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viernes, 11 de septiembre de 2026

Una experiencia de siembra de pinsapo en 1991 que la investigación científica posterior ayuda a explicar.

En 1991 publiqué en el Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales un artículo titulado «El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas». En aquel trabajo intentaba explicar, a partir de observaciones de campo y de cálculos de radiación, evapotranspiración y disponibilidad de agua en el suelo, cuáles eran las principales limitaciones ecológicas del pinsapo y por qué las repoblaciones de esta especie presentaban tantas dificultades.

Han pasado 35 años. Desde entonces, la investigación sobre Abies pinsapo ha avanzado extraordinariamente y hoy conocemos mucho mejor su fisiología, su respuesta a la sequía, la importancia del microclima, las condiciones que favorecen la regeneración natural y la influencia de la competencia, las plagas y el cambio climático.

Al revisar ahora aquel artículo, hay un episodio que me ha parecido especialmente interesante. Aparece casi al final, en el apartado dedicado a la repoblación forestal, y parte de una observación realizada por mi padre, José Pino Rivera, agente forestal.

En el margen de la pista forestal de la Solana del Caucón, en el monte de Yunquera (Sierra de las Nieves) se estaban desarrollando satisfactoriamente unas plántulas de pinsapo, en un lugar bastante expuesto y carente de cobertura vegetal. La observación resultaba llamativa porque la experiencia con las repoblaciones indicaba que las plantas jóvenes de pinsapo sufrían considerablemente cuando quedaban sometidas a las condiciones de insolación y sequedad propias del verano mediterráneo.

 

Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
Entre 1976 y 1977 se abrió la pista forestal de la solana del Caucón, cuyo firme se mejoró con una capa de áridos. Transcurridos unos años semillas de pinsapo germinaron y prosperaron en los márgenes de la pista, en condiciones de plena exposición al sol (ver Imagen). La explicación está en que la capa de áridos, que posee un albedo alto, refleja una alta proporción de la energía luminosa incidente (r = 0,26) y además rompe la capilaridad del suelo, aminorando así su desecación y manteniendo suficiente humedad en el suelo para la supervivencia de las plantitas, cuya capacidad de retención de agua había aumentado con el movimiento de tierras de la apertura de la pista forestal. Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz. Fuente: "Regenerado natural de pinsapos en la pista forestal del Caucón (1988). https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll351
 

¿Qué tenía de diferente aquel lugar?

La pista había sido acondicionada con una capa de material mineral. Y pensé que aquella capa podía estar modificando las condiciones de humedad del suelo, con un efecto similar al que produce en los cultivos enarenados.

A partir de esa observación se realizó una experiencia de siembra: cubrir con una fina capa de arena los hoyos donde se sembraran semillas de pinsapo, al objeto de conservar durante más tiempo la humedad necesaria para que las plántulas pudieran superar el primer verano. En el ensayo descrito en el artículo se utilizó una capa de aproximadamente 1–2 cm de arena.

Hoy podemos preguntarnos si aquella interpretación tenía fundamento.

La respuesta es sorprendentemente interesante. 

El problema no era solamente el sol

En mi artículo de 1991 concedía una gran importancia a la radiación solar, la orientación y la evapotranspiración. Los cálculos realizados mostraban diferencias considerables entre las condiciones de solana y umbría y trataban de explicar por qué las últimas ofrecían unas condiciones más favorables para el pinsapo.

La interpretación sigue siendo válida, pero actualmente podemos expresarla de una manera más precisa.

El principal problema no es la radiación en sí misma, sino el equilibrio entre el agua disponible en el suelo y la demanda evaporativa de la atmósfera.

Cuando aumenta la radiación y la temperatura, aumenta también la demanda de agua. Si además el suelo se encuentra en proceso de desecación, una plantita puede entrar rápidamente en estrés hídrico. 

Esto resulta especialmente importante en una plántula.

Un árbol adulto puede explorar un volumen considerable de suelo mediante sus raíces. Una plántula recién germinada, en cambio, dispone inicialmente de un sistema radical muy pequeño. Durante sus primeros meses depende en gran medida de la humedad existente en las capas superficiales.

Si esas capas se secan demasiado pronto, puede morir antes de que sus raíces hayan alcanzado zonas más profundas.

Y precisamente la desecación constituye una de las principales causas de mortalidad observadas en las plántulas de pinsapo. Los estudios realizados posteriormente demostraron que la mayor parte de las plántulas que morían presentaban síntomas de desecación progresiva.

Esto proporciona una primera conexión entre aquella experiencia de 1991 y la investigación posterior. 

Una capa de arena puede cambiar el balance hídrico

La hipótesis que planteé entonces era sencilla.

Una capa de material mineral podía actuar de dos maneras.

La primera estaba relacionada con el albedo.

Una superficie clara refleja una mayor proporción de la radiación solar que recibe y, por tanto, absorbe menos energía. En principio:

mayor albedo → menor energía absorbida → menor calentamiento superficial.

Pero existía otro mecanismo que probablemente era todavía más importante: la interrupción de la continuidad capilar.

El agua almacenada en el suelo puede ascender hacia la superficie mediante fuerzas capilares. Una vez allí queda expuesta a la atmósfera y puede evaporarse.

Una capa superficial de arena o grava modifica este proceso. Dificulta el movimiento del agua hacia la superficie y aumenta la resistencia al transporte de vapor.

El resultado es que el agua permanece más tiempo en el suelo.

La secuencia puede resumirse así:

suelo húmedo → ascenso capilar → superficie → evaporación

frente a:

suelo húmedo → capa mineral → mayor resistencia → menor evaporación.

La investigación realizada posteriormente ha demostrado experimentalmente este efecto. Los acolchados minerales pueden aumentar la resistencia al flujo de vapor y reducir de forma importante la evaporación del agua almacenada en el suelo.

Por tanto, una de las ideas fundamentales de aquella propuesta de 1991 ha quedado bien respaldada por la física del suelo.

 

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral. José Pino Díaz.

Figura síntesis visual que permite al lector comprender la diferencia entre el suelo desnudo y el suelo protegido por la capa mineral.

 

La comparación con el cultivo enarenado

En aquel artículo comparaba el efecto de la arena con el conocido sistema de cultivo enarenado, tradicional en el sureste de España.

La comparación no era casual.

En el cultivo enarenado, una capa de arena situada sobre el suelo modifica el movimiento del agua y reduce las pérdidas por evaporación. La investigación posterior ha confirmado que estos efectos se producen realmente y que dependen de características como el tamaño de las partículas y el espesor de la capa.

Esto permite matizar ahora mi explicación original.

El aumento del albedo probablemente contribuye al efecto, pero no deberíamos atribuir exclusivamente a la reflexión de la radiación la conservación del agua.

La interrupción de la continuidad capilar y el aumento de la resistencia al transporte de vapor parecen desempeñar un papel fundamental.

En otras palabras, la arena no actúa solamente como un pequeño espejo que devuelve parte de la radiación solar.

Actúa también como una barrera física frente a la pérdida de agua del suelo

Una confirmación en Granada

Una de las evidencias posteriores que más se aproxima a la propuesta que hice en 1991 procede precisamente del sureste de España.

En un experimento realizado en Dehesas de Becerra, en Granada, se estudió el efecto de diferentes acolchados sobre el establecimiento de encinas (Quercus ilex) en condiciones mediterráneas semiáridas.

Se compararon plantas sin acolchado con otras protegidas mediante paja o fragmentos de roca.

Los investigadores midieron la humedad del suelo a distintas profundidades y siguieron el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas.

El resultado fue significativo: el acolchado de fragmentos de roca aumentó la humedad del suelo en los primeros 10–20 cm y tanto el acolchado mineral como el orgánico redujeron el número de días en que las plantas sufrían estrés fisiológico. Los autores señalaron además el interés de estos acolchados para plantas pequeñas con sistemas radicales inicialmente superficiales.

La coincidencia con mi propuesta resulta notable.

No se trataba de pinsapos, pero sí de una especie forestal mediterránea, sometida a una fuerte sequía estival y estudiada en una región muy próxima desde el punto de vista climático.

Y el efecto se producía precisamente donde más nos interesa cuando hablamos de una plántula recién germinada: en los primeros centímetros del suelo.

 

Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
Regenerado natural de pinsapo protegido con piedras  en la pista forestal del Caucón. Monte Pinar de Yunquera (Málaga). Fotografía de José Pino Díaz (1988).
 

