica capaz de conservar una parte del agua disponible en el suelo puede adquirir interés para la restauración forestal.

No significa que una capa de arena vaya a resolver los problemas derivados del cambio climático.

Pero sí puede contribuir a mejorar las probabilidades de supervivencia durante la fase más vulnerable de la vida de un árbol.

Y además tiene una característica interesante: actúa sobre el suelo, no directamente sobre la planta. 

Volver sobre una idea de hace 35 años

Al releer ahora aquel artículo de 1991, me parece interesante comprobar cómo una observación aparentemente pequeña puede adquirir un significado diferente con el paso del tiempo.

En aquel momento disponíamos de mucha menos información sobre la fisiología del pinsapo y sobre la física de los acolchados.

Sin embargo, habíamos observado algo que llamaba la atención:

unas plantas jóvenes podían desarrollarse en una situación aparentemente desfavorable cuando el suelo estaba cubierto por material mineral.

La explicación propuesta fue que aquel material podía reducir la pérdida de agua.

Hoy la investigación científica permite comprender mucho mejor ese proceso.

La capa mineral puede:

  • reflejar parte de la radiación;
  • reducir el calentamiento superficial;
  • interrumpir la continuidad capilar;
  • aumentar la resistencia al transporte de vapor;
  • reducir la evaporación;
  • y mantener durante más tiempo la humedad disponible en los primeros centímetros del suelo.

No sabemos todavía si una capa de 1–2 cm de arena produce por sí sola una mejora significativa de la supervivencia del pinsapo.

Pero sabemos que la hipótesis sobre la que se apoyaba aquella propuesta es científicamente razonable

Quizá la clave esté en el micrositio

La experiencia también nos recuerda algo fundamental sobre la ecología del pinsapo.

Cuando hablamos de dónde puede vivir una especie, solemos pensar en grandes variables:

  • temperatura;
  • precipitación;
  • altitud;
  • orientación.

Pero para una semilla o una plántula puede ser mucho más importante lo que ocurre en unos pocos centímetros de suelo.

Un pequeño cambio en:

  • profundidad;
  • textura;
  • cobertura;
  • exposición;
  • humedad;
  • competencia;
puede convertir un lugar aparentemente inhóspito en un micrositio favorable.

La pista forestal había creado accidentalmente uno de esos micrositios.

La pregunta actual es si podemos reproducir deliberadamente esas condiciones favorables sin necesidad de modificar el conjunto del ecosistema.

Si la respuesta fuese afirmativa, estaríamos ante una herramienta sencilla para determinadas actuaciones de restauración. 

Una vieja propuesta que merece una nueva oportunidad

Después de revisar la literatura científica publicada desde 1991, mi valoración es, por tanto, prudente pero positiva.

La técnica concreta no ha sido validada experimentalmente para el pinsapo. Pero los principales mecanismos en los que se basaba han sido confirmados: 

  • Los acolchados minerales pueden conservar humedad.
  • La interrupción de la capilaridad puede reducir la evaporación.
  • El albedo puede modificar el balance energético de la superficie.
  • La humedad superficial es importante para las plántulas.
  • Y el déficit hídrico constituye uno de los principales factores que condicionan la supervivencia del pinsapo.

Todo ello hace que aquella pequeña experiencia de 1991 tenga hoy un interés renovado.

Quizá la enseñanza más sencilla sea también la más importante:

En la restauración de una especie mediterránea tan sensible al déficit hídrico como el pinsapo, no siempre se trata de quitarle el sol a la planta. A veces puede ser más eficaz impedir que el suelo pierda el agua que ya tiene.

Y quizá aquella capa de arena que hace 35 años parecía una solución demasiado sencilla merezca ahora ser estudiada de nuevo con las herramientas científicas actuales.

Una observación de campo se convirtió entonces en una hipótesis. La ciencia posterior ha demostrado que la hipótesis tenía fundamento. Falta todavía dar el último paso: comprobar si funciona realmente con el pinsapo. 

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Referencias bibliográficas

Arista, M. (1994). Supervivencia de las plántulas de Abies pinsapo Boiss. en su hábitat natural. Anales del Jardín Botánico de Madrid, 51(2), 193–198.

Jiménez, M. N., Fernández-Ondoño, E., Ripoll, M. Á., Castro-Rodríguez, J., Huntsinger, L. & Navarro, F. B. (2016). Stones and organic mulches improve the Quercus ilex L. afforestation success under Mediterranean climatic conditions. Land Degradation & Development, 27, 357–365.