¿Puede aumentar realmente la supervivencia?

La respuesta también cuenta con evidencias interesantes.

Otro experimento realizado en el sureste de España siguió durante nueve años el establecimiento de encinas sometidas a diferentes tratamientos de acolchado.

La supervivencia fue aproximadamente del 85 % con acolchado orgánico, 78 % con piedras y 50 % en el control. Los árboles protegidos mediante acolchado presentaron además un mayor desarrollo foliar.

Esto demuestra algo más importante que la simple conservación temporal de humedad.

Demuestra que una modificación de la superficie del suelo puede traducirse en una diferencia apreciable en la supervivencia de árboles mediterráneos.

Naturalmente, no podemos trasladar directamente esos porcentajes al pinsapo. Quercus ilex y Abies pinsapo son especies muy diferentes.

Pero el resultado sí confirma el principio general sobre el que se apoyaba mi propuesta:

conservar el agua del suelo durante la fase inicial de establecimiento puede mejorar las posibilidades de supervivencia de una planta leñosa mediterránea. 

¿Y las coníferas?

Los experimentos con coníferas mediterráneas ofrecen resultados más complejos.

En Pinus halepensis, el pino carrasco, se han realizado experiencias de protección y acolchado en ambientes áridos del sureste español. Los resultados muestran que determinados acolchados pueden modificar la humedad de las capas superficiales del suelo, aunque los efectos sobre la supervivencia a largo plazo dependen del material utilizado y de las condiciones del lugar.

Esto es importante porque demuestra que conservar agua no garantiza por sí solo la supervivencia.

También influyen:

  • la profundidad del suelo;
  • la capacidad de almacenamiento de agua;
  • el desarrollo de las raíces;
  • la competencia de la vegetación;
  • la intensidad de la sequía;
  • y las características del propio acolchado.

Por tanto, hoy no propondría simplemente "poner arena" como una receta universal.

Hablaría de un acolchado mineral adecuadamente diseñado, teniendo en cuenta la granulometría, el espesor, el color y las características del suelo. 

El primer verano es la prueba decisiva

Esta cuestión nos lleva directamente al pinsapo.

Una semilla que germina en primavera necesita tiempo para desarrollar su sistema radical. Si la humedad superficial desaparece rápidamente, la plántula puede entrar en estrés antes de haber conseguido explorar las capas profundas.

Pero si conseguimos retrasar la desecación, aunque sólo sea durante un periodo limitado, la situación puede cambiar.

Podemos imaginar la siguiente secuencia:

germinación

humedad superficial durante más tiempo

crecimiento de la raíz

exploración de capas más profundas

mayor capacidad de extracción de agua

mayores posibilidades de superar el verano.

Ésta es probablemente la forma más interesante de interpretar hoy aquella propuesta.

La arena no tendría que mantener húmedo el suelo durante todo el verano.

Bastaría con retrasar la desecación lo suficiente para que la joven planta pudiera avanzar en el desarrollo de sus raíces. 

El pinsapo no necesita simplemente sombra

La investigación sobre la regeneración natural del pinsapo introduce aquí una cuestión aparentemente paradójica.

Si la sombra es favorable para reducir la evaporación, podríamos pensar que las plántulas deberían sobrevivir mejor siempre bajo una cubierta forestal cerrada.

Sin embargo, los estudios de regeneración demostraron que la supervivencia puede ser mayor en determinados claros que en el interior del bosque.

Esto nos obliga a abandonar una interpretación demasiado sencilla del pinsapo como especie que simplemente "necesita sombra".

Lo que necesita es un microclima adecuado.

Un pequeño claro puede proporcionar suficiente luz para que la planta crezca, manteniendo todavía unas condiciones hídricas aceptables.

El problema aparece cuando la exposición aumenta tanto que la demanda evaporativa supera la capacidad de la planta para obtener agua.

Y aquí el acolchado mineral ofrece una posibilidad diferente.

En lugar de reducir necesariamente la radiación que recibe la planta, podemos intentar conservar el agua que recibe su raíz

La experiencia de Hoyo de Millán

En mi artículo de 1991 describía un ensayo realizado a partir de esta idea. Se sembraron semillas de pinsapo en hoyos y se cubrieron posteriormente con una capa de arena de aproximadamente 1–2 cm. El objetivo era conservar la humedad del suelo y reducir la rapidez con la que se producía la desecación durante el periodo estival.

La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
 

Visto desde la perspectiva actual, aquel ensayo presenta una limitación evidente.

No fue diseñado como un experimento científico moderno. No disponíamos de parcelas control equivalentes ni de sensores que permitieran seguir continuamente la humedad y temperatura del suelo. Tampoco se realizó un análisis estadístico de la supervivencia.

Por ello, no podemos afirmar que aquel ensayo demostrara científicamente la eficacia de la técnica.

Pero tampoco debemos descartarlo.

Fue una experiencia de campo que partió de una observación real y que estaba sustentada por una hipótesis física concreta.

Y la investigación posterior ha demostrado que los mecanismos que proponíamos eran reales. 

Una observación, una hipótesis y una explicación

La historia tiene, en realidad, una estructura bastante sencilla.

Primero apareció la observación de José Pino Rivera:

unas plantas de pinsapo crecían satisfactoriamente junto a una pista forestal, a pesar de encontrarse en un lugar expuesto.

Después apareció la pregunta:

¿qué tenía aquel lugar de diferente?

La respuesta podía estar en la capa de material mineral.

A partir de ahí surgió la hipótesis:

la capa de arena estaba reduciendo la pérdida de agua del suelo.

Y finalmente se propuso reproducir artificialmente ese efecto mediante una fina cubierta mineral sobre los hoyos de siembra.

Treinta y cinco años después disponemos de una información que entonces no existía.

Sabemos que:

  • las plántulas de pinsapo son especialmente vulnerables a la desecación;
  • la disponibilidad de agua en el suelo es un factor fundamental para la especie;
  • los acolchados minerales reducen la evaporación;
  • la arena y la grava pueden interrumpir o dificultar el transporte capilar;
  • las superficies minerales modifican el balance energético;
  • y los acolchados pueden mejorar el establecimiento de especies forestales mediterráneas.
La cadena de evidencias es, por tanto, bastante coherente. 

Lo que todavía no sabemos

Conviene, sin embargo, mantener la prudencia.

No he encontrado un ensayo experimental publicado que haya demostrado específicamente que una capa de 1–2 cm de arena aumenta la supervivencia de plántulas de Abies pinsapo sembradas directamente en el monte.

Por tanto, sería incorrecto decir que la ciencia ha validado directamente la técnica que propuse en 1991.

Lo que sí podemos decir es algo más preciso:

La investigación posterior ha confirmado los principales mecanismos físicos y ecológicos en los que se basaba aquella propuesta y ha demostrado que los acolchados minerales pueden mejorar la conservación de agua y el establecimiento de árboles mediterráneos.

La propuesta concreta para el pinsapo sigue siendo una hipótesis que merece ser ensayada

¿Cómo podría comprobarse hoy?

Actualmente sería relativamente sencillo diseñar un experimento específico.

Podrían compararse, por ejemplo:

  • semillas o plántulas sin acolchado;
  • semillas o plántulas con una capa de arena;
  • plantas protegidas mediante sombreo;
  • y plantas con combinación de arena y sombreo.

Durante el experimento podrían medirse:

  • humedad del suelo;
  • temperatura;
  • radiación;
  • potencial hídrico;
  • crecimiento
  • desarrollo radical;
  • y supervivencia.

Sería especialmente interesante comparar diferentes granulometrías y espesores de la capa mineral.

Pero hay una variable que considero aún más importante que la propia humedad:

el tiempo durante el cual el suelo permanece por encima del umbral hídrico crítico para la planta.

Una pequeña reducción de la evaporación puede no representar una gran cantidad adicional de agua en términos absolutos. Sin embargo, puede proporcionar varios días o semanas más de humedad disponible.

Y esos días pueden ser decisivos para que una joven raíz alcance una mayor profundidad. 

Una técnica sencilla en un momento de cambio climático

La cuestión adquiere una nueva dimensión en el contexto actual.

Cuando escribí aquel artículo, la dificultad consistía en conseguir que las plantas superaran las condiciones naturales del verano mediterráneo.

Hoy las condiciones son todavía más exigentes.