Jiménez, M. N., Pinto, J. R., Ripoll, M. Á., Sánchez-Miranda, A. & Navarro, F. B. (2017). Impact of straw and rock-fragment mulches on soil moisture and early growth of holm oaks in a semiarid area. Catena, 152, 198–206.

Yuan, C., Lei, T., Mao, L., Liu, H. & Wu, Y. (2009). Soil surface evaporation processes under mulches of different sized gravel. Catena, 78, 117–121.

Effects of gravel mulch on water vapor transfer above and below the soil surface (2004). Agricultural Water Management, 67, 145–155.

Mesh-shelters provide more effective long-term protection than tube-shelters or mulching for restoration of Pinus halepensis in a Mediterranean arid ecosystem (2022). Frontiers in Forests and Global Change.

Pino Díaz, J. (1991). El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas. Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, nº 9, diciembre de 1991, pp. 20–25.

martes, 8 de septiembre de 2026

Pinsapos y secuoyas en el monte de Aldeire, Sierra Nevada.

En la vertiente norte de Sierra Nevada, en el término municipal de Aldeire (Granada), existe un paisaje forestal que llama la atención por una razón muy particular: junto a los pinares de repoblación aparecen, dispersas por distintos barrancos, especies arbóreas que no forman parte de la vegetación natural característica de esta montaña. Entre ellas se encuentran secuoyas, alerces, cedros, abetos de Douglas y pinsapos.

En Aldeire el pinsapo parece haber encontrado unas condiciones suficientemente favorables como para sobrevivir durante décadas.

El 28 de noviembre de 2024 recorrí uno de estos enclaves, el Barranco de los Tejos, junto la pista principal de El Marquesado (1.650 m,), para documentar su vegetación.

Lo que encontré resulta mucho más interesante de lo que podía sugerir una primera referencia a unos pocos pinsapos aislados: numerosos ejemplares de diferentes tamaños conviven allí con un conjunto de tres grandes secuoyas y con el pinar de repoblación que caracteriza buena parte de este sector de la montaña.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024. 

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Junto a la pista forestal principal de El Marquesado también existe otro enclave de secuoyas, situado en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque.

Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

 Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Estamos, por tanto, ante un paisaje forestal que merece ser contemplado no solo desde el punto de vista botánico, sino también desde la historia de la restauración forestal de Sierra Nevada. 

Un bosque archivo vivo de la historia forestal de Sierra Nevada.

Cuando se recorre por primera vez el entorno forestal de Aldeire, la impresión dominante es la de encontrarse ante un extenso pinar. Buena parte de estos bosques son consecuencia de las grandes actuaciones de repoblación realizadas durante el siglo XX en el Marquesado del Zenete.

Una pista forestal principal recorre las repoblaciones del Marquesado del Zenete de los montes de Aldeire, Lanteira y Jérez del Marquesado. 

La historia de estas repoblaciones fue mucho más compleja que una simple sustitución de terrenos degradados por pinares. En diferentes puntos se introdujeron también otras especies forestales, algunas autóctonas de otras regiones españolas y otras foráneas.

El resultado puede verse hoy en algunos barrancos del monte de Aldeire como una auténtica colección forestal histórica al aire libre.

Hay pinos junto a cedros; alerces junto a abetos; secuoyas junto a álamos, alisos y castaños; y, de manera particularmente llamativa, pinsapos creciendo bajo la cubierta del bosque.

El Barranco de los Tejos: pinsapos y secuoyas

El enclave que más me interesa es el Barranco de los Tejos, situado en el sistema de barrancos del Río Benéjar.

La Junta de Andalucía reconoce oficialmente en este lugar una arboleda singular denominada "Secuoyas del Barranco de Los Tejos", incluida en el catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía.

La denominación oficial se refiere a las secuoyas, pero cuando se observa el conjunto sobre el terreno aparece una realidad más compleja.

Las fotografías que tomé muestran tres grandes secuoyas rodeadas por el pinar y, entre ellas, numerosos pinsapos. El contraste entre las especies resulta sorprendente. Las secuoyas gigantes destacan por sus enormes troncos y su porte monumental, mientras que los pinsapos presentan la característica silueta piramidal de los abetos y un follaje rígido y denso.


Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de pinsapos situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

Enclave de secuoyas situado en el Barranco de los Tejos. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 28/11/2024.

En mis visitas al Barranco de los Tejos he podido comprobar que los pinsapos no se reducen a uno o dos árboles aislados. Las fotografías muestran numerosos individuos de diferentes tamaños, formando pequeños grupos dentro del bosque. Hay árboles jóvenes, otros de mayor desarrollo y ejemplares que ya han alcanzado un porte apreciable. Proceden de una plantación de 1.988-89 realizada por el Agente de Medio Ambiente de la zona.

Los pinsapos se encuentran en un ambiente de montaña, a una altitud aproximada de 1.650 metros, dentro de un barranco con marcado carácter umbroso y húmedo, ambiente local que parece ofrecer condiciones favorables para esta especie. 

Las secuoyas de los Prados del Duque

Los pinsapos no son, sin embargo, los árboles que más sorprenden al visitante. Ese papel corresponde a las secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum).

Existe otro enclave perfectamente diferenciado, se encuentra en un barranco próximo a la Fuente de los Prados del Duque, junto al margen de la pista forestal principal de El Marquesado.

Las fotografías tomadas en este segundo lugar muestran igualmente grandes secuoyas integradas en el bosque de repoblación.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque. Autor de las fotografías: José Pino Díaz, 2/07/2025.

Las fotografías que realicé muestran ejemplares de gran tamaño, con troncos que contrastan espectacularmente con los pinos que los rodean. Una de las imágenes permite apreciar la escala del árbol gracias a la presencia de personas junto a su tronco. Otra con dos personas abrazando el tronco da idea del diámetro del árbol. 

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Nota para las fotografías

Las fotografías del Barranco de los Tejos que ilustran este artículo fueron realizadas por el autor el 28 de noviembre de 2024. Las correspondientes al segundo enclave de secuoyas, situado junto a la Fuente de los Prados del Duque, fueron realizadas el 2 de julio de 2025.


domingo, 6 de septiembre de 2026

El pinsapar de La Dehesilla: un enclave de origen humano que presenta indicios de regeneración natural y de naturalización progresiva.

Sobre el origen de los pinsapos de La Dehesilla de Monachil

En la década de los setenta sobre terrenos de La Dehesilla una sociedad anónima, formada por dirigentes del régimen franquista, planeó construir una urbanización de lujo. El proyecto no prosperó y la finca, después de pertenecer a varios propietarios particulares, el financiero Van del Valle y el médico granadino Bartolomé Arias, fue adquirida en el 2001 por el Organismo Autónomo Parques Nacionales [1].  

Pues bién, según comentarios del agente de medio ambiente del monte, los pinsapos de La Dehesilla proceden de la repoblación forestal que la sociedad propietaria realizó allá por los setenta,  

Imagen 1 

La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 1. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.
 

En busca de regeneración natural

Cuando publiqué en Áreadoc el post dedicado a los pinsapos de La Dehesilla [2], una de las cuestiones que quedaban abiertas era precisamente la más interesante: ¿existe regeneración natural?

Había que comprobar que los pinsapos, una vez establecidos, estaban comenzado a comportarse como una población capaz de mantenerse por sí misma. Había que buscar algo muy concreto y eso es precisamente lo que hemos encontrado en una reciente visita al monte.

Imagen 2

La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 2. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Las fotografías que acompañan este artículo documentan la regeneración natural de los pinsapos de la Dehesilla. Algunos son apenas plántulas; otros presentan ya un desarrollo nayor.

Los pinsapos tienen un origen humano, pero el enclave muestra ahora indicios claros de naturalización mediante regeneración. De manera similar a lo ocurrido con la naturalización de los bosquetes de pinsapo de la Umbría del Peñón de la Cruz de Víznar y del Collado de la Alfaguara, resultado de las repoblaciones forestales de principios del siglo XX [3]. 

Para hablar de una población naturalizada hay que encontrar individuos jóvenes que no procedan directamente de una plantación. Un grupo de árboles plantados puede sobrevivir durante décadas sin que exista regeneración. En ese caso estaríamos ante una masa artificial que depende de la intervención humana para su renovación. Por el contrario, cuando aparecen plántulas y juveniles nacidos de la semilla de los árboles existentes, comienza a producirse un proceso ecológico autónomo. No significa que el enclave se haya convertido de repente en un pinsapar natural. Pero sí que la población ha empezado a reproducirse por sí misma. Es exactamente lo que parece estar ocurriendo en La Dehesilla.