El aumento de las temperaturas incrementa la demanda evaporativa de la atmósfera y las sequías pueden ser más intensas y prolongadas.

En estas circunstancias, cualquier técnica capaz de conservar una parte del agua disponible en el suelo puede adquirir interés para la restauración forestal.

No significa que una capa de arena vaya a resolver los problemas derivados del cambio climático.

Pero sí puede contribuir a mejorar las probabilidades de supervivencia durante la fase más vulnerable de la vida de un árbol.

Y además tiene una característica interesante: actúa sobre el suelo, no directamente sobre la planta. 

Volver sobre una idea de hace 35 años

Al releer ahora aquel artículo de 1991, me parece interesante comprobar cómo una observación aparentemente pequeña puede adquirir un significado diferente con el paso del tiempo.

En aquel momento disponíamos de mucha menos información sobre la fisiología del pinsapo y sobre la física de los acolchados.

Sin embargo, habíamos observado algo que llamaba la atención:

unas plantas jóvenes podían desarrollarse en una situación aparentemente desfavorable cuando el suelo estaba cubierto por material mineral.

La explicación propuesta fue que aquel material podía reducir la pérdida de agua.

Hoy la investigación científica permite comprender mucho mejor ese proceso.

La capa mineral puede:

  • reflejar parte de la radiación;
  • reducir el calentamiento superficial;
  • interrumpir la continuidad capilar;
  • aumentar la resistencia al transporte de vapor;
  • reducir la evaporación;
  • y mantener durante más tiempo la humedad disponible en los primeros centímetros del suelo.

No sabemos todavía si una capa de 1–2 cm de arena produce por sí sola una mejora significativa de la supervivencia del pinsapo.

Pero sabemos que la hipótesis sobre la que se apoyaba aquella propuesta es científicamente razonable

Quizá la clave esté en el micrositio

La experiencia también nos recuerda algo fundamental sobre la ecología del pinsapo.

Cuando hablamos de dónde puede vivir una especie, solemos pensar en grandes variables:

  • temperatura;
  • precipitación;
  • altitud;
  • orientación.

Pero para una semilla o una plántula puede ser mucho más importante lo que ocurre en unos pocos centímetros de suelo.

Un pequeño cambio en:

  • profundidad;
  • textura;
  • cobertura;
  • exposición;
  • humedad;
  • competencia;
puede convertir un lugar aparentemente inhóspito en un micrositio favorable.

La pista forestal había creado accidentalmente uno de esos micrositios.

La pregunta actual es si podemos reproducir deliberadamente esas condiciones favorables sin necesidad de modificar el conjunto del ecosistema.

Si la respuesta fuese afirmativa, estaríamos ante una herramienta sencilla para determinadas actuaciones de restauración. 

Una vieja propuesta que merece una nueva oportunidad

Después de revisar la literatura científica publicada desde 1991, mi valoración es, por tanto, prudente pero positiva.

La técnica concreta no ha sido validada experimentalmente para el pinsapo. Pero los principales mecanismos en los que se basaba han sido confirmados: 

  • Los acolchados minerales pueden conservar humedad.
  • La interrupción de la capilaridad puede reducir la evaporación.
  • El albedo puede modificar el balance energético de la superficie.
  • La humedad superficial es importante para las plántulas.
  • Y el déficit hídrico constituye uno de los principales factores que condicionan la supervivencia del pinsapo.

Todo ello hace que aquella pequeña experiencia de 1991 tenga hoy un interés renovado.

Quizá la enseñanza más sencilla sea también la más importante:

En la restauración de una especie mediterránea tan sensible al déficit hídrico como el pinsapo, no siempre se trata de quitarle el sol a la planta. A veces puede ser más eficaz impedir que el suelo pierda el agua que ya tiene.

Y quizá aquella capa de arena que hace 35 años parecía una solución demasiado sencilla merezca ahora ser estudiada de nuevo con las herramientas científicas actuales.

Una observación de campo se convirtió entonces en una hipótesis. La ciencia posterior ha demostrado que la hipótesis tenía fundamento. Falta todavía dar el último paso: comprobar si funciona realmente con el pinsapo. 

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Referencias bibliográficas

Arista, M. (1994). Supervivencia de las plántulas de Abies pinsapo Boiss. en su hábitat natural. Anales del Jardín Botánico de Madrid, 51(2), 193–198.

Jiménez, M. N., Fernández-Ondoño, E., Ripoll, M. Á., Castro-Rodríguez, J., Huntsinger, L. & Navarro, F. B. (2016). Stones and organic mulches improve the Quercus ilex L. afforestation success under Mediterranean climatic conditions. Land Degradation & Development, 27, 357–365.

Jiménez, M. N., Pinto, J. R., Ripoll, M. Á., Sánchez-Miranda, A. & Navarro, F. B. (2017). Impact of straw and rock-fragment mulches on soil moisture and early growth of holm oaks in a semiarid area. Catena, 152, 198–206.

Yuan, C., Lei, T., Mao, L., Liu, H. & Wu, Y. (2009). Soil surface evaporation processes under mulches of different sized gravel. Catena, 78, 117–121.

Effects of gravel mulch on water vapor transfer above and below the soil surface (2004). Agricultural Water Management, 67, 145–155.

Mesh-shelters provide more effective long-term protection than tube-shelters or mulching for restoration of Pinus halepensis in a Mediterranean arid ecosystem (2022). Frontiers in Forests and Global Change.

Pino Díaz, J. (1991). El Abies pinsapo Boiss. y sus limitaciones ecológicas. Boletín Informativo del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, nº 9, diciembre de 1991, pp. 20–25.

viernes, 3 de mayo de 2024

Los bosquetes de pinsapo de Valdivia (Chile) nacidos de semilla de Yunquera (Málaga).

Antecedentes

El pinsapar de Yunquera (Málaga) está históricamente relacionado con la descripción botánica del pinsapo. A finales de septiembre de 1837, el botánico suizo Edmond Boissier se alojó durante tres días en Yunquera y visitó, junto con los farmacéuticos malagueños Félix Haenseler y Pablo Prolongo, los pinsapares de su sierra. Recolectó piñas de pinsapo y a su regreso a Suiza distribuyó las semillas por jardines suizos y franceses [1].

Una vez el Patrimonio Forestal del Estado (PFE) se hizo cargo del monte Pinar de Yunquera se realizaron sucesivas recolecciones de piña de pinsapo. Desde noviembre de 1969 la semilla obtenida se empleó en las repoblaciones forestales del monte (a) y en el cultivo del vivero de la Cueva del Agua (b). Otras cantidades fueron enviadas a otras provincias (c) o al Servicio Nacional de Semillas (a), según los partes quincenales de trabajos de José Pino, guarda forestal del PFE.

Bosquetes de pinsapo en Valdivia (Chile)

Existen en la localidad de Valdivia (Chile) dos bosquetes de Abies pinsapo provenientes de semillas recolectadas en el pinsapar de Yunquera a inicios de la década de los setenta del pasado siglo.

El primero de ellos se encuentra en el Arboreto de la Universidad Austral de Chile, en la Isla Teja (39°48’06’’ S; 73°15’40’’ O), en Valdivia (Chile) (ver imagen 1). Fue plantado en 1976 con ejemplares de cinco años de edad (dos años en almaciguera y posteriormente trasplantados a raíz desnuda en platabandas por tres años) [2]. 

Imagen 1

Imagen 1: Situación del arboreto de la Universidad Austral de Chile, en la Isla Teja (39°48’06’’ S; 73°15’40’’ O), en Valdivia (Chile).
 

El  segundo bosquete se encuentra  en  el  predio  Las  Palmas  del  Centro Experimental Forestal de la Universidad Austral de Chile (39º44’45,12” S; 73º07’48,4” O) (ver imagen 2). Fue plantado también en 1976 con plantas de vivero de cinco años. De  una superficie de 0,033  ha,  está  formado  por  siete  filas  de  11  árboles  con un marco  de  2 × 2  m y una densidad  inicial  de  2.310  pies/ha [3]. 

Imagen 2

Imagen 2: Situación del  predio Las  Palmas  del  Centro Experimental Forestal de la Universidad Austral de Chile (39º44’45,12” S; 73º07’48,4” O).

Según los autores de los artículos citados en los párrafos anteriores, el Abies  pinsapo  está  bien  adaptado en  Valdivia (Chile). Presenta mayor crecimiento que en su zona de origen, buen estado sanitario y buenos fustes. Ello les lleva a proponer este lugar como un área geográfica adecuada para la conservación de las poblaciones de pinsapo fuera de su ambiente natural (conservación ex situ).   