Imagen 3 

 
Imagen 4 

 
Imagen 5 

 
Imagen 6 

La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 6. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Las fotografías: pequeñas pistas de un proceso mayor

Las imágenes tomadas durante la visita resultan especialmente reveladoras porque muestran individuos de tamaños muy diferentes. En algunas aparecen plántulas de pinsapo, de pocos centímetros, creciendo entre la vegetación y la hojarasca. En otras se observan ejemplares juveniles mucho más desarrollados, con numerosas ramificaciones y una arquitectura claramente reconocible. La diversidad de tamaños es importante.

Una única cohorte de plantación suele presentar árboles de edades relativamente próximas. En cambio, la aparición de individuos pequeños junto a otros de mayor tamaño puede ser indicativa de reclutamiento en diferentes momentos.

Naturalmente, las fotografías por sí solas no permiten establecer la edad de cada ejemplar ni reconstruir una estructura demográfica completa. Para ello sería necesario realizar un inventario sistemático, localizar todos los individuos, medir sus dimensiones y, en algunos casos, recurrir incluso a estudios dendrocronológicos. 

Hacia la naturalización del pinsapar

Los pinsapos adultos producen semillas. Si esas semillas son viables y encuentran unas condiciones adecuadas de humedad, temperatura, suelo y protección, pueden germinar y originar nuevos individuos. El proceso parece sencillo, pero en el contexto mediterráneo no lo es.

Abies pinsapo es una especie que procede de ambientes montanos y que, en su área natural, encuentra condiciones que favorecen su regeneración. Fuera de sus principales núcleos naturales, la germinación y supervivencia de las plántulas dependen mucho de las condiciones locales.

Los estudios realizados en pinsapares naturales muestran precisamente que la regeneración no se distribuye de manera uniforme. La estructura del bosque, la existencia de claros y las condiciones de competencia tienen una influencia considerable.

Esto ayuda a entender lo que ocurre en La Dehesilla. Aquí no estamos ante un bosque cerrado de pinsapos. Los árboles aparecen integrados en una vegetación mediterránea mucho más abierta y heterogénea, con matorrales, pinos, frondosas y numerosos espacios de diferente exposición y cobertura.

Para una semilla que cae al suelo, cada uno de esos pequeños ambientes constituye un microhábitat diferente.

El papel de los matorrales

Una de las características que más llaman la atención en las fotografías es que algunos de los pinsapos jóvenes aparecen protegidos entre arbustos o bajo la cobertura de otras plantas.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 7. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Una plántula de pinsapo recién germinada es mucho más vulnerable que un árbol adulto. El problema no consiste solamente en conseguir que germine: debe sobrevivir a los periodos secos, a las elevadas temperaturas estivales, a la competencia de otras plantas y al consumo por herbívoros.

En esas circunstancias, un arbusto puede funcionar como una auténtica planta nodriza. La cobertura vegetal puede reducir la radiación directa que alcanza el suelo, disminuir las temperaturas extremas y crear un microambiente algo más favorable. Al mismo tiempo, puede ofrecer cierta protección física frente a herbívoros.

Esto resulta especialmente interesante en una especie como el pinsapo, cuya regeneración está estrechamente condicionada por el ambiente.

No debe interpretarse que todos los pinsapos jóvenes necesitan necesariamente un arbusto para sobrevivir. Pero sí que la distribución observada en campo plantea una hipótesis que merece ser estudiada: la vegetación acompañante podría estar desempeñando un papel facilitador en la regeneración de La Dehesilla, sobre todo teniendo en cuenta el aprovechamiento de los pastos del monte por ganado vacuno.

El suelo dolomítico vuelve a aparecer en la historia

Otro aspecto que adquiere mayor interés al observar la regeneración es el sustrato. Como ya se señalaba en el artículo anterior, los pinsapos de La Dehesilla se encuentran sobre materiales de naturaleza dolomítica.

Este dato es relevante porque introduce una característica edáfica que diferencia el enclave de otros lugares clásicos del pinsapo. La dolomía está constituida fundamentalmente por carbonatos de calcio y magnesio y suele generar suelos con características físicas y químicas particulares. Además, en las laderas montañosas, la combinación entre roca, pendiente, fracturación y escaso desarrollo edáfico produce una extraordinaria diversidad de microambientes.

Las fotografías muestran precisamente un terreno pedregoso, con abundante roca superficial y zonas de suelo relativamente escaso.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 10. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.

Y, sin embargo, los pinsapos están germinando. Esto no significa que debamos concluir que las dolomías sean favorables para el pinsapo. Lo que sí podemos afirmar es que, al menos en las condiciones concretas de La Dehesilla, el sustrato dolomítico no está impidiendo la regeneración de la especie.

Una población pequeña, pero con dinámica propia

Si los árboles plantados alcanzan la madurez, producen semillas, estas germinan y los nuevos individuos sobreviven sin haber sido plantados por el hombre, se inicia un proceso de naturalización.

Ese proceso puede prolongarse durante décadas y dar lugar progresivamente a una estructura cada vez más independiente de la intervención humana.

Por tanto, quizá la manera más adecuada de definir actualmente los pinsapos de La Dehesilla sea: un enclave de origen humano que presenta indicios de regeneración natural y, por tanto, de naturalización progresiva.

El ejemplo del Pinsapar de Huétor

La propia Junta de Andalucía utiliza el Pinsapar de Huétor, en el término municipal de Víznar, como uno de los principales ejemplos de conservación ex situ del pinsapo. Se trata de una masa procedente de repoblaciones realizadas en las primeras décadas del siglo XX y que actualmente presenta árboles maduros y una importante cantidad de regenerado, con elevadas tasas de reclutamiento.

La comparación resulta sugerente. En ambos casos nos encontramos con una cuestión que supera la vieja dicotomía entre "natural" y "repoblado". Una masa puede tener origen humano y comportamiento ecológico naturalizado. De hecho, en otros estudios sobre masas antiguamente plantadas de Abies pinsapo se ha comprobado que la especie puede mantener una buena capacidad de regeneración y que estos enclaves pueden adquirir interés desde el punto de vista de la conservación. 

La Dehesilla parece ofrecer ahora un pequeño ejemplo de este mismo fenómeno en Sierra Nevada.

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La Dehesilla: cuando los pinsapos empiezan a reproducirse. Imagen 13. Autor de la fotografía: José Pino-Díaz.
 

Lo que realmente importa: que los pinsapos están produciendo relevo

Hay una diferencia conceptual que conviene destacar. Si encontramos un pinsapo centenario, estamos observando el resultado de una historia pasada. Si encontramos un pinsapo joven nacido espontáneamente bajo esos árboles, estamos observando el comienzo de una historia futura.

Esta segunda observación tiene un valor especial para la conservación. Los árboles adultos pueden sobrevivir durante muchos años incluso cuando las condiciones ya no permiten una regeneración adecuada. Por ello, la existencia de individuos jóvenes constituye un indicador mucho más interesante de la capacidad de una población para mantenerse.

La regeneración tampoco garantiza por sí misma el futuro del enclave. Una plántula puede germinar y morir pocos meses después. Un grupo de juveniles puede desaparecer tras varios años secos. La presión de los herbívoros, la competencia vegetal, los incendios o el incremento de la aridez pueden modificar radicalmente la trayectoria del proceso. Por eso sería prematuro hablar de una expansión del pinsapar de La Dehesilla. Pero sí podemos hablar de regeneración observada.

El problema de la sequía

La observación de regenerado resulta todavía más interesante si lo situamos en el contexto actual. El pinsapo es una especie mediterránea, pero no una especie adaptada a cualquier ambiente mediterráneo. Su distribución natural está asociada a determinadas condiciones de humedad y temperatura que han permitido su supervivencia en refugios montanos. El cambio climático introduce una incógnita importante.

Los estudios fisiológicos y dendroecológicos realizados sobre Abies pinsapo muestran que la disponibilidad de agua desempeña un papel fundamental en su crecimiento y que los episodios de sequía pueden afectar considerablemente a su funcionamiento [4]. Por ello, encontrar regeneración en La Dehesilla no debe interpretarse únicamente como una buena noticia. Es también una oportunidad para estudiar la capacidad de adaptación de la especie en un enclave situado fuera de sus principales núcleos naturales.

Si las plántulas consiguen sobrevivir durante las próximas décadas, el interés del enclave aumentará considerablemente. Si, por el contrario, la mortalidad de los individuos jóvenes resulta muy elevada, descubriremos que existe regeneración pero que el reclutamiento efectivo —el paso de plántula a juvenil establecido— es mucho más limitado.

De la regeneración a la naturalización

En ecología forestal conviene distinguir varios conceptos.

  • Regeneración significa que aparecen nuevos individuos procedentes de la reproducción de los árboles existentes.
  • Reclutamiento implica que una parte de esos individuos consigue superar las primeras etapas de desarrollo y pasa a formar parte de la población juvenil.
  • Naturalización supone un proceso más amplio: una población inicialmente introducida comienza a mantenerse y reproducirse de forma autónoma en el nuevo territorio.