Conservación ex situ del pinsapo

La distribución de los bosquetes de pinsapo por España ha sido estudiada por Soto García, García Viñas y Pérez Bujarrabal [4] [5], quiénes han propuesto su ampliación a biotopos idóneos en pro de la conservación ex situ de la especie. 

La conservación ex situ se define en el Real Decreto 159/2022, de 1 de marzo [6], como la conservación de los recursos genéticos forestales y de la flora silvestre fuera de sus hábitats naturales. El Abies pinsapo está incluido en la "Lista de taxones forestales para la conservación ex situ" del anexo I del anterior Real Decreto.

En este sentido, el Plan de Recuperación y conservación del pinsapo en Andalucía (2011) [7] hace referencia a las actuaciones de conservación ex situ en la Red Andaluza de Jardines Botánicos, a través de la Red de Viveros mediante el Laboratorio de Propagación Vegetal y a través del Banco de Germoplasma Vegetal Andaluz. 

En el desarrollo del plan, el Programa de Actuación del Pinsapo 2015-2019, aprobado mediante la Orden de 20 de mayo de 2015 [8], propone las siguientes actuaciones en referencia a su conservación ex situ:

  • Mantenimiento ex situ de la colección de semillas de pinsapo.
  • Labores de mantenimiento de la zona ex situ de Abies pinsapo en el Jardín Botánico El Castillejo, El Bosque (Cádiz).
  • Promover entre las entidades colaboradoras relacionadas con la producción y comercialización de plantas acciones para facilitar el cultivo y la comercialización de pinsapo autóctono en vivero, en los términos previstos del artículo 28 de la Ley 8/2003, de 28 de octubre, para labores de restauración forestal, mantenimiento de reservorios genéticos ex situ, educación e investigación.

Más recientemente, el informe anual del 2022 del Plan de recuperación considera incluir en su ámbito las poblaciones ex situ de pinsapo, como el bosquete de Huétor en Granada [9].

Notas

a.- Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: "Página de 23/11/1970 del registro de trabajos. Recogida de piña y siembra de pinsapo en el pinsapar de Yunquera", https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll037 . Descripción del item del archivo: Importe de los jornales empleados en los trabajos de recogida de piña y siembra de pinsapo en la cañada de los Mármoles y cañada de los Corrales en el pinsapar de Yunquera (Málaga). Los trabajos de recogida y preparación de semilla de pinsapo dieron como resultado la recogida de 2.830 kg de piña (12 peones - 48 jornales) en la primera quincena de septiembre de 1970 y la preparación de 220 kg de semilla (4 peones - 10 jornales) en la segunda quincena de septiembre y de 163 kg de semilla (3 peones - 5 jornales) en la primera quincena de octubre. En total se obtuvieron 383 Kgs de semilla, 233 kg se destinaron a siembra en el propio monte y 110 Kgs se enviaron al Servicio de Semillas. Los trabajos de siembra de pinsapo se realizaron durante la segunda quincena de septiembre (17 peones - 53 jornales) y primera quincena de octubre (17 peones - 132 jornales). El importe total de los trabajos (salarios más recibos) ascendió a 55.996 Ptas.

b.- Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: "Escrito de 10/02/1972. Plan de cultivo del vivero de Yunquera para 1972, instalación y siembra de 40.000 bolsitas de pinsapo", https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll125 . Descripción del item del archivo: Instalación del vivero en la cueva del Agua, en el monte Pinar de Yunquera (Málaga), y siembra de 40.000 bolsitas de plástico con Abies pinsapo; semilla a emplear, 40 kgs de A. pinsapo almacenada en el mismo Yunquera. Las operaciones de preparación deberán realizarse durante la segunda quincena de febrero y 1ª de marzo. 

c.- Ver el documento en el Archivo documental de José Pino Rivera: "Oficio de 26/12/1973, informando que han sido retirados 250 kg de semilla de pinsapo con destino a El Bosque (Cádiz)", https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/item.html?id=coll141 . Descripción del item del archivo: Oficio nº 56, de 27/12/1973, dirigido al Ayudante de Montes Juan Rodríguez de Velasco, informando que han sido retirados, por el conductor guarda del ICONA en Cádiz Carmelo Muñoz, 250 kg de semilla de pinsapo en ocho bultos con destino a El Bosque (Cádiz), transportados en el vehículo PMM 22373.

Bibliografía

[1] J. Pino-Díaz. El pinsapo más antiguo de Europa Central proviene de semillas de Yunquera. AREADOC, 10 de abril de 2019. Consultado el 28/04/2024, accesible en https://areadoc.blogspot.com/2019/04/el-pinsapo-mas-antiguo-de-europa.html

[2] L. Cardalliaguet, A. Muñoz, V. Humanes, I. Aguilera-Betti, M. Génova, C. LeQuesne, M. Rojas-Badilla y C. Veas. Radial growth of Abies pinsapo in southern Chile: relationships with the local climate and its comparison with natural populations in Spain, BOSQUE, vol. 40, no. 2, pp. 141–152, Aug. 2019.

[3]  E. Escànez, F. Droppelmann, y V. Gerding. Características del crecimiento de una plantación adulta de Abies pinsapo en un sitio de Valdivia, Chile, MYB, vol. 29, n.º 3, p. e2932556, dic. 2023.

[4] D. Soto, J.I. García y E. Pérez. Expansión naturalizada de Abies pinsapo en España. III Congreso Forestal Español: 89-94. Sociedad Española de Ciencias Forestales. 2001. Consultado el 03/05/2024, accesible https://secforestales.org/publicaciones/index.php/congresos_forestales/article/view/15908/15751

[5] D. Soto, J.I. García y E. Pérez. Descripción del híbrido Abies x masjoannis". III Congreso Forestal Español: 101-106. Sociedad Española de Ciencias Forestales. 2001. Consultado el 03/05/2024, accesible https://secforestales.org/publicaciones/index.php/congresos_forestales/article/view/15910/15753

[6] Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Real Decreto 159/2022, de 1 de marzo, sobre conservación de los recursos genéticos forestales y de la flora silvestre y por el que se modifica el Real Decreto 1424/2008, de 14 de agosto, por el que se determinan la composición y las funciones de la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad, se dictan las normas que regulan su funcionamiento y se establecen los comités especializados adscritos a la misma, y el Real Decreto 1269/2018, de 11 de octubre, por el que se determinan la composición, las funciones y las normas de funcionamiento del Consejo Forestal Nacional. BOE, núm. 59, 10/03/2022. Consultado el 28/04/2024, accesible en https://www.boe.es/eli/es/rd/2022/03/01/159/con .

[7] Consejería de Medio Ambiente. Acuerdo de 18 de enero de 2011, del Consejo de Gobierno, por el que se aprueban los Planes de Recuperación y Conservación de determinadas especies silvestres y hábitats protegidos. BOJA, núm. 25, 05/02/2011. Consultado el 03/05/2024, accesible en https://www.juntadeandalucia.es/boja/2011/25/1 .

[8] Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Orden de 20 de mayo de 2015, por la que se aprueban las programas de actuación de los Planes de Recuperación y Conservación de especies catalogadas de Andalucía. BOJA, núm. 100, 27/05/2015. Consultado el 03/05/2024, accesible en https://www.juntadeandalucia.es/boja/2015/100/15 .

[9] Consejería de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Economía Azul. Plan de recuperación y conservación de pinsapo, ficha resumen del informe de 2022. Consultado el 03/05/2024, accesible en https://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal/documents/20151/915520/Ficha-RESUMEN-2022-IC-%2BPinsapo.pdf .

domingo, 7 de abril de 2024

Ruta por el monte de Yunquera (Málaga) en memoria del forestal Pepe Pino.

Esta ruta la hemos realizado en homenaje a Pepe Pino, Guarda Forestal/Agente Forestal/Agente de Medio Ambiente de los montes de Yunquera (Málaga) desde 1969 a 1983. 

Se trata de una ruta circular por el pinsapar y el pinar del monte Pinar de Yunquera, en lo que fue el cuartel de vigilancia nº 14 de la Reserva de Caza de la Serranía de Ronda. Recorreremos lugares, parajes e infraestructuras en los que Pepe Pino dejó su impronta profesional

Hemos elegido este recorrido que coincide parcialmente con la senda que construyó en febrero y marzo de 1970 desde la Cañada de las Palomas hasta el Puerto de Bellina, pasando por Duarte, Arenitas, Cueva del Hornillo, Puerto de Balsitas, Norte de Bellina y Puerto de Bellina, de 8.509 m de longitud.

 

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La ruta la iniciaremos en el Puerto del Saucillo. Para llegar aquí hemos empleado la pista forestal de Yunquera al Saucillo/Caucón, construida en octubre y noviembre de 1976. Pasaremos junto al Pinsapo Candelabro, árbol incluido en la monografía "Árboles y Arboledas singulares de Andalucía" (pág. 122). 

Continuaremos por la senda que nos lleva al Puerto de Bellina pasando por el pinsapar y los bosquetes de pino silvestre de la Cañada de los Mármoles (puedes ver la imagen de Miguel Álvarez Calvente de 1964 donde se aprecia la escasa vegetación que la cubría y las trabajos de repoblación forestal). 


Una vez en el puerto llegaremos al bosquete de cedros del Atlas, resultado de la repoblación realizada en la década de los sesenta. Tomaremos la senda hacia la Cañada de Bellina. En la Cañada de Bellina pasaremos junto al Pinsapo del Moreno, árbol incluido en la monografía "Árboles y Arboledas singulares de Andalucía" (pág. 126) (según un escrito de Pepe Pino, en marzo de 1975 medía 4,90 m en el perímetro de entrecasco, tenía una altura de 18 m y se le calculaba una edad de 225 años). 

Ascenderemos al Puerto de Balsitas (topónimo que alude a las antiguas explotaciones de nieve de la sierra). Haremos un descanso en la Fuente del Hornillo antes de descender, por la Umbría de la Chaparrera a través del pinsapar de Cuberos, al pinar de las Arenitas. Esta zona fue objeto de un terrible incendio forestal en diciembre de 1979

Pasado el enclavado de la finca Duarte penetraremos en una masa de pinar resultado de las repoblaciones forestales de la década de 1960. Las vistas a la Cueva del Agua, a la cuenca alta del Barranco del Hornillo (hacia el Tajo de las Albercas y a las Camaretas) y al Convento de las Nieves son espectaculares. Continuaremos por el pinar de Las Bañas (puedes ver la imagen de Miguel Álvarez Calvente de 1964 donde se aprecia la escasa vegetación que la cubría y las trabajos de repoblación forestal). 

 


Una vez en la pista forestal ascenderemos hacia la Cueva del Agua. La pista se construyó en el verano de 1982 cuando una sequía extrema amenazó la producción de planta de pinsapo del vivero de la Cueva del Agua. El vivero se cultivó desde febrero de 1972, para la producción de planta de pinsapo para la repoblación del monte (ese primer año se obtuvieron 40.000 plantitas de pinsapo en la parcela de 205 m2). Haremos un descanso junto al Pilar y el Majuelo de la Cueva del Agua, incluído también en la monografía "Árboles y Arboledas singulares de Andalucía" (pág. 88). 

Dejaremos la pista forestal y ascenderemos por una dura pendiente hasta el Puerto de las Tres Puertas. Desde aquí nos dirigiremos a nuestro punto de partida en el Puerto del Saucillo.

Breve historia de los trabajos forestales en el periodo 1956-1983

Los trabajos forestales en los montes de Yunquera se institucionalizan con el "Decreto de 14 de mayo de 1956 por el que se declara la utilidad pública y necesidad y urgencia de la ocupación, a efectos de su repoblación forestal, de diferentes terrenos situados en los términos municipales de El Burgo, Yunquera y Ronda, de la provincia de Málaga, para evitar que por efectos de la erosión disminuya ostensiblemente la capacidad de embalse del pantano del Conde de Guadalhorce". Tres años más tarde (1959) se firma el consorcio forestal de parte del monte Pinar de Yunquera, los terrenos que pertenecen a la cuenca del Río Turón, con el Patrimonio Forestal del Estado. En 1.961 el consorcio se amplía a la totalidad de la superficie del monte.

En 1959 el doctor ingeniero de montes José Ángel Carrera Morales, Jefe Provincial del Patrimonio Forestal del Estado en Málaga, crea y dirige el equipo técnico encargado de los trabajos, constituído por Miguel Álvarez Calvente, doctor ingeniero de montes, y por Ángel Campo Morate y Juan Rodríguez de Velasco y Rodríguez, ayudantes/peritos de montes. Años más tarde, en octubre de 1969, Carrera Morales incorpora al equipo al guarda forestal Pepe Pino, destinado en octubre al monte de Yunquera (Málaga). Se construyó en el monte una red de sendas y caminos de 33 km de longitud, además de dos pistas forestales para vehículos a motor, desde Yunquera al pinsapar (9 km) y desde la carretera de El Burgo a la Cueva del Agua (12 km), y la red contra incendios forestales alcanzó los 14 km de fajas cortafuegos. Entre 1968 y 1983 en el monte de Yunquera se repoblaron 768 ha de pinsapo, se realizaron 340 ha de claras y 1.625 ha desbroces y podas (Álvarez Calvente, 1996). Estas labores de repoblación y el resto de actuaciones forestales favorecieron la restauración natural del pinsapo y, con los años, la incorporación del monte Pinar de Yunquera al corazón del Parque Natural (1989) y del Parque Nacional (2018) de la Sierra de las Nieves.
 

viernes, 29 de marzo de 2024

Recuperación y declive de la cabra montés en la reserva de caza de la Serranía de Ronda (1948-2018)

Antecedentes 

En 1908 se aprobó la Ley de 24 de junio [1] que disponía que se consideraran también como de interés general y de utilidad pública los montes existentes y los terrenos que debían ser objeto de repoblación forestal, cualquiera que fuera su dueño. 

En 1935, de acuerdo con el artículo 1 de la citada Ley, la Jefatura de la 7ª División Hidrológico Forestal en Málaga aprobó la relación de fincas de la zona forestal protectora de los términos municipales de de Benahavís, Istán, Marbella, Ojén, Mijas y Benalmádena [2]. Entre dichas propiedades se encontraba Sierra Blanca de Ojén, de José Aurelio Larios. Esta finca, de 3.144 hectáreas de superficie, producía algarrobas, castañas y esparto [2].  

La finca Sierra Blanca fue adquirida para su repoblación en 1943 por el Patrimonio Forestal del Estado (PFE). Se la dotó de Guardería, se acotó al pastoreo y, para proteger la escasa docena de cabras monteses que la poblaban, se prohibió su caza. En pocos años la población de cabra montés pasó de una docena a un centenar de ejemplares. El éxito obtenido animó al PFE a proponer la creación de un coto nacional de caza en la comarca [3].  

El Coto Nacional de Caza de la Serranía de Ronda fue declarado por Ley el 23 de diciembre de 1948 [4]. Su superficie, de 22.389 hectáreas, incluía los montes de los ayuntamientos de Istán, Parauta, Tolox y Yunquera; los montes del Estado "Sierra de las Nieves", "Sierra Blanca” y "Sierra Blanca y Nogüeles"; y los de particulares "Monte de Albornoque" y "Monte Sierra del Real"). 

Por entonces, mediado el siglo XX, la presencia de cabra montés en las sierras y montañas era meramente testimonial. Tal es así, que “para evitar su extinción” en 1952 se prohibió su caza por cinco años en todo el territorio nacional, a excepción del Coto Nacional de la Sierra de Gredos, el Coto Nacional de la Serranía de Ronda y otros terrenos en los que la caza de esta especie estaba sometida a un régimen especial [5]. 

Evolución de la cabra montés 

Los datos disponibles de los censos de población de la cabra montés (Capra pyrenaica Schinz, 1838) del Coto Nacional de la Serranía de Ronda representados gráficamente muestran su evolución en el periodo de 1958 y 2018 (I).

Figura 1

Figura 1: Gráfica de la evolución de la población de cabra montés en el Coto Nacional/Reserva Nacional/Reserva Andaluza de Caza de la Serranía de Ronda. Fuente: Elaboración propia a partir de fuentes documentales (ver nota I).