Por tanto, lo que hemos podido comprobar en La Dehesilla es, en primer término, regeneración natural.

Para demostrar que existe una población plenamente naturalizada sería necesario seguir su evolución durante más tiempo. Y aquí aparece una magnífica oportunidad de investigación.

Los pinsapos de La Dehesilla pueden contemplarse ahora desde una perspectiva diferente. No son solamente unos árboles singulares que quedaron como testimonio de antiguas experiencias forestales. Son también un pequeño experimento ecológico iniciado hace décadas.

Los árboles originales fueron introducidos en un territorio situado fuera del área donde actualmente reconocemos las principales poblaciones naturales de la especie. Han tenido que enfrentarse a unas condiciones ambientales diferentes, competir con la vegetación local y soportar la evolución del clima durante varias décadas.

Y ahora algunos de sus descendientes están apareciendo espontáneamente. Es como si el tiempo hubiera añadido una segunda fase al experimento.

La primera pregunta era: ¿puede vivir el pinsapo aquí? La supervivencia de los árboles adultos parece responder afirmativamente.

La segunda era: ¿puede reproducirse aquí? Las plántulas observadas permiten responder también afirmativamente, al menos de manera preliminar.

Pero queda una tercera pregunta, mucho más difícil: ¿pueden sus descendientes sobrevivir y formar una población estable a largo plazo? Esa respuesta todavía está por escribir.

Lo que habría que hacer ahora

La observación realizada durante esta visita merece convertirse en algo más que una colección de fotografías. Sería muy interesante realizar un inventario específico de la regeneración de pinsapo en La Dehesilla.

Para cada individuo deberían registrarse, como mínimo:

  • coordenadas GPS;

  • altitud;

  • orientación;

  • pendiente;

  • tamaño o altura;

  • diámetro, cuando sea posible;

  • distancia al pinsapo adulto más próximo;

  • cobertura de matorral;

  • especie vegetal acompañante;

  • grado de insolación;

  • características del suelo;

  • presencia de daños por herbivoría;

  • estado sanitario.

Con varias visitas a lo largo de los años podría determinarse además la supervivencia de cada individuo.

Entonces podríamos pasar de una observación cualitativa —hay regeneración— a una verdadera evaluación demográfica: cuántas plántulas nacen, cuántas sobreviven, dónde se establecen y qué condiciones favorecen su crecimiento.

Sería un estudio relativamente sencillo, pero con un enorme interés para conocer el comportamiento del pinsapo fuera de sus núcleos naturales.

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Bibliografía y notas

[1]  Porcel Bueno, Pablo (2004). Sierra Nevada, historia -ceonología. Página 170: "Compra de la Dehesilla de Monachil.- De una extensión de 1.100 hectáreas, es adquirida la Dehesilla de Monachil, en la suma de 1.200.000 euros. Esta Dehesilla formaba parte de una sociedad anónima de dirigentes del régimen franquista, uno de los cuales se rumoreaba que era el marqués de Villaverde asiduo a las pistas de Sierra Nevada, quienes pretendieron construir una urbanización de lujo en la década de los años setenta, en la margen izquierda del río Monachil, proyecto que quedó frustrado al parecer por la finalización del régimen franquista, y sus propietarios vendieron la propiedad al financiero Van del Valle y éste al médico dentista granadino Bartolomé Arias, quien la vendió a su vez al Parque Nacional.

[2] Pino-Díaz, J.(2026). Los pinsapos de La Dehesilla: una pequeña población en Sierra Nevada. En Áreadoc, accesible online en https://areadoc.blogspot.com/2026/08/los-pinsapos-del-monte-dehesas-una.html, consultado 06/09/2026.

[3] Hita, J. A (1997). Comportamiento de Abies pinsapo Boiss., a partir de repoblación, en el Parque Natural de la Sierra de Huétor (Granada, España). Ars Pharm núm. 38 (4), pp. 375-383. Consultado el 05/10/2025, disponible online en http://hdl.handle.net/10481/68781

[4] Sancho-Knapik, D., Peguero-Pina, J. J., Flexas, J., Herbette, S., Cochard, H., Niinemets, Ü. & Gil-Pelegrín, E. (2014). Coping with low light under high atmospheric dryness: shade acclimation in a Mediterranean conifer (Abies pinsapo Boiss.). Tree Physiology, 34(12), 1321–1333. DOI: 10.1093/treephys/tpu095.