En la gráfica se observa la evolución de población de cabra montés a lo largo del periodo. A partir de su creación (1948) las medidas de gestión del Coto Nacional, compartida entre la Dirección General de Montes, Caza y Pesca Fluvial (planificación) y la Dirección General del Turismo (ejecución de los planes), tuvieron como resultado la recuperación de la población de cabra. De 204 individuos censados en 1958 (70 machos, 99 hembras y 35 crías) se pasó a 1385 (590 machos, 625 hembras y 170 crías) en 1972, principalmente por el control efectivo del furtivismo por parte de la Guardería [6].

En 1970 el Coto Nacional de la Serranía de Ronda adquirió la condición de Reserva Nacional de Caza [7] (II). Desde 1972, fecha en que se le encomienda la administración de las reservas nacionales de caza al Instituto Nacional de Conservación de la Naturaleza (ICONA) [8], hasta 1984, cuando la Junta de Andalucía se hace cargo de las competencias en materia forestal y de caza [9], la población de cabra en la Reserva Nacional se estabilizó en torno a los 1450 individuos en 1978 [10], entre 6 y 7 ejemplares/km² y una sex ratio entre 1:1,02 y 1:1,34 (III).

Pino Rivera, agente forestal y guía de la reserva, en un manuscrito de 1976 [11] indicó la situación estable por entonces de la población de cabra montés en la RNC y su dispersión geográfica hacia el Coto Social de El Burgo - Ronda y los cotos privados de caza aledaños de Yunquera, Alozaina, Casarabonela, Carratraca y Ardales y alertó sobre el furtivismo y el pastoreo de ganado doméstico, “una reserva debe de extirpar estos perjuicios para que sea estable y sana ya que otras especies que estén domesticadas transmiten enfermedades ..., dando lugar al descenso de la población en el área afectada”.

La Junta de Andalucía administró la Reserva de caza a partir de 1984. En los años sucesivos, “las elevadas densidades alcanzadas en su conjunto por la cabra montés y otros herbívoros, principalmente ganado en régimen extensivo, conllevaron problemas de deterioro del hábitat, existiendo una competencia importante por los recursos tróficos y empeorando el estado fisiológico y sanitario de las poblaciones de cabra montés con la recurrencia de graves brotes de sarna sarcóptica” [13], el primero de ellos en 1991 transmitido por el ganado doméstico que pastaba libremente en el interior del parque natural [14] (IV).

Un estudio comparativo de los efectos de la sarna sarcóptica en el periodo 1995-2006 en la cabra montés de dos reservas andaluzas de caza, presentado en la IX Reunión de Ungulados Silvestres Ibéricos [15], concluía que la sarna sarcóptica había producido aproximadamente el descenso del 40% de la población, una sex-ratio de 1:2,25 y un importante desequilibrio poblacional, poniendo en grave riesgo la conservación de la cabra montés en la Reserva Andaluza de Caza de la Serranía de Ronda (V).

Entre 2006 y 2018 la situación de la población de cabra montés empeoró notablemente, alcanzando un declive del 76% sobre el censo de 1978.

Notas

I.- Fuentes de los datos: de la Cerda y de la Peña (1971), Gómez-Guillamón y Maraver (1973), Ortuño y de la Peña (1979), Granados et al. (1998), Pérez Jiménez y otros (1999), Pérez Jiménez y otros (2001), Pérez Jiménez (2001), PORN de la Sierra de las Nieves (2018), Gómez-Guillamon y otros (2018), Informes Cabra Montés REDIAM (1999-2004) y Memorias anuales del Parque Natural Sierra de las Nieves (2015-2018).

II.- La Disposición final segunda de la Ley 1/1970, de cuatro de abril, que regula la protección, conservación y fomento de la riqueza cinegética nacional, dispone que por el Gobierno, a propuesta conjunta de los Ministerios de Agricultura e Información y Turismo, se dictarán las disposiciones precisas para que los Cotos Nacionales de la Sierra de Gredos, Picos de Europa y Serranía de Ronda adquieran la condición de Reservas Nacionales de Caza. En estas Reservas la protección, conservación y fomento de la caza quedarán encomendadas al Ministerio de Agricultura, reservándose el Ministerio de Información y Turismo la misión de administrar los aprovechamientos cinegéticos de acuerdo con aquellos criterios turístico-deportivos que considere más convenientes a los intereses generales.

III.- Datos de sex ratio obtenidos a partir de los partes mensuales de seguimiento de José Pino Rivera del cuartel 14 de la RNC de la Serranía de Ronda. En parte se encuentran accesibles online en el Archivo documental de José Pino Rivera, memoria digital de la vida profesional de un forestal en la provincia de Málaga, https://jpinod02.github.io/archivojosepinorivera/.

IV.- El Parque Natural de la Sierra de las Nieves se creó por LEY 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección (BOJA núm. 201), sobre 20.163 ha de superficie, el 52% pertenecientes a la Reserva de caza.

V.- La Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda pasó a denominarse Reserva Andaluza de Caza tras la entrada en vigor de la Ley 8/2003 de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres.

Bibliografía

[1] Ministerio de Fomento, 1908. Ley disponiendo se consideren como de interés general y de utilidad pública, además de los catalogados por este Ministerio, los montes y terrenos que deban repoblarse forestalmente, siempre que se hallen en uno de los casos que esta ley expresa. Gaceta de Madrid, 178, pp. 1415 a 1416. Accesible online en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1908/178/A01415-01416.pdf

 [2] Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, 1935. Decreto aprobando la demarcación de la zona forestal protectora formulada por la Jefatura de la séptima División hidrológico forestal de los términos municipales de la provincia de Málaga que se citan. Gaceta de Madrid, 279, pp. 122 a 126. Accesible online en  https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1935/279/A00122-00126.pdf

[3] García Vicente, A., 1951. El Coto Nacional de Caza de la Serranía de Ronda. Revista Montes, 39, pp. 182-185. Accesible online en http://www.revistamontes.net/Buscador.aspx?id=5707

[4] Jefatura del Estado, 1948. Ley de 23 de diciembre de 1948 por la que se crea el "Coto Nacional de Caza de la Serranía de Ronda". BOE, 360, pp. 5764 – 5765. Accesible online en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1948/360/A05764-05765.pdf

[5] Ministerio de Agricultura , 1952. Orden de 30 de octubre de 1952 por la que se prohibe la caza de la capra hispánica por un plazo de cinco años, con las excepciones que se mencionan. Boletín Oficial del Estado, 307, pág. 5016. Accesible online en https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1952/307/A05016-05016.pdf 

[6] Gómez Guillamón, L., 1973. La Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda. Revista Jábega, 2, pp. 30-32. Accesible online en http://www.cedma.es/catalogo/jabega.php?num=2

[7] Jefatura del Estado, 1971. Ley 1/1970, de 4 de abril, de caza. BOE, 82, pp 5348-5356. Accesible online en https://www.boe.es/eli/es/l/1970/04/04/1

[8] Presidencia del Gobierno, 1972. Decreto 2197/1.972, de 21 de iulio, por el que se coordina la actuación de los Ministerios de Agricultura y de Información y Turismo en las reservas nacionales de caza y por el que se cumplimenta, la disposición final segunda de la Ley de Caza de 4 de abril de 1970. BOE, 202, pp. 15494 – 15495. Accesible online en https://www.boe.es/boe/dias/1972/08/23/pdfs/A15494-15495.pdf

[9] Presidencia del Gobierno, 1984. Real Decreto 1096/1984, de 4 de abril, de traspasos de funciones y servicios del Estado a la Comunidad Autónoma de Andalucía en materia de conservación de la naturaleza. BOE, 139, pp. 16842-16865. Accesible online en https://www.boe.es/eli/es/rd/1984/04/04/1096

[10] Ortuño Medina F. y de la Peña Paya, J., 1979. Sobre las Reservas y Cotos Nacionales Españoles. Revista Montes, 194, pp. 291-295. Accesible online en https://www.revistamontes.net/Buscador.aspx?id=724

[11] Pino Rivera, J., 1976. Observaciones sobre la cabra montés en la Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda (1976), en el blog Áreadoc. Accesible online en https://areadoc.blogspot.com/2023/02/sobre-la-reserva-nacional-de-caza-de-la.html

[12] Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, 2018. Decreto 162/2018, de 4 de septiembre, por el que se aprueban el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del ámbito de Sierra de las Nieves y el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural Sierra de las Nieves. BOJA, 184, pp. 45-428. Accesible online en https://www.juntadeandalucia.es/boja/2018/184/4

[13] Consejería de Medio Ambiente, 2003. Decreto 344/2003, de 9 de diciembre, por el que se aprueban el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural de Sierra de las Nieves. BOJA, 14, pp. 1644-1712. Accesible online en https://www.juntadeandalucia.es/boja/2004/14/4

[14] Gómez-Guillamon, F. y otros, 2018. Estudio comparativo de los efectos poblacionales de la sarna sarcóptica en la cabra montés en dos reservas andaluzas de caza entre los años 1995 y 2006, en Comunicaciones de la IX Reunión de Ungulados Silvestres Ibéricos, pág. 45.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Observaciones sobre la diseminación y germinación del pinsapo en el pinsapar de Yunquera (J. Pino-Rivera, 1976).

En el cuadrante Sur-Oeste de la provincia de Málaga, incluida la Serranía de Ronda, se da un mosaico de microclimas, caracterizados por una gran falta de agua en verano y una evapotranspiración estival muy acusada. Circunstancias que condicionan la vegetación y que se hacen notar de manera extrema en las solanas y más débilmente en las umbrías [1].

En los tratados de selvicultura el pinsapo se clasifica como árbol de "media sombra" por sus requerimientos de luz durante la germinación y crecimiento inicial. En el monte de Yunquera (Málaga) las mejores masas de pinsapo se encuentran en las zonas de exposición Norte, que ofrecen mayor humedad y sombra (Pino Rivera, 1976).  

Una de las personas que más experiencia directa atesoró sobre los trabajos selvícolas realizados en el pinsapar de Yunquera fue José Pino, guarda forestal responsable del monte de Yunquera (Málaga) entre 1969 y 1983. De 1976 es su nota manuscrita [2] sobre la dispersión de las semillas de pinsapo. Anotó lo siguiente:

Según observaciones efectuadas, la reproducción natural se realiza después de la desintegración de la piña, quedando de ella solamente un eje o vástago interior, una vez separadas las brácteas que dejan en libertad el piñón o semilla, la cual por ser alada es dispersada por los vientos que en ese momento actúan.

La dispersión de las semillas, el área ocupada, depende de la velocidad del viento. El viento predominante en este área de la serranía es de componente Sur-Este, por ello las mejores masas de pinsapo se encuentran en las zonas de exposición Norte, que además ofrecen mayor humedad y sombra. Esta especie necesita mucha luz y poco calor. Si a la hora de la madurez de la piña el aire es suave y a su vez hay lluvias, la dispersión de la semilla se realizará en un área muy pequeña, por ello se vienen realizando siembras artificiales.

El área poblada natural está condicionada a la dirección de los vientos y a la pluviosidad anual, que debe ser del orden de los 800 milímetros anuales o más. Si en  verano cae algún chubasco las siembras o plantaciones están aseguradas.

Solamente puede asegurar su permanencia aquella semilla que ha tenido la posibilidad de germinar bajo la protección de una mata, arbusto o árbol, ha tenido contacto con el suelo lo suficiente para enraizar y ha vencido al principal enemigo natural de sus primeros años, el sol del periodo estival.

Las siembras hay que protegerlas bajo matas o taparlas con ramitas secas con el fin de que al germinar las semillas no sean quemadas por el sol. Igual ocurre con las plantaciones, hasta que las plantitas no tengan varios años de edad no puede quedar expuesta al sol del verano.

Imagen 1

Fotografía del manuscrito inédito de José Pino Rivera, de marzo de 1976, donde recoge observaciones sobre la diseminación y germinación del pinsapo en el pinsapar de Yunquera (Málaga). Fuente: Archivo de José Pino Rivera.
Imagen 1: Fotografía del manuscrito inédito de José Pino Rivera, de marzo de 1976, donde recoge observaciones sobre la diseminación y germinación del pinsapo en el pinsapar de Yunquera (Málaga). Fuente: Archivo de José Pino Rivera.
 

Entre 1976 y 1977 se abrió la pista forestal de la solana del Caucón, cuyo firme se mejoró con una capa de áridos. Transcurridos unos años, semillas de pinsapo germinaron y prosperaron en el margen de la pista a plena exposición al sol (ver Imagen 2).

Imagen 2

Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
Imagen 2: Fotomontaje realizado con dos imágenes del borde de la pista de la solana del Caucón, monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen de la izquierda, de 1988, muestra un grupo de plantas de pinsapo alineadas en el margen de la pista. La imagen de la derecha, tomada en 2017, muestra el mismo grupo de pinsapos, casi treinta años después. Autor de la fotografías: José Pino-Díaz.
 

Dos circunstancias favorecieron el arraigo, supervivencia y desarrollo de las plantitas de pinsapo. Pimera, el movimiento de tierras realizado al abrir la pista aumentó la capacidad de retención de agua del suelo, y, segunda, la capa de áridos con la que se mejoró el firme disminuyó la desecación y mantuvo suficiente humedad en el suelo. Tal como en los cultivos enarenados, la capa de áridos, de albedo alto, refleja una alta proporción de la radiación incidente (r = 0,26) y rompe la capilaridad del suelo bajo ella. 

Comentada tal circunstancia en la Jefatura Provincial del ICONA en Málaga, se realizó una experiencia de siembra en 1980 en la zona próxima al Hoyo de Millán (ver Imagen 3).

 Imagen 3

Fotomontaje realizado con dos imágenes del Hoyo de Millán, en el monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen superior tomada en 1999, y la imagen inferior en 2017. Se observa la evolución de la vegetación árbórea de pinsapo y de pino carrasco en el periodo de 18 años transcurridos entre una y otra. Autores de las fotografías: Carlos Javier Pino Díaz y  José Pino-Díaz.

Imagen 3: Fotomontaje realizado con dos imágenes del Hoyo de Millán, en el monte Pinar de Yunquera (Málaga). La imagen superior tomada en 1999, y la imagen inferior en 2017. Se observa la evolución de la vegetación árbórea de pinsapo y de pino carrasco en el periodo de 18 años transcurridos entre una y otra. Autores de las fotografías: Carlos Javier Pino Díaz [3] y  José Pino-Díaz.
 
 
Se abrieron unos hoyos de repoblación, se cubrieron de capa de áridos finos de la zona y se sembraron con pinsapo. Actualmente la zona presenta un pinsapar joven y vigoroso (ver Imagen 4).

Imagen 4
 
La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
Imagen 4: La zona del Hoyo Millán en las fotografías de los vuelos de 1977 y de 2020. Se observa la pista forestal que discurre por la zona y la evolución de la vegetación después de los trabajos selvícolas y de repoblación y regeneración realizados. Autor del fotomontaje: José Pino Díaz.
 

Bibliografía

[1] Pino-Díaz, J. (1991). El Abies pinsapo Boiss y sus limitaciones ecológicas. Boletín del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, 9, pp. 20-25.

[2] Pino Rivera, J. (1976). Texto manuscrito que recoge observaciones del autor sobre el Abies pinsapo Boiss en Yunquera (Málaga). Inédito. 

[3] Pino Díaz, C. J. (1999). Proyecto de repoblación experimental de pinsapo (Abies pinsapo Boiss) con riego por goteo. Inédito.  

domingo, 12 de febrero de 2023

Observaciones sobre la cabra montés en la Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda (J. Pino-Rivera, 1976).

El origen del Coto Nacional de la Serranía de Ronda fue la finca "Sierra Blanca  de Ojén", coto privado de caza y propiedad de José Aurelio Larios y Larios, III marqués de Larios y II marqués del Guadiaro. En 1943 el Patrimonio Forestal del Estado compró la finca, prohibió la caza, la acotó al pastoreo y la dotó de Guardería Forestal [1]

El Coto Nacional de la Serranía de Ronda se creó (Ley de 23/1948, de 25 de diciembre) para conservar y aprovechar especies de caza mayor, especialmente cabra montés y corzo [2]. Posteriormente el Coto Nacional pasó a denominarse Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda (Ley 1/1970, de 4 de abril). Años más tarde, la Junta de Andalucía amplió con terrenos de montes de su propiedad los límites de la Reserva (Decreto 182/2005, de 26 de julio). Actualmente, tras la declaración del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves (Ley 9/2021, de 1 de julio) la caza deportiva y comercial se considera incompatible en los terrenos del parque nacional. 

En marzo de 1976 José Pino, guarda forestal del ICONA en Yunquera (Málaga) y guía de caza de la Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda, escribió un texto sobre la cabra montés (Capra pyrenaica hispanica Cabrera) de una extensión de seis cuartillas por ambas caras (ver detalle en la Imagen 1), fruto de sus experiencias y observaciones en los montes de Yunquera (Málaga), en la Sierra de las Nieves.   

 Imagen 1

Primera cuartilla manuscrita del relato de José Pino Rivera, de 31/03/1976, sobre la cabra montés en la Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda. Fuente: archivo personal de José Pino Rivera.
Imagen 1: Primera cuartilla manuscrita del relato de José Pino Rivera, de 31/03/1976, sobre la cabra montés en la Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda. Fuente: archivo personal de José Pino Rivera.

Observaciones sobre la cabra montés en la RNC de la Serranía de Ronda

El macizo de la zona Norte de la Reserva Nacional de la Serranía de Ronda se encuentra enclavado en la Sierra de las Nieves, situada entre los términos municipales de Parauta, Ronda, Tolox y Yunquera, de la provincia de Málaga.  

En este entronque de riscos, tajos, canalizos, bosques de Abies pinsapo y calvas subalpinas nevadas, tiene su hábitat una población de cabras monteses (Capra pyrenaica hispanica Cabrera) que da excelentes ejemplares, como los cazados hasta la fecha por numerosos cazadores, debido primero a la extraordinaria labor desarrollada durante dos décadas por la Subsecretaría del Ministerio de Información y Turismo y la guardería de dicho organismo. 

Posteriormente, después de un lustro desde que la reserva pasó en 1970 bajo la dirección y control del Servicio Provincial del ICONA en Málaga, iniciada la gestión por el hoy Sr. Inspector Regional, Sr. Carrera Morales, que con tanto acierto y entusiasmo imprime a su labor, siendo no menos valiosa la labor desarrollada por el director de la reserva, Sr. Gómez-Guillamón, y absorbiendo parte de la guardería forestal del ICONA el desempeño del control, cuidados, conservación y realización de cacerías, en colaboración con el antiguo personal de guardería del Servicio  de Pesca Fluvial, Caza y Parques Nacionales, tienen como resultado el excelente rendimiento de la reserva, en cuanto a la cantidad y abundancia de trofeos.

En cuanto a la población actual de cabra montés se mantiene prácticamente inalterable, debido al trasvase, como un manantial, hacia todos los montes y sierras que rodean la reserva y que tienen condiciones de hábitat idóneas y de tranquilidad debido a la creación del Coto Social de El Burgo-Ronda y los cotos privados de los términos municipales de Yunquera, Alozaina, Casarabonela, Carratraca, Ardales, etc. Esto da lugar a que el área de dispersión geográfica ocupada por la cabra montés sea cada día mayor, augurándose un futuro para dicha especie cada día mejor.

La longevidad del macho montés puede calcularse entre 13 y 15 años y la de las hembras entre 17 y 20 años. La hembra puede dar crías hasta los 15 y 17 años. El macho montés puede dar un buen trofeo en el área de la Serranía de Ronda con nueve o diez años, siendo excelente a los 12 o 14 años. 

Los machos y hembras viejos deben ser eliminados porque por envejecimiento degeneran la descendencia y no dejan cubrir a los más jóvenes, luchando por el mando de los rebaños, siendo a veces a muerte, dependiendo de la capacidad de resistencia para la lucha, osadía y audacia, llegando a enriscar a su contrincante alevosamente si este se descuida.

Las hembras estériles y las hembras viejas plantean dos problemas a la proliferación de la especie, las estériles se pasan todo el ciclo de cubrición absorbiendo a los machos, hasta que estos las detestan, no faltándole siempre el macho joven que la cubra. La cabra vieja además de dar cabritillos degenerados o defectuosos, absorbe la atención de los machos que cubren, ejerciendo su autoridad jerárquica sobre las demás hembras, dando lugar a que en zonas en que no haya machos suficientes, la cubrición sea deficiente, y si es realizada por ejemplares viejos, habrá muchas cabras vacías. Los cabritillos degenerados físicamente son la dieta de águilas reales y alimañas, lo que da lugar a que se efectúe el control natural por dichos depredadores. 

Tanto las cabras monteses como las especies predadoras se mantienen normalmente en un territorio que puede dar alimento y seguridad. Cuando aumenta la población, tanto una especie como otras, emigran a otros lugares guiados por los más inteligentes. Este es el motivo por el que se produce la dispersión de especies, tanto en el área de la serranía como en otros enclaves. El motivo de la emigración en ocasiones es debido a la falta de pastos o a la falta de tranquilidad, por la intervención de cazadores o pastoreo de ganado caprino, bovino u ovino. Una reserva debe de extirpar estos perjuicios para que sea estable y sana ya que otras especies que estén domesticadas transmiten enfermedades y provocan su dispersión, dando lugar al descenso de la población en el área afectada.

La cabra montes tiene necesidad de dominar los picos y alturas de los riscos y montañas. ¡Qué cazador o aficionado no ha observado con la magnificencia que nos ofrece el macho montes con su silueta indiscutible sobre los riscos más altos de un filar o picos de la sierra, ofreciendo con arrogancia la majestuosidad de dicha silueta! Pues bien, es en las alturas donde la cabra montes se siente más segura, más alimentada, y es donde se consiguen los mejores trofeos de machos sanos. Diversas especies de gramíneas y otras hierbas que son muy nutritivas se encuentran en altitudes de 1500 m. hacia arriba, formando vivares tiernos y frescos hasta bien avanzado el verano. En la estación de invierno en la que las alturas están normalmente invadidas por ventiscas y nieves la cabra montés desciende a las zonas bajas de las laderas, donde los pastos tempranos del otoño han resurgido en la primavera y se les suele ver formando rebaños tomando dichos pastizales, si bien, por tener costumbres nocturnas pastan de noche, pasando todo el día durmiendo una siesta pesada y despreocupada en riscos de altura o bosques de pinsapares cerrados, donde siempre permanece vigilando alguna res avispada. 

Es curioso que, aunque el mando de los rebaños lo lleva un macho o una hembra de los más fuertes, sanos y viejos, hay animales jóvenes avispados que son los guías y vigías, que van a la cabeza de los rebaños. Éstos, cuando detectan peligro, lanzan la alarma poniendo en guardia al jefe del rebaño que, después de su apreciación, determina si hay peligro o no. Es el problema de guardas-guías de caza y cazadores en los recechos, y muy especialmente aquel macho al que se ha disparado varias veces, logrando escapar ileso o pintado. Al menor síntoma de peligro ponen kilómetros de por medio y solamente puede ser cazado de oportunidad y sorpresa, con el regusto normal que supone para el cazador afortunado.       

Los machos enfermos, débiles o envejecidos buscan los lugares más fáciles de pastar al borde de los bosques, lugares donde pueden pastar fácilmente y ocultarse a su vez. Es en estos lugares donde se encuentra el mayor número de trofeos por reses muertas o sacrificadas por alimañas que las han localizado en su refugio. 

La caza de la cabra montés es por naturaleza de alta montaña, es allí donde se plantea el desafío entre el buen ejemplar, la pericia del guarda-guía de caza y la experiencia del cazador, hecho a fuerza de pasar horas de inclemencias de tiempo, sed, hambre y agotamiento por desgaste de energía. Pero allí es donde se dan los más bellos lances de caza, de los que queda el mejor sabor de boca para guías y cazadores. A veces se suele presentar la oportunidad de que a media ladera se encuentra un buen ejemplar, especialmente en época de celo, en estos casos se resuelve la cacería con facilidad, a su vez que se goza de dicha satisfacción de comodidad, que supone un respiro, como no, para el guarda-guía de caza, que ha resuelto la papeleta. Es muy interesante para el cazador novato el que el lograr un buen trofeo le cueste todo el esfuerzo descrito anteriormente, jamás lo olvidará a lo largo de su vida. Así, resulta también interesante para el cazador con madurez el resolver la cacería lo más cómodo y fácil posible. Por ello resulta muy interesante para la guardería el conocer el deseo del cazador en cuestión y con antelación, si es posible localizar la cacería.

Yunquera, a 31 de marzo de 1976.

José Pino Rivera.

Notas

[1] Ver en Áreadoc: La finca "Sierra Blanca de Ojén", coto de caza y propiedad de José Aurelio Larios, origen del Coto Nacional de la Serranía de Ronda (1943).

[2] Ver en Áreadoc: Coto Nacional de la Serranía de Ronda.